San Cleofás en Emaús
Riviera Maya, México; Noviembre 21 del 2025.
EL CREDO,
SÍMBOLO DE LA FE.
Tomado de la Colección
de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
CREO
EN DIOS PADRE TODOPODEROSO
Hijos de Dios en el Hijo
Dios, al mostrarnos a su Hijo, se nos ha revelado como Padre de Jesucristo. La paternidad de Dios se define exclusivamente por su relación con el Hijo Unigénito. Los hombres pueden llamar a Dios, Padre –“vuestro Padre”– en la medida en que participan de la relación única de Jesús con el Padre –“mi Padre”– (Jn 20, 17). “La prueba de que sois hijos de Dios, es que Dios ha enviado a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre!” (Ga 4, 6)
Dice
San Cipriano:
“Padre, dice en primer
lugar el hombre nuevo, regenerado y restituido a su Dios por la Gracia; porque
ya ha empezado a ser hijo: “Vino a los
suyos, dice, y los suyos no lo reconocieron.
A cuantos lo recibieron, les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los
que creen en su Nombre.” (Jn 1, 12)
El que, por tanto, ha
creído en su Nombre y se ha hecho hijo de Dios, debe empezar por eso a dar
gracias y hacer profesión de hijo de Dios, puesto que llama Padre a Dios, que
está en los cielos; debe testificar también que desde sus primeras palabras en su
nacimiento espiritual, ha renunciado al padre terreno y carnal, y que no
reconoce ni tiene otro padre que el del cielo.
No pueden llamar Padre al
Señor, quienes tienen por padre al diablo: “Vosotros
habéis nacido del padre diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre.
Él fue homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque no hay
verdad en él.” (Jn 8, 44)
¡Cuán grande es la
clemencia del Señor e inmensa su gracia y bondad, pues quiso que orásemos
frecuentemente en presencia de Dios y le llamásemos Padre; y así, como Cristo es
Hijo de Dios, así nos llamamos nosotros hijos de Dios!
Ninguno de nosotros
osaría pronunciar tal nombre en la oración, si no nos lo hubiese permitido Él
mismo… Hemos, pues, de pensar, que cuando llamamos Padre a Dios, es lógico que
obremos como hijos de Dios, con el fin de que, así como nosotros nos honramos
con tenerlo por Padre, Él pueda honrarse de nosotros.
Hemos de portarnos como
templos de Dios, para que sea una prueba de que habita en nosotros el Señor, y
no desdigan nuestros actos del Espíritu recibido, de modo que los que hemos
empezado a ser celestiales y espirituales no pensemos y obremos más que cosas
espirituales y celestiales.”
San Cipriano
Padre es una palabra que siempre dice relación a otro, al hijo. “Porque no se llama Padre para sí mismo, sino para el Hijo; para sí es Dios.” San Cirilo de Jerusalén. “El Hijo no puede hacer nada por sí mismo.” (Jn 5, 19) Por ser Hijo actúa en dependencia de quien procede. Esto mismo vale para los discípulos de Cristo, hijos de Dios por Él; “Sin mí no podéis hacer nada.” (Jn 15,5) La existencia cristiana cae, pues, bajo la categoría de la relación.
Todo lo que hemos dicho de Cristo, puede aplicarse a los cristianos. Ser cristiano significa ser como el Hijo: ser hijos. “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues, ¡lo somos!” (1Jn 3,1) En efecto, “Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiéramos la filiación adoptiva por medio de Él.” (Ga 4, 1-5)
Los Cristianos: Iconos del Padre
Y, como hijo, el creyente puede dirigirse a Dios diciéndole con sus hermanos: “Padre nuestro” (Mt 6, 9); pero como hijo, no puede vivir en sí mismo y para sí, sino abierto totalmente al Padre y a la misión recibida del Padre: “Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros.” (Jn 20,21) Enviados al mundo como hijos que hacen visible a Dios Padre en su amor único, extraordinario y reflejo del amor del Padre. Puestos en el mundo como iconos de Dios.
Los
que, como Jesucristo, “no han nacido de
la sangre, ni de deseo de la carne, ni de deseo de hombre, sino que han nacido
de Dios” (Jn 1, 12-13), son hermanos entre ellos y hermanos de Jesús,
acogiendo la Palabra y “haciendo la
voluntad del Padre”. Ellos brillan
en el mundo como hijos de Dios, haciendo brillar entre los hombres el amor del
Padre.
Continuará.
La Colección de
Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
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Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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de proclamar El Evangelio.

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