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jueves, 28 de mayo de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Mayo 29 del 2026.

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

CREO EN UN SOLO DIOS…

CREO EN UN SOLO SEÑOR JESUCRISTO…

C) LOS HOMBRES SERÁN JUZGADOS

SEGÚN SUS OBRAS (2)


Feliz quien día y noche no se deja oprimir por otra preocupación que la de saber dar cuenta –sin angustia alguna– de la propia vida en aquel gran día, en el que todas las criaturas se presentarán ante el Juez para darle cuenta de sus acciones.  Pues, quien tiene siempre ante la vista aquel día y aquella hora, ése no pecará jamás.

 

¡La falta del temor de Dios es causa de que pequemos! Acuérdate, pues, siempre de Dios, conserva en tu corazón su temor e invita a todos a unirse a tu plegaria.  Es grande la ayuda de quienes pueden aplacar a Dios. 

 

Mientras vivimos en esta carne, la oración nos será una preciosa ayuda, siéndonos viático para la vida eterna. Y también, así como es buena la soledad; en cambio, el desánimo, la falta de confianza o desesperar de la propia salvación es lo más pernicioso para el alma.

 

¡Confía, pues, en la bondad del Señor y espera su recompensa! Y esto, sabiendo que si nos convertimos sinceramente a Él, no solo no nos rechazará para siempre, sino que, encontrándonos aún pronunciando las palabras de la oración, nos dirá; “¡Heme aquí!” (Is 58,9)”

San Basilio - Epístola

Por otra parte, la espera de la venida de Jesucristo, como juez de vivos y muertos, es una llamada a la vigilancia, a la conversión diaria a Él, a su seguimiento. ‘La puerta de las bodas’ se cierra para quien no espera vigilante, con las lámparas encendidas, al novio que llega a media noche.

En el umbral del Evangelio, Juan Bautista invoca el juicio de Dios, apremiándoles a la conversión.  Con la aparición de Jesús en el mundo, quedan inaugurados los últimos tiempos, actualizándose el juicio escatológico, aunque todavía haya que aguardar su retorno glorioso para verlo realizado en su plenitud.

En realidad ‘todos somos culpables ante Dios.” (Rm 3, 10-20)  Desde la entrada del pecado en el mundo, por nuestro padre Adán, se pronunció el veredicto de condena contra todos los hombres. Nadie podía escapar a esta condena por sus méritos. Pero cuando Jesús murió por nuestros pecados, Dios destruyó el acta de condenación, clavándola en la cruz.

A quien no conoció el pecado lo hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en Él.” (2Co 5,21); “condenó el pecado en la carne de Cristo, a fin de que la justicia de la Ley se cumpliera en nosotros según el espíritu.” (Rm 8,3-4) Así, Cristo “nos rescató de la maldición de la Ley haciéndose Él maldición por nosotros.” (Ga 3,13)

Para quienes confían en Jesucristo, el juicio será, o mejor lo es ya, un juicio de gracia y misericordia. Él es nuestra justificación: “al que cree en Aquel que justifica al impío, su fe se le aprecia como justicia.” (Rm 4,5); “porque el fin de la Ley es Cristo para justificación de todo creyente.” (Rm 10,4)  Por ello, nuestra profesión de fe en Jesucristo “como juez de vivos y muertos” es Buena Nueva y expresión de la esperanza cristiana.

En Cristo se nos ha revelado la justicia de Dios, no la que castiga, sino la que justifica y salva.  Para los creyentes no hay ya condenación, pues, si Dios los justifica, ¿quién los condenará?  La Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo Jesús es nuestra Justificación.

v v v

D) JESUCRISTO, JUEZ QUE JUSTIFICA

Nada temen quienes han experimentado la vida de Cristo, porque Cristo vivía en ellos y toda su vida ha sido testimonio de Cristo. 

Esto lo explica abundantemente San Ambrosio, Obispo de Milán, pilar de la Iglesia Patrística y Doctor de la Iglesia Católica, en sus Exposiciones sobre los Salmos:


“Como hay muchas persecuciones, también hay muchos mártires.  Cada día eres testimonio de Cristo.  Has sido tentado por el impulso del pecado, pero temiendo el futuro juicio de Cristo, no has violado la pureza de la mente y del cuerpo; luego, entonces, eres Mártir de Cristo… con corazón benigno has sentido compasión, has amado la humildad antes que la jactancia; eres testigo de Cristo, dando testimonio no solo con la palabra, sino con los hechos.

