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jueves, 26 de febrero de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA (22)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

 

Riviera Maya, México; Febrero 27 del 2026. 

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

CREO EN DIOS…

CREO EN JESUCRISTO…

FUE CONCEBIDO POR OBRA DEL E.S.…

PADECIÓ BAJO EL PODER DE P. PILATO…

         A) PADECIÓ

La Pasión de Cristo nos coloca ante Dios.  Es una Pasión querida por Dios.  En su plan salvífico “el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; ser muerto y resucitado…”  Éste es el pensar de Dios, que Pedro –y demás Apóstoles– “no entiende”.  Pero Jesús, por tres veces, les anuncia su Pasión.

Iban de camino a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos, estaban sorprendidos y le seguían con miedo.  Tomó otra vez a los doce y comenzó a decirles lo que iba a suceder: “Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de Él, le escupirán, le azotarán y le matarán; y a los tres días resucitará.” (Mc 10, 32-34)

Lucas añadirá los insultos y salivazos… Todo ello para dar cumplimiento a lo anunciado por los profetas. (Lc 18,31)  Cristo va a la pasión siguiendo los designios del Padre, en obediencia a la voluntad del Padre: “Cristo, siendo Hijo, aprendió por experiencia, en sus padecimientos, a obedecer.  Habiendo llegado así a la plena consumación, se convirtió en causa de salvación para todos los que le obedecen.” (Hb 5,8-10)

En su sangre se sella la alianza del creyente y Dios Padre: “Tomando una copa y, dadas las gracias, se la dio y bebieron todos de ella. Y les dijo: “Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos; para el perdón de los pecados.”” (Mc 14, 23-24; Mt 26, 27-28; Lc 22,20)  Esto es lo que Pablo ha recibido de la tradición eclesial, que se remonta al mismo Señor:

Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado… después de cenar, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza en mi sangre.  Cuantas veces la bebáis, hacedlo en memoria mía.  Pues, cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.

En todos estos textos aparecen las palabras, grávidas de significado, “por vosotros”, “por muchos”, que expresan la entrega de Cristo a la pasión en rescate nuestro.  Marcos, en su relato de La Pasión, nos presenta a Jesús como el justo que sufre sin culpa la persecución de los hombres.

En el Salmo 22 Jesús encuentra el ritual de su ofrenda al Padre por los hombres.  Él es el Siervo de Yahveh, tan desfigurado que no parecía hombre; sin apariencia ni presencia, despreciable y desecho de los hombres; varón de dolores y sabedor de dolencias, ante quien vuelve el rostro. 

Carga sobre sí los sufrimientos y dolores, azotado, herido de Dios y humillado. Herido, ciertamente, por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas, soportando Él el castigo que nos trae la paz, pues con sus malestares hemos sido nosotros curados. Él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.  (Is 52, 13-53) 

San Pedro, en su Primera Carta a las Comunidades Cristianas, presenta La Pasión de Cristo como huellas luminosas por donde caminar:

“Pues, para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo sufrió por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas.  Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; al contrario, se ponía en manos de la justicia.  Cargando nuestros pecados subió a la cruz, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado.” (1P 2, 21-24) 

En su pasión aparece el amor insondable de Dios, que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros (Rm 8, 32; Jn 3, 16), para reconciliar en Él al mundo consigo.  Para esto vino el Hijo al mundo: “Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.” (Mc 10, 45)  Cada cristiano puede decir junto con Pablo: “El Hijo de Dios me amó y se entregó por mí.”

San Justino en sus Diálogos establece la importancia de la muerte de Cristo:

“Los cristianos provienen de Jesucristo, que gustó la muerte en cruz, según el gran designio salvífico de Dios… El misterio del cordero, ordenado sacrificar por Dios como Pascua (Ex 12, 1-11), era figura de Cristo, con cuya sangre, quienes creen en Él, ungen sus casas, es decir, a sí mismos…


Y el mismo Dios, que prohibió a Moisés hacer imágenes, le mandó, sin embargo, fabricar la serpiente de bronce y la puso como signo por medio del cual se curaban quienes habían sido mordidos por las serpientes. 

