¡Alabado
sea Jesucristo!
México,
D.F., Febrero 13 del 2015.
LA IGLESIA, ESPOSA DE CRISTO
Muy estimados todos en Cristo Jesús:
Dos años han pasado ya
desde aquel 11 de Febrero del 2013, en que el entonces Papa Benedicto XVI le
informaba al Consistorio de Cardenales en pleno, que ‘renunciaría’, que dejaría
de ser Sumo Pontífice a partir del 28 de Febrero siguiente. El impacto inmediato entre los asistentes,
así como el que produciría la noticia al conocerse en el mundo entero, fue
descomunal, enorme.
No recuerdo haber
vivido personalmente algo tan estremecedor dentro de la Iglesia Católica; dicen
que (también en otro consistorio), cuando el Papa San Juan XXIII anunció la
celebración del Concilio Vaticano II, todas las estructuras de la Curia
Vaticana (y la Romana y la mundial), se cimbraron estrepitosamente. Yo no me acuerdo de eso –era muy pequeño– y lo
que he leído al respecto, siempre tiene la medida prudencial o la crítica adversa
de quien lo escribe.
Seiscientos años de
Historia de la Iglesia habían transcurrido entre la ‘renuncia’ de Benedicto XVI
y el inmediato anterior, era pues, algo que podría llamarse como ‘nunca antes
vivido’. Hoy sabemos muchos de los ‘justificantes’ de dicha ´renuncia’, con nombres
y apellidos; con acciones y lugares; con sino y destino; y hasta se diría que ‘podemos
entender’ lo sucedido, pero el estremecimiento vivido en la Curia mundial,
nadie nos lo quita.
Y si saber que se
tendrían ‘dos Papas’ no era ya suficientemente difícil de entender, que el Cónclave
escogiera a un Jesuita, americano y argentino, haría todavía más grandes las expectativas
para asimilar el momento. Exactamente dentro
de un mes se cumplirán dos años de tal acontecimiento; y estoy seguro que solo la
generación post-concilio (que somos nosotros), pudo haber resistido tal
cantidad y ‘calidad’ de eventos. Los
fieles, la Curia Mundial, los propios y los extraños, todos, pues, hemos vivido
el desenlace y hemos visto que es bueno, que ha servido.
‘La hierba buena y la hierba mala crecieron
juntas’, una fue cosechada y la otra cortada y enviada al ‘reciclaje’; los
cotos de poder fueron eliminados; las ocasiones de pecado (que siempre son ‘oportunidades’
para el demonio), fueron reducidas; y uno vuelve a sentir a La Iglesia como se
debe: Esposa de Cristo. Lo cual no
significa que ahora sea una vida fácil y cómoda (pues ninguna esposa la tiene
siempre), sino que NOS QUEDA CLARO QUE CRISTO LA ATIENDE, LA CONDUCE, LA AMA.
Espero que el
próximo consistorio, en el que además serán creados nuevos Cardenales –uno de
ellos mexicano–, no nos traiga sorpresas tan grandes como la de hace dos años;
espero que el Papa Francisco nos diga que La Iglesia está engalanada para Su
Señor, que podemos dedicar nuestros esfuerzos a la misión evangelizadora y no a
‘andar apagando fuegos internos’ creados por propios y no por extraños; espero
que nuestra Santa Madre La Iglesia esté dedicada en cuerpo y alma al Señor. Espero. . .
Orar sirve, oremos
por México.
De todos ustedes,
con afecto en Cristo.
Antonio Garelli
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Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.
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