“¡Señor,
auméntanos la Fe!”
Domine, adauge
nobis fidem
Riviera
Maya, México; Enero 31 del 2020.
Tomado de la Colección de Folletos
EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA.
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafite Ediciones – Bilbao España
2006
CREO EN DIOS…
CREO EN JESUCRISTO…
NACIÓ DE MARÍA VIRGEN…
-
Verdadero Hombre
Este
segundo artículo del Credo confiesa fundamentalmente la realidad humana y la
condición histórica de Jesús. Él es el
Hijo de Dios que hizo suyo desde dentro nuestro nacer y nuestro morir. El Hijo de Dios no fingió ser hombre, no es
un “dios” que con ‘ropaje humano’ se pasea por la tierra. Como Niño fue débil, lloró y rió como
cualquier otro niño. Dios se manifestó
en un hombre que tuvo hambre y sed, se fatigó y durmió; en un hombre que se
admiraba y enojaba, se entristecía y lloraba, padeció y murió.
“Jesús… probado en todo igual que nosotros,
excepto en el pecado.” (Hb
4,15)
Dice
Orígenes en su libro De Principiis:
“Entre todos los grandes milagros, uno nos
colma de admiración sobrepujando toda la capacidad de nuestra mente. La fragilidad de nuestra mente no logra
comprender cómo la Potencia de Dios, la Palabra y Sabiduría de Dios Padre, “… en
la que fueron creadas todas las cosas visibles e invisibles…” (Col 1,16), se encuentra delimitada en el hombre que apareció en
Judea; y cómo La Sabiduría de Dios haya entrado en el vientre de mujer,
naciendo como un niño y gimiendo como los niños… Y no logramos comprender cómo
haya podido turbarse ante la muerte (Mt 26,38), haya sido conducido a la más
ignominiosa de las muertes humanas, aunque luego resucitó al tercer día. En Él vemos aspectos tan humanos, que nos
difieren de la fragilidad común a todos los mortales, y otros tan divinos, que
solo corresponden a Dios… de aquí el embarazo –y admiración– de nuestra mente:
Si se le cree Dios, le ve sujeto a la muerte; si se le considera hombre, le
contempla volver de entre los muertos con los despojos de la muerte derrotada…
De ahí que, con temor y reverencia, le confesamos verdadero Dios y verdadero
hombre.”
El
Hijo de Dios se hizo hombre, se encarnó, entró en la historia, “nacido de mujer” (Ga 4,4-5), “israelita según la carne” (Rm 9,5), tomó la condición de siervo; “Trabajó con manos de hombre, pensó con
inteligencia de hombre, amó con corazón de hombre.” (GS 22)
Comenta
ampliamente San Ireneo, en su Adversus
Haereses:
“Cristo unió, así, al hombre con Dios,
realizando la comunión y el acuerdo entre Dios y el hombre, pues, no habríamos
podido participar de otro modo de la incorrupción, si Él no hubiese venido a
nosotros… Y, porque implicados en la creación de Adán, caímos en la muerte a
causa de su desobediencia, era conveniente y justo, por la obediencia de quien por
nosotros se hizo hombre; fuese destruida
la muerte; y puesto que la muerte reinaba sobre la carne, era justo y
conveniente que, habiendo Él sufrido la destrucción de su carne, librase al
hombre de su opresión.
El Logos se hizo carne, por tanto,
a fin de que destruidos por ésta los pecados –que por la carne habían
señoreado, invadido y dominado– no existiesen ya en nosotros.
Por eso asumió nuestro Señor la
forma corporal de la primera criatura, ¡para luchar por los padres y vencer
–por medio de Adán– lo que por medio de Adán nos había subyugado!...
Pues, ¿cómo habríamos podido
participar de la filiación divina, si no hubiésemos recibido, mediante el Hijo,
la comunión con el Padre? ¿Cómo lo hubiésemos recibido si el Hijo no hubiese
entrado en comunión con nosotros haciéndose carne?
¡Por eso pasó Él por toda edad,
restituyéndonos a todos la comunión con Dios!
Cuantos dicen, pues, que el Verbo
se manifestó aparentemente, que no nació en la carne, ni verdaderamente se hizo
hombre, –docetas y gnósticos–, están aún bajo la condenación antigua. Ésos defienden el pecado, pues según ellos no
ha sido vencida la muerte, pues, quien debía matar al pecado y redimir al
hombre –reo de muerte– tenía que hacerse lo que era el hombre, reducido a la
esclavitud por el pecado y sometido al poder de la muerte, a fin de que el
pecado fuese matado por el hombre y éste fuese librado de la muerte.
¡Lo que no ha sido asumido no ha
sido curado! ¡Solo lo que está unido a la Divinidad ha sido salvado!, dirán los
Padres y repetirán la teología posterior.”
El cristianismo no es
mito, sino historia;
no es apariencia, sino
verdad;
no es símbolo, sino
realidad;
no es idea, sino
acontecimiento.
El cristianismo no es
monotonía cíclica, sino singularidad irrepetible;
no es eternidad
abstracta, sino memorial;
no es algo provisorio permanente, sino definitivo comenzado;
no es filosofía, sino
noticia;
no es elocuencia
convincente, sino testimonio invitante.
El cristianismo no es
ofrecimiento del hombre,
sino llamada, envío y
autoridad de Dios;
no es ascensión del
hombre, sino condescendencia divina;
no es sabiduría, sino
necedad;
no es demostración,
sino escándalo …
El
Cristianismo es Jesucristo.
+ + +
Orar sirve, es bueno para nuestra alma y
nuestra mente.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
También me puedes seguir en:
No hay comentarios:
Publicar un comentario