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jueves, 23 de abril de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE (30)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 24 del 2026.

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

CREO EN DIOS…

CREO EN JESUCRISTO…

        B) Y AL TERCER DÍA RESUCITÓ

        DE ENTRE LOS MUERTOS… (3)

Los Evangelistas y los Apóstoles, como testigos de la sorprendente Buena Noticia, concorde y unánimemente confiesan en múltiples formas la misma realidad: “Ha sido suscitado por Dios de la muerte”, “se ha levantado de entre los muertos”, “ha sido elevado por Dios a la Gloria”, “ha sido constituido por Dios, Señor de vivos y muertos”, “el Señor vive”, “se dejó ver”, “se apareció” Un mismo evento, muchas formas de proclamarlo.

Jesús, el condenado a muerte, es el Señor, el centro de la Historia, la roca donde hay que apoyarse para encontrar apoyo seguro en la inseguridad de nuestra existencia; la fuente de la vida verdadera, lugar personal donde Dios otorga el perdón.  Es Dios quien resucita a Jesús, superando la muerte con la vida, como un día venció la esterilidad de Sara y Abraham, y antes aún, cuando sacó las cosas de la nada.  Así Dios nos ha revelado su acción creadora, que llama y suscita la vida en nuestra esterilidad, en nuestra nada, en nuestra muerte. “Dios, que resucitó a Jesús de entre los muertos”, es la definición Neotestamentaria de Dios.

La resurrección es la luz que ilumina el misterio de la muerte de Cristo, que asombró al mundo físico.

Los Discípulos son los testigos de esta nueva Creación.  Dios ha resucitado a Jesús, les ha transformado, les ha reunido de la dispersión que el miedo y la negación de Jesús había provocado en ellos; les ha congregado de nuevo en torno a Él, les ha fortalecido en su desvalimiento y desesperanza, ya podrán ser fieles, creyentes, apóstoles; partícipes de la Nueva Vida inaugurada en la Resurrección de Cristo.

La Resurrección de Cristo funda la misión y, con ella, queda fundada la Iglesia.  La conversión, iluminación, vocación y envío, gracia y perdón, miseria humana y misericordia divina hermanadas, son la realidad permanente; y el Evangelio que anuncia la Iglesia en todos los siglos, desde el primero.

Jesús, resucitado por Dios Padre, se aparece a los testigos elegidos de antemano, Se presenta como vencedor de la muerte y así se revela como Kyrios, como El Señor.  Pablo, igual que los otros testigos, no tiene otra palabra qué anunciar.  Sin la resurrección de Jesús nuestra predicación sería vana y nuestra fe absurda; sin ella nuestra esperanza perdería todo fundamento y seríamos los más desgraciados de los hombres.

La resurrección de Cristo es, con su cruz y muerte, el fundamento y centro de la Fe Cristiana, la tumba vacía y los ángeles –mensajeros y apóstoles– anuncian que el Sepultado no está en el sepulcro, sino que vive y se deja ver en la evangelización en la Galilea de los Gentiles; en la palabra y en la Eucaristía se da a conocer, apareciéndose el primer día de la semana y el octavo día, en El Día del Señor.

Con las apariciones del Resucitado, y de la misión que con ellas se vincula, los Apóstoles quedan constituidos en Fundamento y Fe de la Iglesia. Cefas o Simón Pedro, es nombrado entre los Apóstoles en primer lugar, como piedra sobre la que se levanta la Iglesia; él es el primer testigo de la Fe en la Resurrección, con la misión de confirmar en la Fe a los demás.

Las apariciones de Jesús Resucitado tienen, pues, una clara significación para la fundación de la Iglesia.  Manifiestan que la Iglesia, desde el principio, es Apostólica.  No hay, en efecto, otro camino de acceso al núcleo de la predicación cristiana, al evangelio de la muerte y resurrección de Jesús más que el testimonio de los testigos por Él elegidos. Ellos sellaron este testimonio con su sangre en el martirio.

