“La Felicidad es
mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San Carlo Acutis,
Patrono de Internet
Riviera Maya, México; Septiembre 4 del 2026.
XV
Aniversario del Blog
De
Milagros y Diosidencias
2011-2026
EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.
Tomado de la Colección
de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
CREO EN DIOS… CREO EN JESUCRISTO… CREO EN EL ESPÍRITU SANTO… CREO EN LA IGLESIA… CREO EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS… CREO EN EL PERDÓN DE LOS PECADOS…
CREO EN LA RESURRECCIÓN
DE LA CARNE
Y LA VIDA ETERNA
El Credo concluye confesando la Fe en la Resurrección de la Carne y la Vida Eterna. Creer en Dios Padre como origen de la vida; creer en Jesucristo como vencedor de la muerte; y creer en el Espíritu Santo como vivificante de la Iglesia –donde experimentamos la Comunión de los Santos y el Perdón de los Pecados– nos da la certeza de la Resurrección y de la Vida Eterna.
La Profesión de la Fe en la Resurrección de la Carne y en la Vida Eterna son el fruto de la Fe en el Espíritu Santo y su poder transformador, como culminación de la nueva creación inaugurada en la Resurrección de Cristo.
A) EL AMOR DE DIOS MÁS FUERTE QUE LA MUERTE
Por el libro de la Sabiduría sabemos que “no fue Dios quien hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los pecadores.” La muerte es consecuencia del pecado. El hombre, llamado a la vida por Dios, quiere alcanzar por sí mismo el árbol de la vida, adueñarse autónomamente, sin Dios, de ella. Al contrario, halla la muerte.
Así
“por un hombre entró el pecado en el
mundo y, por el pecado, la muerte.” (Rm 5,12) Ésta es la muerte que no ha querido Dios;
esta muerte es fruto del pecado y signo del alejamiento de Dios, la fuente y
plenitud de la vida. La muerte es el
último, el definitivo enemigo del hombre.
Pero como enseña San Ireneo:
“Como la carne es capaz de acoger la
corrupción, también puede acoger la incorrupción.
Y como puede acoger la muerte, puede
acoger la vida.
Y si la muerte aleja la vida, apoderándose
del hombre y haciéndolo un muerto,
tanto más la vida, apoderándose del
hombre, alejará la muerte y restaurará al hombre como un viviente para
Dios.
Pues si la muerte le mató, ¿por qué la
Vida no le vivificará?
Por tanto, “como el primer hombre se hizo
espíritu viviente, el segundo Hombre fue espíritu vivificante”,
y como aquél, espíritu viviente, pecando
perdió la vida,
así él mismo, recibiendo el Espíritu
vivificante, recobrará la vida.”
San Ireneo
En esta muerte entra Jesucristo como nuevo Adán, y sale vencedor de la muerte: “Se hundió hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Flp 2,8); por esta kénosis, en obediencia al Padre, Jesús venció el poder de la muerte. La muerte de esta manera, ha perdido el aguijón; y ya no es más.
El que cree en Jesucristo “ha pasado de la muerte a la vida” (Jn 5,24); pues “el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no gustará la muerte para siempre”, siendo Cristo mismo “La Resurrección y La Vida.” (Jn 11,25; 14,6)
En
su Explicación de los Símbolos
(Explanatio Symboli), San Ambrosio de Milán asienta:
“Debes creer que también la carne resucitará. Pues, ¿por qué asumió Cristo nuestra carne?, ¿por qué subió a la cruz?, ¿por qué sufrió la muerte, fue sepultado y resucitó?, ¿por qué hizo todo eso, sino para que resucitaras tú? Este es el misterio de tu resurrección. Porque “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra Fe” (1Co 15,14) ¡Pero resucitó!, siendo por tanto firme nuestra Fe.”
La confesión de fe en la resurrección de la carne no es, pues, la fe de la inmortalidad; no profesamos que el hombre es inmortal, sino la Fe en Dios, que ama al hombre y le libra de la muerte, resucitándolo.
“El amor pide
eternidad,
y el amor de Dios
no sólo la pide, sino que la da y es.”
Papa Ratzinger
La esperanza cristiana de la resurrección, no es el mero optimismo humano de que al final todas las cosas acaban por arreglarse de alguna manera. La esperanza cristiana es la certeza de que Dios no se deja vencer por el mal y la injusticia, por ello no les deja triunfar. Él hará triunfar el amor y la justicia. “Remitir la justicia a Dios” es “dar razón a todos los hombres de nuestra esperanza.” (1P 3,15)
Esta certeza no es ilusoria, ya ha comenzado a realizarse. Se ha cumplido en Jesucristo, resucitado de entre los muertos, como garantía y fundamento permanente y firme de nuestra esperanza. Unidos por la Fe y el Bautismo en Cristo y a su muerte, esperamos participar igualmente de su gloriosa resurrección. (Rm 6,5)
“En Cristo se realizó ya lo que para nosotros
es todavía esperanza. No vemos lo que
esperamos, pero somos el cuerpo de aquella Cabeza, en la que se hizo realidad
lo que esperamos.”
San Agustín de Hipona
La Colección de
Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
V V V
Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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Solo por el gusto
de proclamar El Evangelio.





