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jueves, 13 de agosto de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA -

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Agosto 14 del 2026.

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

CREO EN DIOS… CREO EN JESUCRISTO… CREO EN EL ESPÍRITU SANTO… CREO EN LA IGLESIA… CREO EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS… EN EL PERDÓN DE LOS PECADOS…

B) EL PECADO

La narración del Génesis es la expresión de la experiencia de Israel y de todo hombre. El hombre sabe que su vida es don de la llamada de Dios a la existencia. Sabe que su vida es, desde su origen, vida dialogal.  En soledad el hombre no es hombre.  El pecado, que interrumpe el diálogo con Dios, lleva siempre al hombre a la desnudez, a la necesidad de esconderse, de aislarse, al miedo, a la soledad, a la muerte.

La conciencia de su relación dialogada con Dios, posibilitó a Israel vivir sus transgresiones y pecados en forma original: ante Dios.  Y ante la fidelidad inquebrantable de Dios, cada infidelidad –con sus consecuencias de fracaso y muerte– terminaba convirtiéndose en acontecimiento privilegiado de su historia de salvación: en descubrimiento del amor sin medida de Dios.

Solo la Historia de Israel recoge las derrotas y fracasos. Los demás pueblos solo narran las victorias y triunfos de sus héroes.  Así se han extinguido todos los imperios.  Desde la derrota no quedaba posibilidad de comenzar de nuevo la historia.  En Israel, el reconocimiento del propio pecado y su confesión ante Dios se transformaba siempre en comienzo de una nueva historia, en redescubrimiento de Dios.

Esta experiencia de la relación dialogal del pueblo con Dios aparece con fuerza singular en los Profetas.  Oseas hace de su propia vida un sacramento del amor esponsal de Dios y el pueblo. Dios es el esposo fiel que busca a la esposa que se prostituye reiteradamente con los ídolos. Jeremías, Ezequiel e Isaías prolongan esta misma vivencia en escenas de una viveza y realismo únicos.

La Historia del pueblo elegido está marcada profundamente por el pecado.  Ya en Egipto, Israel sirvió a otros dioses, se prostituyó con ellos; Dios los liberó, no obstante, “por amor de su nombre” y “porque su amor es eterno”, pero, incluso después de la liberación de Egipto, Israel se olvidó de ese amor, “revelándose contra Dios en el mar de las Cañas” y continuamente a lo largo del paso por el desierto; también en la Tierra Prometida reiteradamente se reveló contra Él, mereciendo el calificativo de “generación rebelde y malvada”, “pueblo de rebeldes” que murmura contra Moisés, contra Aarón y contra Yahveh mismo.

Pero Israel vive el pecado como un drama en el interior de unas relaciones de amor con Dios, relaciones que se rompen por su parte y se recrean por la fuerza creadora del amor de Dios, que le ofrece de nuevo su amor.

La plenitud irrevocable de la oferta del amor fiel de Dios y su victoria sobre la infidelidad humana, aparece en Jesucristo muerto y resucitado.  Ante la Cruz de Cristo aparece el pecado en toda su monstruosidad y el amor de Dios en toda su sublimidad. Es la locura y el absurdo frente a la autonomía cerrada del hombre romano, pagano, científico y técnico; y el escándalo frente al excesivo legalismo jurídico del hombre religioso y fariseo que busca en sí mismo su justificación.

El hermano mayor de la Parábola del Hijo Pródigo no puede comprender la fiesta del perdón ofrecida al hermano menor al regreso de sus orgías, despilfarradoras de la herencia del padre. (Lc 15, 11-32) Como tampoco comprenden a Jesús al perdonar a la mujer sorprendida en adulterio (Jn 8, 1-11) quienes, hipócritas y con piedras en las manos, intentan ‘cumplir la Ley’.

En el encuentro a solas de Cristo y la adúltera hallamos la historia, todos los días repetida, entre Dios y nosotros.  El “no te condeno” de Jesús es el fruto de su muerte en la cruz por cada uno de nosotros. 

