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sábado, 22 de agosto de 2026

EL DEMONIO AL ACECHO DEL MESÍAS - (DAM-42)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Agosto 23 del 2026. 

LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO

“EL DEMONIO AL ACECHO

DEL MESÍAS”

(Antonio Garelli – Garelli Editores  – 2009)


IV.9.- ANUNCIO DE LA TRAICIÓN DE JUDAS ISCARIOTE

(Mt 26, 20-25; Mc 14, 17-21; Lc 22, 21-23; Jn 13, 21-30)

“‘Mirad que la mano del que me entrega está aquí conmigo sobre la mesa.  Porque el Hijo del hombre se marcha según está determinado.  Pero, ¡ay de aquél por quien es entregado!’  Entonces se pusieron a discutir entre sí quién de ellos sería el que iba a hacer aquello.”                                  Evangelio según San Lucas


“Cuando dijo estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró: ‘En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará.’  Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. 

Uno de los discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús.  Simón Pedro le hace una seña y le dice: ‘Pregúntale de quién está hablando.’  El discípulo, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: ‘Señor, ¿quién es?’  Le responde Jesús: ‘Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.’ 

Y, mojando el bocado, lo toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote.  Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás.  Jesús le dice: ‘Lo que tengas que hacer, hazlo pronto.’

Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía.  Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: ‘Compra lo que nos hace falta para la fiesta.’, o que diera algo a los pobres.  En cuanto tomó Judas el bocado, salió.  Era de noche.”                                   Evangelio según San Juan

 

         Cuando San Juan escribe su Evangelio, al final del Siglo I, la Iglesia ha crecido en gran medida.  Es posible encontrar cristianos desde Jerusalén (y más al Oriente) hasta Roma; también en todas las ciudades importantes del Mediterráneo, ya sean griegas, egipcias, de Asia Menor y hasta de las Galias, Hispania o Bretaña.  En algo más de sesenta años, La Buena Nueva ha recorrido todo el territorio dominado por el Imperio Romano. 

         Pero Juan, el hijo de Zebedeo, no lo redacta como una sinopsis más al estilo de Mateo, Marcos o Lucas; sino que vierte en él todo el significado teológico de las enseñanzas de Cristo Jesús, su amadísimo Maestro.  Para este tiempo, ya hay muchos que dudan o que se resisten a creer, y por ellos y para ellos es que Juan escribe. Debió haber sido muy doloroso para el más joven de los Apóstoles (ahora un anciano de más de ochenta años), reseñar este amago momento: la traición de Judas de Kraiot. 

Se puede sentir en la descripción de Juan, lo tremendamente denso del episodio.  Jesucristo sabía que el Demonio ya había actuado, aprovechándose de la voluntad de Judas; el Divino Maestro estaba consciente de que éste había acordado ‘su venta’ a precio de esclavo, esto es, treinta ciclos de plata (Ex 21, 32), con el Sanedrín y los Sumos Sacerdotes.  Cristo no lo está orillando a nada; Él simplemente sabe ya lo va a suceder.  La decisión había sido tomada por Judas con anterioridad al momento que Juan narra.

Cuán profundamente triste pudo haber estado Jesucristo en tan crucial momento; para Él representa el mismísimo principio del fin.  Así lo sabe y así lo acepta, pero el sentimiento de pérdida nada ni nadie se lo puede quitar; uno de sus discípulos, más aún, uno de sus Apóstoles, ha sido tentado por el Diablo y ha caído en sus insidias.  Para el Divino Maestro es un dolor profundo como hombre y como Dios.  Como hombre, porque uno de sus elegidos le ha traicionado; han valido más las mezquinas propuestas del Satán, que todas sus enseñanzas durante los tres años que estuvo unido a la vida de ese pecador.  Como Dios, porque ha de respetar la voluntad humana que se ha declarado, libremente, en su contra.

