“… Señor, quédate con nosotros …”
San
Cleofás en Emaús
Riviera
Maya, México; Noviembre 19 del 2025.
MÍSTICA
Por:
Lilia Garelli
“…Cristo en su pasión oró no
solamente por sus discípulos de entonces sino
“por lo que, gracias a su palabra creerán” (Jn
17,20) …”
Papa Francisco - Dilexit Nos No.156
DILEXIT NOS (27) - Él nos Amó
“Sobre el Amor Humano
y Divino del Corazón de Jesucristo”
Estimados en Cristo:
· La Devoción del Consuelo:
En este apartado iremos reflexionando junto con el Papa Francisco en varios de los signos que reflejan el sufrimiento de nuestro Señor Jesucristo que marcaron su entrega total a la misión que el Padre le había definido como su inequívoco e inconmensurable amor por nosotros; lo que debe sensibilizarnos, valorando su sufrimiento en nuestro deseo y acciones por crecer espiritualmente.
“…La herida del costado, de donde brota el agua viva, sigue abierta en el Resucitado. Esa gran herida producida por la lanza, y las llagas de la corona de espinas que suelen aparecer en las representaciones del Sagrado Corazón, son inseparables de esta devoción…” (PF – DN No. 151).
o Con Él en la Cruz:
Procuremos un momento de silencio en la reflexión de la Pasión de Cristo “en la Cruz” y además de ponernos en presencia del Señor, hagamos una oración contemplativa ante la Cruz, como les explicaba en escritos pasados sobre la forma de meditar en los Ejercicios Espirituales, el Papa Francisco nos guía diciéndonos: “…Ahora solo quisiera concentrarme en ese deseo que muchas veces brota en el corazón del creyente enamorado cuando contempla el misterio de la Pasión de Cristo y la vive como un misterio que no sólo se recuerda, sino que por la gracia se vuelve presente, o mejor, nos lleva a nosotros a estar místicamente presentes en ese momento redentor. Si el Amado es el más importante, entonces, ¿cómo no querer consolarle? ...” (PF – DN No. 152).
En efecto, la oración contemplativa nos lleva a estar ahí delante de la Cruz, estando conscientes del sufrimiento de Cristo, quien quiso entregarse al sufrimiento para redimir nuestros pecados. Cristo nos ha amado tanto hasta dar su vida por nosotros; lo importante aquí es además de reconocer su amor, es desear consolarle con mis buenas obras, concretas en el estilo de vida que tengo, y crecer en espiritualidad para dar un paso más en su comprensión.
El Papa Francisco nos recuerda las palabras del Papa Pío XI quien en su Carta Encíclica “Miserentissimus Redemptor” nos dice: “…Que si a causa también de nuestros pecados futuros, pero previstos, el alma de Cristo Jesús estuvo triste hasta la muerte, sin duda algún consuelo recibiría de nuestra reparación también futura, pero prevista, cuando el ángel del cielo (Lc 22,43) se le apareció para consolar su Corazón oprimido de tristeza y angustias. Así, aún podemos y debemos consolar aquel Corazón sacratísimo, incesantemente ofendido por los pecados y la ingratitud de los hombres, por este modo admirable pero verdadero…” (CE – Miserentissimus Redemptor (1928) (PF – DN No. 153).
o Las Razones del Corazón:
El Papa
Francisco enfatiza este tema porque bien ha captado que para aquellos que no
reconocen sensibilidad alguna en el sufrimiento de Jesucristo, les parece que
de alguna manera, la devoción sensible hacia la Pasión de Cristo no tiene
sustento teológico y lo fundamenta nada menos que con “La Summa Theologiae,
II-II, q.1,a.2, ad 2;q.4,a.1”, que dicho sea de paso, es una obra
monumental escrita por el bien conocido Doctor de la Iglesia Santo Tomás de
Aquino para estructurar y explicar la doctrina teológica, en este punto
específicamente habla de la naturaleza de la fe: “…El sensus fidelium intuye que aquí hay
algo misterioso más allá de nuestra lógica humana, y que la pasión de Cristo
no es un mero hecho del pasado: podemos
participar en ella desde la fe. Meditar
la entrega de Cristo en la Cruz, para la piedad de los fieles es algo mayor que
un recuerdo. Esta convicción está sólidamente
fundada en la teología. A esto se une la conciencia del propio pecado, que Él
cargó sobre sus hombros heridos, y de la propia inadecuación frente a tanto
amor, que siempre nos sobrepasa infinitamente…” (PF – DN No. 154).
Para aquellos que les ha gustado profundizar en su fe, les recomiendo mucho leer y meditar estos escritos de Santo Tomás de Aquino, mismos que sin duda son difíciles de comprender, pero el Espíritu Santo obra en el corazón de aquél que desea ahondar en el conocimiento de su fe, dándole lo que es conveniente. El Papa Francisco continúa la reflexión de este apartado haciéndose esta pregunta: “¿Cómo es posible relacionarnos con el Cristo vivo, resucitado, plenamente feliz, y al mismo tiempo consolarlo en la pasión? …” y nos hace el favor de contestar esta pregunta con las palabras del Papa Pío XI: “… ¿Cómo podrán estos actos de reparación consolar a Cristo, que dichosamente reina en los cielos? Respondemos con palabras de San Agustín: “Dame un corazón que ame y sentirá lo que digo”. Un alma de veras amante de Dios, si mira al tiempo pasado, ve a Jesucristo trabajando, doliente, sufriendo durísimas penas “por nosotros los hombres y por nuestra salvación”, tristeza, angustias, oprobios, “quebrantado por nuestras culpas (Is 53,5) y sanándonos con sus llagas. De todo lo cual tanto más hondamente se penetran las almas piadosas cuanto más claro ven que los pecados de los hombres en cualquier tiempo cometidos fueron causa de que el Hijo de Dios se entregase a la muerte…” (Pio XI, Carta Encíclica Miserentissimus Redemptor (1928) (PF – DN No. 155).
Es importante que, dentro de nuestra mente limitada por el pecado, reconozcamos que Cristo sufrió por los pecados de toda la humanidad, dentro de toda la existencia y que la redención fue hecha para todos en cualquier tiempo de su existencia porque para Dios no hay tiempo ni espacio.
“…cuando la Escritura
sostiene que los creyentes que no viven de acuerdo con su fe “por su cuenta
vuelven a crucificar al Hijo de Dios” (Hb 6,6) (..) está diciendo algo que
rompe nuestros esquemas limitados…”
Papa Francisco - Dilexit Nos No. 156
Afectísima en Jesucristo,
Lilia Garelli
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Solo por el gusto
de proclamar El Evangelio

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