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jueves, 30 de abril de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE (29)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Mayo 1 del 2026.

San José Obrero, Patrono del Trabajo 

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

INICIO DEL 6° FOLLETO DE 12 

CREO EN DIOS PADRE… CREO EN JESUCRISTO…

CONCEBIDO POR GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO,

CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO,

DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS Y RESUCITÓ AL TERCER DÍA…

SUBIÓ AL CIELO Y ESTÁ SENTADO

A LA DERECHA DEL PADRE

A) SUBIÓ AL CIELO

El Símbolo te enseña –dice San Cirilo de Jerusalén a los catecúmenos– a creer en quien resucitó al tercer día, subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre.

La Ascensión es la “vuelta al Padre” donde Jesús, “sentado a su derecha” ‘comienza’ una existencia nueva en plenitud de vida y poder.  Cristo, antes de venir al mundo, estaba junto a Dios Padre como Hijo, Palabra, Sabiduría.  Su exaltación consistió en el retorno al mundo celestial, de donde había venido, revistiéndose de nuevo de la “gloria que tenía antes de la creación del mundo.” “Pero, ¿qué quiere decir subió, pues que también bajó a las regiones inferiores de la tierra? Éste que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo,” (Ef 4,9) “Dios lo exaltó por encima de todo, y le dio el nombre sobre todo nombre.” (Flp 2,9)

Resucitando y subiendo a los cielos, la gloria del Señor brilló en toda su esplendorosa magnificencia.  La resurrección y ascensión del Señor coronaron la victoria sobre el diablo, siendo verdadero lo escrito: “Venció el León de la tribu de Judá.” (Ap 5.5)  Resurrección y Ascensión constituyen “la plena glorificación de Cristo”, repite San Agustín.

Igualmente, San León Magno, Papa, canta con exultación:

 

Durante todo el tiempo transcurrido desde la Resurrección del Señor hasta Su Ascensión, la Providencia de Dios procuró, enseñó, y en cierto modo, metió por los ojos y corazones de los suyos, que se reconociese al Señor Jesucristo como verdaderamente resucitado: ¡Al mismo que había nacido y muerto!

Por lo cual, los bienaventurados Apóstoles y todos los Discípulos, que se habían alarmado por la muerte en cruz y habían vacilado en la Fe de la resurrección, de tal manera fueron confrontados ante la evidencia de la verdad que, al subir el Señor a lo más alto de los cielos, no solo no experimentaron tristeza alguna, sino que se llenaron de una gran alegría. (Lc 24,52)

¡Había ciertamente motivo de extraordinaria e inefable exultación al ver cómo, en presencia de aquella sana multitud, una naturaleza humana subía sobre la dignidad de todas las criaturas celestiales, elevándose sobre las Órdenes de los Ángeles y a más altura que los Arcángeles! (Ef 1,3) Ningún límite tenía su exaltación, puesto que, recibida por su Eterno Padre, era asociada en el trono de la gloria de Aquel cuya naturaleza estaba unida con el Hijo.

 

La Ascensión de Cristo, por lo demás, constituye nuestra elevación, abrigando el cuerpo la esperanza de estar un día donde le ha precedido la Cabeza Gloriosa. 

Por eso, ¡alegrémonos exultantes de júbilo! ¡Gocémonos en nuestra acción de gracias! Hoy no solo hemos sido constituidos poseedores del Paraíso, sino que con Cristo hemos ascendido a lo más alto de los cielos. (Ef 2,6)

Así como la Resurrección del Señor fue para nosotros causa de alegría en la Solemnidad Pascual, así su Ascensión a los Cielos es causa de gozo presente, ya que recordamos y veneramos este día en el que la humanidad de nuestra se sentó con Cristo junto al Padre.

San León Magno, Papa

  

El Señor, resucitado de entre los muertos, convocó a los Apóstoles en el Monte de los Olivos y, después de “enseñarles lo referente al Reino de los Cielos, en presencia de ellos se elevó a los cielos”, que abiertos le acogieron.

