San Cleofás en Emaús
Riviera Maya, México; Octubre 31 del 2025.
EL CREDO,
SÍMBOLO DE LA FE.
Tomado de la Colección
de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
CREO
EN DIOS, PADRE TODOPODEROSO,
CREADOR
DEL CIELO Y DE LA TIERRA.
A) CREO EN DIOS
La
confesión de fe en el único Dios, con la que los cristianos comienzan el Credo
desde hace dos mil años, se remonta mucho más atrás en el tiempo. Las primeras palabras del Credo cristiano
asumen el Credo israelita, que suena así en la confesión diaria de su fe:
“Escucha, Israel: Yahveh, tu Dios, es el único Dios”.
- Dios de vivos
Al
confesar nuestra fe en Dios, los cristianos nos referimos al Dios “de vivos”,
al “Dios de Abraham, Isaac y Jacob (Ex 3,6; Mt 22,32), al Dios de Isarel (Sal
72,18; Is 45.3; Mt 15,31), que es el “Padre nuestro Señor Jesucristo” (2Co
1,3).
Conocemos a Dios por la historia de salvación de Dios con los hombres. En esta historia Dios se nos aparece, Él abre el camino y acompaña a los hombres en su “peregrinación de la fe”. La fe no es otra cosa que recorrer el camino con Dios apoyados (aman) en Él, que va delante “como columna de fuego o nube”.
El Dios de Israel, por tanto, no es un Dios lejano, impasible y mudo. Es un Dios vivo que libera y salva, un Dios que interviene en la historia; guía y abre camino a una nueva historia. Es un Dios en quien se puede creer y esperar, confiar y confiarse.
- Dios único
La profesión fundamental de Israel es la negación de todos los dioses circunvecinos. La confesión de fe en Dios se opone, simultáneamente, al politeísmo y al ateísmo. “Hay un Dios” es la negación de “hay muchos dioses” y del “no hay Dios”.
Los dioses precristianos y post cristianos son, en definitiva, los mismos, aunque quizá hoy hayan perdido su máscara de seres divinos y aparezcan bajo la máscara profana de modernidad, cientificidad, liberación o como quieran que se llamen. Dioses o ídolos son todas las cosas que, “. . . engañados por el tentador e inventor del mal y enemigo de la vida.” (San Gregorio de Nisa), ponemos en lugar de Dios, absolutizándolas y pidiéndoles la vida y la felicidad.
Ídolos, pueden ser: el dinero, el prestigio, el trabajo, el poder, el progreso, la ciencia, la técnica, el placer, la nación, las ideologías, el partido, el sindicato... y muchas más. Hoy es preciso hacer con los ‘catecúmenos’ lo mismo que hacía San Cipriano:
"Para
preparar a nuestros hermanos a que hagan confesión pública del Señor, con la
firmeza del valor y de la Fe, armándoles así para el combate en la persecución
y el martirio; en primer lugar, ha de afirmarse que los ídolos fabricados por
los hombres no son dioses, pues las cosas fabricadas no son superiores a
quienes las fabrican, ni pueden defender o salvar a nadie.
(Sal 135, 15-18; Sb15, 15-17; 13, 1-4; Ex 20, 4)
Una
vez destituido el culto de los ídolos, enseñarles que solo a Dios debe darse
culto, pues, así está escrito: “Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo darás
culto.” (Dt 6, 13; Mt 4, 10); y en otro lugar: “No tendrás otros dioses fuera de mí.” (Dt 5, 7;
Ex 20, 3)… “Pues en esto consiste la Vida
eterna; en que te conozcan, Padre, a Ti como único Dios verdadero y a tu
enviado, Jesucristo.” (Jn17, 3)
¿Por qué te humillas e inclinas ante dioses falsos?; ¿por qué encorvas tu cuerpo como un esclavo ante vanos simulacros? ¡Dios te ha hecho erecto! Si los demás animales fueron creados con posición inclinada hacia la tierra, a ti te otorgó un rostro vuelto hacia arriba: ¡hacia su Señor! Conserva la dignidad en que has nacido y permanece como has sido creado por Dios; levanta tu ánimo en la dirección de tu rostro y de tu cuerpo: ¡Conócete a ti mismo para que puedas conocer a Dios!”
- Nombre de Dios
El
texto central veterotestamentario para comprender la Profesión de Fe en Dios es
la narración de la zarza ardiente (Ex 3).
En ella Dios revela su nombre a Moisés, revelándose a sí mismo.
“...
Moisés replicó a Dios: si voy a los hijos de Israel y les digo: el Dios de
vuestros padres me envía a vosotros, y me preguntan cuál es su nombre, ¿qué voy
a responderles?
Y Dios dijo a Moisés: “Yo Soy el que Soy”. Así responderás a los hijos de Israel: “Yo Soy”, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me manda a vosotros. Éste es para siempre mi nombre; éste es mi memorial, de generación en generación.” (Ex 3, 13-15)
Dos no revela su esencia, su ser, sino que se manifiesta como un Dios presente y salvador de la historia de los hombres. El yo-soy significa más bien yo estoy, yo estoy con vosotros, salvándoos: soy vuestro Dios, el Dios de vuestros padres, que me haré presente entre vosotros con mi fuerza salvadora.
En contra de la tendencia pagana por un dios local, por una divinidad concretada en un lugar y limitada a él, el Dios de los padres representa un cambio radical. No es el Dios de un lugar, sino el Dios de las personas: el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, que muestra su presencia operante en todo lugar donde se encuentra el hombre. No un dios de la tierra ligado a un lugar sagrado, sino el Dios de la Historia. Yahveh es el Dios personal, deseoso de relaciones personales, que se manifiesta allí donde el hombre se deja encontrar por Él.
El “Yo Soy”, Isaías lo traduce con “Yo soy el primero y el último y no hay otro Dios fuera de mí.” (Is 44, 6) El Dios de Israel se contrapone a los demás dioses y se muestra como el que Es, frente a los que no tienen consistencia, que cesan y pasan. En la sucinta frase “Yo Soy” de la zarza ardiente, se apoyan los profetas en su lucha contra la idolatría.
Tomado de la Colección
de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
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Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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