Así le escribe San Pablo a los Gálatas: “La vida que vivo al presente, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.” (Ga 2,20)  En este “mi” está concentrada toda la profundidad personal del pecado, que hace de contrapunto para valorar la sublimidad del amor y la entrega.  Morir por un justo entra en las posibilidades humanas, pero dar la vida por un impío, es “la prueba del Amor de Dios en Cristo.” (Rm 5, 7-8)

El pecado confesado se transforma en celebración de las maravillas de Dios.  Sin Dios, el hombre no encuentra salida a su culpa; de aquí su vano intento en negarla y auto justificarse con excusas y acusaciones a los demás.  Pero su salvación no está en la conquista del amor de sí mismo por la propia absolución, en la cual no puede creer.  No es la conquista del amor, sino la acogida del amor la que libera y salva al hombre de su culpa.

Solo cuando el hombre escucha de la boca de Dios la palabra del perdón, se siente vivo, reconciliado, capaz de comenzar de nuevo la historia.

Aquí radica el drama de nuestro mundo.  Hoy, en el mundo y entre algunos llamados ‘cristianos’, se ha perdido el sentido del pecado, con lo que se ha agudizado el sentido de culpabilidad.  El reconocimiento del pecado lleva a la experiencia de la alegría en el perdón, como vivencia del amor gratuito, el único amor liberador del hombre.

La experiencia oculta de culpabilidad, en cambio, se abre cauces oscuros en la existencia humana en forma de tristeza, miedos, desesperación, sensación de absurdo de la vida, nausea de todo, aburrimiento, con todas las expresiones de violencia contra uno mismo y contra los demás.  La drogadicción y el narcotráfico, puede ser un ejemplo, suicidios y abortos, otro.

El hombre en soledad, con su fracaso a cuestas, se asfixia y vive bajo los impulsos de la autodestrucción.  Es la palabra de Judas Iscariote, que se siente condenado por la ley de sí mismo y se suicida.  Le hubiera bastado levantar la mirada a Cristo, como hace pedro después de sus negaciones, y con ojos cargados de lágrimas, para experimentar el perdón y la vida.

Frente a esta situación es preciso anunciar la Buena Nueva del Perdón de los Pecados, que supone el reconocimiento y confesión del propio pecado.  La actitud farisea de auto justificación, y consiguiente condenación de los demás, no produce más que un encubrimiento del mal, que desde dentro destruye al hombre; en palabras bíblicas: el “sepulcro blanqueado” no impide la corrupción interior.

En la predicación de Jesús el pecado ocupa un lugar central.  Él se sabe enviado a anunciar la conversión del pecado, a “buscar a los pecadores” (Mc 2,17), es decir, a “buscar y salvar lo que estaba perdido.” (Lc 19,10)

El pecado se origina en lo más íntimo del hombre, donde el maligno le insinúa e infunde el ansia de ser como Dios; le roba a Dios el ‘fuego sagrado’, en el deseo de autonomía.  El pecado para Jesús no es una simple transgresión de las ‘tradiciones humanas” sobre purificaciones, ayunos o reposo sabático. 

El pecado no es algo exterior al hombre.  Tiene sus raíces en el corazón, allí es ahogada la Palabra de Dios.  “… del corazón provienen todos los pecados que manchan al hombre: intenciones malas, fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinaje, envidias, injurias, insolencias, insensateces.  Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.” (Mc 7, 20-23)


“No eres tú el único autor del pecado, también lo es el pésimo consejero: el Diablo.  Él es autor y padre del mal, pues “el Diablo peca desde el principio.” (1Jn 3,8) Antes de él nadie pecaba. Así recibió el nombre por lo que hizo, pues siendo arcángel, por haber “calumniado” (diabállein) fue llamado Diablo (Calumniador).

De ministro bueno de Dios se hizo Satanás, que significa “adversario”; el que fomenta las pasiones.  Por su causa fue arrojado del Paraíso nuestro padre Adán…

Pero no desesperemos. Lo terrible es no creer en la conversión.  Quien no espera la Salvación acumula sin remedio males sobre males; pero el que espera la curación, fácilmente alcanza el perdón.