San Ireneo, en su Exposición (83-85), dejó escrito:

Esto mismo anunció David: “Alzaos, puertas eternas, que va a entrar el Rey de la Gloria.” (Sal 24,7)  Las puertas eternas son los cielos… y porque, maravillados, preguntaban los príncipes celestiales ‘¿Quién es el Rey de la Gloria?’  Los ángeles dieron testimonio de Él, respondiendo: “El Señor fuerte y potente; Él es el Rey de la Gloria.”

Sabemos, por lo demás, que, resucitado, está a la derecha del Padre, pues en Él se ha cumplido lo otro que dijo el Profeta (y Rey) David: “Dijo el Señor a mi Señor: ‘Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies.’” (Sal 110, 1) Es decir, a todos los que se revelaron, despreciando su Verdad.”


B) ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE

San Pablo nos resume la Fe de la Iglesia Apostólica diciendo que “Cristo murió, más aún, resucitó y está sentado a la derecha de Dios.” (Rm 8, 34) Esta es la misma confesión de San Pedro: “Por la resurrección de Jesucristo, que está a la derecha de Dios después de haber subido al cielo”, la Fe les hizo posible lo que el mismo Señor les había anunciado: “Veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poder.

La imagen de Cristo sentado a la derecha del Padre está tomada del Salmo 110, el salmo más citado en el Nuevo Testamento: “Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha.” También recoge la visión de Daniel, que contempla al Hijo del Hombre que avanza sobre las nubes hasta el trono de Dios y recibe el Imperio y el Reino Eterno.

Estar ante Dios en pie es la actitud del Sacerdote en el Santuario.  “Como Sacerdote con sacerdocio inmutable e imperecedero, Cristo vive eternamente para interceder en favor de los que, por su mediación, se acercan a Dios.” (Hb 7, 24-25) Porque Él, como sacerdote, “ha entrado en el Santuario auténtico, del que el otro, fabricado por los hombres, no era más que figura y promesa; Él, en cambio, ha entrado en el cielo mismo, para presentarse a la faz de Dios en favor nuestro.” (Hb 9, 24)

Así Cristo, con su sola presencia ante el Padre, presenta continuamente su intercesión por nosotros; por ello, “es capaz de salvar íntegra y perfectamente”, pues muestra al Padre en su cuerpo glorioso las cicatrices de la pasión: sus llagas gloriosas; “para mostrar continuamente al Padre, como súplica en favor nuestro, la muerte que por nosotros había padecido.” (Santo Tomás)

Jesucristo, el Crucificado-Glorificado, desde el cielo dirige su Iglesia, conduciéndola a través de adversidades y persecuciones, hasta llevarla a “las bodas del Cordero”, preparando a la esposa y embelleciéndola, haciéndola digna de Él, sin mancha ni arruga, sino santa e inmaculada. 

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

V V V


Orar sirve, es bueno para nuestra alma y nuestra mente.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.

miércoles, 29 de abril de 2026

JUEVES EUCARÍSTICO - HORA SANTA

“La Felicidad es mirar hacia Dios,

la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

Riviera Maya, México; Abril 30 del 2026.

HORA SANTA

HORA EUCARÍSTICA

“Velad y orad para que no caigáis en tentación;

que el espíritu está listo, pero la carne es débil.”

Jesucristo - (Mt 26, 41)

XIII.  Hora Eucarística

 Se inicia con la siguiente oración:

En el nombre del Padre + y del Hijo + y del Espíritu Santo + Amén. 

Oración a Jesucristo

Jesucristo: aquí nos tienes reunidos contigo.  Nos sentimos abrumados por el dolor que nuestros pecados y los pecados de los hombres te han causado. Dígnate purificar nuestros corazones. Ven y quédate con nosotros, enséñanos la verdad de tu Evangelio y la misión de nuestra vida, a fin de que unidos a ti por la Gracia Santificante, podamos agradarte en todo y ser Apóstoles de tu Reino entre los hombres. 

