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jueves, 16 de abril de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE (27)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 17 del 2026.

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

B) Y AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS… (2)

En la Palabra y en el Sacramento nos encontramos con el Resucitado. La Liturgia nos pone en contacto con Él. En ella le reconocemos como el vencedor de la muerte. La Liturgia celebra siempre el Misterio Pascual.  El Señor ha resucitado y es tan potente que puede hacerse visible a los hombres.  En Cristo el amor es más fuerte que la muerte. 

La resurrección de Jesús es el hecho histórico en el que Dios confiere la vida a quien ha vivido la propia vida gastándola por los demás.  Es la ratificación de la vida como amor y entrega; y la condenación de la vida como poder, placer o aturdimiento, expresiones, todas, del pecado.

Dios no abandona al justo más de tres días. (Jon 2,1; Os 6,2) En Jesucristo, resucitado por Dios al tercer día, aparece cumplida en plenitud la esperanza de salvación de los profetas. Justamente en esa situación externa y sin salida posible que es la muerte, se afirma el poder y la fidelidad de Dios, devolviendo a Su Hijo a la vida, realizando la esperanza de Abraham, nuestro padre en la fe, que pensaba que “poderoso es Dios aun para resucitar de entre los muertos.” (Hb 11,19) 

Al ser vencida la muerte por la muerte, acontece en la historia algo que trasciende toda la historia.

En el anuncio gozoso que hacen los Apóstoles ¡Vive! ¡Dios le ha resucitado!, Dios ha rehabilitado a Jesús como inocente.  Con su intervención, Dios exalta a su siervo Jesús y en su nombre ofrece el perdón de los pecados y la vida nueva a los que crean y se conviertan a Él.  En el anuncio de la muerte y resurrección de Jesucristo, el Padre nos ofrece la conversión para el perdón de los pecados.

San Melitón de Sardes pondrá este anuncio en la boca de Cristo Resucitado, en su Homilía sobre la Pascua:

 

“Cristo resucitó de entre los muertos y exclamó en voz alta: “¿Quién disputará contra mí? ¡Que se ponga frente a mí!  Yo he rescatado al condenado, he vivificado la muerte, he resucitado al sepultado. ¿Quién es mi contradictor?  Yo destruí la muerte, triunfé del enemigo, pisoteé el infierno, amordacé al fuerte, arrebaté al hombre a las cumbres de los cielos.  ¡Venid, pues, familias todas de los hombres unidas por el pecado, y recibid el perdón de los pecados!  Porque yo soy vuestro perdón, yo la pascua de la salvación, yo el cordero inmolado por vosotros, yo vuestro rescate, yo vuestra luz, yo vuestro Rey.  ¡Yo os conduzco a las cumbres de los cielos! ¡Yo os resucitaré por mi diestra!

Ante este anuncio todos somos descubiertos en pecado.  Dios se revela como el que está reconciliando al mundo consigo, como el que está ratificando el Evangelio de la gracia y el perdón.  Con este anuncio todos quedamos situados ante la verdad del pecado y en presencia del amor misericordioso sin límites.  El pecado y la muerte han quedado vencidos para siempre.  Con la resurrección Dios ha declarado justo a Jesús y a nosotros pecadores perdonados, agradecidos por su muerte. 

La cruz, juicio condenatorio de Dios para los judíos, con la resurrección ha quedado transformada en Cruz Gloriosa.  La Vida Eterna ha comenzado.  El creyente puede experimentarla en todas las formas en que la anunciaron los Profetas para cuando llegara el Reino de Dios; la Paz de Dios, el gozo de estar redimido por Él. 