 

Con ello anunciaba Dios un gran misterio: la destrucción del poder de la serpiente –autora de la transgresión de Adán (y Eva) – y, a la vez, la salvación de quienes creen en Quien por este signo era figurado, es decir, en Aquel que iba a ser crucificado para librarnos de las mordeduras de la serpiente: idolatrías y demás iniquidades.”

San Justino, Mártir

La hora de la Pasión es la hora de Cristo, la hora señalada por el Padre para la salvación de los hombres en la pasión de Su Hijo.  Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que crean en Él, sino que tenga vida eterna.” (Jn 3, 16) “El que no perdonó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.” (Rm 8, 31)

Siendo la hora del Padre, es la hora de la glorificación del Hijo y de la salvación de los hombres.  La Pasión es la hora de pasar de este mundo al Padre y del amor a los hombres hasta el extremo (Jn 13,1).  Por ello, la hora también es de la glorificación del Padre en el Hijo. (Jn 17,1)  Con la entrega de su Hijo a la humanidad, Dios se manifiesta plenamente como Dios: Amor en plenitud.  No cabe un amor mayor. 

En sus Sermones, San Agustín lo enfatiza diáfanamente:

Cree, pues, que bajo Poncio Pilato fue crucificado y sepultado el Hijo de Dios.  Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos.(Jn15,13) ¿De veras es el amor más grande?

 

Si le preguntamos al Apóstol, nos responderá: “Cristo murió por los impíos.” Añadiendo: “Cuando éramos sus enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.(Rm 5, 6-10)  Luego, en Cristo hallamos un amor mayor, pues dio la vida por sus enemigos, no por sus amigos.

 

¡No te ruborice, pues, la ignominia de la Cruz! ¡Todo un Dios no vaciló en tomarla por ti! “Préciate, como el Apóstol, de no saber más que de Jesucristo, y de éste, Crucificado.” (1Co 2,2)”

  San Agustín,

Obispo de Hipona

En La Pasión, Cristo lleva a cabal cumplimiento todas las figuras del amor apasionado de Dios por los hombres, así lo predica San Melitón de Sardes:

“Ya el Señor había dispuesto previamente y prefigurado sus sufrimientos en los Patriarcas, los Profetas y en todo el pueblo…

 

Si quieres que el misterio del Señor se te esclarezca, dirige tu mirada a Abel, similarmente matado; a Isaac, similarmente atado; a José, vendido; a Moisés, abandonado; a David, perseguido; a los Profetas, similarmente sufrientes a causa de Cristo; dirige tu mirada a la oveja inmolada en Egipto; hacia Quien hirió a Egipto y salvó a Israel por la sangre…

 

¡Con su espíritu inmortal mató a la muerte homicida! Él es, en efecto, quien por haber sido conducido como un cordero e inmolado como una oveja (Is 23,7), nos libró de la servidumbre del mundo –como de la tierra de Egipto–, nos desató los lazos de la esclavitud del demonio –como de la mano del Faraón– y selló nuestras almas con su propio espíritu y los miembros de nuestro con su propia sangre.  Él es quien cubrió la muerte de vergüenza y quien enlutó al diablo, como Moisés al Faraón…

 

Él es la Pascua de nuestra salvación.  Él es quien soporta mucho en muchos: Quien fue matado en Abel, atado en Isaac, siervo en Jacob, vendido en José, abandonado en Moisés; inmolado en el cordero, perseguido en David y deshonrado en los Profetas…

 

Él es quien fue colgado en la cruz, sepultado en la tierra.  Él es el cordero sin voz y degollado –nacido de María, la inocente cordera–, el elegido del rebaño, el arrastrado a la inmolación, el sacrificio al atardecer, el sepultado al anochecer.  Él es quien fue muerto en Jerusalén, porque curó a los cojos, limpió a los leprosos, llevó a la luz a los ciegos, resucitó a los muertos…

¡Por eso Padeció!   