         La perturbación de los Apóstoles es manifiesta, pues ante las palabras de su amado Maestro, todos quieren saber quién puede ser el infame responsable de tan indigno acto.  Claro, el más impaciente es Pedro (quien querrá seguramente ‘arreglar con sus propias manos’ tamaña ofensa), y pide que le pregunten a Jesús.  El Señor les responde perfectamente claro, pero ninguno de ellos entiende lo que sucede.  Es tan increíble que algo así vaya a suceder, que no tienen cabeza para razonarlo.  Juan sí lo entendió, pero muchos años después; por eso es que solo él narra esa costumbre muy judía de ‘las preferencias en la mesa.’

         Cuando algún judío invitaba a comer a su casa a sus amigos o conocidos, era común ‘asignar lugares’ en la mesa; o mostrar algunas ‘atenciones’ hacia los comensales.  Por ejemplo, este signo de ‘. . . aquel a quien dé el bocado que voy a mojar. . .’ era una distinción que podía hacerse a alguien ‘muy querido’.  Servir personalmente el plato de alguien; o darle la prueba del vino a otro; solían ser formas para distinguir a sus invitados; y se tomaban como detalles ‘amables’ del anfitrión en deferencia a sus convidados. 

Tratándose de Judas, los demás Apóstoles pudieron ver la acción del Maestro como ‘algo normal’ hacia el de Kraiot, ya que ‘. . . Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: ‘Compra lo que nos hace falta para la fiesta.’, o que diera algo a los pobres. . .’, aclara Juan el Evangelista.  No entendieron, pero el Señor sí respondió y, muy claramente.  (La expresión de Juan: ‘Judas tenía la bolsa’, hace referencia a que éste era el encargado de manejar el dinero del grupo; o sea, guardar los donativos recibidos y realizar los pagos y las compras necesarias; o, si fuera el caso, entregar las limosnas que ellos dieran a los más necesitados).

         El caso es que el acecho del Demonio ha llegado hasta los hombres más íntimos del Señor; Satanás emprenderá su última ráfaga de ataques contra el Mesías, precisamente desde sus Apóstoles, de sus queridos amigos.  A todos los tocará, ninguno se salvará. De algunos tenemos evidencia de sus reacciones y actuaciones, de otros no; pero todos serán probados.  Judas Iscariote es el primero; y cae.  No resiste la tentación del Diablo, y cede ante sus argucias infames y traicioneras.  Igual que siempre; ha empezado con el más débil y ha ganado la primera batalla.  Pero no ha ganado la guerra.

§ § §

La siguiente entrega será el próximo Domingo.

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.

BAPTISTERIOS DE LA IGLESIA CATÓLICA

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

Riviera Maya, México; Agosto 17 del 2026.

Baptisterios de la Iglesia Católica

BAPTISTERIO DE BÉRGAMO

CATEDRAL BASÍLICA DE SANTA MARIA MAGGIORE

Bérgamo, Lombardía, Italia

Ubicado frente a la Catedral de Santa María Mayor, y al costado derecho de la hermosísima Capilla de los Colleoni, el Baptisterio de Bérgamo es una construcción realizada en 1340, unos cien años después de la Basílica Catedral.

Battistero di Bergamo - Wikipedia

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jueves, 20 de agosto de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA IGLESIA - (56)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Agosto 21 del 2026.

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

 

CREO EN DIOS… CREO EN JESUCRISTO… CREO EN EL ESPÍRITU SANTO… CREO EN LA IGLESIA… CREO EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS… EN EL PERDÓN DE LOS PECADOS…

 

C) EL PERDÓN DE LA IGLESIA 

El cristiano confiesa “… Creo en el perdón de los pecados” en el interior de la fe de la Iglesia, en la que ha nacido a la vida cristiana, acogido desde el comienzo gratuitamente, con el perdón de sus pecados en el Bautismo. 

Su experiencia primordial, origen de su vida, es la garantía de su re-creación continua en el seno de la Iglesia por las “entrañas de misericordia de Dios Padre”.  Rajamin”, la palabra hebrea que traduce el término misericordia, hace referencia, no a las entrañas o al corazón, sino a la matriz.  El perdón misericordioso es renacimiento, recreación.