La participación en su vida y herencia, la alegría del perdón de los pecados, la libertad de toda esclavitud, la capacidad de amar al prójimo, incluso enemigo. El creyente no se halla ya a merced de los poderes que conducen a la muerte, sino en las manos de Dios que conduce a la vida a quienes no son y resucita a los muertos. La experiencia de la resurrección es la piedra angular que mantiene la fe del creyente y de la Iglesia. San Agustín escribió:

 

“Sólo la fe en la Resurrección de Cristo distingue y caracteriza a los cristianos de los demás hombres. Aun los paganos admiten su muerte, de la que los judíos fueron testigos oculares.  Pero ningún pagano o judío acepta que “Él haya resucitado al tercer día de entre los muertos.”  Luego la fe de la resurrección distingue nuestra Fe viva de la incredulidad muerta.  Escribiendo a Timoteo le dice San Pablo: “… recuerda que Jesucristo resucitó de entre los muertos.” (2Tm 2,8) Creamos, pues, hermanos y esperemos que se realice en nosotros, lo que ya se realizó en Cristo; ¡Es promesa del Dios que no engaña!

 

Los estudiosos y doctos han demostrado que Pascua en un vocablo hebreo que significa tránsito. Mediante la Pasión pasó el Señor de la muerte a la vida. No es cosa grande creer que Cristo murió; esto lo creen los paganos, los judíos e incluso los impíos: ¡todos creen que Cristo murió! La Fe de los Cristianos consiste en creer en la Resurrección de Cristo.  Esto es lo grande: creer que Cristo resucitó.

 

Entonces quiso Él que se le viera; cuando pasó, es decir, resucitó.  Entonces quiso que se creyera en Él, cuando pasó, pues, “… fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.” (Rm 4,25) El Apóstol recomienda sobremanera la Fe en la Resurrección de Cristo, cuando dijo: “Si crees en tu corazón que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos, serás salvo.” Rm 10,9”

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La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

V V V

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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martes, 14 de abril de 2026

MÍSTICA - LILIA GARELLI - DILEXIT TE (9)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 15 del 2026.

           MÍSTICA

                                                            Por: Lilia Garelli                                      

 

“…Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta…”  Santiago 2,17

Papa León XIV -  Dilexit Te No.40 

DILEXIT TE (9) - “Te he Amado”

“Sobre el Amor a los Pobres”

 

Estimados en Cristo:

·        La verdadera riqueza de la Iglesia:

Siempre nos ha admirado hasta el grado de inclusive preguntarnos ¿por qué es que el Señor ha escogido para su ministerio a personas sencillas?, ni letrados, ni poderosos en los diversos ambientes del mundo, y la respuesta puede estar en las palabras del Papa, con las que nos ayuda a reflexionar: ¿cómo los apóstoles y discípulos se encargaron de resolver diversas tareas?, claro está que, estaban convencidos de lo que Jesús les pedía y aprendían sobre la marcha, percibiendo la voluntad de Dios en el mismo caminar de su ministerio.  Nos pone de ejemplo el primer santo quien dio su vida por la misión que Dios le había asignado; San Esteban, quien fue de los elegidos por los apóstoles para cuidar especialmente a los más pobres y necesitados, como en el caso de las viudas que comentamos recientemente, dio muestras de cumplir con claridad e ímpetu la tarea que le habían encomendado, no era necesario ser experto, solo era necesario tener fe y seguir la Voluntad de Dios en lo que percibían que era correcto, ya que seguían las luces que el Espíritu Santo les marcaba.

De igual manera, el Papa menciona un hecho que San Ambrosio relata en sus escritos, en el servicio a los pobres y el martirio de San Lorenzo: “…Lorenzo, diácono en Roma en el pontificado del Papa Sixto II, al ser obligado por las autoridades romanas a entregar los tesoros de la Iglesia, “al día siguiente trajo consigo a los pobres.  Cuando le preguntaron dónde estaban los tesoros que había prometido, les mostró a los pobres, diciendo: “Estos son los tesoros de la Iglesia”.  Al narrar este episodio, Ambrosio pregunta: “¿qué mejores tesoros tendría Cristo que aquellos en los que él mismo dijo que estaba?” Y recordando que los ministros de la Iglesia nunca deben descuidar el cuidado de los pobres y, menos aún, acumular bienes en beneficio propio, afirma: “Es necesario que cada uno de nosotros cumpla con esta obligación con fe sincera y providencia perspicaz.  Sin duda, si alguien desvía algo para su propio beneficio, eso es un delito; pero si lo da a los pobres, si rescata al cautivo, eso es misericordia” …” (S.Ambrosio, De officiis ministrorum I, cap.41,205-206; II, cap. 28, 140-142) (PLeón XIV – DT No. 38).