Homilía sobre La Pascua

San Melitón de Sardes

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

V V V

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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martes, 24 de febrero de 2026

MÍSTICA - LILIA GARELLI - DILEXIT TE (Amor a los pobres) (2)

La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

Riviera Maya, México; Febrero 25 del 2026.

           MÍSTICA

                                                            Por: Lilia Garelli                                      

 

“…Es también mi deseo mostrar cómo la rica sabia, que sube desde aquella raíz, no se ha agotado con el paso de los años, sino que, por el contrario, se ha hecho más fecunda…”

SJPII – Centesimus Annus

DILEXIT TE (2) - “Te he Amado”

“Sobre el Amor a los Pobres”

Estimados en Cristo:

Para todos nosotros que vivimos en este tiempo, el ser testigos de la transición entre el trabajo apostólico de un Papa al otro es una experiencia sinigual que nos permite constatar la preocupación real de la Iglesia por seguir los designios que Dios le va marcando a la humanidad, a través de la luz que el Espíritu Santo inspira a los Sumos Pontífices.  Si somos sensibles ante los enfoques que los diversos Papas le van dando a sus mensajes, podemos ver la mano de Dios que nos invita a corregir el camino ante la marejada de sinrazones que nosotros mismos aceptamos en nuestro interior por medio de las cuales nos infligimos; por ello, el tema que tanto le preocupa a la Iglesia desde el inicio de la historia de la humanidad, es el de la pobreza, no tan solo la falta de una vida digna, sino la pobreza en todas sus expresiones, que hiere a tantos y tantos de los seres humanos que vivimos en este mundo.

Por lo anterior, las reflexiones que haremos a través de esta Exhortación Apostólica nos ayudarán a adentrarnos en el planteamiento que nos dará el Papa León XIV, quien a manera de introducción nos lo expresa: “…en continuidad con la Exhortación Apostólica “Dilexit Nos”; el Papa Francisco estaba preparando en los últimos meses de su vida, una Exhortación Apostólica sobre el cuidado de la Iglesia por los pobres y con los pobres, titulada “Dilexit Te”, imaginando que Cristo se dirigiera a cada uno de ellos diciendo: no tienes poder ni fuerza, pero “yo te he amado” (Ap 3,9).  Habiendo recibido como herencia este proyecto, me alegra hacerlo mío – añadiendo algunas reflexiones, y proponerlo al comienzo de mi pontificado, compartiendo el deseo de mi amado predecesor de que todos los cristianos puedan percibir la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres.  De hecho, también yo considero necesario insistir sobre este camino de santificación, porque en el “llamado a reconocerlos en los pobres y sufrientes se revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas, con las cuales todo santo intenta configurarse” (PF – Gaudete et Exsultate 2018) …” PLXIV – DT No. 3).

Habiendo expuesto esta introducción nos queda bien claro el camino que el Papa León XIV desea seguir al continuar con el desarrollo de este tema tan crucial para la Iglesia de todos los tiempos; y todavía más allá, abriendo su pontificado diciendo en sus primeras palabras ante los miembros del Colegio Cardenalicio: “Tomé mi nombre por León XIII quien afrontó la defensa de la dignidad, la justicia y el trabajo”. Esta referencia al Papa León XIII quien con la Carta Encíclica “Rerum Novarum” afrontó la cuestión social en la primera revolución industrial dando inicio a la Doctrina Social de la Iglesia.  Cabe mencionar que como decía al inicio, es una fortuna constatar cómo diversos Papas retoman la temática de sus predecesores, este es el caso de San Juan Pablo II quien, al cumplirse el centenario de tan importante documento, publicó la Carta Encíclica “Centesimus Annus”, abriendo nuevamente el tema. Iniciemos pues:

CAPÍTULO PRIMERO

Algunas Palabras Indispensables

En este primer apartado del Capítulo Primero, el Papa León XIV hace alusión al texto evangélico que se narra a continuación: “…Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se acercó a él una mujer que traía un frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba en la mesa.  Al ver esto los discípulos se indignaron y dijeron “¿Para qué este despilfarro? Se podía haber vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres” Mas Jesús, dándose cuenta les dijo: “¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una ‘obra buena’ ha hecho conmigo. Porque pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre. Y al derramar ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho…” (Mt 26, 6-12) (PLXIV – DT No. 4).

