“La Felicidad es mirar hacia Dios, la
tristeza es mirar hacia uno mismo”
San
Carlo Acutis, Patrono de Internet
Riviera
Maya, México; Abril 1° del 2026.
MÍSTICA
Por:
Lilia Garelli
“…En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis (Mt 25,40) …”
Papa León XIV
- Dilexit Te No.26
DILEXIT TE (7) - “Te he Amado”
“Sobre el Amor a los
Pobres”
Después de haber reflexionado sobre los diversos textos bíblicos que nos hablan de la importancia de “Amar a Dios y a nuestro prójimo, en especial a los más necesitados de Su Amor” continuamos en las reflexiones que el Papa León XIV hace en este apartado “La Misericordia hacia los pobres en la Biblia”: “…El amor al prójimo representa la prueba tangible de la autenticidad del amor a Dios, como asevera el apóstol Juan: “Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros. (…) Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él” (1 Jn 4,12,16). Son dos amores distintos, pero inseparables…” (PLeónXIV – DT No. 26).
El Papa nos
recomienda el poner en práctica las Obras de Misericordia que la Iglesia nos
propone como signo de la autenticidad de nuestra decisión para hacer efectivo
el deseo de ver por los más necesitados, para lo cual me gustaría recordarles
nuevamente cuáles son las Obras de Misericordia Corporales y Espirituales:
Obras
de Misericordia Corporales
1. Visitar
a los enfermos
2. Dar
de comer al hambriento
3. Dar
de beber al sediento
4. Dar
posada al peregrino
5. Vestir
al desnudo
6. Visitar
a los presos
7. Enterrar
a los difuntos
Obras
de Misericordia Espirituales
1. Enseñar
al que no sabe
2. Dar
buen consejo al que lo necesita
3. Corregir
al que se equivoca
4. Perdonar
al que nos ofende
5. Consolar
al triste
6. Sufrir
con paciencia los defectos del prójimo
7. Rezar
a Dios por los vivos y por los difuntos
Pareciera que muchas de estas obras las tenemos bien conocidas y las practicamos quizá sin darnos cuenta; sin embargo, sería valioso que las realicemos con plena consciencia y ofreciéndoselas a Dios con fervor para que tengan mayor fuerza espiritual y de alguna manera obren en nuestra conversión diaria en nuestro peregrinar hacia el encuentro con el Padre, por ello el Papa nos dice:
“…como signo de la autenticidad del culto que, mientras alaba a Dios, tiene la tarea de disponernos a la transformación que el Espíritu puede realizar en nosotros, para que seamos todos imagen de Cristo y de su misericordia hacia los más débiles. (…) pretende también liberarnos del riesgo de vivir nuestras relaciones en la lógica del cálculo y del interés, para abrirnos a la gratuidad que circula entre aquellos que se aman y que, por eso, ponen todo en común…” y nos pone como ejemplo un texto evangélico: “…Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos No tienen cómo retribuirte! (Lc14,12-14) ...” (PLeónXIV – DT No. 27).
El Papa León continúa este tema recordándonos la parábola conocida como del Juicio Final en Mateo 25, 31-46, texto del cual transcribo una parte para que lo tengan presente: “…Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: “Venid benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel y acudisteis a mí”. Entonces los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento?, y te dimos de comer; o sediento, y ¿te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y acudimos a ti? Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis…” (Mt 25,33-40) y continua el texto hablando a los de la izquierda, quienes nunca hicieron con Él lo que los de la derecha sí lo hicieron y define el castigo para ellos: “…En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna...” (Mt 25,45-46).
En efecto, las
Obras de Misericordia que nos pide la Iglesia, son tan claras como el texto
evangélico, es necesario que identifiquemos cada una de ellas en nuestro
prójimo, sin ir muy lejos y sin quererlos encontrar de forma estrictamente
literal, tenemos cerca de nosotros a alguien necesitado de consuelo, de cuidado
personal, de comprensión, de compañía, démosles a ellos, a los más cercanos
estos cuidados porque como bien nos recuerda el Papa León en las palabras de
la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, “Gaudete et Exsultate” No.95: “…si buscamos esa santidad que agrada a los ojos de Dios, en este texto hallamos precisamente un protocolo sobre el cual seremos juzgados…” (PF – GE No. 95) (PLeónXIV – DT No.28).
“… Las palabras fuertes y claras del Evangelio deberían ser
vividas “sin comentario, sin elucubraciones y excusas que les quiten fuerza. El Señor nos dejó bien claro que la santidad
no puede entenderse ni vivirse al margen de estas exigencias suyas”…”
P. León XIV - Dilexit Te No. 28
Afectísima en Jesucristo,
Lilia Garelli
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Solo por el gusto de proclamar El
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