·        Los Padres de la Iglesia y los Pobres:

En este apartado el Papa nos explica cómo los Padres de la Iglesia habían entendido que, a través del servicio a los pobres, tenían un acceso privilegiado a Dios y un modo especial para encontrarlo. La caridad hacia los necesitados no se entendía como una simple virtud moral, sino como expresión concreta de la fe en el Verbo encarnado. (PLeón XIV – DT No.39).

El Papa continúa fundamentando este tema, recordándonos a San Ignacio de Antioquía camino del martirio invitaba a la comunidad de Esmirna y al Obispo San Policarpo: “…Considerad a los que tienen una opinión diferente sobre la gracia de Jesucristo, que vino a nosotros: ¡cómo se oponen al pensamiento de Dios! No se preocupan por el amor, ni por la viuda, ni por el huérfano, ni por el oprimido, ni por el prisionero o el liberto, ni por el hambriento o el sediento” (S.Ignacio de Antioquía, Epistula ad Smyrnaeos,6,2) y por otro lado el Obispo de Esmirna, San Policarpo decía:  “…Los presbíteros también sean compasivos, misericordiosos con todos, Traigan de vuelta a los descarriados, visiten a todos los enfermos, no descuiden a la viuda, al huérfano y al pobre, sino que sean siempre solícitos en el bien ante Dios y los hombres…” (S.Policarpo, Epistula ad Philippenses, 6.1) (PLeón XIV – DT No.39).

Y para terminar este apartado, el Papa nos invita a reflexionar sobre el tema cuando cita a San Justino quien pedía al Emperador Adriano, al Senado y al pueblo romano exhortándolos a ayudar de cualquier manera a los más necesitados: “…los que tienen algo y quieren, cada uno según su libre voluntad, dan lo que les parece bien, y lo que se ha recogido se entrega al presidente. Él lo distribuye a los huérfanos y viudas, a los que por enfermedad u otra causa están necesitados, a los que están en las cárceles, a los extranjeros de paso, en una palabra, se convierte en el proveedor de todos los que se encuentran indigentes…” (S.Justino, Apologia prima, 67,6-7) (PLeón XIV – DT No.40).

o   San Juan Crisóstomo:

Ahora el Papa León XIV nos pone el ejemplo de San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla entre los siglos IV y V, no perdiendo oportunidad para exhortar a los fieles en sus homilías predicando como sigue: “… ¿Quieres honrar el Cuerpo de Cristo? No permitas que sea despreciado en sus miembros, es decir, en los pobres que no tienen qué vestir, ni lo honres aquí en el templo con vestiduras de seda, mientras fuera lo abandonas al frío y a la desnudez (…).  En el templo, el Cuerpo de Cristo no necesita mantos, sino almas puras; pero en la persona de los pobres, Él necesita todo nuestro cuidado. Aprendamos, pues, a reflexionar y a honrar a Cristo como Él quiere.  Cuando queremos honrar a alguien, debemos prestarle el honor que Él mismo ha ordenado, distribuyendo tus riquezas entre los pobres.  Dios no necesita vasos de oro, sino almas de oro…” (S.Juan Crisóstomo, Homiliae in Mattahaeum, 50,3) (PLeón XIV – DT No.41).

Sin duda San Juan Crisóstomo le daba importancia a formar un alma noble, llena de misericordia hacia los demás y promoviendo la congruencia que nos da la vida de gracia con la frecuencia de la Eucaristía en nuestra vida.

“… ¿De qué serviría, al fin y al cabo, adornar la mesa de Cristo con

 vasos de oro, si Él muere de hambre en la persona de los pobres?

 Primero da de comer al que tiene hambre y luego

 adorna su mesa con lo que sobra…”

San Juan Crisótomo

P. León XIV - Dilexit Te No. 41

Afectísima en Jesucristo,

Lilia Garelli

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lunes, 13 de abril de 2026

BAPTISTERIOS DE LA IGLESIA CATÓLICA (15)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

Riviera Maya, México; Abril 13 del 2026.