Texto que nos va abriendo el panorama tanto del pensamiento clásico de un ser humano ejemplificado por los apóstoles, así como el profundo y trascendente que nos marca Jesucristo con su respuesta.  El Papa León continúa ayudándonos con su reflexión diciendo: “… Aquella mujer había comprendido que Jesús era el Mesías humilde y sufriente sobre el que debía derramar su amor. ¡Qué consuelo ese ungüento sobre aquella cabeza que algunos días después sería atormentada por las espinas! Era un gesto insignificante, ciertamente, pero quien sufre sabe cuán importante es un pequeño gesto de afecto y cuánto alivio puede causar…” (PLXIV – DT No. 4).

En efecto, hoy en día solo se piensa en el dinero y cómo producir más, el ser humano cada vez se materializa más, destruyendo toda sensibilidad hacia el dolor de nuestro prójimo, y a su vez creando un “corazón de piedra”; esto nos lleva por el peor camino que nos desvía inevitablemente de lo que realmente es importante – la vida eterna en presencia de Dios – que se reflejará a través del amor hacia nuestros hermanos, no la efímera y temporal que nos ofrece este mundo; debemos renovar nuestra esperanza como nos invita Jesucristo en las frases siguientes de este texto:  “…Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya…” (Mt 26,13) a lo que agrega el Papa León XIV: “…La sencillez de este gesto revela algo grande.  Ningún gesto de afecto, ni siquiera el más pequeño, será olvidado, especialmente si está dirigido a quien vive en el dolor, en la soledad o en la necesidad, como se encontraba el Señor en aquel momento…” (PLXIV- DT No. 4).

“…el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor de la historia.  Él sigue teniendo algo que decirnos…”

P. León XIV - Dilexit Te No. 5

Afectísima en Jesucristo,

Lilia Garelli

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domingo, 22 de febrero de 2026

BAPTISTERIOS DE LA IGLESIA CATÓLICA (8)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Febrero 23 del 2026.

¡Feliz Cumpleaños, Amor Mío!

Baptisterios de la Iglesia Católica

 

BAPTISTERIO ARRIANO DE RÁVENA

Rávena, Emilia-Romagna, Italia

Es tan pequeño que hasta parecería insignificante, sin embargo, desde fin del siglo IV en que comenzó su construcción, causó gran polémica entre muchos cristianos del tiempo de la Iglesia Patriarcal.

Baptisterio Arriano - Wikipedia, la enciclopedia libre

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Antonio Garelli

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SOLEMNIDADES Y FIESTAS DE LA IGLESIA CATÓLICA (16)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

 

Riviera Maya, México; Febrero 22 del 2026. 

SOLEMNIDADES Y FIESTAS DE GUARDAR

DE LA IGLESIA CATÓLICA

 

FEBRERO    22         La Cátedra de San Pedro, Apóstol

 TEXTO BÍBLICO:

Evangelio según San Mateo 16, 18

“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra

edificaré mi Iglesia...”

Audiencia general del 22 de febrero de 2006: La Cátedra de San Pedro, don de Cristo a su Iglesia

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sábado, 21 de febrero de 2026

EL DE,MONIO AL ACECHO DEL MESÍAS - (DAM-15)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

 

Riviera Maya, México; Febrero 22 del 2026. 

LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO

“EL DEMONIO AL ACECHO

 DEL MESÍAS”

(Antonio Garelli – Garelli Editores  – 2009)


II.6.- CURACIÓN DEL SIERVO DEL CENTURIÓN

(Mt 8, 5-13; Lc 7, 1-10; Jn 4, 46-54) 

“. . . Se encontraba enfermo y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste.  Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que viniera y salvara a su siervo.

Éstos, llegando ante Jesús, le suplican insistentemente, diciendo: ‘Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo y él mismo nos ha edificado la sinagoga.’

