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domingo, 28 de diciembre de 2014

TRES SIMILITUDES DIVINAS


¡Alabado sea Jesucristo!
 
México, D.F., Diciembre 28 del 2014.
Solemnidad de La Sagrada Familia

TRES SIMILITUDES DIVINAS
 
Muy estimados todos en Cristo Jesús:

Vivida ya, con toda intensidad, la Natividad del Niño Dios, ahora debemos prepararnos para el nuevo año que se acerca velozmente; y si el Adviento lo hemos usados para perdonar y recibir perdón, el Tiempo de la Epifanía debe ser para todos, una oportunidad para el cambio –desde lo que estaba mal– o para la continuidad y mejora –desde lo que estaba bien–; siempre de cara a Jesucristo.

Agricultores y jornaleros lo saben bien: hay una gran similitud entre las Virtudes Teologales de Fe, Esperanza y Caridad; y las duras labores del campo de sembrar, cultivar y cosechar. 

Las preparaciones de la tierra al inicio del año (que incluyen la limpieza, el barbecho y el arado de las parcelas), son como un Acto de Fe: es probable que no entendamos cabalmente el mandato, pero sabemos que debemos creerlo en tiempo y forma.  Y ni qué decir del cuidado de lo que hemos sembrado, este es verdaderamente un Acto de Esperanza; pues solo depende de Dios Padre Creador, la multiplicación de nuestras semillas y el aprovechamiento de los brotes y frutos, para abastecernos del alimento requerido y los bienes que hemos de comercializar.  Y finalmente la utilización, aplicación y reinversión del producto de nuestras ventas, son una secuencia continua de Actos de Amor para los nuestros, los próximos y hasta para los lejanos o desconocidos.

Si La Fe me sirve para creer lo que no puedo comprender; La Esperanza para asegurar lo que no puedo garantizar; y El Amor para darle valía a todo lo que hago; prepararme para mi desempeño durante el próximo año es: sembrar con Fe, cultivar con Esperanza, para cosechar con Amor.   Tres acciones y Virtudes que debo procurar mantener juntas, pues, en la medida en que las una mejor, está el resultado que obtenga ante el Señor. 

Además, todo cuanto hagamos o planeemos hacer, hemos de realizarlo ‘Para la mayor Gloria de Dios’; ya que ‘en Él somos, nos movemos y existimos’; conscientes o inconscientes de ello, esto es, lo queramos o no.  Solo vivimos nuestra vida plenamente, si en ella incluimos a Dios; pues, de esa forma, nuestras dos naturalezas –la humana y la espiritual– se funden y multiplican a cabalidad, para lo que fuimos hechos desde el principio: dar alabanza y gloria a Dios.

¡No!, estas no son ‘mocherías’, mis queridos amigos; estas son realidades absolutas, verdades axiomáticas, evidencias insubstituibles.  Nos sentimos ‘poca cosa’ porque nos hemos acostumbrado a la forma material de nuestra existencia; habiéndonos olvidado que nuestra parte espiritual, no tan solo es mayor, sino que puede ser eterna, si Dios quiere; (y Él sí quiere). 

Nuestra alma tiene todas las posibilidades de vivir para siempre; de trascender, de perdurar, de nunca morir.  Pero nos hemos olvidado de ello a cambio de banalidades temporales, superfluas y sensibles que creemos mejores.  Por eso hemos perdido la esperanza de mejorar; por eso no salimos de los círculos viciosos que nos encierran; porque nos hemos ‘cosificado’ en exceso, nos hemos materializado hasta en lo que pensamos. 

Hoy, que festejamos a La Sagrada Familia, cuna de la Redención Humana, analicemos nuestra personal, personalísima, realidad de vida y propongámonos una mejora continua en nuestro actuar; saquemos lo mejor de nosotros mismos y ofrezcámoslo en beneficio de los más próx(j)imos que tenemos; sin importar si son familiares, amigos, conocidos o no.  México necesita de esto, también el mundo; empecemos por nosotros mismos y por nuestra Patria.  Orar es bueno.

De todos ustedes, con afecto en Cristo.

Antonio Garelli

 

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De Milagros y Diosidencias.  Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.

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