El perdón de los pecados se da primeramente en el Bautismo, gran Sacramento de la Reconciliación y del renacimiento del hombre pecador.  El Día de Pentecostés, como manifestación del Espíritu Santo, Pedro anuncia a Jesús Crucificado como Señor y Cristo; sus oyentes se sienten compungidos de corazón al descubrir la magnitud de su pecado a la luz de la Cruz de Cristo, y preguntan a Pedro y a los demás Apóstoles: “¿Qué tenemos que hacer, hermanos? Convertíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo, para que se os perdonen los pecados; y recibiréis el Espíritu Santo.” (Hc 2, 37-38)

El Bautismo, según el doble simbolismo del agua, nos purifica del pecado, sepultando a éste, y nos hace renacer a una nueva vida.  Nos lava y santifica, nos infunde el don del Espíritu Santo, nos hace hijos de Dios y coherederos con Cristo en el Cielo.

La Pascua, fiesta del Bautismo, es el momento culminante de la vida de la Iglesia.  En su celebración, la Iglesia en lo general y cada cristiano en particular, se contempla a sí misma en presencia de Jesucristo, El Crucificado y Resucitado, como palabra del Perdón de Dios; como acontecimiento irrevocable de la reconciliación con Dios Padre, hecho presente en el memorial celebrativo por la Acción del Espíritu Santo en el interior de la misma Iglesia.  Por ello, desde su miseria, exultante por la misericordia de Dios, canta: “Oh feliz culpa que mereció tan gran Redentor.

El pecado cobra toda su profundidad ante la vivencia del amor grandioso de Dios.  El contraste da la dimensión al pecado, pero sin ofuscar el amor que es infinitamente más luminoso y esplendente.  El pecado, con su tenebrosidad, su oscuridad innata, no logra cubrir la luz del amor de Dios, sino que lo realza en plenitud.  Por ello podemos cantar hasta la culpa como lente potente para contemplar el amor de Dios.

El pecado se descubre desde el perdón y por ello los cristianos lo confesamos en el Credo: “Creo en el perdón de los pecados.” El perdón es el don que permite reconocer y confesar nuestro pecado.  Donde no hay perdón, no puede haber confesión del pecado; por ello, el pecado –germen de muerte– “permanece”. La palabra del perdón, en cambio, lleva a la experiencia gozosa de la conversión.

““Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, la muerte ya no tiene poder sobre Él.  Su muerte fue un morir al pecado para siempre, mas su vida es un vivir para Dios. También vosotros consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.”

Así nos enseña el Apóstol a estar muertos al pecado y vivos para Dios.  Bautizados en una muerte semejante a la suya, muramos al pecado; y resucitados por la subida de las aguas, vivamos para Dios en Cristo Jesús y no muramos más, es decir, no pequemos más, “pues quien peca morirá”.

Fieles a la profesión hecha en el bautismo, plantados en Cristo y resucitados con Él, “no reine el pecado en nuestro cuerpo mortal, de modo que obedezcáis a sus apetencias.  No ofrezcáis vuestros miembros como armas de injusticia al servicio del pecado.  Ofreceos más bien a Dios como muertos devueltos a la vida, y ofreced vuestros miembros con armas de justicia al servicio de Dios”. (Rm 6, 12-13)

 “El salario del pecado es la muerte, pero el don gratuito de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Rm 6,23)”

San Basilio

La reconciliación del perdón llena de alegría a Dios y al pecador perdonado.  El pecador perdonado.  El pecador implora a Dios que le “devuelva el gozo y la alegría”.  Dios se complace en que ninguno de los pequeños del Reino se pierda. “Dichoso, pues, el hombre a quien Dios perdona su pecado.”  Por ello, quien ha experimentado esa alegría no desea perderla y comprende que el Señor, que perdona, diga: “No peques más.” (Jn 8,11)

La conversión va unida a la fe en el Evangelio; es Buena Noticia: “Convertíos y creed en el Evangelio.  Así predica Jesús y, para que lo mismo sea anunciado a todas las naciones, padece la muerte y resucita.  Así está escrito –dice a los Apóstoles– que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día; y se predicara en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén.” (Lc 24, 46-47)

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

V V V

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HORA SANTA - HORA EUCARÍSTICA (15)

“La Felicidad es mirar hacia Dios,

la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

 

Riviera Maya, México; Agosto 20 del 2026.

