“La Felicidad es mirar hacia Dios, la
tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San Carlo Acutis, Patrono de Internet
Riviera
Maya, México; Febrero 4 del 2026.
MÍSTICA
Por: Lilia Garelli
“…Mirad que yo estoy con vosotros
todos los días hasta el fin del mundo…”
Mt 28,20
“Sobre el Amor Humano
y Divino del Corazón de Jesucristo”
Estimados en Cristo:
Continuamos con la reflexión de este apartado “Enamorar al Mundo” en donde el Papa Francisco nos recuerda las palabras dichas por San Juan Pablo II en la ceremonia realizada con motivo del centenario de la Consagración del género humano al Sagrado Corazón, misma que fue realizada por el Papa León XIII en su tiempo de pontificado, en estas palabras San Juan Pablo II dice:
“…la reparación, que es cooperación apostólica a la salvación del mundo (…) se ha de poner en relación con la acción misionera de la Iglesia misma, porque responde al deseo del Corazón de Jesús de propagar en el mundo, a través de los miembros de su Cuerpo, su entrega total al Reino…” (SJPII – Varsovia 11 junio de 1999) (…) Por consiguiente, a través de los cristianos el amor se derramará en el corazón de los hombres, para edificar el cuerpo de Cristo que es la Iglesia y construir una sociedad de justicia, paz y fraternidad…” (SJPII – Carta a Mons. Louis-Marie Billé, Arz. De Lyon peregrinación Parayle-Monial (1999). (PF – DN No. 206).
En efecto, la acción de convencer al mundo de que la forma de construir una sociedad de justicia, paz y fraternidad, debe ser una tarea que nos toca a todos los que conformamos la Iglesia; promoverla y más aún vivirla con el ejemplo, dentro y fuera de nuestro entorno, como muestra de que sí es posible vencer al maligno quien nos invita a todo lo contrario.
El Papa Francisco continúa poniéndonos ejemplos de miembros de la Iglesia que han procurado la prolongación del amor al Corazón de Cristo, a través de la enseñanza de San Vicente de Paúl a sus discípulos: “…ese corazón, que nos hace ir a cualquier parte, ese corazón del Hijo de Dios, el corazón de nuestro Señor que nos dispone a ir como Él iría (…) y nos envía a nosotros como a ellos (los apóstoles), para llevar a todas partes su fuego…” (SVP – Conferencias 1655) (PF – DN No. 207).
De igual manera nos muestra las palabras de San Pablo VI cuando se dirigía a las congregaciones que propagaban la devoción al Sagrado Corazón: “…el ardor pastoral y misionero se inflama principalmente en los fieles, para trabajar por la gloria divina, cuando mirando el ejemplo de aquella inmensa caridad que nos mostró Cristo, consagran todo su esfuerzo a comunicar a todos los inagotables tesoros de Cristo…” (Carta Diserti Interpretes, Encíclicas y Doc. De los Papas (1965) (PF – DN No. 208).
El Papa Francisco insiste en la importancia del enamoramiento verdadero de Cristo, para poder transmitir su amor desde lo profundo de nuestro corazón, sin desviarnos con ninguna otra idea, sino de procurar transmitirlo para cautivar los corazones de otros que se sientan realmente atraídos por ese amor puro y transformador, por ello recuerda las palabras de Dante Alighieri:
“…Cada vez que la
elogio cual presea,
Amor me hace sentir
con tal dulzura,
Que, de obrar con
sutil desenvoltura,
Enamorara de ella a
toda gente…”
Vita Nuova XIX, 5-6
En efecto, cuando el amor es auténtico se transmite sin mayor esfuerzo porque invade a todo el ser y se desborda a través de todo el lenguaje corporal y verbal, recuerdo una de las máximas de la transmisión efectiva de nuestra fe que dice: “la religión no se impone, se propone”, por ello el misionero que desea transmitir el amor de Dios que le llena la vida no lo hace obligando con estrategias de imposición, o manipulación, sino al contrario con aquel amor que le da plenitud. El Papa Francisco lo describe con estas bellas palabras: “…No hay proselitismo en esta dinámica de amor, son las palabras del enamorado que no molestan, que no imponen, que no obligan, sólo mueven a los otros a preguntarse cómo es posible tal amor. Con el máximo respeto ante la libertad y la dignidad del otro, el enamorado sencillamente espera que le permitan narrar esa amistad que le llena la vida…” (PF – DN No. 210).
El Papa Francisco termina este apartado poniéndonos algunos ejemplos inscritos en la Sagrada Escritura:
o Sin descuidar la
prudencia y el respeto (…) te pide que te atrevas a contar a los otros que te
hace bien haberlo encontrado: “Al que me reconozca abiertamente ante los
hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo” (Mt 10,32).
o Para el corazón amante no es una obligación, es una necesidad difícil de contener: “¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! (1 Co 9,16).
Sin lugar a dudas, quien lleva la Palabra de Dios a los demás, debe ante todo irradiar paz interior que refleje todo aquel amor que Jesucristo nos transmitió con su ejemplo de oración y obediencia a la voluntad de su Padre, todo aquel amor paciente pero desbordante que no podía contener y que debía dejar en cada uno de nosotros, así como lo hizo con sus apóstoles y discípulos. Él es nuestro Maestro de la Evangelización y a lo largo de la historia de la humanidad, muchos han seguido su camino. En el mundo de hoy, es urgente seguir su ejemplo y utilizar cualquier medio prudente y respetuoso para “Predicar el Evangelio”.
“…había en mi corazón como un fuego
abrasador, encerrado en mis huesos: me esforzaba por contenerlo, pero no podía…”
Jr 20,9 - P. Francisco - Dilexit Nos No. 211
Afectísima en Jesucristo,
Lilia Garelli
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Solo por el gusto de proclamar El
Evangelio


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