¡Alabado
sea Jesucristo!
México, D. F.,
Mayo 19 del 2015.
EL ABORTO Y EL
RELATIVISMO MODERNO
Muy estimados todos en Cristo Jesús:
Ayer les transcribí un comentario que me llegó por
‘facebook’: “Es fácil apoyar
el aborto cuando no eres tú al que van a matar”; me dejó muy pensativo y quería sus comentarios y
reacciones al respecto; por eso lo reenvié.
Ya tengo respuestas, me han llegado cinco ‘mails’: 2 con comentarios a
favor y 3 con opiniones en contra; pero ninguno con una posición tajante. Esto quiere decir para mí, que los que me han
enviado sus correos son gente joven; algo que me da mucho gusto y que además,
le agradezco a Dios nuestro Señor que me lean. A dos de ellos les conozco.
Todos han expuesto su ‘aceptación’ o rechazo al tema, pero,
‘dependiendo de las situaciones’; ‘tomando en cuenta’ las circunstancias; ‘a según’, como dicen en mi tierra. Esto me ha hecho recordar mis clases en la
Universidad, cuando, dentro de la materia de Ética Profesional, les enseñaba a
mis alumnos la importancia de definirse, la valía de establecer los límites
propios, el valor de no ser una veleta movida por el viento temporal. A ninguno de los que me han hecho el favor de
enviarme sus ‘mails’ le di clases; casi estoy seguro.
El mal es mal siempre, sin importar cuáles sean las
circunstancias que lo acompañan. Es cierto que algunas ocasiones será preferible el ‘mal menor’, pero ello no
le quita lo malo al mal. El aborto es
malo siempre, sin importar cuáles sean las situaciones que le rodean. Con el aborto se pierde una vida nueva, lo
cual siempre es malo. Es cierto que a
veces ‘conviene inducir un aborto’,
por ser ‘el menor mal’ al que nos podríamos enfrentar; pero eso no le quita lo
malo que es y mucho menos lo puede clasificar o justificar dentro de un rango de bienes posibles.
El Mundo que nos ha tocado vivir basa sus dictámenes
en el ‘relativismo’ (doctrina
según la cual la realidad carece de sustrato permanente y consiste en la
relación de los fenómenos –RAE–); dejando al ‘objetivismo’ (tendencia a
valorar especialmente lo que se considera objetivo –RAE–), como una forma
de pensamiento anticuado o una realidad inoperante. De allí nace nuestra
tendencia actual a no tomar una posición tajante; a no comprometernos; a no
definirnos contra el mal y lo malo; ante cualesquiera de las circunstancias que
lo provoquen.
El aborto siempre es malo. Pero cuando éste es un medio para ‘la
comodidad personal’, para la ‘ligereza de la conveniencia’, o peor aún, cuando
se convierte en instrumento de control de intereses sociales y económicos; entonces,
el aborto es un asesinato infame de indefensos. Ni siquiera tiene caso que hipócritamente recordemos
las grandes masacres étnicas o los crímenes de lesa humanidad, si convivimos
con el aborto en nuestras sociedades y lo aceptamos sin restricción.
Nunca, nada ni nadie, ha matado o ha permitido matar,
CIENTOS DE MILLONES DE INFANTES NONATOS; como le hemos permitimos al aborto en
nuestra sociedad separatista, discriminadora y asesina. Le hemos perdido el respeto a la vida, ‘en bien’
de la oportunidad y la ventaja; agraviamos el Plan de Dios, ‘en función’ de
nuestros mezquinos intereses y nuestra personalísima utilidad material. El aborto es la más criminal de las
acepciones de nuestra sociedad; más que las drogas ilegales, más que ‘el crimen
organizado’.
Es cierto, como uno no es el que va a ser asesinado, normalmente
apoyamos el salvaje y demoníaco exterminio de infantes nonatos, seres humanos
indefensos, que ya tenían, en virtud del alma que Dios les había dado, un
camino que deambular en nuestras sociedades. Y como alguna vez le oí decir a mi
hija mayor: “Con tantos abortos cometidos,
¿cuántas veces habremos matado ya, a los hombres y mujeres que nos curarían de
enfermedades, como el cáncer, el Parkinson o el Alzheimer; entre tantas otras?”
Orar sirve, oremos por México.
De todos ustedes, con afecto en Cristo.
Antonio Garelli
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Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.
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