¡Dios es misericordioso y más potente que nuestro adversario! ¡Dile al Médico tu mal! Y Él perdonará la iniquidad en tu corazón.” 

San Cirilo de Jerusalén

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

V V V

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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HORA EUCARÍSTICA - HORA SANTA (14)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

Riviera Maya, México; Agosto 13 del 2026.

HORA  SANTA

HORA  EUCARÍSTICA


“Velad y orad para que no caigáis en tentación;

que el espíritu está listo, pero la carne es débil.”

Jesucristo

 

Adoración al Santísimo Sacramento del Altar | EWTN

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Antonio Garelli 

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martes, 11 de agosto de 2026

MÍSTICA - LILIA GARELLI - DILEXIT TE (DT-26)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

Riviera Maya, México; Agosto 12 del 2026.

           MÍSTICA

                                                            Por: Lilia Garelli                                      

 

“…El cuidado de los pobres forma parte de la gran Tradición de la Iglesia, como un faro de luz que, desde el Evangelio, ha iluminado los corazones y los pasos de los cristianos de todos los tiempos…”

Papa León XIV - Dilexit Te No. 103

 

DILEXIT TE (26) - “Te he Amado”

“Sobre el Amor a los Pobres”

 

Estimados en Cristo:

Iniciamos el último Capítulo de esta hermosa y reflexiva Exhortación Apostólica, siendo un tanto peculiar al tener la participación de dos Sumos Pontífices, el Papa Francisco, quien inquieto ante este tema que envuelve la misión de la Iglesia en su máxima expresión, quiere dejar este documento a la grey católica, la inicia pero ante su muerte es el Papa León XIV quien la termina dándole su toque personal, ya que al ser un Obispo asignado a una comunidad latinoamericana, vivió muy de cerca la problemática de la pobreza en las comunidades del Perú y por tanto, el sincretismo religioso y cultural de este tiempo.

         Capítulo Quinto – Un Desafío Permanente:

“…He decidido recordar esta bimilenaria historia de atención eclesial a los pobres y con los pobres, para mostrar que ésta forma parte esencial del camino ininterrumpido de la Iglesia.  (…) Por tanto, debemos sentir la urgencia de invitar a todos a sumergirse en este río de luz y de vida que proviene del reconocimiento de Cristo en el rostro de los necesitados y de los que sufren…” (PLeónXIV – DT No.103).

En efecto, la Iglesia nació del Corazón de Cristo, a quien el dolor del necesitado le entristece también a Él; el Evangelio nos lo narra en diversos momentos en que a Jesús le preocupaban los enfermos de cuerpo y alma; los necesitados de lo más elemental y de una razón para vivir como las ovejas sin pastor; de los confundidos y soberbios como los escribas y fariseos; ya sí hay miles de ejemplos a lo largo de la historia de la humanidad, todos estamos necesitados de su ayuda pero hay quien muere sin saber que Dios lo creó por amor.

“…La Iglesia, en cuanto Cuerpo de Cristo, siente como su propia “carne” la vida de los pobres, que son parte privilegiada del pueblo que va en camino.  Por esta razón, el amor a los que son pobres – en cualquier modo en que se manifieste dicha pobreza – es la garantía evangélica de una Iglesia fiel al corazón de Dios…” (PLeónXIV – DT No.103).

La concientización que todos los cristianos debemos tener sobre la existencia del necesitado en nuestro entorno debe ser real en nuestra vida, porque muy cerca de nosotros hay gente que necesita ayuda, de muchos tipos, no solamente material que suele ser muy evidente, sino de ayuda psicológica y por tanto emocional, compañía, comprensión, guía, etc. como bien nos dice el Papa “no solamente debe considerarse como un problema social, sino un “problema familiar”, son “de los nuestros” (…) Como enseña la Conferencia de Aparecida:  “se nos pide dedicar tiempo a los pobres, prestarles una amable atención, escucharlos con interés, acompañarlos en los momentos más difíciles, eligiéndolos para compartir horas, semanas o años de nuestra vida, y buscando, desde ellos, la transformación de su situación.  No podemos olvidar que el mismo Jesús lo propuso con su modo de actuar y con sus palabras…” (CGELC – Doc.Aparecida 2007) (PLeónXIV – DT No.104).