En conclusión, con la resurrección de Jesucristo, Dios se nos revela como Aquel cuyo poder abarca la vida y la muerte, el ser y el no ser; el Dios vivo que es vida y da la vida, que es amor creador y fidelidad eterna, en quien podemos confiar siempre, incluso cuando se nos vienen abajo todas las esperanzas humanas. 

San Pablo describe de forma diáfana la existencia del creyente, basada en la fuerza de la Fe en la Resurrección:

“Llevamos este tesoro en vasos de barro, para que aparezca que la extraordinaria grandeza de este poder es de Dios, y que no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; atribulados, no desesperamos; perseguidos siempre, mas nunca abandonados; derribados mas no aniquilados.

Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.  Pues, aunque vivimos, somos continuamente entregados a la muerte por Cristo, para que la vida de Jesucristo se manifieste también en nuestra carne mortal.

Así, pues, mientras en nosotros actúa la muerte, en vosotros se manifiesta la vida.  Pero como nos impulsa el mismo poder de la Fe –del que dice la Escritura “Creí, por eso hablé”– también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que Aquel que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros con Cristo… Por eso no desfallecemos.

Pues, aunque nuestro hombre exterior se vaya deshaciendo, nuestro hombre interior se renueva día a día.  Así, la tribulación pasajera nos produce un inmenso caudal de gloria.  No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo invisible.  Lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno. (2 Corintios 4, 7-18)  

Así el Apóstol, y todo discípulo de Cristo, vive en su vida el Misterio Pascual, manifestando en la muerte de los acontecimientos de su historia, la fuerza de la resurrección.  Vive con los ojos en el Cielo, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios, buscando las cosas de allá arriba y no las de la tierra (de acá abajo). (Col 3, 1-2)

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

V V V

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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REPORTE SEMANAL DE NOTICIAS

“La Felicidad es mirar hacia Dios,

la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

 

Riviera Maya, México; Abril 23 del 2026. 

LA SEMANA DEL PAPA LEÓN XIV


Muy queridos, todos, en Jesucristo:

A partir de la siguiente semana, precisamente del Martes 28 de Abril, estaremos incorporando al Blog www.demilagrosydiosidencias.blogspot.mx un contacto brevísimo, para informarnos acerca de las actividades más relevantes de Santo e León XIV, durante la semana anterior. A continuación, les detallamos los enlaces que usaremos para este fin:

La Santa Sede

Noticias del Papa - Todas las últimas noticias - Vatican NewsNoticias del Papa - Todas las últimas noticias - Vatican News

Por favor, hágannos saber cualquier comentario que ustedes juzguen necesario al respecto.

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martes, 21 de abril de 2026

MÍSTICA - LILIA GARELLI - DILEXIT TE (10)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 22 del 2026.

           MÍSTICA

                                                            Por: Lilia Garelli                                      

 

“…Para San Agustín, el pobre no es sólo alguien a quien se ayuda,

 sino la presencia sacramental del Señor…”

Papa León XIV  - Dilexit Te No.43

San Agustín repartiendo bienes de los ricos entre los pobres     M.N. del Prado

 

DILEXIT TE (10) - “Te he Amado”

“Sobre el Amor a los Pobres”

Estimados en Cristo:

Continuamos con este apartado que nos habla de las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y los Pobres a través de los ejemplos de San Ignacio de Antioquía, San Policarpo y San Juan Crisóstomo; de quien el Papa continúa diciéndonos: “… Crisóstomo denunciaba con vehemencia el lujo exacerbado, que convivía con la indiferencia hacia los pobres.  La atención que se les debe prestar, más que una mera exigencia social, es una condición para la salvación, lo que atribuye a la riqueza injusta un peso de condena…” (PLeón XIV – DT No. 42).