 

De hecho, quien escucha el Evangelio y no lo guarda, niega a Cristo; aunque lo reconozca con las palabras, lo niega con los hechos.  Serán posiblemente muchos los que dirán: “¡Señor, Señor! ¿No profetizamos en tu nombre y en tu nombre arrojamos demonios, y en tu nombre no hicimos muchos prodigios?”, pero el Señor les responderá: ‘jamás os conocí; apartaos de mí, ejecutores de maldad.’”

 

Testigo es, pues, aquel que, en armonía con los hechos, da testimonio del Señor Jesús.  ¡Cuán numerosos son, pues, cada día, aquellos que en secreto son mártires de Cristo y confiesan a Jesús como Señor!  Cristo les confesará a ellos ante el Padre.” 

San Ambrosio

Es Cristo el “juez de vivos y muertos”.  Los primeros cristianos con su oración “maranathá, ven, Señor Jesús”, han visto el retorno de Jesús como un acontecimiento lleno de esperanza y alegría.  Han visto en él el momento anhelado de toda su vida, hacia el que han orientado su existencia.  Y, por otra parte, eran conscientes de que el juez es nuestro Señor.

Santa Teresa, La Santa de Ávila, lo dice con palabras muy sencillas:

 

Donde está Dios es el Cielo;

nuestra alma es el cielo pequeño,

donde está Quien hizo el cielo y la tierra.”

“Subir al cielo” o “estar sentado a la derecha del Padre” no es otra cosa que la plena y total glorificación de Cristo, que vive en la beatificante comunión eterna con Dios Padre. De ella participa el cristiano y, por ello, anhela y espera con ansia la consumación de esta vida para entrar en la definitiva comunicación con Dios, allá, “en la casa del Padre” en “la Jerusalén celestial.”

La Ascensión corporal de Cristo a los cielos –como también la Asunción de María tras Él– es la garantía, igualmente, de la glorificación de nuestros cuerpos mortales.  Cristo, el Verbo Encarnado, ha sido exaltado, es decir, con Él ha llegado a Dios definitivamente nuestra carne humana y Dios la ha aceptado irrevocablemente.  Ésta es nuestra fe y nuestra esperanza.

Este juicio se actúa ya en el presente: “el que cree, no será juzgado”; y “el que no cree, ya está juzgado”.  Para los creyentes, la promesa de la venida del Señor es esperanza de redención plena, de liberación de todas las angustias y adversidades de la vida presente.  Las Apariciones del Señor significan, igualmente, el fin de la muerte y de la corrupción del pecado.

Mientras esperamos esta liberación plena y definitiva, en medio del combate de cada día, el Señor nos conforta con su gracia: “Dios os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros el día del Señor Jesucristo.” (1Co 1,8)  Todos los que pertenecen a la Iglesia serán congregados de todo el Mundo y, entonces la Iglesia, purificada con la Sangre del Cordero, celebrará sus bodas como “esposa ataviada para su Esposo.”

Así, pues, la mirada llena de esperanza que nos proyecta hacia la plenitud de los últimos tiempos, nos obliga a volver los ojos al presente, al hoy de la historia.  El futuro, que Cristo inauguró de forma definitiva, se realiza por obra del Espíritu Santo.  Es Él quien hace presente la obra de Jesucristo en nosotros dentro de la Iglesia.  Por ello, hecha nuestra profesión de fe en Cristo, El Credo nos invita a confesar nuestra fe en el Espíritu Santo.

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

V V V

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.

JUEVES EUCARÍSTICO

“La Felicidad es mirar hacia Dios,

la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

 

 

Riviera Maya, México; Mayo 28 del 2026.

 

HORA  SANTA

HORA  EUCARÍSTICA

“Velad y orad para que no caigáis en tentación;

que el espíritu está listo, pero la carne es débil.”

Jesucristo

 

Una detallada Hora Santa para orar sin desperdicio

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martes, 26 de mayo de 2026

MÍSTICA - LILIA GARELLI (DT - 15)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Mayo 27 del 2026.

