“La Felicidad es mirar hacia Dios, la
tristeza es mirar hacia uno mismo”
San
Carlo Acutis, Patrono de Internet
Riviera
Maya, México; Abril 29 del 2026.
MÍSTICA
Por:
Lilia Garelli
“…La tradición cristiana de visitar
a los enfermos, de lavar sus heridas,
de consolar a los afligidos no se reduce a una
mera obra de filantropía,
sino que es una acción eclesial a
través de la cual, en los enfermos,
los miembros de la Iglesia “tocan la carne
sufriente de Cristo” …”
P. Francisco - Papa León XIV - Dilexit Te No.49
DILEXIT TE (11) - “Te
he Amado”
“Sobre el Amor a los
Pobres”
Estimados en Cristo:
· Cuidar a los Enfermos:
En este apartado como vemos a través del epígrafe, o sea, la frase introductoria de este escrito, descubriremos cómo la Iglesia ha querido en todo momento seguir los pasos de Jesucristo, ejemplo de su vida cuando nos compartía su amor entre nosotros aquí en nuestro mundo; y sin duda uno de los ejemplos de su compasión era manifestado por su interés de cuidar a los enfermos no tan solo de cuerpo sino también del alma.
Jesús curaba a los leprosos, paralíticos, ciegos, etc. pero también libraba a los poseídos de los demonios, que los enfermaban físicamente y martirizaban espiritualmente; Jesús se preocupaba por todos ellos y la Iglesia siempre ha querido continuar la misión de cuidar al enfermo y necesitado. El Papa nos propone reflexionar sobre nuestras acciones al respecto con el ejemplo de San Cipriano cuando cayó una terrible peste en la ciudad de Cartago donde él era Obispo: “…Esta epidemia que parece tan horrible y funesta, pone a prueba la justicia de cada uno y examina el espíritu de los hombres; verificando si los sanos sirven a los enfermos, si los parientes se aman sinceramente, si los señores tienen piedad de los siervos enfermos, si los médicos no abandonan a los enfermos que imploran…” (S.Cipriano, De mortalitate, 16 CCSL 3A) (PLeón XIV – DT No.49).
El Papa continúa recordándonos la labor de otros santos que ejercieron su misión a través del cuidado de los enfermos, como San Juan de Dios quien fundó la “Orden Hospitalaria” en el siglo XVI atendiendo a todos aquellos que lo necesitaran, sin tomar en cuenta su condición social o económica. “… ¡Haced el bien hermanos!” se convirtió en el lema de la caridad activa con los enfermos. Contemporáneamente, San Camilo de Lelis fundó la “Orden de los Ministros de los Enfermos” (…) Su regla ordena que: “cada uno solicite al Señor la gracia de tener un afecto maternal hacia su prójimo para poderlos servir con todo amor caritativo, en el alma y en el cuerpo; porque deseamos -con la gracia de Dios – servir a todos los enfermos con el mismo afecto que una madre amorosa suele asistir a su único hijo enfermo” (S.Camilo de Lelis, Reglas de la Compañía de los Ministros de los Enfermos, 27). En hospitales, campos de batalla, prisiones y calles, “los camilos” encarnaron la misericordia de Cristo Médico…” (PLeón XVI – DT No.50).
Tomando ahora el ejemplo de las mujeres consagradas que a través de diversos carismas han desempeñado el papel importantísimo de la atención sanitaria de los pobres como “Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl”, las “Hermanas Hospitalarias”, las “Pequeñas Siervas de la Divina Providencia” y muchas más que “…se convirtieron en una presencia maternal y discreta en los hospitales, asilos y residencias de ancianos. Llevaban medicinas, escucha, presencia y, sobre todo, ternura. Construyeron a menudo con sus propias manos, estructuras sanitarias en zonas sin asistencia médica; enseñaban higiene, atendían partos, medicaban con sabiduría natural y fe profunda… Santa Luisa de Marillac escribía a sus hermanas las “Hijas de la Caridad” recordándoles que habían “recibido una bendición especial de Dios para servir a los pobres enfermos en los hospitales” (Sta. Luisa de Marillac, Carta a las Hermanas Claude Carré y Marie Gaudoin, París (1657) (PLeón XIV – DT No.51).
Es impresionante la gran labor que hace la Iglesia Católica alrededor del mundo, como bien dice el Papa a través de diversos carismas de sacerdotes, religiosos, almas consagradas y movimientos eclesiales dirigidos por laicos que, a pesar de su estado de vida laical, pueden hacerse tiempo para trabajar por las diversas necesidades de la humanidad y es importante reconocer el trabajo que para estos efectos organiza la Iglesia desde su cabeza en el Sucesor de Pedro y toda la organización interna que nace en Vaticano y se extiende por todo el mundo, por ello es necesario dar a conocer por todos los medios posibles, el bien que la Iglesia Católica realiza desde las primeras comunidades cristianas hasta nuestro tiempo. Desafortunadamente las buenas noticias y el bien que se realiza en el mundo no es transmitido como se debiera en los medios de comunicación; sin embargo, todo aquello que deprime y promueve la desesperanza es lo que inunda muchas veces, los medios de información masiva; por ello es vital el que todos nos informemos por los medios adecuados y confiables, sobre todo los que la Iglesia promueve en favor del bien común y de la salvación de las almas.
Al respecto del tema que nos ocupa, el Papa nos refiere claramente la gran labor que la Iglesia realiza actualmente: “…Hoy, ese legado continúa en los hospitales católicos, los puestos de salud en las regiones periféricas, las misiones sanitarias en las selvas, los centros de acogida para toxicómanos y los hospitales de campaña en las zonas de guerra. La presencia cristiana junto a los enfermos revela que la salvación no es una idea abstracta, sino una acción concreta. En el gesto de limpiar una herida, la Iglesia proclama que el Reino de Dios comienza entre los más vulnerables. Y al hacerlo, permanece fiel a Aquel que dijo: “Estaba (…) enfermo, y me visitaron” (Mt 25,35,36). …” (PLeónXIV – DT No. 52).
Admiremos pues,
y reconozcamos todo lo bueno que ejerce la Iglesia en favor de los más
necesitados, y busquemos contribuir con lo que más podamos con ella, hay muchas
formas de ayuda, de acuerdo a tu estado de vida seguramente algo podrás hacer
para colaborar con tus medios económicos, tu conocimiento, tu persona y tus
oraciones, todo ello será para tu crecimiento personal y espiritual.
“…Cuando la Iglesia se
arrodilla junto a un leproso,
a un niño desnutrido o a un moribundo anónimo,
realiza su vocación
más profunda:
Amar al Señor allí donde Él está más
desfigurado …”
P. León XIV
Dilexit Te No. 52
Afectísima en Jesucristo,
Lilia Garelli
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Solo por el gusto de proclamar El
Evangelio



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