A continuación, si la Hora Eucarística se hace en equipo, se reza El Rosario y después se procede a la lectura de un pasaje del Evangelio y al comentario del mismo por parte de alguno de los participantes.  Si se hace individualmente, después del Rosario se lee un pasaje del Evangelio y se hace una reflexión o contemplación sobre el mismo.  Se termina con las invocaciones y las letanías.

Invocaciones

¡Señor, creemos en ti!                             (Tres veces)

¡Señor, creemos en ti!

¡Señor, esperamos en ti!                          (Tres veces)

¡Señor, esperamos en ti!

¡Señor, te amamos!                                 (Tres veces)

¡Señor, te amamos!

¡Señor, te adoramos!                               (Tres veces)

¡Señor, te adoramos!

¡Señor, te damos gracias!                        (Tres veces)

¡Señor, te damos gracias!

¡Jesucristo, creemos que eres el Hijo de Dios Vivo!       (Tres veces)

¡Jesucristo, creemos que eres el Hijo de Dios Vivo!

¡Jesucristo, creemos que eres el Salvador de los hombres!    (Tres veces)

¡Jesucristo, creemos que eres el Salvador de los hombres!

¡Jesucristo!                                             (Tres veces)

¡Santifícanos!

María, ruega por los miembros del R.C.             (Tres veces)

María, ruega por los miembros del Regnum Christi

Letanías

Señor, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Cristo, escúchanos.

Dios, Padre Celestial.

Ten piedad de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del Mundo.

Ten piedad de nosotros.

Dios, Espíritu Santo.

Ten piedad de nosotros.

Santísima Trinidad que eres un dolo Dios.

Ten piedad de nosotros.

Santa María.

Ruega por nosotros.

Santa Madre de Dios.

Ruega por nosotros.

Santos Apóstoles.

Hacednos apóstoles de Cristo.

Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

Conservadnos la Fe.

Santos Evangelistas.

Hacednos predicadores de Cristo.

Santos Mártires.

Hacednos testigos de Cristo.

Santos Confesores.

Hacednos seguidores fieles de Cristo.

Todos los Santos de Dios.

Rogad por nosotros.

Por el Misterio de tu Encarnación.

Sálvanos, Señor,

Por tu Nacimiento.

Sálvanos, Señor.

Por tu Bautismo.

Sálvanos, Señor.

Por tu Pasión y Muerte.

Sálvanos, Señor.

Por tu Resurrección.

Sálvanos, Señor.

Por tu admirable Ascensión.

Sálvanos, Señor.

Por la venida del Espíritu Santo.

Sálvanos, Señor.

En el Día del Juicio.

Sálvanos, Señor.

Por la conservación, el fortalecimiento y la Santidad de la Iglesia.

Te rogamos, Señor.

Por el Sumo Pontífice, para que le otorgues Gracias de Santidad y le asistas con tu Espíritu en el gobierno de la Iglesia.

Te rogamos, Señor

Por los obispos, los sacerdotes, los religiosos y los seglares, para que sean siempre fieles a la doctrina y a la disciplina de la Iglesia, y vivan adheridos al Vicario de Cristo.

Te rogamos, Señor.

Por los sacerdotes, los religiosos y las almas consagradas, para que sean testimonio de vida cristiana y acrecienten cada día su celo apostólico.

Te rogamos, Señor

Por los seglares, para que, conscientes de su Compromiso Bautismal, se esfuercen por instaurar el Reino de Cristo en su propio corazón y en su ambiente familiar y profesional.

Te rogamos, Señor.

Por la unión de todos los cristianos en una sola Fe bajo el Vicario de Cristo.

Te rogamos, Señor.

Por la conversión de todos los hombres a la Verdad del Evangelio.

Te rogamos, Señor.

Por todos los perseguidos a causa de tu nombre.

Te rogamos, Señor.

Por la defensa de tu Iglesia frente a sus adversarios.

Te rogamos, Señor.

Por la conservación y el fortalecimiento de la Familia Cristiana.

Te rogamos, Señor.

Por la formación y la educación cristiana de la juventud.

Te rogamos, Señor.

Por la irradiación del Evangelio sobre los hombres de ciencia y técnica.

