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miércoles, 14 de diciembre de 2016

FORMACIÓN DE MISIONEROS (12 DE 15)

¡Venga Tu Reino!

Juventud y Familia Misionera

FORMACIÓN PARA MISIONEROS

PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA
FAMILIA, MATRIMONIO Y UNIONES DE HECHO

CONTINUACIÓN


El Matrimonio, institución del amor conyugal,
ante otro tipo de uniones.

33)  La realidad natural del Matrimonio está contemplada en las leyes canónicas de la Iglesia.  La ley canónica describe en sustancia el ser del Matrimonio de los bautizados, tanto en su momento explícito al pacto conyugal, como en su condición de estado permanente en el que se ubican las relaciones conyugales y familiares. 

En este sentido, la jurisdicción eclesiástica sobre el Matrimonio es decisiva y representa una auténtica salvaguardia en los valores familiares.  No siempre se comprenden y respetan adecuadamente los principios básicos del ser matrimonial respecto al amor conyugal, y su índole sacramental.

34) Por lo que respecta a los primeros, se habla con frecuencia del amor como base del Matrimonio y de éste como una comunidad de vida y de amor; pero no siempre se afirma de manera clara, su verdadera condición de Institución Conyugal, al no incorporar la dimensión de justicia propia del consenso.  El Matrimonio es institución.  No advertir esta cualificación, suele generar un grave equívoco entre el Matrimonio Cristiano y las uniones de hecho.  (También los convivientes en uniones de hecho pueden decir que están fundados en el ‘amor’ y que constituyen una comunidad de vida y amor; pero sustancialmente diferente del Matrimonio en su ‘naturalidad’ expresa de hombre y mujer). 

35)  En relación a los principios básicos respecto a la Sacramentalidad del Matrimonio, la cuestión es más compleja, porque los pastores de la Iglesia deben considerar la inmensa riqueza de gracia que dimana del ser sacramental del Matrimonio Cristiano y su influjo en las relaciones familiares derivadas de Matrimonio.  Dios ha querido que el pacto conyugal del principio, El Matrimonio de la Creación, sea signo permanente de la unión de Cristo con la Iglesia, y sea por ello verdadero sacramento de la Nueva Alianza.

El problema es comprender adecuadamente que esa Sacramentalidad no es algo sobreañadido o extrínseco al ser natural del Matrimonio, sino que es el mismo Matrimonio querido indisoluble por el Creador, el que es elevado a Sacramento por la acción redentora de Cristo, sin que ello suponga ninguna “desnaturalización” de la realidad.

Por no entenderse adecuadamente la peculiaridad de este sacramento respecto de los otros, pueden surgir malos entendimientos que oscurecen la noción de Matrimonio Sacramental.  Esto tiene una incidencia especial en la preparación del Matrimonio: los loables esfuerzos en preparar a los novios para la celebración del Sacramento, pueden desvanecerse sin una comprensión clara de lo que es el Matrimonio, absolutamente indisoluble, que van a contraer.

Los bautizados no se presentan ante la Iglesia sólo para celebrar una fiesta mediante unos ritos especiales, sino para contraer un Matrimonio para toda la vida, que es un Sacramento de la Nueva Alianza.  Por este Sacramento participan en el misterio de la unión de Cristo y la Iglesia, y expresan su unión íntima e indisoluble. Papa San Juan Pablo II - Ex-. Ap. FC n.68. 



VI
Guías Cristianas de orientación

Planteamiento básico del problema: “al principio no fue así”

36)  La comunidad cristiana se ve interpelada por el fenómeno de las uniones de hecho.  Las uniones sin vínculo institucional legal –ni civil ni religioso–, constituyen ya un fenómeno cada vez más frecuente al que tiene que prestar atención la acción pastoral de la Iglesia.  No sólo mediante la razón, sino también, y sobre todo, mediante el “esplendor de la verdad” que ha sido donado mediante la Fe; el creyente es capaz de llamar las cosas con su propio nombre: el bien, bien; y el mal, mal.

En el contexto actual, fuertemente relativista e inclinado a disolver toda diferencia –incluso aquellas que son esenciales– entre Matrimonio y uniones de hecho, son precisas la mayor sabiduría y la libertad más valiente a la hora de no prestarse a equívocos ni a compromisos, con la convicción de que “. . . la crisis más peligrosa que puede afligir al hombre, es la confusión entre el bien y el mal, que hace imposible construir y conservar el orden moral de los individuos y las comunidades”. (San Juan Pablo II – Enc. VS n.93)

A la hora de efectuar una reflexión específicamente cristiana de los signos de los tiempos, ante el aparente oscurecimiento, en el corazón de algunos de nuestros contemporáneos, de la verdad profunda del amor humano, conviene acercarse a las aguas puras del Evangelio.

37) Ver Mt 19, 3-10

Uniones de hecho, factores de fragilidad y
Gracia Sacramental

38)    La presencia de la Iglesia y del Matrimonio Cristiano ha comprobado durante siglos, que la sociedad fuera capaz de reconocer el Matrimonio en su condición originaria, a la que Cristo alude en su respuesta: “. . . pero al principio no fue así.”  La condición originaria del Matrimonio, y la dificultad de reconocerla y de vivirla como íntima verdad, en la profundidad del propio ser, resulta, también hoy, de perenne actualidad, de vital importancia.

El Matrimonio es una institución natural cuyas características esenciales pueden ser reconocidas por la inteligencia, más allá de las culturas. 

Este reconocimiento de la verdad matrimonial es también de orden moral, pero no se puede ignorar el hecho de que la naturaleza humana, herida por el pecado, y redimida por Cristo, no siempre alcanza a reconocer las verdades inscritas por Dios en su propio corazón.  De aquí que el Matrimonio Cristiano en el mundo, la Iglesia y su Magisterio sean una enseñanza y un testimonio vivos en medio de la Humanidad.

39)  Es necesario distinguir diversos elementos, entre otros factores de fragilidad, que dan origen a esas uniones de hecho, caracterizadas por el amor llamado ‘libre’, que omite o excluye la vinculación propia y característica del amor conyugal, que es la entrega y donación total, y por toda la vida, al ser amado.

El discernimiento ético, la acción pastoral, y el compromiso cristiano con las realidades políticas, deberán tener en cuenta, por consiguiente, la multiplicidad de realidades que se encuentran bajo el término común ‘uniones de hecho’, de las que antes se ha hecho mención. 

Cualesquiera que sean las causas que las originan, esas uniones de hecho comportan serios problemas pastorales, por las graves consecuencias religiosas y morales que de ahí se derivan (como la pérdida del sentido religioso del Matrimonio, visto a la luz del la Alianza de Dios con su Pueblo, o privación de la Gracia del Sacramento, o grave escándalo);  así como también por las consecuencias sociales (destrucción del concepto de Familia, atenuación del sentido de fidelidad, incluso hacia la sociedad, posibles traumas psicológicos en los hijos y reafirmación del egoísmo).

La Iglesia se muestra, por tanto, sensible a la proliferación de esos fenómenos de uniones matrimoniales, debido a la dimensión moral y pastoral del problema.


CONTINUARÁ

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