·        El Buen Samaritano de nuevo:

El Papa Francisco nos recuerda en su Carta Encíclica “Fratelli tutti” a recordar el texto evangélico del “Buen Samaritano” (Lc 10,25-37), ejemplo que vemos en este tiempo de muchas maneras, sin siquiera buscarlo, en todos lados podemos ver personas que necesitan ayuda y que como bien dice el Papa León XIV “…La cultura dominante de los inicios de este milenio instiga a abandonar a los pobres a su propio destino, a no juzgarlos dignos de atención y mucho menos de aprecio…” (PLeónXIV – DT No.105).

“… ¿Con quién te identificas? Esta pregunta es cruda, directa y determinante. ¿A cuál de ellos te pareces? Nos hace falta reconocer la tentación que nos circunda de desentendernos de los demás; especialmente de los más débiles.  Digámoslo, hemos crecido en muchos aspectos, aunque somo analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas.  Nos acostumbramos a mirar para el costado, a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que estas nos golpean directamente…” (PF – CE Fratelli Tutti 2020) (PLeón XIV – DT No. 105).

En efecto, tenemos que reconocer que las experiencias de la vida, casi siempre adversas que enfrentamos, nos han llevado a la indiferencia e inclusive al desprecio de aquellos que se ven débiles y peor aún a la predisposición ante los que parecen ignorantes.  Los círculos de la sociedad se hacen cada vez más exclusivos, aceptando solo aquellos que coinciden en los puntos de vista, porque a los que no, suelen marcarlos con diversas barreras y esto sucede tristemente aun en las familias.

“…O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, y reconocer en él a un ser humano con mi misma dignidad, a una creatura infinitamente amada por el Padre, a una imagen de Dios, a un hermano redimido por Jesucristo. ¡Eso es ser cristianos! ¿O acaso puede entenderse la santidad al margen de este reconocimiento vivo de la dignidad de todo ser humano? …” (PF – EA “Gaudete et Exsultate” 2018) (PLeónXIV – DT No. 106).

“… ¿Qué hizo el buen samaritano? …”

P. León XIV - Dilexit Te No. 106

¡Reflexionar nos ayuda a comprender!

Afectísima en Jesucristo,

Lilia Garelli 

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LA SEMANA DEL PAPA

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

 

Riviera Maya, México; Agosto 11 del 2026. 

LA SEMANA DEL PAPA LEÓN XIV

 

La Santa Sede

 

Vatican News - Noticias del Vaticano - Todas las noticias de la Iglesia - Vatican News

 

Pope and Vatican News Agency | Rome Reports

 

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domingo, 9 de agosto de 2026

BAPTISTERIOS DE LA IGLESIA CATÓLICA (31)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Agosto 10 del 2026.

Baptisterios de la Iglesia Católica


 
BAPTISTERIO DE SIENA

CATEDRAL DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN

Siena, Toscana, Italia

Construido entre 1316 y 1325 (cien años después de iniciada la Catedral), es un edificio anexo al templo catedralicio, con acceso desde su exterior. Es la sala de arte más hermosa de la Catedral.

Siena Baptistery of San Giovanni - Wikipedia

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sábado, 8 de agosto de 2026

EL DEMONIO AL ACECHO DEL MESÍAS - (DAM-40)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Agosto 9 del 2026.

LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO

“EL DEMONIO AL ACECHO

DEL MESÍAS”

(Antonio Garelli – Garelli Editores  – 2009)

IV.7.- EL IMPUESTO AL CÉSAR

(Mt 22, 15-22; Mc 12, 13-17; Lc 20, 19-26) 

“Entonces los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra.  Y le envían a sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle:

‘Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas.  Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?’ 

Mas Jesús, conociendo su malicia, dijo: ‘Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Mostradme la moneda del tributo.’ 