Baptisterios de la Iglesia Católica

BAPTISTERIO DE LOMELLO

CATEDRAL DE SANTA MARIA MAGGIORE

Lomello, Lombardia, Italia

Construido en el Siglo VII (400 años antes que la Basílica que data del 1025), el Baptisterio de San Giovanni in Fonte, es un ejemplo evidente del estilo Paleocristiano que precedió al Románico Lombardo, que dominó todo el Norte de Italia a la mitad de la Edad Media, en pleno Siglo XI.

Lomello Baptistery of San Giovanni ad Fontes - Wikipedia

 

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De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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domingo, 12 de abril de 2026

EL DEMONIO AL ACECHO DEL MESÍAS (23)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

 

Riviera Maya, México; Abril 12 del 2026. 

LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO

“EL DEMONIO AL ACECHO

DEL MESÍAS”

(Antonio Garelli – Garelli Editores  – 2009)

CAPÍTULO TERCERO

DESDE LA MUERTE DE JUAN EL BAUTISTA

A ZAQUEO DE JERICÓ

III.1.- MUERTE DE JUAN EL BAUTISTA

(Mt 14, 3-12; Mc 6, 17-29; Lc 3, 19-20) 

“. . . Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo.  Porque Juan le decía: “No te es lícito tenerla.”  Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque lo tenían por profeta. 

Mas, llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese.  Ella, instigada por su madre, le dijo: ‘Dame aquí, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.’ 

Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel.  Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre.  Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.”

+ + +

         ¿Quién pudo haber sido más querido para el Divino Maestro que su primo, aquél que saludó aún en el vientre de su Madre?  Como Dios hecho hombre, ¿quién pudo haber significado más en su vida que “la voz que clama en el desierto”? Y finalmente, como Mesías, ¿quién se ganaría las consideraciones más especiales de Dios Hijo por su Bautismo?  Nadie, sino Juan el Bautista.  Así de profundo fue el golpe que asestó Satanás al meterse en el alma de toda esa malvada gente: Herodes, Herodías y Salomé.  Ahora sí golpeó fuerte y bajo el Demonio; esta vez el acecho sobre el Mesías no respetó la vida humana, y no una que no se tuviera en consideración, sino la vida de uno de los más significativos hombres para el Señor, su primo Juan; el hijo de Isabel, la prima de su Madre.

         Hasta ese día, ninguno de los más allegados a Jesús de Nazaret había sido tocado por el Satán; ni María su Madre, ni José su Padre Adoptivo, ni alguno de sus parientes o de los Apóstoles.  Bien se puede decir que después de los Santos Inocentes (muertos por Herodes el Grande cuando nació Jesús en Belén), Juan es el primer mártir del Reino de los Cielos.  Fue decapitado por ser fiel al designio Divino, por anunciar al Mesías y por señalar los pecados del indigno rey Herodes Antipas.  Pero, ante todo, murió debido a las intrigas de Satanás en los hombres; porque éstos han cedido su voluntad ante la del Demonio en lugar de sujetarla a Dios, o al menos, conservarla para sí mismos en lugar de ser fácil instrumento del Diablo.  El Maligno se ha valido de ellos para asestar un duro golpe a Jesús.

         Igual que como hizo con Job: como tenía prohibido por Dios tocar su vida, entonces arremetió contra la vida de los que estaban más cercanos a él; sus hijos, sus hijas y sus parientes.  En aquella ocasión hasta los animales de los ganados de Job, siervo fiel a Dios, fueron aniquilados por el Satán para lastimarlo y hacerlo desistir.  Esta vez usa el Diablo la misma táctica: hacer sufrir.

         En realidad, no es mucho lo que hemos de hacer para estar en concordancia con Dios; solo debemos ser obedientes a sus mandatos.  Así mismo, no es mucho lo que debemos hacer para estar a disposición de Satanás; basta con permanecer alejados de Dios, aunque sea por un instante, si estamos en pecado, si no nos arrepentimos, somos materia fácil del acecho del Demonio.  Y en este sentido, Herodes, Herodías y Salomé no solo podían ser acechados; el Diablo podía hacer mucho más que intentos con ellos.  Podía usarlos al momento que lo deseara, eran instrumentos de sus iniquidades cuando Satanás lo quisiera.  Y así fue, el Príncipe de las Tinieblas arremetió contra el Mesías a través de ellos para lastimar la vida humana de Cristo, para desanimar al Señor desde el lado sentimental de su corporeidad como hombre; para que llegara a sentir que su entrega sería vana y su sacrificio demasiado costoso.