           MÍSTICA

                                                            Por: Lilia Garelli                                      

 

“…El testimonio de los mendicantes desafiaba tanto la opulencia clerical

 como la frialdad de la sociedad urbana…”

Papa León XIV -  Dilexit Te No.63

 

DILEXIT TE (15) - “Te he Amado”

“Sobre el Amor a los Pobres” 


Estimados en Cristo:

·        Testigos de la Pobreza Evangélica:

En este apartado el Papa nos relata cómo después de la notable labor de las Órdenes Monásticas, el devenir de las problemáticas que se suscitaron en el siglo XIII debido al crecimiento de las ciudades y por supuesto del giro sobre los intereses económicos con el consiguiente crecimiento de la riqueza, trajo otros tipos de pobreza que había que atender, por lo tanto, el Espíritu Santo suscitó en los corazones sensibles el deseo de crear otro tipo de ayuda tanto material como espiritual, reviviendo la forma de las primeras comunidades cristianas: “…La multitud de los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma.  Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían ellos en común…” (Hch 4,32); y fue cuando iniciaron las “Órdenes Mendicantes” “…adoptaron una vida itinerante, sin propiedades personales ni comunitarias, confiando plenamente en la Providencia.  No sólo servían a los pobres: se hacían pobres con ellos.  Consideraban la ciudad como un nuevo desierto y a los marginados como nuevos maestros espirituales. Estas Órdenes, como los franciscanos, dominicos, agustinos y carmelitas, representaron una revolución evangélica, en la que el estilo de vida sencillo y pobre se convierte en un signo profético para la misión…” (PLeónXIV – DT No.63).

Estas “Órdenes Mendicantes” son bien conocidas por todos nosotros, porque persisten hoy en día repartidas por todo el mundo, además de ser reconocidas por todo el bien que han hecho.  El Papa las describe con especial interés por lo que las compartiré con ustedes tratando de resumirlas lo más posible, aunque los invitaría a profundizar su conocimiento sobre ellas porque son fascinantes y un gran ejemplo de humildad y entrega para el prójimo:

         San Francisco de Asís: “…Se convirtió en el ícono de esta primavera espiritual.  Tomando la pobreza como esposa, quiso imitar al Cristo pobre, desnudo y crucificado.  En su Regla, pide a los hermanos que de “nada se apropien, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna.  Y como peregrinos y forasteros en este siglo, sirviendo al Señor en pobreza y humildad, vayan por limosna confiadamente, y no deben avergonzarse, porque el Señor se hizo pobre por nosotros en este mundo” (Honorio III, Bula Solet annuere – Regal bulada (1223).  Su vida fue un continuo despojarse: del palacio al leproso, de la elocuencia al silencio, de la posesión al don total. (PLeón XIV – DT No. 64).

Es muy importante reconocer que el trabajo que deseaba llevar a cabo San Francisco no era tan solo un – servicio social – era como bien dice el Papa una “fraternidad evangélica” porque surgía de lo más profundo de su corazón y la claridad trascendente de lo que es la ayuda al necesitado, porque en ellos él tenía “imágenes vivas del Señor” y en su concepto personal él era muy poca cosa. “…Su santidad brotaba de la convicción de que sólo se recibe verdaderamente a Cristo en la entrega generosa de sí mismo a los hermanos…” (PLeónXIV – DT No.64).

         Santa Clara de Asís: “…Inspirada por Francisco, fundó la Orden de las Damas Pobres, más tarde llamadas “Clarisas”.  Su lucha espiritual consistió en mantener fielmente el ideal de la pobreza radical.  Rechazó los privilegios pontificios que podrían garantizar la seguridad material de su monasterio y, con firmeza obtuvo del Papa Gregorio IX el llamado “Privilegium Paupertatis”, que garantizaba el derecho a vivir sin poseer ningún bien material (Gregorio IX, Bula Sicut manifestum est (1228) …” (PLeónXIV – DT No.65).

Los monasterios de las “Clarisas” están por todo el mundo, continuando la labor iniciada por Santa Clara y luchando contra viento y marea, para mantener el carisma fundacional con los retos que la vida contemporánea les impone.  “…Clara les enseñaba a sus hermanas que Cristo era su única herencia y que nada debía oscurecer la comunión con Él.  Su vida orante y oculta fue un grito contra la mundanidad y una defensa silenciosa de los pobres y olvidados…” (PLeónXIV – DT No.65).

