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martes, 28 de abril de 2026

MÍSTICA - LILIA GARELLI - (DT-11)

 

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 29 del 2026.

           MÍSTICA

                                                            Por: Lilia Garelli                                      

 

“…La tradición cristiana de visitar a los enfermos, de lavar sus heridas,

 de consolar a los afligidos no se reduce a una mera obra de filantropía,

sino que es una acción eclesial a través de la cual, en los enfermos,

 los miembros de la Iglesia “tocan la carne sufriente de Cristo” …

P. Francisco - Papa León XIV -  Dilexit Te No.49

DILEXIT TE (11)  -  “Te he Amado”

“Sobre el Amor a los Pobres”

 

Estimados en Cristo:

·        Cuidar a los Enfermos:

En este apartado como vemos a través del epígrafe, o sea, la frase introductoria de este escrito, descubriremos cómo la Iglesia ha querido en todo momento seguir los pasos de Jesucristo, ejemplo de su vida cuando nos compartía su amor entre nosotros aquí en nuestro mundo; y sin duda uno de los ejemplos de su compasión era manifestado por su interés de cuidar a los enfermos no tan solo de cuerpo sino también del alma. 

Jesús curaba a los leprosos, paralíticos, ciegos, etc. pero también libraba a los poseídos de los demonios, que los enfermaban físicamente y martirizaban espiritualmente; Jesús se preocupaba por todos ellos y la Iglesia siempre ha querido continuar la misión de cuidar al enfermo y necesitado.  El Papa nos propone reflexionar sobre nuestras acciones al respecto con el ejemplo de San Cipriano cuando cayó una terrible peste en la ciudad de Cartago donde él era Obispo: “…Esta epidemia que parece tan horrible y funesta, pone a prueba la justicia de cada uno y examina el espíritu de los hombres; verificando si los sanos sirven a los enfermos, si los parientes se aman sinceramente, si los señores tienen piedad de los siervos enfermos, si los médicos no abandonan a los enfermos que imploran…” (S.Cipriano, De mortalitate, 16 CCSL 3A) (PLeón XIV – DT No.49).

El Papa continúa recordándonos la labor de otros santos que ejercieron su misión a través del cuidado de los enfermos, como San Juan de Dios quien fundó la “Orden Hospitalaria” en el siglo XVI atendiendo a todos aquellos que lo necesitaran, sin tomar en cuenta su condición social o económica. “… ¡Haced el bien hermanos!” se convirtió en el lema de la caridad activa con los enfermos.  Contemporáneamente, San Camilo de Lelis fundó la “Orden de los Ministros de los Enfermos” (…) Su regla ordena que: “cada uno solicite al Señor la gracia de tener un afecto maternal hacia su prójimo para poderlos servir con todo amor caritativo, en el alma y en el cuerpo; porque deseamos -con la gracia de Dios – servir a todos los enfermos con el mismo afecto que una madre amorosa suele asistir a su único hijo enfermo” (S.Camilo de Lelis, Reglas de la Compañía de los Ministros de los Enfermos, 27).  En hospitales, campos de batalla, prisiones y calles, “los camilos” encarnaron la misericordia de Cristo Médico…” (PLeón XVI – DT No.50).

Tomando ahora el ejemplo de las mujeres consagradas que a través de diversos carismas han desempeñado el papel importantísimo de la atención sanitaria de los pobres como “Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl”, las “Hermanas Hospitalarias”, las “Pequeñas Siervas de la Divina Providencia” y muchas más que “…se convirtieron en una presencia maternal y discreta en los hospitales, asilos y residencias de ancianos.  Llevaban medicinas, escucha, presencia y, sobre todo, ternura.  Construyeron a menudo con sus propias manos, estructuras sanitarias en zonas sin asistencia médica; enseñaban higiene, atendían partos, medicaban con sabiduría natural y fe profunda… Santa Luisa de Marillac escribía a sus hermanas las “Hijas de la Caridad” recordándoles que habían “recibido una bendición especial de Dios para servir a los pobres enfermos en los hospitales” (Sta. Luisa de Marillac, Carta a las Hermanas Claude Carré y Marie Gaudoin, París (1657) (PLeón XIV – DT No.51).