Para fundamentar lo anterior, el Papa hace mención de un escrito de San Juan Crisóstomo: “…A menudo adornas con muchas vestiduras variadas y doradas un cadáver insensible, que ya no percibe el honor.  Sin embargo, desprecias a aquel que siente dolor, que está desgarrado, torturado, atormentado por el hambre y el frío, y te preocupa más la vanagloria que el temor de Dios (Homilía in Epístula ad Hebraeos, 11.3 París 1862).  Este profundo sentido de la justicia social le lleva a afirmar que “no dar a los pobres es robarles, es defraudarles la vida, porque lo que poseemos les pertenece”. (Homilía II De Lazaro,6 Paris 1862) …” (PLeón XIV – DT No. 42).

o   San Agustín:

Experto como seguramente lo es el Papa León XIV al ser religioso agustino, nos pone a continuación diversos ejemplos de San Ambrosio, bien conocido como el “maestro espiritual” de San Agustín “…quien insistía en la exigencia ética de compartir los bienes: “Lo que das al pobre no es tuyo, es suyo, porque te has apropiado de lo que dado para uso común” (S.Ambrosio, De Nabuthae 12,53 1897) y nos explica el Papa este sentir del entonces Obispo de Milán:  “…la limosna es justicia restaurada, no un gesto paternalista.  En sus sermones, la misericordia adquiere un carácter profético: denuncia las estructuras de acumulación y reafirma la comunión como vocación eclesial…” (PLeónXIV – DT No.43).

Es sin duda, un tema que merece ser reflexionado por nosotros, ya que, en esta cultura del poseer y acumular sin medida, aún hasta lo que no necesitamos, este concepto de dar al que no tiene, nos distorsiona totalmente lo que parece ser lo correcto o deseable para una vida de éxito; sin embargo, es totalmente coherente con la visión sobrenatural de vivir la vida de forma austera, sin excesos y compartiendo con aquellos que no han tenido las mismas oportunidades.  Esta concepción de la caridad no tan solo en las cosas materiales sino también de la entrega de nosotros mismos en el buen consejo, en la compañía y en el compartir los conocimientos que nos han hecho crecer en virtud, es lo que el Señor nos pide al exhortarnos a vivir la “Civilización del Amor”.

El Papa continúa con San Agustín quien habiendo sido formado en esas virtudes transmitió igualmente su amor preferencial hacia los pobres: “…El Obispo de Nipona, pastor vigilante y teólogo de rara clarividencia, comprendió que la verdadera comunión eclesial se expresa también en la comunión de los bienes.  En sus Comentarios a los Salmos, recuerda que los verdaderos cristianos no dejan de lado el amor a los más necesitados: “Atended a vuestros hermanos, si necesitan algo; dad, si Cristo está en vosotros, incluso a los extranjeros” (S.Agustín, Enarrationes in Psalmos 125,12). Este compartir los bienes brota, por tanto, de la caridad teologal y tiene como fin último el amor a Cristo…” (PLeón XIV – DT No. 44).

Son miles las enseñanzas que San Agustín, Doctor de la Iglesia nos ha dejado, por lo que el Papa, desea compartirnos algunas de sus reflexiones: “…Agustín pone en boca del Señor las siguientes palabras:  “Recibí tierra y daré el cielo.  Recibí cosas temporales y daré a cambio bienes eternos.  Recibí pan, daré la vida. (…) He recibido alojamiento y daré una casa.  He sido visitado en la enfermedad y daré salud.  Fui visitado en la cárcel y daré libertad.  El pan que se dio a mis pobres se consumió; el pan que yo daré restaura las fuerzas, sin acabarse nunca…” (Sermo LXXXVI,5: CCSL 41 Ab) a lo que el Papa añade esta hermosa frase: “…El Altísimo no se deja vencer en generosidad por aquellos que les sirven en los más necesitados; cuanto mayor es el amor a los pobres, mayor es la recompensa por parte de Dios…” (PLeónXIV – DT No.45).

