“La Felicidad es
mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San Carlo Acutis,
Patrono de Internet
Riviera Maya,
México; Junio 5 del 2026.
EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.
Tomado de la Colección
de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
CREO EN UN SOLO DIOS…
CREO EN UN SOLO SEÑOR JESUCRISTO…
CREO EN EL ESPÍRITU SANTO
A) AMOR PERSONAL DE DIOS
La Iglesia, en el Concilio de Constantinopla (381 A.D.) confesó que el Espíritu Santo es Señor, es decir, ser Divino; que no solo es un don, sino dador de vida, y que con el Padre y el Hijo, debe ser adorado y glorificado. Esta Fe la expresa el Credo Niceno Constantinopolitano, diciendo:
Creo en el Espíritu
Santo,
Señor y dador de Vida,
que procede del Padre y
del Hijo,
que con el Padre y el
Hijo recibe
una misma adoración y gloria.
El Credo Bautismal tiene desde el comienzo estructura Trinitaria. San Justino (165 A.D.) en su Apología, ya dice sobre el neófito, arrepentido de sus pecados, “invoca el nombre del Padre y Señor del universo”; y “el iluminado es lavado también en el nombre de Jesucristo, que fue crucificado, y en el nombre del Espíritu Santo, que por medio de los profetas nos anunció todo lo referente a Jesús.”
Igualmente,
San Basilio en su tratado Spiritu Sancto, nos muestra su
enseñanza:
“A quien confiese a Cristo, pero reniegue de Dios, le aseguro que no le
servirá de nada. De igual modo, vana es
la fe de quien invoca a Dios pero rechaza al Hijo; siendo vacía también la fe
de quien rechaza al Espíritu Santo, creyendo en el Padre y en el Hijo, pues
esta fe no existe si no incluye al Espíritu Santo.
En
Efecto, no cree en el Hijo quien no cree en el Espíritu, ya que “nadie puede
decir “Jesús es el Señor”, si no es con el Espíritu Santo.”
(1Co 12,3); se excluye, pues, de la
verdadera adoración, ya que no se puede adorar al Hijo si no es en el Espíritu
Santo, como no es posible invocar al Padre sino en el Espíritu de adopción (Ga
4,6)… Nombrar a Cristo es confesar al Dios que lo unge, al Cristo que es Ungido
y al Espíritu que es la unción misma.
Se cree en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, así como se es bautizado “en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo.”
Esta fórmula trinitaria del Símbolo, en lo referente al Espíritu Santo, significa que la fe de la comunidad cristiana ha confesado desde el comienzo al Espíritu Santo como quien ilumina y guía a la Iglesia al conocimiento de la verdad plena en Jesucristo; el Espíritu Santo ya había actuado en los profetas, anunciando al Salvador; se manifestó en toda la vida de Jesús; y, una vez resucitado y exaltado Cristo a los cielos, es derramado sobre la Iglesia e infundido en el corazón de los creyentes para actualizar e interiorizar la obra redentora de Cristo Jesús.
Veni
Creator Spiritus
Himno
Siglo
IX
Sé
luz del intelecto, llama
ardiente en el corazón, sana
nuestras heridas con
el bálsamo de tu amor. Defiéndenos
del enemigo, danos
el don de la paz; tu
guía invencible nos
preserve del mal. Luz
de eterna sabiduría, desvélanos
el gran misterio de
Dios Padre y del Hijo, unidos
en un solo amor.
Ven Espíritu Creador,
Visita nuestra mente;
llena de tu amor
el corazón que has creado.
Oh dulce Consolador,
Don del Padre altísimo,
agua viva, fuego, amor,
Santo Crisma del alma.
Dedo de la mano de Dios,
Promesa del Salvador,
derrama tus siete dones,
suscita en nosotros la Palabra.
El
Espíritu Santo nos hace, pues, partícipes de la Divinidad, da eficacia a los
Sacramentos de la Iglesia y así es el Espíritu Santo dador de vida y autor de
toda santificación y autor de la santificación… por ello, San Ireneo afirma:
“Si el Espíritu Santo Diviniza, es porque es Dios.”
En su actuación con nosotros, Dios nos descubre su ser íntimo y eterno. Dios se muestra en su actuar salvífico como es en sí. Así como el Padre es la fuente y origen del Hijo, y todo lo que Él es lo da al Hijo, así también el Padre y el Hijo –o el Padre por el Hijo– dan la plenitud de vida y el ser Divino al Espíritu Santo. Así, pues, como el Espíritu Santo respecto del Padre y del Hijo es puro don, puro recibir, así es para nosotros el Don del Padre y del Hijo, haciéndose para nosotros fuente y dispensador de la que brota la vida.
La Colección de
Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
V V V
Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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Solo por el gusto
de proclamar El Evangelio.

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