Es impresionante la gran labor que hace la Iglesia Católica alrededor del mundo, como bien dice el Papa a través de diversos carismas de sacerdotes, religiosos, almas consagradas y movimientos eclesiales dirigidos por laicos que, a pesar de su estado de vida laical, pueden hacerse tiempo para trabajar por las diversas necesidades de la humanidad y es importante reconocer el trabajo que para estos efectos organiza la Iglesia desde su cabeza en el Sucesor de Pedro y toda la organización interna que nace en Vaticano y se extiende por todo el mundo, por ello es necesario dar a conocer por todos los medios posibles, el bien que la Iglesia Católica realiza desde las primeras comunidades cristianas hasta nuestro tiempo.  Desafortunadamente las buenas noticias y el bien que se realiza en el mundo no es transmitido como se debiera en los medios de comunicación; sin embargo, todo aquello que deprime y promueve la desesperanza es lo que inunda muchas veces, los medios de información masiva; por ello es vital el que todos nos informemos por los medios adecuados y confiables, sobre todo los que la Iglesia promueve en favor del bien común y de la salvación de las almas.

Al respecto del tema que nos ocupa, el Papa nos refiere claramente la gran labor que la Iglesia realiza actualmente: “…Hoy, ese legado continúa en los hospitales católicos, los puestos de salud en las regiones periféricas, las misiones sanitarias en las selvas, los centros de acogida para toxicómanos y los hospitales de campaña en las zonas de guerra.  La presencia cristiana junto a los enfermos revela que la salvación no es una idea abstracta, sino una acción concreta.  En el gesto de limpiar una herida, la Iglesia proclama que el Reino de Dios comienza entre los más vulnerables. Y al hacerlo, permanece fiel a Aquel que dijo: “Estaba (…) enfermo, y me visitaron” (Mt 25,35,36).  …” (PLeónXIV – DT No. 52).

Admiremos pues, y reconozcamos todo lo bueno que ejerce la Iglesia en favor de los más necesitados, y busquemos contribuir con lo que más podamos con ella, hay muchas formas de ayuda, de acuerdo a tu estado de vida seguramente algo podrás hacer para colaborar con tus medios económicos, tu conocimiento, tu persona y tus oraciones, todo ello será para tu crecimiento personal y espiritual.

“…Cuando la Iglesia se arrodilla junto a un leproso,

 a un niño desnutrido o a un moribundo anónimo,

realiza su vocación más profunda:

 Amar al Señor allí donde Él está más desfigurado …”

P. León XIV

Dilexit Te No. 52

Afectísima en Jesucristo,

Lilia Garelli

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REPORTE SEMANAL DE NOTICIAS (2026-04-28)

“La Felicidad es mirar hacia Dios,

la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

  

Riviera Maya, México; Abril 28 del 2026.

 

La Santa Sede

 

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De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

 

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lunes, 27 de abril de 2026

BAPTISTERIOS DE LA IGLESIA CATÓLICA (17)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

Riviera Maya, México; Abril 27 del 2026.

Baptisterios de la Iglesia Católica

BAPTISTERIO DE SAN MIGUEL

IGLESIAS DE SAN PEDRO Y SANTA TERESA  

TARRASA, BARCELONA, ESPAÑA

El conjunto fue construido en su totalidad desde el Siglo VII; y finalizado hacia el siglo XII (debido a la invasión sarracena).  El Baptisterio románico, de planta cuadrangular es único en España.

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sábado, 25 de abril de 2026

EL DEMONIO AL ACECHO DEL MESÍAS (25)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 26 del 2026. 

LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO

“EL DEMONIO AL ACECHO

DEL MESÍAS”

(Antonio Garelli – Garelli Editores  – 2009)

 

III.3.- JESÚS CAMINA POR LAS AGUAS Y PEDRO CON ÉL.

(Mt 14, 22-33; Mc 6, 45-52; Jn 6, 16-21)

“Después obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.  Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.

La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario.  Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos caminando sobre el mar.

Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: ‘Es un fantasma’, y de miedo se pusieron a gritar.  Pero al instante les habló Jesús diciendo: “¡Ánimo!, soy yo; no temáis.” Pedro le respondió: ‘Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre las aguas.’  “¡Ven!”, le dijo.  Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús.

Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ‘¡Señor, sálvame!”  Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”  Subieron a la barca y el viento amainó de inmediato.  Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: “Verdaderamente eres el Hijo de Dios.”

