Santifícalos con La Verdad.
Ciudad de
México, Mayo 30 del 2018.
DEL LIBRO
EL DEMONIO AL
ACECHO DEL MESÍAS
31 DE 77
III.9.- TERCER ANUNCIO DE LA PASIÓN
(Mt
20, 17-19; Mc 10, 32-34; Lc 18, 31-33)
“Tomando consigo
a los Doce, les dijo: “Mirad que subimos a Jerusalén, y se cumplirá todo lo que
los profetas escribieron sobre el Hijo del hombre: le entregarán a los gentiles
y será objeto de burlas, insultado y escupido; y después de azotarle le
matarán; pero al tercer día resucitará.”
Ellos no comprendieron nada de esto; no captaban el sentido de estas
palabras y no entendían lo que decía.”
Ya llevan tres años con Él, y todavía
tienen miedo de preguntarle al respecto.
Se los ha dicho en otras dos ocasiones, la primera hace ya tiempo (en
aquel memorable ‘retiro’ en Cesarea de Filipo), y no salen de la duda. ¿Por qué no preguntan? Por ‘respeto humano’, por guardarse del ‘qué
dirán de mí’. Prefieren la duda y el
miedo, que enfrentarse a la verdad. Y
esto es precisamente lo que el Diablo quiere: que se cieguen ante la evidencia
y él pueda estar al acecho del Mesías.
Con ellos indecisos (piensa el Demonio), el mismísimo Cristo se puede
desesperar y fracasar; al fin y al cabo es hombre.
Es el mismo método de siempre: Satanás
infunde la duda delante de la verdad (igual que con Eva en el Edén), se
aprovecha de la voluntad libre del hombre para decidir (como en el caso de Adán
en el Jardín de Dios) y entonces ataca con eventos sucesivos para que nosotros
no podamos reaccionar; dando como resultado el pecado. En el caso de los Apóstoles, en este tercer
anuncio de la Pasión ,
ya ha infundido miedo y duda en sus corazones; todavía no habla, pero lo hará y
entonces vendrán las faltas, los errores, los pecados. Así actúa.
Este accionar se contrarresta con
oración a Dios (pidiendo su ayuda), con negación de nuestra parte (para no dar
entrada a las intrigas del Demonio), y ante todo, con una firme voluntad de
permanecer en gracia y en contacto con Dios.
Hay dos cosas contra las que el Diablo nada puede hacer: La Obediencia y La Oración. La primera no la puede
agredir, porque es nuestra voluntad ser fieles al mandato, actuar
correctamente; por lo tanto, el Demonio tiene que respetar esa decisión. La segunda no puede tocarla, porque es camino
abierto para contacto con el Padre (provisto por el Señor); es Mandato Divino y
contra ello nada puede hacer el Satán.
Siempre podremos obedecer y siempre podremos orar.
Otro ‘retiro’, ahora solo con los Doce;
el Señor les quiere mantener atentos y llenos de fortaleza espiritual para que
no caigan, o, por si llegaran a caer, se puedan levantar de sus tropiezos. Solo que también Satanás está trabajando; él
tiene sus propios intereses y empeños.
En medio se encuentran los Doce Apóstoles y todos los demás discípulos;
es una lucha cerrada entre el Bien, que es Dios, y la ausencia total del mismo,
que es el Demonio. Solo la voluntad
humana decidirá hacia dónde se va el fiel de esta balanza de sinos.
Se los dice tan claro, como que lo está
viendo: “. . . le entregarán a los
gentiles y será objeto de burlas, insultado y escupido; y después de azotarle
le matarán; pero al tercer día resucitará.”
Solo le faltó señalar la ignominiosa forma en que esto sucedería:
crucificado. Al menos por curiosidad
pudieron haber preguntado; pero ni los escépticos (Tomás y Felipe), ni los
‘preferidos’ (Pedro, Santiago y Juan), ni los parientes (Santiago y Judas), ni
los amigos de siempre (Mateo y Simón el Cananeo); ni el fidelísimo (Andrés); ni
el de la Gran Ciudad
(Bartolomeo); ni Judas el traidor; ninguno, ni uno solo se atrevió a abrir la
boca para cuestionar. Al menos para
saber qué les esperaba a ellos.
Estos pobres hombres están como yo
cuando navegaba: no tienen miedo, ¡tienen pánico! Eso es lo primero que causa el acecho: temor;
y el temor genera incertidumbre; y eso es lo que quiere Satanás, que no estén
seguros de nada; que su fe flaquee, que su esperanza se debilite, que su caridad
amaine. Así están los Doce Apóstoles a
estas ‘alturas’ del Camino de la
Redención.
Afortunadamente hay una discípula
incondicional del Señor que siempre le ha amado, incluso antes de nacer; que
siempre le ha aceptado, incluso arriesgando su vida; que será el baluarte de Fe
– Esperanza – Caridad de todos: María Madre; La Única, La Siempre Fiel , La Inmaculada. ¡Bendita
seas María Santísima!, por estar siempre presente.
§ § §
Orar
sirve, oremos por nuestros Pueblos.
De
todos ustedes afectísimo en Cristo
Antonio
Garelli
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