Es necesario e importante que en este tiempo que vivimos, en donde el egoísmo y la prepotencia imperan, que hagamos un alto en el camino para reconocer que lo que el mundo necesita es tener personas con corazones nobles que deseen dar tranquilidad con su simple presencia en el entorno en donde se encuentre, no importa cual fuere, su hogar, trabajo, vecindario, supermercado, etc. porque cuando cada uno desea compartir todo lo bueno, no tan solo le hace bien al otro sino que como bien dice el Papa “purifican el corazón de quien da y está dispuesto a la conversión, “…pues las limosnas pueden servirte para redimir los pecados de la vida pasada, si cambias de vida” (Pseudoagustín, Sermo CCCLXXXVIII,2: PL 39). En una Iglesia que reconoce en los pobres el rostro de Cristo y en los bienes el instrumento de la caridad, el pensamiento agustiniano sigue siendo una luz segura.  Hoy, la fidelidad a las enseñanzas de Agustín exige no sólo el estudio de sus obras, sino la disposición a vivir con radicalidad su llamada a la conversión que incluye necesariamente el servicio de la caridad…” (PLeónXIV – DT No. 46,47).

Es muy importante comprender con claridad el sentido y aplicación de estos conceptos de caridad, tener cuidado de no acomodar las palabras a mi propia conveniencia, por ello el Papa León XIV concluye este interesante apartado con estas bellas palabras:

“…se puede afirmar que la teología patrística fue práctica, apuntando a una Iglesia pobre y para los pobres, recordando que el Evangelio sólo se anuncia bien cuando llega a tocar la carne de los últimos, y advirtiendo que el rigor doctrinal sin misericordia es una palabra vacía…”

P. León XIV - Dilexit Te No. 48

Afectísima en Jesucristo,

Lilia Garelli

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domingo, 19 de abril de 2026

BAPTISTERIOS DE LA IGLESIA CATÓLICA (16)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

Riviera Maya, México; Abril 20 del 2026.

Baptisterios de la Iglesia Católica

BAPTISTERIO DE RIVA SAN VITALE

Mendrisotto, Ticino, Suiza

 Construido en el Siglo VII, este monumento ‘vivo’ y con estilo románico lombardo, es la joya más antigua del Cristianismo en Suiza y toda la Confederación Helvética.  ¡Mil cuatrocientos años de ser fiel vigilante del Señor y Su Evangelio!

                                                              X X X

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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sábado, 18 de abril de 2026

EL DEMONIO AL ACECHO DEL MESÍAS (24)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 19 del 2026. 

LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO

“EL DEMONIO AL ACECHO

DEL MESÍAS”

(Antonio Garelli – Garelli Editores  – 2009)

 

III.2.- PRIMERA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES

(Mt 14, 14-21; Mc 6, 31-44; Lc 9, 10-17; Jn 6, 1-13)

“Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del Mar de Galilea, la de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían los signos que realizaba en los enfermos.  Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos.  Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.

Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente. Dice a Felipe: “¿Dónde nos procuraremos panes para que coman éstos?”  Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer.  Felipe le contestó: ‘Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.’  Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón, Pedro: ‘Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es eso para tantos?’  Dijo Jesús: “Haced que la gente se siente.”  Había en el lugar mucha hierba.  Se sentaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil.

Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban sentados, y lo mismo los peces, todo lo que quisieron.  Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: “Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.”  Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.”

Evangelio según San Mateo

+ + +

         Cada uno de los milagros de Jesús tiene una representación muy singular.  Hay los del dominio sobre la muerte, volviendo a la vida; están los de limpieza del alma, con la expulsión de demonios; y también los del dominio de la naturaleza, calmando tempestades.  Éste, el de la multiplicación de los panes y los peces, es multivalente: domina la naturaleza, atiende las necesidades primordiales del hombre y se manifiesta compasivo y misericordioso.  A veces, se llega a pensar que este es uno de los más grandes milagros del Señor; pero ni en número lo es.  Aquí son solo cinco mil hombres y con el Endemoniado de Gerasa se enfrenta a seis mil espíritus malignos (una legión, según le asegura el interlocutor de los demonios), que envía a la muerte en dos mil puercos que, arrojándolos, se ahogaron en el lago.