Evangelios

         Esta es una prueba más del acecho del Demonio contra el Mesías.  Ahora le toca a Simón, Pedro, ser el instrumento de las insidias del Maligno.  Hoy en día, nos atrevemos a decir: ‘Pero, ¿cómo se le ocurrió dudar?; era el mismísimo Maestro quien le estaba hablando.’  Sí, claro, a dos mil años de distancia del acontecimiento es muy fácil juzgarlo; pero, ¿estamos considerando dentro de nuestro juicio la participación del Diablo en el instante?  Sin este ‘pequeño detalle’, juzgar a San Pedro es impropio (aunque siempre lo será, claro).

         En Tuxpan, Veracruz, el pueblo donde yo nací, hay dos tipos de pescadores: los que navegan el río, río arriba (en donde es cada vez más bajo) en barcas y lanchas; y los que navegan el mar, mar adentro (en donde es cada vez más hondo) en barcos y buques.  Yo navegué de chamaco con ambos.  Con los primeros me daba miedo, el río es muy grande, a veces más de un kilómetro de ancho; y con los segundos me daba pánico, el mar es imponente por su tamaño y profundidad.  Pero allí andaba yo, niño de un rancho, en contacto con la naturaleza marina y fluvial; la obra de Dios, siempre impactante.

         Algo que recuerdo muy gratamente, es la gran fe en Dios que estos hombres mostraban; cuando recién zarpaban, iniciaban sus oraciones para que hubiese ‘buen tiempo’ y para que la travesía fuera segura de ida y de vuelta.  Y una vez que se tendían las redes o se lanzaban los cordeles, oraban para que Dios proveyera buena pesca.  Un día pregunté por qué rezaban tanto, y el Capitán del barco me respondió: “Aquí, si no rezas, estás solo; y solo nunca se debe navegar.  Y para navegar, nada mejor que estar acompañado de Dios y de sus Santos.”

         Miedo, eso es lo que causa la duda.  O quizá mejor dicho: duda, eso es lo que causa el miedo.  ¿Cuál será primero?  No importa; lo que sí es relevante es saber que ambos son utilizados por el Demonio para acechar y que muchas veces nos tropezamos en estas debilidades que son muy propias de todo ser humano, pero que se vencen con Fe, con Esperanza y con Amor.  Fe para no dudar, Esperanza para no temer y Amor para la entrega.  Hoy es muy fácil saberlo; hay dos mil años de Magisterio de la Iglesia que cobijan, pero entonces fue el ensayo y el error; y al cabo de muchas repeticiones se estableció el proceso correctivo.

           En estos días, igual que Simón entonces, se quiere creer con las propias limitaciones; no se quiere del todo el apoyo en Dios y por eso se falla, por eso se cae.  La Fe no es una cuestión humana, no; es un Don de Dios para los humanos, a fin de que lo inadmisible, lo incomprensible, pueda ser factible.  Sin Fe, no hay forma de que se conceptualice a Dios; porque Dios no es un concepto humano.  Solo con la Fe puedo tener a Dios, y esto, porque Él así lo quiere.  Claro está que estos argumentos también los sabe el Demonio y, ¡por supuesto que los usa!

         ¿Sabía esto Simón?  Sí lo sabía, pero tuvo miedo, dudó y falló.  ¿Sabemos esto nosotros?  Sí, sí lo sabemos; pero igual que Pedro, dudamos, nos da miedo y fallamos.  Un pequeño juego de fuerzas entre Dios y el Satán que en aquella ocasión ganó el Demonio, ‘gracias’ a la muy humana participación del ‘más osado’ de los Apóstoles del Señor.  Pero a Pedro no se le olvidará nunca esta lección; es probable que en el futuro hasta niegue al Maestro, pero nunca más dudará de que sea ‘el Cristo, el Hijo de Dios Vivo.

         El colofón de este pasaje es infinitamente más valioso que el mal instante que sufrió Pedro: “. . . Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: ‘Verdaderamente eres el Hijo de Dios.’”  Gracias, Satanás, muchas gracias por permitirle a doce incrédulos que, con la intrepidez de uno, creyeran todos los demás y él mismo.  Así es siempre el bien: presencia absoluta.  Por eso el mal es vencible, porque es ausencia en sí mismo.  Vince in bono malum

§ § §

La siguiente entrega será el próximo Domingo.

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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jueves, 23 de abril de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE (30)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 24 del 2026.

