¡Alabado sea Jesucristo!
Ciudad de
México, Octubre 30 del 2016
“Cuando damos al
necesitado,
se hace presente
la Misericordia de Dios.”
Papa Francisco
SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS Y
CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS
Muy
estimados todos en Cristo Jesús:
Entre todas las fiestas que la Iglesia ha instituido en
reverencia de los Santos que están en el Cielo, la más solemne es la que se
celebra el 1 de Noviembre, en honor a todos cuantos sean santos; y es así,
porque quiere la Liturgia abrazarlos a todos a la vez. Esta Solemnidad la instituyó el Papa
Bonifacio IV, allá muy lejos, en el 607 A.D.; consagrando a su vez para el
culto Cristiano, el enorme edificio de El
Pantheon, sitio de adoración de los dioses romanos.
La Solemnidad de Todos los Santos tiene desde su institución,
tres objetivos o razones en su celebración: reparar la fragilidad humana por
ignorancia o descuido; alcanzar por la poderosa intercesión de Todos los Santos
juntos, las cuantiosísimas Gracias que necesitamos; y animarnos a la imitación
de sus virtudes.
Desde tiempo inmemorial, en la Iglesia se escriben las Vidas de los Santos; que son, ante todo,
el realce de las virtudes con las que cada cual ha logrado alcanzar la
santidad. Ya en el Siglo II aparece el
primer Flos
Sanctorum, con la consideración especial de los Apóstoles del Señor y
de los Mártires dejados por las salvajes persecuciones en todo el Imperio
Romano.
No obstante, no conocemos los nombres de TODOS LOS SANTOS
que ha habido; y mucho menos su vida y obras.
Y esta es una razón más por la que esta Solemnidad es tan importante:
porque aún no conociéndolos, los invocamos y los recordamos.
La Conmemoración de los Fieles Difuntos –Noviembre 2– reclama
la participación de TODO EL PUEBLO DE DIOS, DE TODOS LOS CRISTIANOS; pues,
TODOS tenemos Fieles Difuntos. Dado que
por Dogma de Fe sabemos que solo las almas puras van al Cielo, es necesario por
tanto, la purificación de todas aquellas que no lo son. El Purgatorio (Catecismo
IC 1030, 1031, 1032) es la ocasión de esta purificación final.
Las obras con que nosotros podemos socorrer a las almas en
purificación final, son tres: la primera y principal es el Santo Sacrificio de
la Misa; la segunda es La Oración; y la tercera son las Obras Penales, esto es,
limosna, ayuno, penitencia, peregrinación y actos semejantes.
Seguramente conocemos algún pariente o ser querido, al que
consideramos una ‘santa’ o un ‘santo’, por la beatitud de sus acciones en vida;
a estos también podemos recordarlos en la Solemnidad de Todos los Santos. O bien, podemos ofrecer por todos los seres
queridos ya en ‘camino a la Casa del
Padre’, muchas y muy variadas obras de socorro para la purificación final
de las almas de nuestros Fieles Difuntos.
Orar
sirve, oremos por México.
De
todos ustedes afectísimo en Cristo
Antonio
Garelli
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Veritelius
de Garlla, Apóstol Gentil
De Milagros y
Diosidencias. Solo por el gusto de
proclamar El Evangelio.
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