Iba Jesús con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: “Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro.  Mándalo de palabra y quede sano mi criado.  Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace.”

Al oír esto, Jesús quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: “Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande.”  Cuando los enviados volvieron a la casa hallaron al siervo sano.”

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         Ciertamente no se conoce el nombre de este personaje, pero lo que sí se sabe, es que es el primer gentil (un no israelita), que le pidió, y además recibió, un milagro del Señor.  Un centurión era un puesto más bien bajo en el Ejército Romano, ya que solo dirigía cien hombres –un ciento, de allí lo de centuria –, que alguien con tanta importancia como hacen ver los ancianos judíos que acompañan a Jesús. Un Jefe de Cohorte (quien comandaba seis centurias), pudo haber sido alguien a quien tomársele más en cuenta; y ni qué decir de un General Legionario que era el responsable de seis mil hombres, una legión.

         Sin embargo, hay algo que debe tomársele muy en cuenta a este centurión. Si él fue el que edificó la Sinagoga de Cafarnaúm, como dicen estos ancianos, (de la cual hoy día se pueden ver las ruinas arqueológicas de la misma), en verdad que amaba al pueblo judío, y, además, era muy rico, ya que dicha construcción era desproporcionadamente grande para el número de habitantes que poblaban el lugar en tiempos de Jesús; y muy elaborada en sus acabados interiores y exteriores, como para ser justificados por las escasas evidencias de religiosidad de su gente.  Es más probable que Cristo haya escogido iniciar su Ministerio en Cafarnaúm por lo poco religiosos que eran estos galileos, que por su apego a la Ley y las costumbres del pueblo de Israel.

         Sea como fuere, el Divino Maestro no atiende el llamado del hombre romano por lo que representa para todos desde el punto de vista del poder o de su influencia, sino por su fe.  Este hombre realmente ha creído que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios que ha venido a salvar al mundo.

         Y aunque parece que todo está dentro de la normalidad, hay un hecho que no debemos dejar de tomar en cuenta: se trata de un gentil, un extranjero, para los cuales, en primera instancia, no ha venido Cristo; ellos serán tomados en cuenta solo después de la Resurrección del Señor.  Ésta es, pues, la oportunidad que toma el Demonio para, sutilmente, acechar al Mesías, ya que no le era lícito a los judíos tener contactos de ningún tipo con los paganos.  Pero este centurión es un versado en las costumbres judías, ya que hasta le manda decir:

         “Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo,    por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro.  Mándalo de palabra y quede sano mi criado. . .”

         Así empezarán escribas y fariseos a formular la larga lista de ‘quebrantos’ a las costumbres de los antepasados realizados por Jesús de Nazaret.  Cierto es, no entró en su casa, ni siquiera le vio a él; pero será tomado en cuenta como un favor hecho a un gentil, un indigno de Dios; una ‘falta imperdonable’, según los escribas del tiempo del Señor. 

Muchas ocasiones leeremos en los Cuatro Evangelios que los ‘doctores de la Ley’ le acusan de ‘convivir, entrar en casa de prostitutas y publicanos. . . y hasta comer con ellos’, todas esas, acciones de sumo pecado para cualquier judío.  Sin embargo, Jesucristo tomará ‘los riesgos’ de estas acusaciones solo para llevar al cabo su Misión: “. . . Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva. . .”, como le respondió a Juan el Bautista cuando estaba en la cárcel.

         “. . . Cuando los enviados volvieron a la casa hallaron al siervo sano.” De nada te sirvió, Satanás, por más que hayas hecho para limitar al Señor; el Nombre de Dios ha sido glorificado una vez más, encima de todo nombre.

§ § §

La siguiente entrega será el próximo Domingo.

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Antonio Garelli

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jueves, 19 de febrero de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE (21)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Febrero 20 del 2026. 