Te rogamos, Señor.

Por el incremento del Espíritu Cristiano en el mundo del trabajo.

Te rogamos, Señor.

Por todos los que gobiernan los pueblos, para que lo hagan con justicia, equidad y respeto a sus derechos.

Te rogamos, Señor.

Por los pobres, los enfermos y cuantos sufren en el cuerpo y el espíritu.

Te rogamos, Señor.

Por la paz, la tranquilidad y el progreso de los pueblos.

Te rogamos, Señor.

Por la conversión de los pecadores.

Te rogamos, Señor.

Por todos nuestros seres queridos que has llamado a Tu Presencia, para que gocen el descanso eterno.

Te rogamos, Señor.

Por todo el Pueblo de Dios.

Te rogamos, Señor.

Señor, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Oremos:

Dios Todopoderoso y eterno, que has querido fundar las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del Universo; haz que toda la Creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin.  Por Cristo nuestro Señor.

Amén.

En el caso de que la Hora Eucarística se haya hecho delante del Santísimo solemnemente expuesto, una vez terminadas las letanías, se da la Bendición con la custodia y el Santísimo.  En caso contrario, se termina la Hora Eucarística con la plegaria acostumbrada de despedida:

“Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios; a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.  Amén.” 

+ + + 

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli 

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Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.

martes, 28 de abril de 2026

MÍSTICA - LILIA GARELLI - (DT-11)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 29 del 2026.

           MÍSTICA

                                                            Por: Lilia Garelli                                      

 

“…La tradición cristiana de visitar a los enfermos, de lavar sus heridas,

 de consolar a los afligidos no se reduce a una mera obra de filantropía,

sino que es una acción eclesial a través de la cual, en los enfermos,

 los miembros de la Iglesia “tocan la carne sufriente de Cristo” …

P. Francisco - Papa León XIV -  Dilexit Te No.49

DILEXIT TE (11)  -  “Te he Amado”

“Sobre el Amor a los Pobres”

 

Estimados en Cristo:

·        Cuidar a los Enfermos:

En este apartado como vemos a través del epígrafe, o sea, la frase introductoria de este escrito, descubriremos cómo la Iglesia ha querido en todo momento seguir los pasos de Jesucristo, ejemplo de su vida cuando nos compartía su amor entre nosotros aquí en nuestro mundo; y sin duda uno de los ejemplos de su compasión era manifestado por su interés de cuidar a los enfermos no tan solo de cuerpo sino también del alma. 

Jesús curaba a los leprosos, paralíticos, ciegos, etc. pero también libraba a los poseídos de los demonios, que los enfermaban físicamente y martirizaban espiritualmente; Jesús se preocupaba por todos ellos y la Iglesia siempre ha querido continuar la misión de cuidar al enfermo y necesitado.  El Papa nos propone reflexionar sobre nuestras acciones al respecto con el ejemplo de San Cipriano cuando cayó una terrible peste en la ciudad de Cartago donde él era Obispo: “…Esta epidemia que parece tan horrible y funesta, pone a prueba la justicia de cada uno y examina el espíritu de los hombres; verificando si los sanos sirven a los enfermos, si los parientes se aman sinceramente, si los señores tienen piedad de los siervos enfermos, si los médicos no abandonan a los enfermos que imploran…” (S.Cipriano, De mortalitate, 16 CCSL 3A) (PLeón XIV – DT No.49).

El Papa continúa recordándonos la labor de otros santos que ejercieron su misión a través del cuidado de los enfermos, como San Juan de Dios quien fundó la “Orden Hospitalaria” en el siglo XVI atendiendo a todos aquellos que lo necesitaran, sin tomar en cuenta su condición social o económica. “… ¡Haced el bien hermanos!” se convirtió en el lema de la caridad activa con los enfermos.  Contemporáneamente, San Camilo de Lelis fundó la “Orden de los Ministros de los Enfermos” (…) Su regla ordena que: “cada uno solicite al Señor la gracia de tener un afecto maternal hacia su prójimo para poderlos servir con todo amor caritativo, en el alma y en el cuerpo; porque deseamos -con la gracia de Dios – servir a todos los enfermos con el mismo afecto que una madre amorosa suele asistir a su único hijo enfermo” (S.Camilo de Lelis, Reglas de la Compañía de los Ministros de los Enfermos, 27).  En hospitales, campos de batalla, prisiones y calles, “los camilos” encarnaron la misericordia de Cristo Médico…” (PLeón XVI – DT No.50).

