“La Felicidad es mirar hacia Dios,
la tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San
Carlo Acutis, Patrono de Internet
Riviera Maya, México; Junio 7 del 2026.
LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO
“EL DEMONIO AL ACECHO
DEL MESÍAS”
(Antonio Garelli – Garelli
Editores – 2009)
III.10.- BARTIMEO, EL CIEGO DE JERICÓ
(Mt 20, 29-34; Mc 10, 46-52; Lc 18, 35-43)
“. . . Y cuando salía de Jericó,
acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo
(Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se
puso a gritar: ‘¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!’ Muchos le increpaban para que se
callara. Pero él gritaba mucho más:
‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!”
Jesús se detuvo y dijo: “Llamadle.”
Llamaron al ciego, diciéndole: ‘¡Ánimo, levántate! El Señor te llama.’ Y él, arrojando su manto, dio un brinco y
vino ante Jesús. Jesús, dirigiéndose a
él, le dijo: “¿Qué quieres que haga por ti?”
El ciego le dijo: ‘Rabboni, ¡que vea!’
Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado.” Y al instante recobró la vista y le seguía
por el camino.
+ + +
Este día, en la menos judía de las ciudades de Judea, en Jericó, el Señor le dio una lección a todos, de lo que logran la Fe – La Esperanza – La Caridad: El Bien. Fe y Esperanza de Bartimeo, el ciego, quien quiere ser sanado; Caridad del Mesías, quien atiende la súplica; y el bien, recobrar la vista. Igual aprendió la lección Satanás; pero a éste, las lecciones solo le sirven para mejorarse en la aplicación del mal. Él siempre se acuerda, por eso nos toma desprevenidos; pero no a Jesús que sabe del constante acecho del Demonio.
Este es un ejemplo clarísimo de lo que debe ser nuestra oración al Padre: “... Pedid y se os dará; llamad y se os abrirá…”, ya nos lo había dicho el Señor. No importa cuánto ‘ruido’ tengamos a nuestro rededor; no importa cuánto quieran desanimarnos otros; siempre debemos mantener viva nuestra fe y nuestra esperanza para alcanzar el bien solicitado. Como este Bartimeo, al que no le importa que le callen los demás, él ha gritado más fuerte y ha sido escuchado. Ruido a mi lado, siempre voy a tener; como entonces, ahora también el Demonio se dedica a hacer escándalos para que sienta que no puedo ser escuchado, para que desista en mi oración. Eso es lo que él quiere, que no ore, que no le pida al Padre, ni que le dé gracias por lo recibido.
Claro está, a los tres Evangelistas Sinópticos les interesa el acontecimiento (costumbristas ellos, –inclusive Mateo señala que son dos ciegos –), y lo narran para conocimiento de sus lectores, pues tratar de callar a un indigente o inválido solicitando ayuda, era algo que los judíos de cualquier parte del mundo juzgaban severamente. Sin embargo, Cristo Jesús no atiende al mendigo por lo que le está pidiendo (pues solo le grita: ‘¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!’, sin pedirle algo específicamente), le atiende porque ha ‘sentido’ su fe, ha ‘palpado’ su esperanza. El diálogo al final es por demás judío en toda su expresión: ““¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le dijo: ‘Rabboni, ¡que vea!’ Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado.””
Esta vez el Diablo se equivocó en el fondo y en la forma del acecho, pues no tan solo no logró evidenciar al Mesías, sino que permitió la adhesión de un discípulo más: “…Y al instante recobró la vista y le seguía por el camino.”
No, por supuesto que no es casual que alguien me calle o me desanime en mis oraciones; cómo va a ser casualidad si sé que el Satán existe, y más aún, si sé que me quiere con él y no con Dios. Parece de niños, ¿verdad?; pues no lo es, es de ‘grandes’, es de adultos. Es un vínculo de unión entre Dios y los hombres que el Maligno siempre querrá romper.
§ § §
La siguiente entrega será el próximo Domingo.
Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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Solo por el gusto
de proclamar El Evangelio.

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