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

CREO EN DIOS…

CREO EN JESUCRISTO…

        B) Y AL TERCER DÍA RESUCITÓ

        DE ENTRE LOS MUERTOS… (3)

Los Evangelistas y los Apóstoles, como testigos de la sorprendente Buena Noticia, concorde y unánimemente confiesan en múltiples formas la misma realidad: “Ha sido suscitado por Dios de la muerte”, “se ha levantado de entre los muertos”, “ha sido elevado por Dios a la Gloria”, “ha sido constituido por Dios, Señor de vivos y muertos”, “el Señor vive”, “se dejó ver”, “se apareció” Un mismo evento, muchas formas de proclamarlo.

Jesús, el condenado a muerte, es el Señor, el centro de la Historia, la roca donde hay que apoyarse para encontrar apoyo seguro en la inseguridad de nuestra existencia; la fuente de la vida verdadera, lugar personal donde Dios otorga el perdón.  Es Dios quien resucita a Jesús, superando la muerte con la vida, como un día venció la esterilidad de Sara y Abraham, y antes aún, cuando sacó las cosas de la nada.  Así Dios nos ha revelado su acción creadora, que llama y suscita la vida en nuestra esterilidad, en nuestra nada, en nuestra muerte. “Dios, que resucitó a Jesús de entre los muertos”, es la definición Neotestamentaria de Dios.

La resurrección es la luz que ilumina el misterio de la muerte de Cristo, que asombró al mundo físico.

Los Discípulos son los testigos de esta nueva Creación.  Dios ha resucitado a Jesús, les ha transformado, les ha reunido de la dispersión que el miedo y la negación de Jesús había provocado en ellos; les ha congregado de nuevo en torno a Él, les ha fortalecido en su desvalimiento y desesperanza, ya podrán ser fieles, creyentes, apóstoles; partícipes de la Nueva Vida inaugurada en la Resurrección de Cristo.

La Resurrección de Cristo funda la misión y, con ella, queda fundada la Iglesia.  La conversión, iluminación, vocación y envío, gracia y perdón, miseria humana y misericordia divina hermanadas, son la realidad permanente; y el Evangelio que anuncia la Iglesia en todos los siglos, desde el primero.

Jesús, resucitado por Dios Padre, se aparece a los testigos elegidos de antemano, Se presenta como vencedor de la muerte y así se revela como Kyrios, como El Señor.  Pablo, igual que los otros testigos, no tiene otra palabra qué anunciar.  Sin la resurrección de Jesús nuestra predicación sería vana y nuestra fe absurda; sin ella nuestra esperanza perdería todo fundamento y seríamos los más desgraciados de los hombres.

La resurrección de Cristo es, con su cruz y muerte, el fundamento y centro de la Fe Cristiana, la tumba vacía y los ángeles –mensajeros y apóstoles– anuncian que el Sepultado no está en el sepulcro, sino que vive y se deja ver en la evangelización en la Galilea de los Gentiles; en la palabra y en la Eucaristía se da a conocer, apareciéndose el primer día de la semana y el octavo día, en El Día del Señor.

Con las apariciones del Resucitado, y de la misión que con ellas se vincula, los Apóstoles quedan constituidos en Fundamento y Fe de la Iglesia. Cefas o Simón Pedro, es nombrado entre los Apóstoles en primer lugar, como piedra sobre la que se levanta la Iglesia; él es el primer testigo de la Fe en la Resurrección, con la misión de confirmar en la Fe a los demás.

Las apariciones de Jesús Resucitado tienen, pues, una clara significación para la fundación de la Iglesia.  Manifiestan que la Iglesia, desde el principio, es Apostólica.  No hay, en efecto, otro camino de acceso al núcleo de la predicación cristiana, al evangelio de la muerte y resurrección de Jesús más que el testimonio de los testigos por Él elegidos. Ellos sellaron este testimonio con su sangre en el martirio.

En conclusión, con la resurrección de Jesucristo, Dios se nos revela como Aquel cuyo poder abarca la vida y la muerte, el ser y el no ser; el Dios vivo que es vida y da la vida, que es amor creador y fidelidad eterna, en quien podemos confiar siempre, incluso cuando se nos vienen abajo todas las esperanzas humanas. 

San Pablo describe de forma diáfana la existencia del creyente, basada en la fuerza de la Fe en la Resurrección:

“Llevamos este tesoro en vasos de barro, para que aparezca que la extraordinaria grandeza de este poder es de Dios, y que no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; atribulados, no desesperamos; perseguidos siempre, mas nunca abandonados; derribados mas no aniquilados.

Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.  Pues, aunque vivimos, somos continuamente entregados a la muerte por Cristo, para que la vida de Jesucristo se manifieste también en nuestra carne mortal.

Así, pues, mientras en nosotros actúa la muerte, en vosotros se manifiesta la vida.  Pero como nos impulsa el mismo poder de la Fe –del que dice la Escritura “Creí, por eso hablé”– también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que Aquel que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros con Cristo… Por eso no desfallecemos.

Pues, aunque nuestro hombre exterior se vaya deshaciendo, nuestro hombre interior se renueva día a día.  Así, la tribulación pasajera nos produce un inmenso caudal de gloria.  No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo invisible.  Lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno. (2 Corintios 4, 7-18)  

Así el Apóstol, y todo discípulo de Cristo, vive en su vida el Misterio Pascual, manifestando en la muerte de los acontecimientos de su historia, la fuerza de la resurrección.  Vive con los ojos en el Cielo, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios, buscando las cosas de allá arriba y no las de la tierra (de acá abajo). (Col 3, 1-2)

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

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REPORTE SEMANAL DE NOTICIAS

“La Felicidad es mirar hacia Dios,

la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

 

Riviera Maya, México; Abril 23 del 2026. 

LA SEMANA DEL PAPA LEÓN XIV


Muy queridos, todos, en Jesucristo:

A partir de la siguiente semana, precisamente del Martes 28 de Abril, estaremos incorporando al Blog www.demilagrosydiosidencias.blogspot.mx un contacto brevísimo, para informarnos acerca de las actividades más relevantes de Santo e León XIV, durante la semana anterior. A continuación, les detallamos los enlaces que usaremos para este fin:

La Santa Sede

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Por favor, hágannos saber cualquier comentario que ustedes juzguen necesario al respecto.

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martes, 21 de abril de 2026

MÍSTICA - LILIA GARELLI - DILEXIT TE (10)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 22 del 2026.

           MÍSTICA

                                                            Por: Lilia Garelli                                      

 

“…Para San Agustín, el pobre no es sólo alguien a quien se ayuda,

 sino la presencia sacramental del Señor…”

Papa León XIV  - Dilexit Te No.43

San Agustín repartiendo bienes de los ricos entre los pobres     M.N. del Prado

 

DILEXIT TE (10) - “Te he Amado”

“Sobre el Amor a los Pobres”

Estimados en Cristo:

Continuamos con este apartado que nos habla de las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y los Pobres a través de los ejemplos de San Ignacio de Antioquía, San Policarpo y San Juan Crisóstomo; de quien el Papa continúa diciéndonos: “… Crisóstomo denunciaba con vehemencia el lujo exacerbado, que convivía con la indiferencia hacia los pobres.  La atención que se les debe prestar, más que una mera exigencia social, es una condición para la salvación, lo que atribuye a la riqueza injusta un peso de condena…” (PLeón XIV – DT No. 42).

Para fundamentar lo anterior, el Papa hace mención de un escrito de San Juan Crisóstomo: “…A menudo adornas con muchas vestiduras variadas y doradas un cadáver insensible, que ya no percibe el honor.  Sin embargo, desprecias a aquel que siente dolor, que está desgarrado, torturado, atormentado por el hambre y el frío, y te preocupa más la vanagloria que el temor de Dios (Homilía in Epístula ad Hebraeos, 11.3 París 1862).  Este profundo sentido de la justicia social le lleva a afirmar que “no dar a los pobres es robarles, es defraudarles la vida, porque lo que poseemos les pertenece”. (Homilía II De Lazaro,6 Paris 1862) …” (PLeón XIV – DT No. 42).

o   San Agustín:

Experto como seguramente lo es el Papa León XIV al ser religioso agustino, nos pone a continuación diversos ejemplos de San Ambrosio, bien conocido como el “maestro espiritual” de San Agustín “…quien insistía en la exigencia ética de compartir los bienes: “Lo que das al pobre no es tuyo, es suyo, porque te has apropiado de lo que dado para uso común” (S.Ambrosio, De Nabuthae 12,53 1897) y nos explica el Papa este sentir del entonces Obispo de Milán:  “…la limosna es justicia restaurada, no un gesto paternalista.  En sus sermones, la misericordia adquiere un carácter profético: denuncia las estructuras de acumulación y reafirma la comunión como vocación eclesial…” (PLeónXIV – DT No.43).