 

HORA  SANTA

HORA  EUCARÍSTICA

 

“Velad y orad para que no caigáis en tentación;

que el espíritu está listo, pero la carne es débil.”

Jesucristo

 

Guía para la Celebración de la Hora Santa | PDF | eucaristía | orador del Señor

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miércoles, 19 de agosto de 2026

MÍSTICA - LILIA GARELLI - DILEXIT TE (27)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

Riviera Maya, México; Agosto 19 del 2026.

           MÍSTICA

                                                            Por: Lilia Garelli                                      

 

“… ¿Qué hizo el Buen Samaritano? La respuesta a

 la pregunta se vuelve urgente, porque nos ayuda a darnos cuenta

de una grave falta en nuestras sociedades y también

 en nuestras comunidades cristianas…”

Papa León XIV - Dilexit Te No. 107

 

DILEXIT TE (27) - “Te he Amado”

“Sobre el Amor a los Pobres”

 

Estimados en Cristo:

Continuamos con el apartado “El Buen Samaritano de Nuevo” que nos ha llevado a la profunda reflexión de los errores tan graves que vivimos en esta sociedad contemporánea con respecto a la indiferencia de dolor humano que encontramos a nuestro alrededor, y que desafortunadamente quizá nos toca a nosotros también, porque seguramente preferimos dejar de lado ese tema, mientras no nos toque directamente.

El Papa León ha recordado diversos párrafos de las Exhortaciones y Cartas Encíclicas publicadas por el Papa Francisco durante su pontificado y que hablan precisamente de las muchas formas de indiferencia que hoy encontramos en la sociedad: “…son signos de un estilo de vida generalizado, que se manifiesta de diversas maneras, quizás más sutiles.  Además, todos estamos muy concentrados en nuestras propias necesidades, ver a alguien sufriendo nos molesta, nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos.  Estos son síntomas de una sociedad enferma, porque busca construirse de espaldas al dolor. Mejor no caer en esa miseria.  Miremos el modelo del Buen Samaritano…” (PF – CE “Fratelli Tutti” 2020) (PLeónXIV – DT No.107).

En efecto, el análisis es correcto, y sin lugar a dudas es una enfermedad que ha ido empeorando poco a poco, como un cáncer que ha invadido todo el cuerpo y que no tiene curación; sin embargo, Dios es nuestra fuerza por lo que no es justificable nuestra indiferencia; porque así como nuestra fe nos dice que cada día es necesaria nuestra conversión, que cierto es, requiere de mucho esfuerzo moralmente hablando, de igual manera esa conversión diaria, unida a la oración nos da la fuerza de no envolvernos en los errores que la sociedad comete, principalmente con el trato hacia los demás, empezando por los más cercanos; por ello el Papa León termina este apartado recordándonos:  “…Las últimas palabras de la parábola evangélica son –“Ve, y procede tú de la misma manera” (Lc 10,37) son un mandamiento que un cristiano debe oír resonar cada día en su corazón…” (PLeónXIV – DT No. 107).