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

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P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

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2006

 

CREO EN DIOS…

CREO EN JESUCRISTO…

         - Madre de la Iglesia…

En el relato de la anunciación aparece la palabra ‘más importante’ de la historia de Abraham: “Para Dios nada es imposible.” (Lc 1,37; Gn 18,14)  Y la historia de Abraham nos orienta hacia el centro de la salvación cristiana: el nacimiento de “su descendencia”, es decir Cristo (Gn 3,16), de las entrañas muertas de Sara nació Isaac como hijo de la promesa; de la esterilidad de una mujer y de la ancianidad de un hombre, y la promesa divina, nace un hijo.

Dios con su poder llamó a la existencia a lo que no era, lo mismo que al resucitar a Jesús abrió a los hombres las puertas de la Vida; Dios, al perdonar el pecado genera al hombre, justifica al impío. (Rm 4,1ss).  Pues bien, de la fe de María y de la sombra fecundante de Dios, nace en la historia de los hombres el Hijo del Altísimo, el Don Supremo de Dios a los hombres.  María creyendo el anuncio del Ángel, concibió la carne del Salvador.

Así la reconoce y admira San Ireneo:

Como Eva por su desobediencia fue para sí y para todo el género humano causa de muerte, así María –nueva Eva– con su obediencia fue para sí y para nosotros causa de salvación. 

Por la obediencia de María se desató el nudo de la desobediencia de Eva: Lo que por su incredulidad había atado Eva, lo soltó María con su Fe.”

María es la primera criatura en quien se ha realizado, ya ahora, la esperanza escatológica.  En ella la Iglesia aparece ya “resplandeciente, sin mancha ni arruga, santa e inmaculada” (Ef 5,27), presente con Cristo glorioso “cual casta virgen” (2Co 11,2).  Con razón Pablo VI la llamó Madre de Cristo y Madre de la Iglesia: Madre de la Cabeza y del Cuerpo de Cristo. 

Su seno virginal fue como “el tálamo nupcial, donde el Esposo Cristo se hizo Cabeza de la Iglesia, uniéndose a ésta para hacerse así el Cristo total, Cabeza y Cuerpo.  San Agustín.  En esta maternidad eclesial de María se consumará “junto a la cruz de Jesús”, cuando Éste “consigne a su Madre por hijo al discípulo amado y dé a éste por Madre a la Suya.” (Jn 19, 25.27)

Como madre nuestra, María, la primera creyente, nos acompaña en nuestro peregrinar y en nuestra profesión de fe en Jesucristo, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nacido de ella, Santa María Virgen.  Sus últimas palabras recogidas en el Evangelio, nos coloca ante su Hijo bendito para “hacer lo que él nos diga.” (Jn 2,5)

Así, Jesús, entrando en la historia, ha hecho de nuestra historia la trama de la intervención de Dios, convirtiendo cada momento en kairós: oferta de gracia y riesgo de perdición.  Jesús, encarnándose en nuestra historia, ilumina y rescata la Historia Humana con su pasado, presente y futuro.

Así, podemos cantar junto con San Basilio:

¡Dios sobre la Tierra! ¡Dios entre los hombres! Y no dictando leyes y aterrorizando a los oyentes mediante el fuego, la trompeta, el monte humeante, la nube y la tempestad (Ex 20, 16-24), sino dialogando mansa y suavemente con los que tienen la misma naturaleza que la suya.

 

¡Dios en la carne! Y no obrando a intervalos, como en los profetas, sino uniendo a sí la humanidad y mediante la carne, atrayendo a sí a todos los hombres.  Dios se hizo carne, para matar la muerte oculta en ella; pues la muerte reinó hasta la venida de Cristo. (Rm 5, 12-16).  Pero luego apareció la bondad salvadora de Dios, salió el sol de la justicia y la muerte fue absorbida por la victoria” al no soportar la presencia de la Verdadera Vida.

 

Dios está en la carne: para santificar esta carne maldecida, ruborizar la carne débil, unir con Dios la carne alejada de Él y llevar al Cielo la carne caída.

 

¿Y cuál fue el taller de esa disposición salvífica? ¡El cuerpo de Santa María! ¿Y cuáles fueron los principios de la generación? ¡El Espíritu Santo y la adumbrante (origen) Fuerza del Altísimo! 

La Colección de Folletos

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