Ellos le presentaron un denario.  Y les dice: ‘¿De quién es la imagen y la inscripción?’  Dícenle: ‘Del César.’ 

Entonces les dice: ‘Pues lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios.’  Al oír esto, quedaron maravillados, y dejándole, se fueron.”

Evangelio según San Mateo

         ¡Que caiga, que se equivoque, que haya de qué culparlo!  Si falla como hombre, nunca podrá ser el Redentor.   ¡Cómo estarán todos de desesperados, que los fariseos (con tal de hacer fallar a Cristo Jesús), ahora hasta aceptan la participación de sus más acérrimos rivales, los herodianos, la gente de Herodes!  Así es, al Demonio no le importan las relaciones humanas, lo que le interesa es el acecho sobre el Mesías. ¡Con quien sea, con lo que sea, pero que haya acecho!

         La dominación Romana para estas fechas, lleva más de trescientos años en todo el Mediterráneo; las guerras de conquista le han costado muchos hombres al Imperio y el Senado Romano quiere reducir estas pérdidas al mínimo.  Por ello han emitido un decreto sobre el cual las Legiones Romanas solo pueden hacer la guerra a aquellas naciones o pueblos que no acepten pagar tributo al César.  Todo ser humano conocido debe pagar los impuestos romanos; caso contrario, se considera enemigo de Roma.  Y si se es enemigo del Imperio, se está en guerra contra él.  Así de importante es este asunto del pago de impuestos y tributos para los romanos.

         Los reyes judíos, desde Hircano II (63 a C.) hasta los Herodes, pagaban muchos impuestos a los romanos: por la paz, por la vigilancia, por el comercio, por el ganado y por cada ser humano vivo que estuviese registrado como judío.  Además, pagaban tributos muy importantes a los gobernantes locales y al César por permitirles continuar con las prácticas religiosas según sus tradiciones.  El Sanedrín Judío (esto es, los Sumos Sacerdotes, los Ancianos y los Escribas), nunca estuvieron de acuerdo en estos pagos; sin embargo, como ellos no los recaudaban para el depósito a Roma (sino que era obligación de los reyes), se convertía en un asunto político de negociación, en las constantes confrontaciones y arreglos entre ambos bandos: la clase religiosa y la clase gobernante.

         Esta era una de las principales razones por la que los Recaudadores de Impuestos para el Imperio, eran gente tan poderosa en la sociedad judeo-romana y tan odiados por los miembros de Sanedrín.  Eran ricos e influyentes tanto en las cortes romanas como judías; y los escribas y fariseos los tenían considerados como ‘publicanos’, un título despectivo para señalarlos como ‘pecadores sin perdón’ de acuerdo a la Ley Mosaica.

         El cuestionamiento a Jesús de Nazaret era un arma de dos filos: si respondía favoreciendo NO PAGAR IMPUESTOS a los romanos, SERÍA ENEMIGO DEL IMPERIO, con lo que inmediatamente era reo de muerte para ellos.  En cambio, si decidía A FAVOR DEL PAGO, hubiese sido declarado enemigo de las Tradiciones del Pueblo de Israel, dando pauta a una acusación que merecía la muerte, según la costumbre para el Sanedrín. 

         ¡El acecho no estaba nada mal pensado (el Demonio no es tonto)!  ¡Solo que el Divino Maestro era más hábil que sus inquisidores! Por eso les contesta: “... Pues lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios. ¡Gran Maestro! ¡Qué respuesta más contundente!  “. . . Al oír esto, quedaron maravillados, y dejándole, se fueron.” ¡Nada lograste Satanás, más que enseñarnos la Justicia Divina, expresada por el Hijo de Dios!

§ § §

La siguiente entrega será el próximo Domingo.

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De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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jueves, 6 de agosto de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA IGLESIA - (54)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

Riviera Maya, México; Agosto 7 del 2026.