         Sea como fuere, si mayor o menor, la verdad es que cuando uno le pregunta a la gente común (vox populi) cuál es el milagro de Jesús que más recuerda, La Multiplicación de los Panes y los Peces es número uno.  Y lo es en razón natural, pues Jesús soluciona fácil con su Divinidad, un problema que a nosotros nos cuesta mucho: el alimento; también a aquéllos les maravilló, tanto que llegaron a pensar “Este es el profeta que iba a venir al mundo.”, y querían proclamarlo rey.  Hace poco tiempo, nada dijeron por resucitar a la hija de Jairo; algo verdaderamente extraordinario, pues el Mesías vence a la muerte en ese preciso momento.  Y qué decir del evento en Gerasa, en donde con solo una orden se deshace de miles de diablos; inmediatamente después le piden que deje su ciudad y no vuela más.   Perdónanos, Señor, así somos de torpes los hombres.

         El acecho aquí está muy claro: Satanás, sabiendo lo que quiere hacer el Mesías para manifestar su poder, (porque él sabe lo que los hombres pensamos), le ha reunido al Señor mucha más gente de la que le había visto junta en una sola ocasión.  Dice San Mateo (el mejor de los Apóstoles para los cálculos matemáticos, pues era contador): “. . . Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.” Así es que, esta cifra de hombres que repiten los otros tres Evangelistas (sin hacer la aclaración de Mateo), fácilmente podría incrementarse a veinte mil personas si agregamos dos infantes y una mujer por cada hombre (algo muy posible); lo cual convierte a la muchedumbre en el más grande conglomerado de gente que haya visto a Jesucristo de una sola vez, hasta ese momento. 

         ¡Realmente es mucha gente, más aún si se considera que la población más grande del lugar era Cafarnaúm, y ésta solo tenía quince mil habitantes aproximadamente, en ese tiempo!  Entonces, esto quiere decir que miles de personas de las poblaciones de la ribera del Lago de Genesaret se dieron cita en un mismo lugar, algo que nunca había sucedido; y esto no es casual, esto es obra de ‘alguien’ más, y ‘éste’ le quiere echar a perder el momento al Mesías.

         Y Dios hecho hombre, quien también sabe los que piensa el Demonio (porque Él es Dios y todo lo sabe), contrapone al Satán con su Divina acción multiplicadora.  Un poco antes, el habilísimo comerciante de Betsaida, ahora Apóstol Felipe, es probado por el Señor cuando le pregunta: “¿Dónde nos procuraremos panes para que coman éstos?”  Felipe, rápidamente le contesta a Jesús lo imposible del encargo: ‘Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.’   

(Nada más para que se pueda entender la contestación de Felipe, déjenme poner el valor de la respuesta en números que se manejan ahora.  El Denario era una moneda romana de oro o de plata.  Un Denario, pesaba 4.55 gramos de oro puro.  Multiplicando se tiene que, la desmedida respuesta del de Betsaida es igual a ¡casi un kilogramo de oro!, o sea, diecisiete monedas de Centenarios Mexicanos o bien, ocho mil U.S. dólares.  Claro está, Felipe no lo decía por el valor intrínseco de las monedas, sino por lo descomunal de la tarea que su Divino Maestro le estaba encargando.)

         Sin embargo, ante el escepticismo de Felipe, Andrés, quien sí entendió lo que Jesucristo estaba hablando (hay que recordar que cuando le platica a su hermano Simón, Pedro, acerca de Jesús, se refiere a Él diciéndole: “Hemos encontrado al Mesías”; lo que significa que éste (Andrés), sí sabía quién era el Maestro), le lleva los panes y los peces para que el Mesías, el Hijo de Dios Vivo, realice el milagro.  Fe, eso fue lo que Andrés puso en su acción.

         El mismo proceso del Demonio desde el mismísimo Edén: sembrar la duda; opacar la veracidad a lo dicho por Dios.  Felipe falló al juzgar humanamente el deseo del Señor; Andrés acertó, anteponiendo los Dones Divinos a las posibilidades materiales.

         Satanás no la va a tener fácil de hoy en adelante; los discípulos de Cristo Jesús ya se están involucrando, y están dispuestos a enfrentarlo.  Esta es la primera ocasión en que se interesan por hacer algo para la gloria de Dios y de su amado Hijo, así continuarán y más adelante, lo harán mejor.  ¡Benditos sean los Santos Apóstoles de Cristo que con su participación iniciaron la multiplicación de los dones del Mesías!

§ § §

La siguiente entrega será el próximo Domingo.