Es sin duda, un tema que merece ser reflexionado por nosotros, ya que, en esta cultura del poseer y acumular sin medida, aún hasta lo que no necesitamos, este concepto de dar al que no tiene, nos distorsiona totalmente lo que parece ser lo correcto o deseable para una vida de éxito; sin embargo, es totalmente coherente con la visión sobrenatural de vivir la vida de forma austera, sin excesos y compartiendo con aquellos que no han tenido las mismas oportunidades.  Esta concepción de la caridad no tan solo en las cosas materiales sino también de la entrega de nosotros mismos en el buen consejo, en la compañía y en el compartir los conocimientos que nos han hecho crecer en virtud, es lo que el Señor nos pide al exhortarnos a vivir la “Civilización del Amor”.

El Papa continúa con San Agustín quien habiendo sido formado en esas virtudes transmitió igualmente su amor preferencial hacia los pobres: “…El Obispo de Nipona, pastor vigilante y teólogo de rara clarividencia, comprendió que la verdadera comunión eclesial se expresa también en la comunión de los bienes.  En sus Comentarios a los Salmos, recuerda que los verdaderos cristianos no dejan de lado el amor a los más necesitados: “Atended a vuestros hermanos, si necesitan algo; dad, si Cristo está en vosotros, incluso a los extranjeros” (S.Agustín, Enarrationes in Psalmos 125,12). Este compartir los bienes brota, por tanto, de la caridad teologal y tiene como fin último el amor a Cristo…” (PLeón XIV – DT No. 44).

Son miles las enseñanzas que San Agustín, Doctor de la Iglesia nos ha dejado, por lo que el Papa, desea compartirnos algunas de sus reflexiones: “…Agustín pone en boca del Señor las siguientes palabras:  “Recibí tierra y daré el cielo.  Recibí cosas temporales y daré a cambio bienes eternos.  Recibí pan, daré la vida. (…) He recibido alojamiento y daré una casa.  He sido visitado en la enfermedad y daré salud.  Fui visitado en la cárcel y daré libertad.  El pan que se dio a mis pobres se consumió; el pan que yo daré restaura las fuerzas, sin acabarse nunca…” (Sermo LXXXVI,5: CCSL 41 Ab) a lo que el Papa añade esta hermosa frase: “…El Altísimo no se deja vencer en generosidad por aquellos que les sirven en los más necesitados; cuanto mayor es el amor a los pobres, mayor es la recompensa por parte de Dios…” (PLeónXIV – DT No.45).

Es necesario e importante que en este tiempo que vivimos, en donde el egoísmo y la prepotencia imperan, que hagamos un alto en el camino para reconocer que lo que el mundo necesita es tener personas con corazones nobles que deseen dar tranquilidad con su simple presencia en el entorno en donde se encuentre, no importa cual fuere, su hogar, trabajo, vecindario, supermercado, etc. porque cuando cada uno desea compartir todo lo bueno, no tan solo le hace bien al otro sino que como bien dice el Papa “purifican el corazón de quien da y está dispuesto a la conversión, “…pues las limosnas pueden servirte para redimir los pecados de la vida pasada, si cambias de vida” (Pseudoagustín, Sermo CCCLXXXVIII,2: PL 39). En una Iglesia que reconoce en los pobres el rostro de Cristo y en los bienes el instrumento de la caridad, el pensamiento agustiniano sigue siendo una luz segura.  Hoy, la fidelidad a las enseñanzas de Agustín exige no sólo el estudio de sus obras, sino la disposición a vivir con radicalidad su llamada a la conversión que incluye necesariamente el servicio de la caridad…” (PLeónXIV – DT No. 46,47).

Es muy importante comprender con claridad el sentido y aplicación de estos conceptos de caridad, tener cuidado de no acomodar las palabras a mi propia conveniencia, por ello el Papa León XIV concluye este interesante apartado con estas bellas palabras:

“…se puede afirmar que la teología patrística fue práctica, apuntando a una Iglesia pobre y para los pobres, recordando que el Evangelio sólo se anuncia bien cuando llega a tocar la carne de los últimos, y advirtiendo que el rigor doctrinal sin misericordia es una palabra vacía…”

P. León XIV - Dilexit Te No. 48

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