Tomando ahora el ejemplo de las mujeres consagradas que a través de diversos carismas han desempeñado el papel importantísimo de la atención sanitaria de los pobres como “Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl”, las “Hermanas Hospitalarias”, las “Pequeñas Siervas de la Divina Providencia” y muchas más que “…se convirtieron en una presencia maternal y discreta en los hospitales, asilos y residencias de ancianos.  Llevaban medicinas, escucha, presencia y, sobre todo, ternura.  Construyeron a menudo con sus propias manos, estructuras sanitarias en zonas sin asistencia médica; enseñaban higiene, atendían partos, medicaban con sabiduría natural y fe profunda… Santa Luisa de Marillac escribía a sus hermanas las “Hijas de la Caridad” recordándoles que habían “recibido una bendición especial de Dios para servir a los pobres enfermos en los hospitales” (Sta. Luisa de Marillac, Carta a las Hermanas Claude Carré y Marie Gaudoin, París (1657) (PLeón XIV – DT No.51).

Es impresionante la gran labor que hace la Iglesia Católica alrededor del mundo, como bien dice el Papa a través de diversos carismas de sacerdotes, religiosos, almas consagradas y movimientos eclesiales dirigidos por laicos que, a pesar de su estado de vida laical, pueden hacerse tiempo para trabajar por las diversas necesidades de la humanidad y es importante reconocer el trabajo que para estos efectos organiza la Iglesia desde su cabeza en el Sucesor de Pedro y toda la organización interna que nace en Vaticano y se extiende por todo el mundo, por ello es necesario dar a conocer por todos los medios posibles, el bien que la Iglesia Católica realiza desde las primeras comunidades cristianas hasta nuestro tiempo.  Desafortunadamente las buenas noticias y el bien que se realiza en el mundo no es transmitido como se debiera en los medios de comunicación; sin embargo, todo aquello que deprime y promueve la desesperanza es lo que inunda muchas veces, los medios de información masiva; por ello es vital el que todos nos informemos por los medios adecuados y confiables, sobre todo los que la Iglesia promueve en favor del bien común y de la salvación de las almas.

Al respecto del tema que nos ocupa, el Papa nos refiere claramente la gran labor que la Iglesia realiza actualmente: “…Hoy, ese legado continúa en los hospitales católicos, los puestos de salud en las regiones periféricas, las misiones sanitarias en las selvas, los centros de acogida para toxicómanos y los hospitales de campaña en las zonas de guerra.  La presencia cristiana junto a los enfermos revela que la salvación no es una idea abstracta, sino una acción concreta.  En el gesto de limpiar una herida, la Iglesia proclama que el Reino de Dios comienza entre los más vulnerables. Y al hacerlo, permanece fiel a Aquel que dijo: “Estaba (…) enfermo, y me visitaron” (Mt 25,35,36).  …” (PLeónXIV – DT No. 52).

Admiremos pues, y reconozcamos todo lo bueno que ejerce la Iglesia en favor de los más necesitados, y busquemos contribuir con lo que más podamos con ella, hay muchas formas de ayuda, de acuerdo a tu estado de vida seguramente algo podrás hacer para colaborar con tus medios económicos, tu conocimiento, tu persona y tus oraciones, todo ello será para tu crecimiento personal y espiritual.

“…Cuando la Iglesia se arrodilla junto a un leproso,

 a un niño desnutrido o a un moribundo anónimo,

realiza su vocación más profunda:

 Amar al Señor allí donde Él está más desfigurado …”

P. León XIV

Dilexit Te No. 52

Afectísima en Jesucristo,

Lilia Garelli

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