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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jueves, 16 de abril de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE (27)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 17 del 2026.

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

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2006

B) Y AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS… (2)

En la Palabra y en el Sacramento nos encontramos con el Resucitado. La Liturgia nos pone en contacto con Él. En ella le reconocemos como el vencedor de la muerte. La Liturgia celebra siempre el Misterio Pascual.  El Señor ha resucitado y es tan potente que puede hacerse visible a los hombres.  En Cristo el amor es más fuerte que la muerte. 

La resurrección de Jesús es el hecho histórico en el que Dios confiere la vida a quien ha vivido la propia vida gastándola por los demás.  Es la ratificación de la vida como amor y entrega; y la condenación de la vida como poder, placer o aturdimiento, expresiones, todas, del pecado.

Dios no abandona al justo más de tres días. (Jon 2,1; Os 6,2) En Jesucristo, resucitado por Dios al tercer día, aparece cumplida en plenitud la esperanza de salvación de los profetas. Justamente en esa situación externa y sin salida posible que es la muerte, se afirma el poder y la fidelidad de Dios, devolviendo a Su Hijo a la vida, realizando la esperanza de Abraham, nuestro padre en la fe, que pensaba que “poderoso es Dios aun para resucitar de entre los muertos.” (Hb 11,19) 

Al ser vencida la muerte por la muerte, acontece en la historia algo que trasciende toda la historia.

En el anuncio gozoso que hacen los Apóstoles ¡Vive! ¡Dios le ha resucitado!, Dios ha rehabilitado a Jesús como inocente.  Con su intervención, Dios exalta a su siervo Jesús y en su nombre ofrece el perdón de los pecados y la vida nueva a los que crean y se conviertan a Él.  En el anuncio de la muerte y resurrección de Jesucristo, el Padre nos ofrece la conversión para el perdón de los pecados.

San Melitón de Sardes pondrá este anuncio en la boca de Cristo Resucitado, en su Homilía sobre la Pascua:

 

“Cristo resucitó de entre los muertos y exclamó en voz alta: “¿Quién disputará contra mí? ¡Que se ponga frente a mí!  Yo he rescatado al condenado, he vivificado la muerte, he resucitado al sepultado. ¿Quién es mi contradictor?  Yo destruí la muerte, triunfé del enemigo, pisoteé el infierno, amordacé al fuerte, arrebaté al hombre a las cumbres de los cielos.  ¡Venid, pues, familias todas de los hombres unidas por el pecado, y recibid el perdón de los pecados!  Porque yo soy vuestro perdón, yo la pascua de la salvación, yo el cordero inmolado por vosotros, yo vuestro rescate, yo vuestra luz, yo vuestro Rey.  ¡Yo os conduzco a las cumbres de los cielos! ¡Yo os resucitaré por mi diestra!

Ante este anuncio todos somos descubiertos en pecado.  Dios se revela como el que está reconciliando al mundo consigo, como el que está ratificando el Evangelio de la gracia y el perdón.  Con este anuncio todos quedamos situados ante la verdad del pecado y en presencia del amor misericordioso sin límites.  El pecado y la muerte han quedado vencidos para siempre.  Con la resurrección Dios ha declarado justo a Jesús y a nosotros pecadores perdonados, agradecidos por su muerte. 

La cruz, juicio condenatorio de Dios para los judíos, con la resurrección ha quedado transformada en Cruz Gloriosa.  La Vida Eterna ha comenzado.  El creyente puede experimentarla en todas las formas en que la anunciaron los Profetas para cuando llegara el Reino de Dios; la Paz de Dios, el gozo de estar redimido por Él. 