·        Un Desafío Ineludible para la Iglesia de hoy:

Al inicio de este apartado, el Papa León XIV nos recuerda las palabras de San Gregorio Magno quien amonestaba a sus fieles diciéndoles: “…Todos los días, si lo buscamos, hallamos a Lázaro, y, aunque no lo busquemos, le tenemos a la vista.  Ved que a todas horas se presentan los pobres y que ahora nos piden ellos, que luego vendrán como intercesores nuestros. (…) No perdáis el tiempo de la misericordia; no hagáis caso omiso de los remedios que habéis recibido. (…) Cuando veis que algunos pobres hacen algunas cosas reprensibles: no los despreciéis, no desconfiéis, porque tal vez la fragua de la pobreza purifica el exceso de alguna maldad pequeñísima que los mancha…” (San Gregorio Magno, Homilía 40,10; 6;3). Ante este mensaje, el Papa nos hace reflexionar sobre el cuidado que debemos tener de sentirnos en un momento dado autosuficientes, el no necesitar de nadie porque el dinero o el poder nos hace soberbios.  “…En esto, los pobres pueden ser para nosotros como maestros silenciosos, devolviendo nuestro orgullo y arrogancia a una justa humildad…” (PLeón XIV – DT No.108).

Enseguida el Papa continúa con este punto en donde nos hace reflexionar sobre la soberbia de aquel que cree que no necesita de nadie y mucho menos de los pobres, siendo que como bien dice, y se los había comentado en escritos anteriores, es real que nosotros que creemos que iremos a “evangelizar” a otros, terminamos las misiones siendo “evangelizados” por ellos mismos, porque a pesar de sus carencias, sobresale su fervor natural y sencillez ante las cosas de la vida.

“…Los pobres, en el silencio de su misma condición, nos colocan frente a la realidad de nuestra debilidad.  El anciano, por ejemplo, con la debilidad de su cuerpo, nos recuerda nuestra vulnerabilidad, aun cuando buscamos esconderla detrás del bienestar o de la apariencia.  Además, los pobres nos hacen reflexionar sobre la precariedad de aquel orgullo agresivo con el que frecuentemente afrontamos las dificultades de la vida. En esencia, ellos revelan nuestra fragilidad y el vacío de una vida aparentemente protegida y segura…” (PLeónXIV – DT No.109).

El Papa León XIV ejemplifica todo lo anterior con las palabras de San Gregorio Magno: “…Nadie pues, se cuente seguro diciendo: ¡Ea! yo no robo lo ajeno, sino que disfruto buenamente de los bienes que he recibido; porque este rico no fue castigado precisamente por robar lo ajeno, sino porque malamente reservó para sí solo los bienes que había recibido.  También le llevó al infierno esto: el no vivir temeroso en medio de su felicidad, el hacer servir a su arrogancia los dones recibidos, el no tener entrañas de caridad…” (SGM – Homilía 3:SCh 522) (PLeónXIV – DT No.109).

Para San Juan Pablo II la preocupación del Papa por la creciente pobreza era constantemente expresada, para que para la Iglesia fuera el centro de su misión:

“… es determinante y pertenece a su constante tradición, la impulsa a dirigirse al mundo en el cual, no obstante el progreso técnico-económico,  la pobreza amenaza con alcanzar formas gigantescas…”

San Juan Pablo II – CE “Centesimus Annus” (1991)

P. León XIV - Dilexit Te No. 110

Afectísima en Jesucristo,

Lilia Garelli

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sábado, 15 de agosto de 2026

EL DEMONIO AL ACECHO DEL MESÍAS - (DAM-41)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Agosto 16 del 2026. 

LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO

“EL DEMONIO AL ACECHO

DEL MESÍAS”

(Antonio Garelli – Garelli Editores  – 2009)

IV.8.- LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

(Mt 22, 23-33; Mc 12, 18-27; Lc 20, 27-40)

“Se acercaron algunos saduceos, los que sostienen que no hay resurrección, y le preguntaron:

‘Maestro, Moisés nos dejó escrito que si a uno se le muere un hermano casado y sin hijos, debe tomar a la mujer para dar descendencia a su hermano. 

Pues bien, eran siete hermanos. El primero tomó mujer y murió sin hijos; la tomó el segundo; luego el tercero; y murieron los siete, sin dejar hijos.  Finalmente también murió la mujer.  Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque fue mujer de los siete.’ 

Jesús les dijo: ‘Los hijos de este mundo toman mujer y marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección entre los muertos, ni ellos tomarán mujer, ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios por ser hijos de la resurrección.

