“La Felicidad es mirar hacia Dios, la
tristeza es mirar hacia uno mismo”
San
Carlo Acutis, Patrono de Internet
Riviera
Maya, México; Abril 22 del 2026.
MÍSTICA
Por:
Lilia Garelli
“…Para San Agustín, el pobre no es
sólo alguien a quien se ayuda,
sino la presencia sacramental del Señor…”
Papa León XIV - Dilexit Te No.43
San Agustín
repartiendo bienes de los ricos entre los pobres – M.N. del Prado
DILEXIT TE (10) - “Te
he Amado”
“Sobre el Amor a los Pobres”
Estimados en Cristo:
Continuamos con este apartado que nos habla de las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y los Pobres a través de los ejemplos de San Ignacio de Antioquía, San Policarpo y San Juan Crisóstomo; de quien el Papa continúa diciéndonos: “… Crisóstomo denunciaba con vehemencia el lujo exacerbado, que convivía con la indiferencia hacia los pobres. La atención que se les debe prestar, más que una mera exigencia social, es una condición para la salvación, lo que atribuye a la riqueza injusta un peso de condena…” (PLeón XIV – DT No. 42).
Para fundamentar lo anterior, el Papa hace mención de un escrito de San Juan Crisóstomo: “…A menudo adornas con muchas vestiduras variadas y doradas un cadáver insensible, que ya no percibe el honor. Sin embargo, desprecias a aquel que siente dolor, que está desgarrado, torturado, atormentado por el hambre y el frío, y te preocupa más la vanagloria que el temor de Dios (Homilía in Epístula ad Hebraeos, 11.3 París 1862). Este profundo sentido de la justicia social le lleva a afirmar que “no dar a los pobres es robarles, es defraudarles la vida, porque lo que poseemos les pertenece”. (Homilía II De Lazaro,6 Paris 1862) …” (PLeón XIV – DT No. 42).
o San Agustín:
Experto como seguramente lo es el Papa León XIV al ser religioso agustino, nos pone a continuación diversos ejemplos de San Ambrosio, bien conocido como el “maestro espiritual” de San Agustín “…quien insistía en la exigencia ética de compartir los bienes: “Lo que das al pobre no es tuyo, es suyo, porque te has apropiado de lo que dado para uso común” (S.Ambrosio, De Nabuthae 12,53 1897) y nos explica el Papa este sentir del entonces Obispo de Milán: “…la limosna es justicia restaurada, no un gesto paternalista. En sus sermones, la misericordia adquiere un carácter profético: denuncia las estructuras de acumulación y reafirma la comunión como vocación eclesial…” (PLeónXIV – DT No.43).
Es sin duda, un tema que merece ser reflexionado por nosotros, ya que, en esta cultura del poseer y acumular sin medida, aún hasta lo que no necesitamos, este concepto de dar al que no tiene, nos distorsiona totalmente lo que parece ser lo correcto o deseable para una vida de éxito; sin embargo, es totalmente coherente con la visión sobrenatural de vivir la vida de forma austera, sin excesos y compartiendo con aquellos que no han tenido las mismas oportunidades. Esta concepción de la caridad no tan solo en las cosas materiales sino también de la entrega de nosotros mismos en el buen consejo, en la compañía y en el compartir los conocimientos que nos han hecho crecer en virtud, es lo que el Señor nos pide al exhortarnos a vivir la “Civilización del Amor”.
El Papa continúa con San Agustín quien habiendo sido formado en esas virtudes transmitió igualmente su amor preferencial hacia los pobres: “…El Obispo de Nipona, pastor vigilante y teólogo de rara clarividencia, comprendió que la verdadera comunión eclesial se expresa también en la comunión de los bienes. En sus Comentarios a los Salmos, recuerda que los verdaderos cristianos no dejan de lado el amor a los más necesitados: “Atended a vuestros hermanos, si necesitan algo; dad, si Cristo está en vosotros, incluso a los extranjeros” (S.Agustín, Enarrationes in Psalmos 125,12). Este compartir los bienes brota, por tanto, de la caridad teologal y tiene como fin último el amor a Cristo…” (PLeón XIV – DT No. 44).
Son miles las enseñanzas que San Agustín, Doctor de la Iglesia nos ha dejado, por lo que el Papa, desea compartirnos algunas de sus reflexiones: “…Agustín pone en boca del Señor las siguientes palabras: “Recibí tierra y daré el cielo. Recibí cosas temporales y daré a cambio bienes eternos. Recibí pan, daré la vida. (…) He recibido alojamiento y daré una casa. He sido visitado en la enfermedad y daré salud. Fui visitado en la cárcel y daré libertad. El pan que se dio a mis pobres se consumió; el pan que yo daré restaura las fuerzas, sin acabarse nunca…” (Sermo LXXXVI,5: CCSL 41 Ab) a lo que el Papa añade esta hermosa frase: “…El Altísimo no se deja vencer en generosidad por aquellos que les sirven en los más necesitados; cuanto mayor es el amor a los pobres, mayor es la recompensa por parte de Dios…” (PLeónXIV – DT No.45).
Es necesario e importante que en este tiempo que vivimos, en donde el egoísmo y la prepotencia imperan, que hagamos un alto en el camino para reconocer que lo que el mundo necesita es tener personas con corazones nobles que deseen dar tranquilidad con su simple presencia en el entorno en donde se encuentre, no importa cual fuere, su hogar, trabajo, vecindario, supermercado, etc. porque cuando cada uno desea compartir todo lo bueno, no tan solo le hace bien al otro sino que como bien dice el Papa “purifican el corazón de quien da y está dispuesto a la conversión, “…pues las limosnas pueden servirte para redimir los pecados de la vida pasada, si cambias de vida” (Pseudoagustín, Sermo CCCLXXXVIII,2: PL 39). En una Iglesia que reconoce en los pobres el rostro de Cristo y en los bienes el instrumento de la caridad, el pensamiento agustiniano sigue siendo una luz segura. Hoy, la fidelidad a las enseñanzas de Agustín exige no sólo el estudio de sus obras, sino la disposición a vivir con radicalidad su llamada a la conversión que incluye necesariamente el servicio de la caridad…” (PLeónXIV – DT No. 46,47).
Es muy importante comprender con claridad el sentido y aplicación de estos conceptos de caridad, tener cuidado de no acomodar las palabras a mi propia conveniencia, por ello el Papa León XIV concluye este interesante apartado con estas bellas palabras:
“…se puede afirmar que la teología patrística fue práctica, apuntando a una Iglesia pobre y para los pobres, recordando que el Evangelio sólo se anuncia bien cuando llega a tocar la carne de los últimos, y advirtiendo que el rigor doctrinal sin misericordia es una palabra vacía…”
P. León XIV - Dilexit Te No. 48
Afectísima en Jesucristo,
Lilia Garelli
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Solo por el gusto de proclamar El
Evangelio



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