La participación en su vida y herencia, la alegría del perdón de los pecados, la libertad de toda esclavitud, la capacidad de amar al prójimo, incluso enemigo. El creyente no se halla ya a merced de los poderes que conducen a la muerte, sino en las manos de Dios que conduce a la vida a quienes no son y resucita a los muertos. La experiencia de la resurrección es la piedra angular que mantiene la fe del creyente y de la Iglesia. San Agustín escribió:

 

“Sólo la fe en la Resurrección de Cristo distingue y caracteriza a los cristianos de los demás hombres. Aun los paganos admiten su muerte, de la que los judíos fueron testigos oculares.  Pero ningún pagano o judío acepta que “Él haya resucitado al tercer día de entre los muertos.”  Luego la fe de la resurrección distingue nuestra Fe viva de la incredulidad muerta.  Escribiendo a Timoteo le dice San Pablo: “… recuerda que Jesucristo resucitó de entre los muertos.” (2Tm 2,8) Creamos, pues, hermanos y esperemos que se realice en nosotros, lo que ya se realizó en Cristo; ¡Es promesa del Dios que no engaña!

 

Los estudiosos y doctos han demostrado que Pascua en un vocablo hebreo que significa tránsito. Mediante la Pasión pasó el Señor de la muerte a la vida. No es cosa grande creer que Cristo murió; esto lo creen los paganos, los judíos e incluso los impíos: ¡todos creen que Cristo murió! La Fe de los Cristianos consiste en creer en la Resurrección de Cristo.  Esto es lo grande: creer que Cristo resucitó.

 

Entonces quiso Él que se le viera; cuando pasó, es decir, resucitó.  Entonces quiso que se creyera en Él, cuando pasó, pues, “… fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.” (Rm 4,25) El Apóstol recomienda sobremanera la Fe en la Resurrección de Cristo, cuando dijo: “Si crees en tu corazón que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos, serás salvo.” Rm 10,9”

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La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

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2006

V V V

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De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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martes, 14 de abril de 2026

MÍSTICA - LILIA GARELLI - DILEXIT TE (9)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 15 del 2026.

           MÍSTICA

                                                            Por: Lilia Garelli                                      

 

“…Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta…”  Santiago 2,17

Papa León XIV -  Dilexit Te No.40 

DILEXIT TE (9) - “Te he Amado”

“Sobre el Amor a los Pobres”

 

Estimados en Cristo:

·        La verdadera riqueza de la Iglesia:

Siempre nos ha admirado hasta el grado de inclusive preguntarnos ¿por qué es que el Señor ha escogido para su ministerio a personas sencillas?, ni letrados, ni poderosos en los diversos ambientes del mundo, y la respuesta puede estar en las palabras del Papa, con las que nos ayuda a reflexionar: ¿cómo los apóstoles y discípulos se encargaron de resolver diversas tareas?, claro está que, estaban convencidos de lo que Jesús les pedía y aprendían sobre la marcha, percibiendo la voluntad de Dios en el mismo caminar de su ministerio.  Nos pone de ejemplo el primer santo quien dio su vida por la misión que Dios le había asignado; San Esteban, quien fue de los elegidos por los apóstoles para cuidar especialmente a los más pobres y necesitados, como en el caso de las viudas que comentamos recientemente, dio muestras de cumplir con claridad e ímpetu la tarea que le habían encomendado, no era necesario ser experto, solo era necesario tener fe y seguir la Voluntad de Dios en lo que percibían que era correcto, ya que seguían las luces que el Espíritu Santo les marcaba.

De igual manera, el Papa menciona un hecho que San Ambrosio relata en sus escritos, en el servicio a los pobres y el martirio de San Lorenzo: “…Lorenzo, diácono en Roma en el pontificado del Papa Sixto II, al ser obligado por las autoridades romanas a entregar los tesoros de la Iglesia, “al día siguiente trajo consigo a los pobres.  Cuando le preguntaron dónde estaban los tesoros que había prometido, les mostró a los pobres, diciendo: “Estos son los tesoros de la Iglesia”.  Al narrar este episodio, Ambrosio pregunta: “¿qué mejores tesoros tendría Cristo que aquellos en los que él mismo dijo que estaba?” Y recordando que los ministros de la Iglesia nunca deben descuidar el cuidado de los pobres y, menos aún, acumular bienes en beneficio propio, afirma: “Es necesario que cada uno de nosotros cumpla con esta obligación con fe sincera y providencia perspicaz.  Sin duda, si alguien desvía algo para su propio beneficio, eso es un delito; pero si lo da a los pobres, si rescata al cautivo, eso es misericordia” …” (S.Ambrosio, De officiis ministrorum I, cap.41,205-206; II, cap. 28, 140-142) (PLeón XIV – DT No. 38).