         Santo Domingo de Guzmán: “…Contemporáneo de San Francisco, fundó la “Orden de Predicadores” con otro carisma, pero con la misma radicalidad.  Deseaba anunciar el Evangelio con la autoridad que brota de una vida pobre, convencido de que la Verdad necesita testigos coherentes. (…) Iban a las ciudades, sobre todo a aquellas universitarias, para enseñar la verdad de Dios. (S.C.Tugwell (ed) Early Dominicans. Selected Writings (1982). Al depender de los demás, demostraban que la fe no se impone, sino que se ofrece.  Y, al vivir entre los pobres, aprendían la verdad del Evangelio “desde abajo”, como discípulos de Cristo humillado…” (PLeónXIV – DT No.66).

El Papa León termina este acogedor apartado ayudándonos a reflexionar sobre el carisma de las Órdenes Mendicantes, no como medios para hacer reformas sociales sino buscando principalmente la conversión personal y comunitaria según la voluntad de Dios y añade: “…La pobreza, en ellos, no era consecuencia de la escasez de bienes, sino una elección libre:  hacerse pequeños para acoger a los pequeños.  Como dijo Tomás de Celano sobre San Francisco: “Se deja ver en él, el primer amador de los pobres, (…) despojándose de sus vestidos, viste con ellos a los pobres, a quienes, si no todavía de hecho, sí de todo corazón intenta asemejarse…” (Tomás de Celano, Vita Secunda – pars prima Cap.Iv,8).

“…Los mendicantes se han convertido en un signo de una Iglesia peregrina, humilde y fraterna, que vive entre los pobres no por estrategia proselitista, sino por identidad.  Enseñan que la Iglesia es luz sólo cuando se despoja de todo, y que la santidad pasa por un corazón humilde y volcado en los pequeños, (los pobres) …”

P. León XIV - Dilexit Te No. 67

Afectísima en Jesucristo,

Lilia Garelli

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lunes, 25 de mayo de 2026

LA SEMANA DEL PAPA (4)

“La Felicidad es mirar hacia Dios,

la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

 

Riviera Maya, México; Mayo 26 del 2026.

La Santa Sede

 

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BAPTISTERIOS DE LA IGLESIA CATÓLICA (21)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Mayo 25 del 2026.

Baptisterios de la Iglesia Católica

BAPTISTERIO DE BRESCIA

DUOMO NUOVO y DUOMO VECCHIO

Brescia, Lombardia, Italia 

Imponente ejemplo del Románico Lombardo del Siglo XI, La Rotonda de Santa María Asunta, es la Co Catedral de Brescia; y en su momento, fue el  Baptisterio de la Diócesis Lombarda.  Ubicada en La Plaza Paulo VI de Brescia, es el centro de admiración de propios y extraños.

Duomo Vecchio - Italia.it

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domingo, 24 de mayo de 2026

SOLEMNIDADES Y FIESTAS DE LA IGLESIA

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

Riviera Maya, México; Mayo 24 del 2026.

SOLEMNIDADES Y FIESTAS DE GUARDAR

DE LA IGLESIA CATÓLICA

MAYO  24        Solemnidad del Domingo de Pentecostés –

                            La Venida del Espíritu Santo

(50 días después de la Pascua)

TEXTO BÍBLICO:

Hechos de los Apóstoles 2, 1-36

“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente, vino del cielo un ruido, como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en donde estaban.”


31 de mayo de 1998, Pentecostés  San Juan Pablo II, Papa

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sábado, 23 de mayo de 2026

EL DEMONIO AL ACECHO DEL MESÍAS - (DAM-30)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

Riviera Maya, México; Mayo 24 del 2026.

LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO

“EL DEMONIO AL ACECHO

DEL MESÍAS”

(Antonio Garelli – Garelli Editores  – 2009)

III.8.- EL MUCHACHO EPILÉPTICO

(Mt 17, 14-20; Mc 9, 14-29; Lc 9, 37-43) 

“Al llegar junto a los discípulos, vio a mucha gente que los rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos.  Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle.  Él les preguntó: “¿De qué discutís con ellos?  Uno de la gente le respondió: ‘Maestro, he traído a mi hijo que tiene un espíritu inmundo y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar los dientes y le deja rígido.  He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.” 

Él les respondió: “¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que soportaros?  ¡Traédmelo!” Y se lo trajeron.

Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos.  Entonces él preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?”  Le dijo: ‘Desde niño.  Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes hacer, ayúdanos, compadécete de nosotros.”

Jesús le dijo: “¡Qué es eso de si puedes!  ¡Todo es posible para quien cree!  Al instante gritó el padre del muchacho: ‘¡Creo, ayuda mi poca fe!

Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo, diciéndole: “Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él.”  Y el espíritu salió dando gritos y agitándole con violencia

El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos decían que estaba muerto.  Pero Jesús, tomándole de la mano, le levantó y él se puso en pie.

Cuando Jesús entró en la casa, le preguntaban en privado sus discípulos: ‘¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?’  Les dijo: “Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración.”

 + + +

         ¡Ahora sí va en serio! (bueno, siempre había ido en serio), pero ahora sí ya han empezado los discípulos a enfrentarse a los demonios; cierto es que tienen que madurar, pero ya se dieron cuenta del acecho de Satanás contra el Mesías, su Divino Maestro, y han iniciado su participación activa en la lucha contra el mal.

         La Santa Biblia, toda, contiene muchísimos eventos y pasajes relacionados con actos de fe.  Con los Patriarcas, desde Enoc hasta Moisés; con los Jueces, desde Josué hasta Samuel; con los Reyes, desde Saúl hasta Sedecías. En todo tiempo, Dios siempre ha querido que declaremos abierta y sinceramente nuestra fe en sus Mandatos. Los Evangelios en especial, narran (como en este caso), situaciones en las que la fe debe ser puesta de manifiesto para poder obtener el milagro requerido.  En todo el lapso que cubren las Sagradas Escrituras, más de cuatro mil años, también se muestran las evidencias del acecho del Demonio, para debilitar la Fe de los justos que quieren hacer la Voluntad de Dios.

         Está por demás decir que cuando Dios se hizo hombre, este afán del Demonio por debilitar la fe entre los humanos, se volvió más que obsesivo, se convirtió en su única meta por lograr.  No hubo acto del Señor en su Ministerio en el cual no estuviera Satanás debilitando la Fe; menospreciando la Esperanza; o atacando la Caridad de cuantos rodeaban o querían acceder al Señor.  O bien lo hacía él directamente, o se valía de otros para lograr su cometido.  Y Como se ha visto en los ejemplos tomados para este libro, en muchos casos lo logró.  Pero esto no se debió a que el poder del Maligno sea equiparable al del Mesías, no; sino que la voluntad humana (que muchas veces se torna en necedad), ayudó al éxito momentáneo del Diablo.

         Para que la Gracia actúe, es menester usar las Virtudes Teologales (Fe – Esperanza – Caridad), que son un Don de Dios; si esto no se da, y si además se decide libre y voluntariamente no usarlas, no hay efecto de Gracia, porque Dios respeta la voluntad.  Esto es lo que estaba sucediendo entre esa multitud; la gente no estaba manifestando franca y llanamente su fe.  Seguro por que el Demonio y sus secuaces estaban trabajando durísimo, pero el hecho es que los discípulos no pudieron expulsar al espíritu maligno que dominaba a aquel muchacho. 

         Esa es la razón de la expresión de Cristo Jesús: “¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros?. . .” Lo cual significa: hombres de poca fe; solo creen lo que ven y porque ven.  Y esto queda de manifiesto en el último diálogo entre el Maestro y el padre del joven: “. . . pero, si algo puedes hacer, ayúdanos, compadécete de nosotros. . .” ¡Qué es eso de si puedes!  ¡Todo es posible para quien cree!  Al instante gritó el padre del muchacho: ‘¡Creo, ayuda mi poca fe! 

         Esta última confesión es lo que hace la diferencia: ‘Creo’, es la voluntad de dar firme asenso a las verdades que el entendimiento no alcanza a comprender; y ‘ayuda mi poca fe’, es la expresión de conciencia que acepta una carencia personal y que pide cooperación.  Con esto, lo que Dios quiere, se ha dado; y por lo tanto, Él actúa. 

         Claro, una vez viendo al Mesías, los demonios nada tienen que hacer ante su poder, más que someterse.  ¡Pero los únicos que verdaderamente han quedado muy desanimados y evidenciados con los acontecimientos, son los discípulos!  El acecho del Demonio era evidente, y bien sea por la falta de fe de la gente o por la de ellos, nada pudieron hacer.  El Divino Maestro les reconforta y les advierte con su sabio consejo: “Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración y el ayuno.”

         ¡Ya se le complicó la existencia al Satán! ¡Ya están operando los Apóstoles y Discípulos del Mesías!

§ § § 

La siguiente entrega será el próximo Domingo.

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De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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