Y que los muertos resucitan, lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.  No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven.’

Al oír esto, la gente se quedaba maravillada con su doctrina.”

Evangelio según San Mateo    

    Ahora les toca a los saduceos ser instrumentos del Demonio; y el planteamiento de duda es precisamente su escudo de discordia entre todos: la resurrección de los muertos.  El ataque continúa; el acecho es permanente.  Con los que haya, con los que se dejen, con todos atacará el Diablo.

         Para entender el por qué de la intervención de esta influyente minoría del Sanedrín Judío, hay que aclarar unas cuantas cosas.  La inmortalidad del alma es un concepto religioso tan antiguo como la cultura humana.  Ya con los Caldeos de Mesopotamia (la antigua Babilonia), siete mil años antes de Cristo, se tenía claro que el ser humano era una parte física y una anímica; la primera moría a la vida, la segunda pasaba a otra.  Los Egipcios, cuatro mil años antes de Jesucristo; tenían tan claro este concepto, que hasta embalsamaban a sus soberanos y  depositaban cosas de uso normal en las tumbas, para el ‘viaje’ que tenían que realizar sus monarcas hacia el ‘otro mundo’.  Para los hebreo-israelitas-judíos, mantener en el recuerdo a los Patriarcas era mantenerlos vivos, en presencia constante, sin que hubiesen muerto del todo. 

Para la cultura Greco-Romana, el alma inmortal es un hecho hasta filosófico, en donde la psiké y el ánima juegan un papel muy importante en la conjunción de la persona humana.  Los Saduceos son una secta judía que aparece unos cien años antes de Jesucristo y sus ideas, para tomar notoriedad entre el Sanedrín, niegan (sin fundamento teológico, filosófico o cualquier forma del conocimiento humano; esto es: negar por negar), todo lo relacionado con el alma inmortal, la resurrección de los muertos u otra posibilidad de vida anterior o posterior de la vida terrenal (mineral, vegetal, animal o humana).  Yo diría que son los primeros ‘materialistas’ existentes.

         Por supuesto, el planteamiento que le hacen al Divino Maestro tiene un alto grado de cinismo y sarcasmo, pues fundamentan en La Ley de Moisés un acto de continuidad que ésta no puede resolver; pero que Cristo sí puede, porque Él supera a la Ley Mosaica. “. . . Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque fue mujer de los siete. . .”  En verdad que estos saduceos no creían que Cristo fuera el Hijo de Dios, pues si lo hubiesen aceptado de alguna forma, habrían sabido de antemano que iban a ser abatidos en su confrontación con mucha facilidad.  Eso es lo malo de solo pensar en cosas puramente materiales; uno acaba por limitar el conocimiento a minerales, plantas, animales y cuerpos humanos (que no es poco, pero sí muy limitado), en lugar de pensar trascendentalmente, especialmente queriendo llegar a Dios. 

“Jesús les dijo: ‘Los hijos de este mundo toman mujer y marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección entre los muertos, ni ellos tomarán mujer, ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios por ser hijos de la resurrección.’”  O lo que es lo mismo: no se apuren, hay muchísimo más que actividades humanas en el Reino de los Cielos.

         Y para que les quedara claro lo corto de su pensamiento y lo errado de sus deducciones, les aclara algo que no le han preguntado (pero al fin ‘galileo’, Jesús de Nazaret les responde: “. . . Y que los muertos resucitan, lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.  No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven. . .’” 

         No, ya no hubo réplica; ningún argumento más pudieron dar estos servidores del Demonio.  San Mateo, cuasi-fariseo y anti-saduceo, cierra el pasaje tan bellamente como solo un estudioso pudiera hacerlo: “. . . Al oír esto, la gente se quedaba maravillada con su doctrina.”

         ¡Ni modo Satán, tendrás que buscar otros mejores, porque estos no son del tamaño que tú esperabas para el acecho contra el Mesías!

§ § §

La siguiente entrega será el próximo Domingo.

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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