         Sin embargo, el Divino Maestro conoce los métodos del Maligno y la forma de contrarrestarlos: oración, mucha oración a Dios; con sinceridad de intención y con un corazón contrito.  Y además, propagar la Buena Nueva a todo el que esté dispuesto a recibirla; eso hace el Señor: envía a sus discípulos a los pueblos a predicar el Evangelio.  Por primera vez, después de un año completo de andar con ellos, Jesucristo manda solos a sus Apóstoles y discípulos a que prediquen la llegada del Reino de los cielos; desde Magdala hasta Betsaida, incluyendo Cafarnaúm y Corazín, serán los primeros en oír la predicación de los elegidos del Señor; ya no será solo Él, ahora también lo harán sus seguidores.

         Juan hijo de Zebedeo, quien fue discípulo de Juan el Bautista y ahora era Apóstol de Cristo Jesús, deja claramente expresado el momento de dolor y pesar que vive el Señor por la muerte de su querido primo, y escribe:

‘. . . Juan era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis     recrearos una hora con su luz.  Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a   cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre       me ha enviado.” (Jn 5, 35-36)

         Esto, vilísimo Satán, no es amenaza (Jesús nunca amenazó); es un anticipo de los que habrá de venir en el Ministerio del Señor.  Más te vale que te prepares.

§ § §

La siguiente entrega será el próximo Domingo.

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sábado, 11 de abril de 2026

DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

 

Riviera Maya, México; Abril 12 del 2026.

 

SOLEMNIDADES Y FIESTAS DE GUARDAR

DE LA IGLESIA CATÓLICA


ABRIL  12 Fiesta del Domingo de la Divina Misericordia 

DOCUMENTO:

DIVES IN MISERICORDIA – ENCÍCLICA

Dives in Misericordia (30 de noviembre de 1980)

Institución de la Fiesta de la Misericordia | Divina Misericordia - Santa Faustina - El Diario - Jesús, en Ti confío – Congregación

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ORACIÓN DEL PAPA LEÓN XIV POR LA PAZ

“La Felicidad es mirar hacia Dios,

la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

 

Riviera Maya, México; Abril 11 del 2026.


ORACIÓN DEL SANTO ROSARIO

DEL PAPA LEÓN XIV

POR LA PAZ DEL MUNDO


Oración del Santo Rosario para invocar la paz - Calendario de Actividades | Vatican.va 

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jueves, 9 de abril de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE (26)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 10 del 2026.

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

CREO EN DIOS…

CREO EN JESUCRISTO…

NACIÓ DE MARÍA LA VIRGEN…

FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO…

    B) Y AL TERCER DÍA RESUCITÓ

    DE ENTRE LOS MUERTOS 

Cristo, que descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos.  Es la confesión de la Iglesia desde sus comienzos, según la fórmula que San Pablo recuerda a los Corintios:

“Cristo murió por nuestros pecados,

según las Escrituras.

Y fue sepultado.

Resucitó al tercer día,

según las Escrituras,

y se apareció a Pedro, y más tarde a los Doce.”

 

(1Co 15, 3-5)

Ya el Evangelio de San Lucas se recoge la aclamación litúrgica de la primera comunidad: “Verdaderamente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.” (Lc 24, 34).  Es la Buena Nueva que alegra a quienes antes lloraron su muerte, o mejor, sus pecados (Lc 23,28), así como exultante comienza San Cirilo su Catequesis XIV:

“¡Alégrate, Jerusalén, y reuníos todos los que amáis a Jesús, porque ha resucitado! ¡Alegraos todos los que antes llorasteis al oír el relato de los insultos y ultrajes de los judíos, porque resucitó el que fue ultrajado! Como al oír hablar de la cruz os entristecía, os regocije ahora la Buena Nueva de la resurrección, tras la cual el mismo Resucitado dijo: “¡Alegraos!”  Ha resucitado el muerto “libre de los muertos” y Libertador de los muertos.  Quien con paciencia llevó la ignominiosa corona de espinas ha resucitado, ciñéndose la diadema de la victoria sobre la muerte”

San Cirilo de Jerusalén.