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

 

CREO EN DIOS… EN JESUCRISTO… EN EL ESPÍRITU SANTO… CREO EN LA IGLESIA…Una, Santa, Católica y Apostólica…

CREO EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS…

CONFIESO QUE HAY UN SOLO BAUTISMO

PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS…

 

A) EL PERDÓN DE LOS PECADOS

El Credo Cristiano, en su estructura Trinitaria, sitúa el Perdón de los Pecados como explicitación de la Fe en el Espíritu Santo en la Iglesia.  El amor de Dios, Padre misericordioso, que ha reconciliado al mundo consigo, por la muerte y resurrección de Jesucristo, ha enviado al Espíritu Santo a la Iglesia para hacer presente y actual esta obra en el perdón de los pecados.  Así lo recoge la fórmula del Sacramento de la penitencia:

 

Dios, Padre misericordioso,

que reconcilió consigo al mundo

por la muerte y resurrección de su Hijo

y derramó el Espíritu Santo

para la remisión de los pecados,

te conceda,

por el ministerio de la Iglesia,

el perdón y la paz.

 

El pecado, vivido en la presencia de Dios Padre, reconocido a la luz de la cruz de Cristo y confesado bajo el impulso del Espíritu Santo, se convierte en la Iglesia en acontecimiento de celebración de la Buena Nueva.  El encuentro con Cristo lleva al cristiano a verse a sí mismo, en su ser y en su actuar, como creación de Dios y como recreación en el Espíritu. 

Así su fe es acción de gracias por el don de la vida, confesión de la propia infidelidad frente a la fidelidad del amor de Dios, que no se queda en la tristeza o en el hundimiento por el sentido de culpabilidad, sino que se hace canto de glorificación a Dios, confesión de fe y celebración del perdón.

El Perdón de los Pecados es una de las manifestaciones del Espíritu Santo, que prolonga y actualiza la obra de Jesucristo en la Iglesia.  La Resurrección de Cristo se hace presente en la Iglesia creando, mediante el Espíritu Santo, la “Comunión de los Santos”, es decir, la comunión de los que viven ya el “Perdón de los Pecados”.  El perdón de los pecados cobra, en la profesión de la fe, un significado sobrenatural.  Se vive en el Bautismo y en la Penitencia, 2segundo bautismo”.

El Perdón de los Pecados significa que el cristiano se ve a sí mismo, y su actuación, ligado en alianza con Dios, a quien ha confiado su existencia.  Pecado y perdón no hacen referencia a una ley anónima, a un orden abstracto roto y restablecido, sino a una historia de amor entre personas con infidelidades y restablecimientos del amor por la fidelidad.  Desde la fidelidad inquebrantable de Dios, el perdón se experimenta como el milagro de la gratitud incondicional del amor de Dios.

Terrible es el pecado y gravísima la enfermedad del alma –la culpa–, pero no incurable.  Siendo terrible para quien a él se adhiere, es fácilmente sanable para el que, para la conversión, se aleja del mismo.  ¿Qué mayor crimen hay que crucificar a Cristo? ¡Pero aún éste, se lava con el Bautismo! ¡Oh inefable misericordia de Dios!

Quienes desesperaban de la salvación, fueron juzgados dignos de recibir el Espíritu Santo… y enseña la Escritura en muchísimos pasajes: “… Si alguno de vosotros ha crucificado con sus blasfemias… si alguno, por ignorancia, ha negado al Señor ante los hombres… si alguien, con sus malas acciones, ha hecho que Cristo sea blasfemado… espere en la conversión, pues ¡aún está pronta la Gracia!   San Cirilo de Jerusalén.

Para que el hombre alcance el perdón de los pecados, Dios le da tiempo para la conversión; como en tiempos de Noé, que anuncia la conversión, o de Jonás, que se la anuncia a los ninivitas, aunque fueran ajenos a Dios, “Solo quien endurece su corazón se priva del perdón de los pecados.”

Enseña San Basilio:

“Llamar a la conversión es utilísimo a los hombres.  Pues nadie hay sin pecado.  Recomendamos la conversión no para fomentar el pecado, sino deseando que el caído se levante.  Pues la desesperación induce al caído a revolcarse en sus pecados, mientras que la esperanza de la penitencia le impulsa a levantarse y no pecar más.

