“La Felicidad es mirar hacia Dios,
la tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San
Carlo Acutis, Patrono de Internet
Riviera
Maya, México; Mayo 24 del 2026.
LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO
“EL DEMONIO AL ACECHO
DEL MESÍAS”
(Antonio Garelli – Garelli
Editores – 2009)
III.8.- EL MUCHACHO EPILÉPTICO
(Mt 17, 14-20; Mc 9, 14-29; Lc 9, 37-43)
“Al llegar junto a los discípulos, vio a
mucha gente que los rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos. Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y
corrieron a saludarle. Él les preguntó:
“¿De qué discutís con ellos? Uno de la
gente le respondió: ‘Maestro, he traído a mi hijo que tiene un espíritu inmundo
y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos,
rechinar los dientes y le deja rígido.
He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.”
Él les respondió: “¡Oh generación
incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo tendré
que soportaros? ¡Traédmelo!” Y se lo
trajeron.
Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó
violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando
espumarajos. Entonces él preguntó al
padre: “¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?” Le dijo: ‘Desde niño. Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al
agua para acabar con él; pero, si algo puedes hacer, ayúdanos, compadécete de
nosotros.”
Jesús le dijo: “¡Qué es eso de si
puedes! ¡Todo es posible para quien
cree! Al instante gritó el padre del
muchacho: ‘¡Creo, ayuda mi poca fe!
Viendo Jesús que se agolpaba la gente,
increpó al espíritu inmundo, diciéndole: “Espíritu sordo y mudo, yo te lo
mando: sal de él y no entres más en él.”
Y el espíritu salió dando gritos y agitándole con violencia
El muchacho quedó como muerto, hasta el
punto de que muchos decían que estaba muerto.
Pero Jesús, tomándole de la mano, le levantó y él se puso en pie.
Cuando Jesús entró en la casa, le
preguntaban en privado sus discípulos: ‘¿Por qué nosotros no pudimos
expulsarle?’ Les dijo: “Esta clase con
nada puede ser arrojada sino con la oración.”
+ + +
¡Ahora sí va en serio! (bueno, siempre
había ido en serio), pero ahora sí ya han empezado los discípulos a enfrentarse
a los demonios; cierto es que tienen que madurar, pero ya se dieron cuenta del
acecho de Satanás contra el Mesías, su Divino Maestro, y han iniciado su
participación activa en la lucha contra el mal.
La Santa Biblia, toda,
contiene muchísimos eventos y pasajes relacionados con actos de fe. Con los Patriarcas, desde Enoc hasta Moisés;
con los Jueces, desde Josué hasta Samuel; con los Reyes, desde Saúl hasta
Sedecías. En todo tiempo, Dios siempre ha querido que declaremos abierta y
sinceramente nuestra fe en sus Mandatos. Los Evangelios en especial, narran
(como en este caso), situaciones en las que la fe debe ser puesta de manifiesto
para poder obtener el milagro requerido.
En todo el lapso que cubren las Sagradas Escrituras, más de cuatro mil
años, también se muestran las evidencias del acecho del Demonio, para debilitar
la Fe de los
justos que quieren hacer la
Voluntad de Dios.
Está por demás decir que cuando Dios se
hizo hombre, este afán del Demonio por debilitar la fe entre los humanos, se
volvió más que obsesivo, se convirtió en su única meta por lograr. No hubo acto del Señor en su Ministerio en el
cual no estuviera Satanás debilitando la
Fe; menospreciando la Esperanza; o atacando la Caridad de cuantos
rodeaban o querían acceder al Señor. O
bien lo hacía él directamente, o se valía de otros para lograr su
cometido. Y Como se ha visto en los
ejemplos tomados para este libro, en muchos casos lo logró. Pero esto no se debió a que el poder del
Maligno sea equiparable al del Mesías, no; sino que la voluntad humana (que
muchas veces se torna en necedad), ayudó al éxito momentáneo del Diablo.
Para que la Gracia actúe, es menester
usar las Virtudes Teologales (Fe – Esperanza – Caridad), que son un Don de
Dios; si esto no se da, y si además se decide libre y voluntariamente no
usarlas, no hay efecto de Gracia, porque Dios respeta la voluntad. Esto es lo que estaba sucediendo entre esa
multitud; la gente no estaba manifestando franca y llanamente su fe. Seguro por que el Demonio y sus secuaces
estaban trabajando durísimo, pero el hecho es que los discípulos no pudieron
expulsar al espíritu maligno que dominaba a aquel muchacho.
Esa es la razón de la expresión de
Cristo Jesús: “¡Oh generación incrédula!
¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros?. . .” Lo cual significa:
hombres de poca fe; solo creen lo que ven y porque ven. Y esto queda de manifiesto en el último
diálogo entre el Maestro y el padre del joven: “. . . pero, si algo puedes hacer, ayúdanos, compadécete de nosotros. . .”
¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es
posible para quien cree! Al instante
gritó el padre del muchacho: ‘¡Creo, ayuda mi poca fe!
Esta última confesión es lo que hace la
diferencia: ‘Creo’, es la voluntad de
dar firme asenso a las verdades que el entendimiento no alcanza a comprender; y
‘ayuda mi poca fe’, es la expresión
de conciencia que acepta una carencia personal y que pide cooperación. Con esto, lo que Dios quiere, se ha dado; y
por lo tanto, Él actúa.
Claro, una vez viendo al Mesías, los
demonios nada tienen que hacer ante su poder, más que someterse. ¡Pero los únicos que verdaderamente han
quedado muy desanimados y evidenciados con los acontecimientos, son los discípulos! El acecho del Demonio era evidente, y bien
sea por la falta de fe de la gente o por la de ellos, nada pudieron hacer. El Divino Maestro les reconforta y les
advierte con su sabio consejo: “Esta
clase con nada puede ser arrojada sino con la oración y el ayuno.”
¡Ya se le complicó la existencia al
Satán! ¡Ya están operando los Apóstoles y Discípulos del Mesías!
§ § §
La siguiente entrega será el próximo Domingo.
Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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Solo por el gusto
de proclamar El Evangelio.