La resurrección de Jesús de entre los muertos, expresada en la fórmula pasiva “fue resucitado”, es obra de la acción misteriosa de Dios Padre, que no deja a Su Hijo abandonado en la corrupción del sepulcro, sino que lo levanta y exalta a la Gloria, sentándolo a su derecha.

Cristo, por su resurrección no volvió a su vida eterna anterior, como lo hizo el hijo de la viuda de Naín, o la hija de Jairo, o el mismísimo Lázaro.  Cristo resucitó a la vida definitiva, a la vida que está más allá de la muerte, fuera, pues, de la posibilidad de volver a morir.  En sus apariciones se muestra como el mismo que vivió, comió y habló con sus Apóstoles; el mismo que fue crucificado, murió y fue sepultado, pero no lo mismo.

Por eso no le reconocen hasta que Él mismo les hace ver; sólo cuando Él les abre los ojos y mueve el corazón, le reconocen.  En el resucitado descubren la identidad del crucificado y, simultáneamente, su transformación.  No es un muerto que ha vuelto a la vida anterior; está en nuestro mundo de forma que se deja ver y tocar, pero pertenece ya a otro mundo, por lo que no es posible asirle y retenerle.

La Fe en Cristo Resucitado no nació del corazón de los discípulos.  Ellos no pudieron inventarse la resurrección.  Es el Resucitado quien les busca, quien les sale al encuentro, quien rompe el miedo y atraviesa las puertas cerradas.  La Fe en la Resurrección de Cristo les vino a los Apóstoles y Discípulos de fuera y contra sus dudas y desesperanza.


El argumento claro y evidente de la Resurrección de Cristo es el de la vida de sus discípulos, “entregados a una doctrina” que humanamente ponía en riesgo de muerte su vida.  Una doctrina que, de haber inventado ellos la Resurrección de Jesús de entre los muertos, no habrían enseñado con tanta energía.  A lo que añadir que, conforme a ella, no solo prepararon a otros a despreciar la muerte, sino que lo hicieron ellos los primeros.”

Orígenes Adamantius

Esta situación nueva que viven los Apóstoles con el Resucitado, es idéntica a la nuestra.  No lo vemos como en el tiempo de vida mortal.  Solo se le ve en el ámbito de la Fe; los Apóstoles entonces, y nosotros, ahora.

Cristo con la Escritura, enciende el corazón de los caminantes y al partir el pan, abre los ojos para reconocerlo, como a los Discípulos de Emaús.  Y la vida extraordinaria de sus discípulos testimonia su resurrección, así, como lo repite y escribe San Atanasio:


Que la muerte fue destruida y la cruz es una victoria sobre ella, que aquélla no tiene ya fuerza, sino que está ya realmente muerta, lo prueba un testimonio evidente: ¡Todos los Discípulos de Cristo desprecian la muerte y marchan hacia ella sin temerla, pisándola como a un muerto gracias al signo de la cruz y a la Fe en Cristo!

 

En otro tiempo la muerte era espantosa incluso para los mismos santos, llorando todos a sus muertos como destinados a la corrupción.  Después que El Salvador resucitó su cuerpo, la muerte ya no es temible: ¡Todos los que creen en Cristo la pisan como si fuese nada, y prefieren morir antes que renegar de la Fe en Cristo!

 

Así se hacen testigos de la victoria conseguida por El Salvador, mediante su resurrección… Dando testimonio de Cristo, se burlan de la muerte y la insultan con las palabras: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh infierno, tu aguijón?”

 

Todo esto prueba que la muerte ha sido anulada y que sobre ella triunfó la Cruz del Señor. ¡Cristo, el Salvador de todos y la verdadera Vida, resucitó su cuerpo, en adelante, inmortal!

San Atanasio

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

V V V

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