¿Quiénes somos nosotros para imponer una ley a Dios? Él quiere perdonar los pecados, ¿quién puede prohibirlo? Él dice: “¿Acaso no se levantará el que cae?” (Jr 8,4) Contradice, pues, a Dios quien dice: “el que cae no puede levantarse.”

¿Hay algo más difícil de limpiar que el carmesí? ¿Qué hay más blanco que la nieve o la lana? Pues Quien creó éstas dice: “Aunque vuestros pecados fueran como colores imborrables, con solo lavarlos, recibiréis la blancura de la nieve.” (Is 1,18) David, con solo decir: “he pecado”, obtuvo ya el perdón: “Dios ha perdonado ya tu pecado.” (2S 12,1-13)

Y si preguntamos al Salvador por el motivo de su venida, nos responde: “No vine a salvar a los justos, sino a llamar a los pecadores a la conversión.” (Mt 9,13)

Preguntémosle: ¿qué llevas sobre tus hombros? Y Él nos responde: “La oveja perdida.” ¿Por qué hay alegría en el cielo?, y nos responde: “Por un pecador que se convierte.”

Los ángeles se alegran ¿y tú sientes envidia? Dios recibe al pecador con gozo, ¿y tú lo prohíbes?... Y si te indigna que sea recibido con un banquete el hijo pródigo, después de haber pastoreado cerdos y haber malgastado todo; recuerda que también se indignó el hermano mayor y se quedó fuera sin participar de la fiesta que hizo el padre.”

Jesús ´pasó entre los hombres perdonando los pecados’ (Mc 2,5); y otorgó a los hombres ese poder.  Es el gran poder que deja a la iglesia: “Recibir el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados… les quedan perdonados…” Es su misión: vino “a llamar a los pecadores”, “a proclamar el año de gracia del Señor” o el tiempo del perdón de Dios. (Lc 4, 18-19) La bondad del Padre es ilimitada, pes es “compasivo”, “bueno” incluso “con los más ingratos y perversos”; y su amor le lleva “a correr” al encuentro del pecador.

Jesús, Hijo del Padre, no sólo anunció el perdón del Padre, sino que perdonó a la mujer adúltera sorprendida en su pecado, a la pecadora pública que se le presentó en casa de Simón Pedro, al paralítico de Cafarnaúm –que ni le pide el perdón ni la curación– sino que lo sana solo “por la fe de quienes lo llevaron a Él.”  Desató de su pecado al paralítico de Jerusalén, y a la mujer encorvada a “la que Satanás tuvo atada por dieciocho años”, así como a muchos otros que se toparon en Él.

El perdón es la fuente de un amor más grande; con su gratitud crea la gratitud en el pecador perdonado.

“Dios fue magnánimo cuando el hombre le abandonó, anticipándose con la victoria que le sería concedida por el Logos. Pues, igual que permitió que Jonás fuese tragado por el monstruo marino, no para que pereciera totalmente, sino para que, al ser vomitado por el mismo, glorificase más a Quien le había otorgado tan inesperada salvación.

Así desde el principio permitió Dios que el hombre fuese tragado por el gran monstruo, Satanás, autor de la transgresión en el Edén, no para que pereciera totalmente, pues tenía preparado de antemano el don de la Salvación en Quien la realizaría por el signo de Jonás, sino porque quiso que el hombre pasase por todas las situaciones y gustase el conocimiento de la muerte, para llegar por ella a la resurrección de los muertos; y experimentar de qué mal había sido librado.

Así sería siempre grato al Señor, por haber recibido de Él el don de la incorrupción, y le amaría mucho más, pues “ama más aquél a quien más se le perdona.” (Lc 7,42-43)”                                      San Ireneo

El perdón de Dios es oferta gratuita y nunca es conquista o derecho merecido del hombre.  Por ello, desde el perdón de Dios, el creyente descubre la gravedad de su pecado, como traición al amor de Dios, como infidelidad o adulterio frente a la fidelidad de Dios.

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

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Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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