“La Felicidad es mirar hacia Dios, la
tristeza es mirar hacia uno mismo”
San
Carlo Acutis, Patrono de Internet
Riviera
Maya, México; Septiembre 30 del 2026.
MÍSTICA
Por:
Lilia Garelli
“…Educar es un acto de esperanza y
una pasión que se renueva porque manifiesta
la promesa que vemos en el futuro de la
humanidad …”
Papa León XIV
- DNME No. 3.2
CARTA APOSTÓLICA
DISEÑAR NUEVOS MAPAS
DE ESPERANZA
(5)
LX Aniversario
Declaración
“Gravissimum
Educationis”
Estimados en Cristo:
El Papa termina
este apartado “Una Tradición Viva” con las bellas palabras que
introducen este escrito, porque en efecto, es a través de la educación de las
nuevas generaciones lo que nos da la esperanza de mejorar la sociedad a través
de los frutos que de ella se logran; es bien sabido por todos los retos que
enfrentamos ante las dificultades que nosotros mismos creamos por nuestra
soberbia y sensualidad, derivando múltiples males a nuestro entorno, en vez de
esforzarnos por lograr una conversión diaria; sin embargo, es urgente y
necesario formar integralmente a los nuevos líderes del mundo que dirigirán con
influencia local y universal, por lo que no podemos desfallecer en la
tarea. Por ello el Papa León nos dice: “…La
especificidad, la profundidad y la amplitud de la acción educativa es esa obra,
tan misteriosa como real, de “hacer florecer el ser (…) es cuidar el alma”, como
se lee en la Apología de Sócrates de Platón (30a-b). Es un “oficio de promesas”: se promete
tiempo, confianza, competencia; se promete justicia y misericordia, se promete
el valor de la verdad y el bálsamo del consuelo. Educar es una tarea de amor que se
transmite de generación a generación, remendando el tejido desgarrado de las
relaciones y devolviendo a las palabras el peso de la promesa: “Todo ser
humano es capaz de la verdad, sin embargo, el camino es mucho más soportable
cuando se avanza con la ayuda de los demás” (Mons.F.Prevost,O.S.A, Homilía
Univ. Cat Santo Toribic de Mogrovejo-2018).
La verdad se busca en comunidad…” (PLeónXIV – DNME No.3.2).
En efecto, la
educación integral, realizada verdaderamente como debe ser, ¡es un arte! Porque
se forma el entendimiento y el alma, dos fuerzas innegables del ser humano, el
terreno y el trascendente, la mente y el alma que en conjunto sabrán tomar
decisiones correctas, siempre ¡con la ayuda de Dios! a través del
Espíritu Santo.
4. La
brújula de Gravissimum Educationis:
El Papa León
inicia este apartado reflexionando sobre la Declaración Conciliar “Gravissimum
Educationis” e inicia con la esencia misma de la sociedad, ese núcleo
del que parte todo el proceso educativo, “los padres de familia”; me
permito transcribirlo aquí: “…Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, están
gravemente obligados a la educación de la prole y, por tanto, ellos son los
primeros y principales educadores. Este
deber de la educación familiar es de tanta trascendencia que, cuando falta,
difícilmente puede suplirse. Es, pues,
obligación de los padres formar un ambiente familiar animado por el amor, por
la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezca la educación íntegra,
personal y social de los hijos. La familia es, por tanto, la primera escuela
de las virtudes sociales, de las que todas las sociedades necesitan…” (DGE
– Proemio 3.)
Y continúa la
Declaración nombrando a los otros agentes educativos que colaboran con la labor
de los padres de familia: “…El deber de la educación, que compete en primer lugar a
la familia, requiere la colaboración de toda la sociedad. Además, pues, de los derechos de los padres y
de aquellos a quienes ellos les confían parte en la educación, ciertas
obligaciones y derechos corresponden también a la sociedad civil, en cuanto a
ella pertenece disponer todo lo que se requiere para el bien común temporal…”
(DGE – Proemio 3.)
Y agrega al
final de este punto la misma Declaración: “…y por una razón particular, el
deber de la educación corresponde a la Iglesia no sólo porque debe ser
reconocida como sociedad humana capaz de educar, sino, sobre todo, porque tiene
el deber de anunciar a todos los hombres el camino de la salvación, de
comunicar a los creyentes la vida de Cristo y de ayudarles con atención
constante para que puedan lograr la plenitud de esta vida…” (DGE – Proemio 3.).
La Declaración
Conciliar dedica un apartado a la “Importancia de la Escuela”: “…Entre todos
los medios de educación, el de mayor importancia es la escuela, que, en virtud
de su misión, a la vez que cultiva con asiduo cuidado las facultades
intelectuales, desarrolla la capacidad del recto juicio, introduce en el
patrimonio de la cultura conquistado por las generaciones pasadas, promueve el
sentido de los valores, prepara a la vida profesional, fomenta el trato amisto
entre los alumnos de diversa índole y condición, contribuyendo a la
comprensión…” (DGE – Proemio 5.)
Vale la pena que
dediquen parte de su día a reflexionar poco a poco, en este documento del
Concilio Vaticano II, porque nos ayuda a profundizar en el enfoque esencial de
nuestra labor como padres de familia y educadores, y sin lugar a duda, nos
motiva a corregir a redirigir nuestras acciones para que se obtenga el fruto
deseado en el trabajo de un educador.
Ahora estamos retomando esta Declaración Conciliar que es tan rica en
contenido que muchos otros Sumos Sacerdotes la han tomado como ejemplo de otros
Documentos Pontificios preparados y enriquecidos por ellos, como por ejemplo la
Exhortación Apostólica de San Juan Pablo II “Familiaris Consortio”, de
la que hemos hablado ampliamente en otros escritos.
El Papa León XIV
continúa este párrafo diciéndonos: “…El documento advierte contra cualquier reducción
de la educación a una formación funcional o a un instrumento económico: una persona no es un “perfil de
competencias”, no se reduce a un algoritmo predecible, sino que es un rostro,
una historia, una vocación…” (PLeónXIV – DNME No. 4.1.).
“…La formación
cristiana abarca a toda la persona:
espiritual, intelectual, afectiva, social,
corporal…”
P.
León XIV
DNME No. 4.2
Afectísima en Jesucristo,
Lilia Garelli
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