·        Los Padres de la Iglesia y los Pobres:

En este apartado el Papa nos explica cómo los Padres de la Iglesia habían entendido que, a través del servicio a los pobres, tenían un acceso privilegiado a Dios y un modo especial para encontrarlo. La caridad hacia los necesitados no se entendía como una simple virtud moral, sino como expresión concreta de la fe en el Verbo encarnado. (PLeón XIV – DT No.39).

El Papa continúa fundamentando este tema, recordándonos a San Ignacio de Antioquía camino del martirio invitaba a la comunidad de Esmirna y al Obispo San Policarpo: “…Considerad a los que tienen una opinión diferente sobre la gracia de Jesucristo, que vino a nosotros: ¡cómo se oponen al pensamiento de Dios! No se preocupan por el amor, ni por la viuda, ni por el huérfano, ni por el oprimido, ni por el prisionero o el liberto, ni por el hambriento o el sediento” (S.Ignacio de Antioquía, Epistula ad Smyrnaeos,6,2) y por otro lado el Obispo de Esmirna, San Policarpo decía:  “…Los presbíteros también sean compasivos, misericordiosos con todos, Traigan de vuelta a los descarriados, visiten a todos los enfermos, no descuiden a la viuda, al huérfano y al pobre, sino que sean siempre solícitos en el bien ante Dios y los hombres…” (S.Policarpo, Epistula ad Philippenses, 6.1) (PLeón XIV – DT No.39).

Y para terminar este apartado, el Papa nos invita a reflexionar sobre el tema cuando cita a San Justino quien pedía al Emperador Adriano, al Senado y al pueblo romano exhortándolos a ayudar de cualquier manera a los más necesitados: “…los que tienen algo y quieren, cada uno según su libre voluntad, dan lo que les parece bien, y lo que se ha recogido se entrega al presidente. Él lo distribuye a los huérfanos y viudas, a los que por enfermedad u otra causa están necesitados, a los que están en las cárceles, a los extranjeros de paso, en una palabra, se convierte en el proveedor de todos los que se encuentran indigentes…” (S.Justino, Apologia prima, 67,6-7) (PLeón XIV – DT No.40).

o   San Juan Crisóstomo:

Ahora el Papa León XIV nos pone el ejemplo de San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla entre los siglos IV y V, no perdiendo oportunidad para exhortar a los fieles en sus homilías predicando como sigue: “… ¿Quieres honrar el Cuerpo de Cristo? No permitas que sea despreciado en sus miembros, es decir, en los pobres que no tienen qué vestir, ni lo honres aquí en el templo con vestiduras de seda, mientras fuera lo abandonas al frío y a la desnudez (…).  En el templo, el Cuerpo de Cristo no necesita mantos, sino almas puras; pero en la persona de los pobres, Él necesita todo nuestro cuidado. Aprendamos, pues, a reflexionar y a honrar a Cristo como Él quiere.  Cuando queremos honrar a alguien, debemos prestarle el honor que Él mismo ha ordenado, distribuyendo tus riquezas entre los pobres.  Dios no necesita vasos de oro, sino almas de oro…” (S.Juan Crisóstomo, Homiliae in Mattahaeum, 50,3) (PLeón XIV – DT No.41).

Sin duda San Juan Crisóstomo le daba importancia a formar un alma noble, llena de misericordia hacia los demás y promoviendo la congruencia que nos da la vida de gracia con la frecuencia de la Eucaristía en nuestra vida.

“… ¿De qué serviría, al fin y al cabo, adornar la mesa de Cristo con

 vasos de oro, si Él muere de hambre en la persona de los pobres?

 Primero da de comer al que tiene hambre y luego

 adorna su mesa con lo que sobra…”

San Juan Crisótomo

P. León XIV - Dilexit Te No. 41

Afectísima en Jesucristo,

Lilia Garelli

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