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sábado, 28 de febrero de 2026

EL DEMONIO AL ACECHO DEL MESÍAS - (17)

                        “La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

 

Riviera Maya, México; Febrero 28 del 2026. 

LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO

“EL DEMONIO AL ACECHO

DEL MESÍAS”

(Antonio Garelli – Garelli Editores  – 2009)


II.7.- CURACIÓN DE LA SUEGRA DE SIMÓN, PEDRO

(Mt 8, 14-15; Mc 1, 29-31; Lc 4, 38-39)

“Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre.  Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle.”

 Evangelio según San Mateo

 “Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés.  La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablaban de ella.  Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó.  La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.”

Evangelio según San Marcos

 “Saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón.  La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella.  Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella levantándose al punto, se puso a servirles.”

Evangelio según San Lucas

+  +  +

          Esta santa mujer (de quien no se registra su nombre), debió haber sido muy querida del Señor, pues además de haberla sanado con un gesto muy cariñoso (tomándola de la mano –algo inaudito para un rabboni, quienes no podían ni tocar a las mujeres extrañas a su casa–), el incidente es tomado en cuenta por los tres Evangelistas Sinópticos.  Y se entiende este hecho, pues no es difícil suponer que haya habido una buena amistad entre ella y Jesucristo.  Hay que recordar que Jesús viajaba a menudo desde Nazaret hasta el Mar de Galilea aún antes de iniciar su Ministerio.

          La casa de Simón y Andrés estaba ubicada muy cerca de la orilla del lago y era de las primeras que se veían llegando por el camino desde Magdala y Genesaret a Cafarnaúm.  Afuera de esta construcción (bastante modesta, pero resistente en su edificación), conoció Jesús a los pescadores del Lago de Genesaret que más tarde serían sus primeros cuatro discípulos: Simón y Andrés su hermano, y Juan y Santiago, los hijos de Zebedeo; todos pescadores, todos ellos galileos.

         Respecto a que es reconocida como la suegra de Simón, se deduce que éste estaba casado con su hija; sin embargo, nada se narra en los Evangelios  sinópticos acerca de ella, por lo que se podría entender que ya hubiese muerto, y que Pedro se habría quedado al cuidado de la madre de su esposa.  Conviene también recordar que no se está hablando de hombres de mucha edad, sino de jóvenes todos ellos (pues, el mismo Jesús apenas tiene treinta años y todos sus discípulos fueron de menor edad que él), por lo que una mujer así les era muy útil para su vida, amén de muy querida por todos.

         La zona del Lago de Tiberíades era la más densamente poblada de la región norte de Palestina, en plena Galilea; era el paso obligado de caravanas y viajeros procedentes de Siria y Fenicia hacia Jerusalén, bordeando por los caminos de la ribera occidental del Río Jordán hasta Jericó, para evitar los caminos desérticos de las llanuras de Samaria.  Todas las poblaciones ribereñas del lago, desde Cafarnaúm hasta la antigua Kinnéret, en la ribera occidental; y de Betsaida hasta Hipo, en la margen oriental, bullían en comercio y actividades sociales y militares, por lo que Jesús las escogió para el inicio de la predicación del Evangelio.  La población sumada de esas ciudades y enclaves (más de diez), era similar a la de Jerusalén, la gran ciudad de la Provincia Romana de Judea.

         Una vez descritos los antecedentes, veamos ahora la significación del caso específico.  Satanás ha tomado partido de una persona muy querida por todos, pues los discípulos ‘le hablan de ella’ y ‘le ruegan por ella’ a Jesucristo; quien no vacila en acudir en su auxilio.  Es una gran oportunidad para la alabanza de Dios que aprovechará Cristo, de una situación adversa creada por el Demonio. 

         Así, una vez más, con el bien será vencido el mal; de lo inconveniente saldrá algo beneficioso; la congoja se transformará en alegría.  Esto es precisamente La Buena Nueva: hacer vivir a todos los que tengan fe, las virtudes y bondades del Reino de los Cielos.  Sin mucha imaginación, es fácil comprender la alegría de los Apóstoles ante la Divina intervención del Maestro, quien ha restaurado la salud de la amada mujer.  ¡Las maravillas que el Mesías realiza, también son para los propios, no solo para los extraños!

         ¡Al final nada conseguiste Satán! ¡Dios ha sido alabado por sus Santos!

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II.8.- NUMEROSAS CURACIONES EN CAFARNAÚM

(Mc 1, 32-34; Mt 8, 16-17; Lc 4, 40-41)

“Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemonia- dos; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta.  Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios.  Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.”

+  +  +

         Este importante momento del Evangelio hace recordar otro instante maravilloso, de muchos años atrás, pero que cuando se dijo por primera vez no se alcanzó a comprender en toda su dimensión; me refiero al cántico de alabanza de los ángeles celestiales cuando Jesús nació en Belén: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace”, cantaban todos a una voz desde las alturas.

         A todos aquéllos que Satanás tiene bajo el dominio del mal y del pecado, Cristo Jesús los está llenando con los dones del cielo, que son: la bondad, la verdad y lo felicidad.  Bondad, porque la salud física y mental que reestablece Jesús a todos, son invaluablemente benéficas para la vida; verdad, porque sus palabras conducen por los caminos del conocimiento, que llevan a la salvación y a Dios; y felicidad, porque el estado de salud y verdad redunda en el estado de paz que toda alma humana busca incesantemente.

         Son tantos los atormentados que le han traído al Divino Maestro, que el Demonio quiere abrumarlo; bien sabe que como hombre debe cansarse, se ha de agotar, y entonces dejará de realizar sus maravillas.  Pero Cristo está consciente de ello y se multiplica en sus prodigios para los necesitados; dice San Mateo que lo hacía en cumplimiento a lo escrito por el profeta Isaías: “Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.” (Is 53, 4-5)  Así, paulatinamente, serán cumplidas todas las promesas hechas en lo antiguo para el momento en que se presentara el Mesías entre nosotros; no importa cuánto se afanen los demonios en obstruir la labor de Jesucristo, todos cuantos le conozcan sabrán que Él es el Ungido de Dios; y aun los que nunca le vean, sabrán que Él es el Salvador. 

         Este es un mal día para Satanás y sus demonios, pues el Mesías está en plena actividad de salvación; anunciando la Buena Nueva a todos los pobladores de la Tierra, y ahora por el momento, empezando en Cafarnaúm. 

         ¡Bendito sea El Santo de Dios que ha bajado del cielo para librarnos del Príncipe del Mal!

§ § §

La siguiente entrega será el próximo Domingo.

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.


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