“La Felicidad es
mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San Carlo Acutis,
Patrono de Internet
Riviera Maya,
México; Abril 3 del 2026.
EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.
Tomado de la Colección
de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
CREO
EN DIOS…
CREO
EN JESUCRISTO…
NACIÓ
DE MARÍA LA VIRGEN…
FUE
CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO…
A) DESCENDIÓ A LOS
INFIERNOS (3)
En
consecuencia, el artículo de fe sobre el descenso de Jesús al reino de la
muerte es un mensaje de salvación. En él
confesamos que Jesús penetró en el vacío de la muerte para romper sus
lazos. La muerte de Cristo fue la muerte
de la muerte y la victoria pascual de la vida.
Es lo que fue a anunciar a los infiernos, como comenta San Ireneo, uno
de los Padres de la Iglesia:
“El
Señor descendió a los lugares inferiores de la tierra para anunciar el perdón
de los pecados a cuantos creen en Él.
Ahora bien, creyeron en Él cuantos antes ya esperaban en Él, es decir,
quienes habían pronunciado su venida y cooperado a sus designios salvíficos:
los justos, los Profetas y los Patriarcas.
Como a nosotros, también a ellos les perdonó los pecados, no debiendo
por tanto reprocharles nada, para “no anular la Gracia de Dios.” En efecto, el Señor se acordó de sus muertos,
de los que previamente dormían en la tierra del sepulcro, descendiendo hasta
ellos para liberarlos y salvarlos.”
La
Liturgia de las Horas para el Sábado Santo, recoge estas bellísimas palabras de
consternación y meditación:
¿Qué
es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y
una gran soledad. El gran silencio es
porque el Rey duerme. La tierra está
sobrecogida, porque Dios se ha dormido y ha despertado a los que dormían desde
antiguo. Dios hecho hombre ha muerto y
ha conmovido la región de los muertos.
En
primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como oveja perdida. Quiere visitar a “los que yacen en las
tinieblas y en las sombras de la muerte.” Él, Dios e Hijo de Dios, va a liberar
de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva
con él.
El
Señor se acerca a ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la
Cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer
padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: “Mi
Señor esté con vosotros.” Y Cristo
responde a Adán: “Y con tu espíritu.” Y
tomándolo de la mano, lo levanta, diciéndole:
““Despierta,
tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.” Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los
que han de nacer de ti me he hecho hijo tuyo.
Y ahora te digo que tengo poder de anunciar a todos los que están
encadenados: “¡Salid!” y a los que están en tinieblas: “¡Sed iluminados!”, y a
los que duermen: “¡Levantaos!”
“Y a
ti te mando: “¡Despierta, tú que duermes!, pues, no te creé para que
permanezcas cautivo en el abismo. ¡Levántate de entre los muertos! Pues yo soy
la vida de los que han muerto. ¡Levántate obra de mis manos; levántate, imagen
mía, creado a mi semejanza! ¡Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí y yo
en ti formamos una e indivisible persona!
“Por
ti, Yo tu Dios, me he hecho hijo tuyo.
Por ti, Yo tu Dios, me revestí de la condición de siervo; por ti, Yo,
que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra y aún bajo tierra.
Por
ti, hombre, me hice hombre, semejante a un inválido que tiene su lecho entre
los muertos; por ti que fuiste expulsado del huerto del Paraíso, fui entregado
a los judíos en el huerto y sepultado en un huerto.
“Mira
los salivazos de mi cara, que recibí por ti, para restituirte tu primer aliento
de vida que inspiré en tu rostro.
Contempla
los golpes de mis mejillas, que soporté para reformar, según mi imagen, tu
imagen deformada.
“Mira
los azotes de mi espalda, que acepté para librarte del peso de tus pecados,
cargado sobre tus espaldas.
Contempla
los clavos que me sujetaron fuertemente a la cruz, pues los acepté por ti, que
en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos al árbol prohibido.
“Me
dormí en la cruz y la lanza penetró mi costado, por ti, que en el Paraíso
dormiste y de tu costado salió Eva. Mi
costado ha curado el dolor del tuyo. Mi
sueño te saca del sueño de la muerte. Mi
lanza ha eliminado la espada de fuego que se alzaba contra ti.
“¡Levántate,
salgamos de aquí! El enemigo te hizo salir del Paraíso; yo en cambio, te coloco,
no ya en el Paraíso, sino en el trono celestial! Te prohibí que comieras “del árbol de la vida”,
símbolo del árbol verdadero. ¡Yo soy el verdadero árbol de la vida y estoy
unido a ti! Coloqué un querubín que
fielmente te vigilara; ahora te concedo que los ángeles, reconociendo tu
dignidad, te sirvan.
“Tienes
preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros, construido
el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y
mansiones; a tu disposición está el tesoro de todos los bienes, y desde toda la
eternidad, preparado el Reino de los Cielos.”
De
este modo Cristo es el “primogénito de
entre los muertos”, pues estuvo “muerto, pero ahora está vivo por los siglos” tras haber resucitado, teniendo “las llaves de la muerte y del Hades.” Pues “Cristo murió y volvió a la vida para
ser el Señor de los muertos y de los vivos.”
Cristo es Señor de toda la realidad de muerte; vencedor y liberador de
toda situación de infierno.
La Colección de
Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
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Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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