San Cleofás en Emaús
Riviera Maya, México; Noviembre 28 del 2025.
EL CREDO,
SÍMBOLO DE LA FE.
Tomado de la Colección
de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
CREO.
. .
C) TODOPODEROSO
Como para el Antiguo Testamento, también para Jesús, Dios es el Señor de la Historia, que ayuda y salva, libera y redime. Los milagros de Jesús son una manifestación del poder salvador del Padre, que actúa a través de Él, “… porque nada es imposible para Dios.” (Gn 18, 14)
-Dios es el Señor (Adonai)
Dios
es el Señor (Adonai) que está por encima de todo lo creado: “Señor Dueño nuestro, ¡qué admirable es tu
Nombre en toda la tierra! Ensalzaste tu
majestad sobre los cielos.” (Sal 8, 2) Y más aún que la creación, la
historia de la salvación ensalza su majestad, al manifestarlo como “Señor, Señor, Dios compasivo y
misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y fidelidad.” (Ex 34,
6) El señorío de Dios se manifiesta en
favor del creyente que se apoya en Él y puede, por tanto, confesar y cantar:
“Yo te amo, Señor; Tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi
libertador.
Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío; mi fortaleza salvadora, mi baluarte.” (Sal 18, 2-3)
-Dios: omnipotente en el amor
El poder de Dios es el poder de la Gracia, de su Misericordia invencible, omnipotente en el amor y el perdón. ‘Es un poder que suscita la alegría de los pobres y de los pecadores.’ Pueden confiar en que Dios es para ellos como un padre que aguarda al hijo pródigo, les perdona e incluso celebra su vuelta del pecado con una gran fiesta. Es un amor sin límites y además, todopoderoso.
Con
San Agustín confesamos:
“Creo en Dios, Padre omnipotente” ¡Qué laconismo y qué fuerza! Dios y Padre a la vez: Dios en el poder, Padre en la bondad. ¡Felices nosotros que tenemos a Dios en un Padre! Creamos en Él y esperémoslo todo de su misericordia: ¡Es omnipotente! Alguno dirá: ‘No puede perdonar mis pecados’ ¡¿cómo no lo puede, siendo omnipotente?! Quizás objetes: ¡‘He pecado tanto’! Yo tengo solo una respuesta: ¡Es omnipotente! Es lo que cantamos en un Salmo: “Bendice, alma mía, al Señor; Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias.” (Sal 103, 2)
En
la misericordia sin límites se manifiesta la Santidad y la Gloria de Dios: “Santo, Santo, Santo el Señor de los
ejércitos, la tierra está llena de su Gloria.”
(Is 6, 3) O como se lee en Oseas para expresar el colmo del amor: “Que soy Dios y no hombre, santo en medio de ti.” (Os 11,9) Y con más fuerza lo dice San Juan Apóstol y Evangelista: “Dios es amor.” (1Jn 4, 8 y 16) “¡Y no puede negarse a sí mismo!” (2Tm 2, 13)
En la salvación y en el juicio –para los ricos y los que se creen justos– se manifiesta igualmente la omnipotencia de Dios. Solo porque Dios es todo-poderoso puede, movido por su amor, salvarnos en cualquier situación contra los poderes del mal. Solo el amor omnipotente de Dios puede ser el fundamento de nuestra esperanza. En sentido bíblico, la justicia de Dios significa el don gratuito de Dios al hombre, que hace justo al pecador que lo acoge.
-Dios: omnipotente en la resurrección del Hijo
La omnipotencia de Dios en el amor, como Jesús la ha predicado y vivido, se manifestó sobre todo en la muerte y resurrección de su Hijo, donde realmente Dios “glorificó su Nombre” (Jn 12, 28) En la muerte de Jesús, Dios se dirigió al débil y desecho de los hombres y “le resucitó rompiendo las ataduras de la muerte.” (Hch 2, 24) Por la muerte y resurrección de Jesús, hemos sabido definitivamente quién es Dios Padre todopoderoso: “el que da la vida a los muertos.” (Rm 4,17; 2Co 1, 9) La fidelidad creadora de Dios Padre y su omnipotencia en el amor, brillan unidas en la muerte y resurrección de Cristo. La soberana grandeza de su poder se reveló plenamente “resucitando a Jesús de entre los muertos” y “sentándolo a su derecha” como Señor de todo.
En la ‘debilidad divina’ de ‘Cristo Crucificado’ se manifestó la ‘fuerza de Dios’ anunciada por “el evangelio que es poder y salvación de todo el que cree.” (1Co 1, 18-25) De aquí que este Evangelio es llevado en la fragilidad de “vasos de barro, para que se vea que el extraordinario poder (de salvación) es de Dios y no de los hombres.” (2Co 4, 7)
Como dice Pablo, en Jesucristo, “… en su vida muerte y resurrección, se nos ha manifestado la bondad y el amor de Dios.” (Tt 3, 4) Podemos estar seguros de que, “ni la muerte, ni la vida; ni ángeles, ni principados; ni presente ni futuro; ni potencias, ni altura, ni profundidad; ni criatura alguna podrá separarnos de amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.” (Rm 8, 38-39)
La Colección de
Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
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también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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