¡Alabado
sea Jesucristo!
México,
D.F., Abril 29 del 2015.
¡GRACIAS, SEÑOR MÍO!
Muy estimados todos en Cristo Jesús:
El fin de semana
pasado, Dios nuestro Señor me ha permitido uno de esos raros gustos que muy
pocos nos podemos dar: saber que lo que uno está haciendo es bueno, correcto y
necesario. En el pié de página de todos
mis comentarios en este blog, he puesto una idea que quiero mantener siempre: “Solo por el gusto de
proclamar El Evangelio.” Y esto lo digo como una gran verdad; yo no
escribo por otra razón, que no sea por Predicar a Cristo.
Dos amigos
(sacerdotes católicos ambos), me han compartido un poco de sus vastísimos
conocimientos; lo sé yo y sé que son vastos, con eso basta. Uno de ellos me ha permitido publicar su cita,
y lo hago con muchísimo gusto; dice él:
“.
. . Aprovecho para hacerte un comentario de uno de los temas del blog, sobre el
descenso de Cristo a los infiernos.
No
es lo mismo el infierno ANTES de la redención, al infierno DESPUÉS de la
redención. Antes de la redención, no había sacramentos y no estaban
abiertas las puertas del cielo. Los que morían, aunque no merecieran el
infierno, tampoco gozaban del cielo. Cristo vino a sacar a estos
para llevarlos al cielo. Pero no a los que ya estaban condenados, como el
rico Epulón.
Una
vez que Cristo se entrega, se abren las puertas del cielo, y la humanidad queda
reconciliada con Dios. Y es aquí cuando el infierno sólo se llama así
para los que ya están condenados. Y a estos, ya nadie los puede sacar de
allí. Porque Dios sí se toma en serio la libertad que nos da. No
habría libertad si el hombre no pudiera rechazar a Dios o sus leyes. Y es lo
que dice la Escritura y la doctrina de la Iglesia. En ningún momento Cristo
da esperanza de que se pueda salir del infierno.
¿Te
imaginas que sí se pudiera salir de allí? Entonces, ¿para qué se esfuerza
uno y evita los pecados, si no se va a condenar eternamente? Muchos
podrían decir: “me la paso bien aquí” y “me la paso bien allá”, después de un
tiempo en el infierno. Y nos reiríamos de las leyes y de los mandamientos
de Dios. . .”
“Y
una cosa más, las almas que están en el purgatorio ya no son de Satanás. Ya
están salvadas, solo que deben terminar su purificación. Ninguna alma del
purgatorio se va a ir al infierno. Ya se salvaron, solo que todavía no pueden
gozar de la visión beatífica de Dios. Lo
que sí podemos hacer es abreviarles el purgatorio, ganando indulgencias
parciales o plenarias y aplicándolas por esas almas.” (Fin de las citas).
Cuán importante es
saber esto, pues, hay los que, como yo, creíamos que algunos de los hombres considerados
muy malvados, también podían alcanzar La Salvación. Por supuesto, nadie sabe quiénes están y
quiénes no están en el infierno; eso es cosa exclusiva de Dios, y si no es de
nuestra incumbencia, es porque Él así lo ha querido. Uno de estos días les voy a copiar aquí una
meditación del Siglo VI, acerca del Perdón de Dios; es verdaderamente cautivadora.
Le agradezco al Padre
amigo su valiosísima instrucción, y le animo a que nos auxilie con más
frecuencia, en el correcto aprendizaje de las verdades reveladas.
Orar sirve, oremos
por México.
De todos ustedes,
con afecto en Cristo.
Antonio Garelli
También me
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De Milagros y Diosidencias.
Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.
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