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Juventud y Familia Misionera
FORMACIÓN PARA MISIONEROS
PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA
FAMILIA, MATRIMONIO Y UNIONES DE HECHO
CONTINUACIÓN
El Matrimonio, institución del amor
conyugal,
ante otro tipo de uniones.
33) La realidad natural del
Matrimonio está contemplada en las leyes canónicas de la Iglesia. La ley canónica describe en sustancia el ser
del Matrimonio de los bautizados, tanto en su momento explícito al pacto
conyugal, como en su condición de estado permanente en el que se ubican las
relaciones conyugales y familiares.
En este sentido, la jurisdicción eclesiástica sobre el
Matrimonio es decisiva y representa una auténtica salvaguardia en los valores
familiares. No siempre se comprenden y
respetan adecuadamente los principios básicos del ser matrimonial respecto al
amor conyugal, y su índole sacramental.
34) Por lo que respecta a los primeros, se habla con frecuencia del amor
como base del Matrimonio y de éste como una comunidad de vida y de amor; pero
no siempre se afirma de manera clara, su verdadera condición de Institución
Conyugal, al no incorporar la dimensión de justicia propia del consenso. El Matrimonio es institución. No advertir esta cualificación, suele generar
un grave equívoco entre el Matrimonio Cristiano y las uniones de hecho. (También los convivientes en uniones de hecho
pueden decir que están fundados en el ‘amor’ y que constituyen una comunidad de
vida y amor; pero sustancialmente diferente del Matrimonio en su ‘naturalidad’
expresa de hombre y mujer).
35) En relación a los principios
básicos respecto a la Sacramentalidad del Matrimonio, la cuestión es más
compleja, porque los pastores de la Iglesia deben considerar la inmensa riqueza
de gracia que dimana del ser sacramental del Matrimonio Cristiano y su influjo
en las relaciones familiares derivadas de Matrimonio. Dios ha querido que el pacto conyugal del
principio, El Matrimonio de la Creación, sea signo permanente de la unión de
Cristo con la Iglesia, y sea por ello verdadero sacramento de la Nueva Alianza.
El problema es comprender adecuadamente que esa
Sacramentalidad no es algo sobreañadido o extrínseco al ser natural del
Matrimonio, sino que es el mismo Matrimonio querido indisoluble por el Creador,
el que es elevado a Sacramento por la acción redentora de Cristo, sin que ello
suponga ninguna “desnaturalización” de la realidad.
Por no entenderse adecuadamente la peculiaridad de
este sacramento respecto de los otros, pueden surgir malos entendimientos que
oscurecen la noción de Matrimonio Sacramental.
Esto tiene una incidencia especial en la preparación del Matrimonio: los
loables esfuerzos en preparar a los novios para la celebración del Sacramento,
pueden desvanecerse sin una comprensión clara de lo que es el Matrimonio,
absolutamente indisoluble, que van a contraer.
Los bautizados no se presentan ante la Iglesia sólo
para celebrar una fiesta mediante unos ritos especiales, sino para contraer un
Matrimonio para toda la vida, que es un Sacramento de la Nueva Alianza. Por este Sacramento participan en el misterio
de la unión de Cristo y la Iglesia, y expresan su unión íntima e indisoluble. Papa San Juan Pablo II - Ex-. Ap. FC n.68.
VI
Guías Cristianas
de orientación
Planteamiento básico del problema: “al
principio no fue así”
36) La comunidad cristiana se ve
interpelada por el fenómeno de las uniones de hecho. Las uniones sin vínculo institucional legal
–ni civil ni religioso–, constituyen ya un fenómeno cada vez más frecuente al
que tiene que prestar atención la acción pastoral de la Iglesia. No sólo mediante la razón, sino también, y
sobre todo, mediante el “esplendor de la verdad” que ha sido donado mediante la
Fe; el creyente es capaz de llamar las cosas con su propio nombre: el bien,
bien; y el mal, mal.
En el contexto actual, fuertemente relativista e
inclinado a disolver toda diferencia –incluso aquellas que son esenciales–
entre Matrimonio y uniones de hecho, son precisas la mayor sabiduría y la
libertad más valiente a la hora de no prestarse a equívocos ni a compromisos,
con la convicción de que “. . . la crisis más
peligrosa que puede afligir al hombre, es la confusión entre el bien y el mal,
que hace imposible construir y conservar el orden moral de los individuos y las
comunidades”. (San Juan Pablo II –
Enc. VS n.93)
A la hora de efectuar una reflexión específicamente
cristiana de los signos de los tiempos, ante el aparente oscurecimiento, en el
corazón de algunos de nuestros contemporáneos, de la verdad profunda del amor
humano, conviene acercarse a las aguas puras del Evangelio.
37) Ver Mt 19, 3-10
Uniones de hecho, factores de fragilidad
y
Gracia Sacramental
38) La presencia de la Iglesia y
del Matrimonio Cristiano ha comprobado durante siglos, que la sociedad fuera
capaz de reconocer el Matrimonio en su condición originaria, a la que Cristo
alude en su respuesta: “. . . pero al
principio no fue así.” La condición originaria del Matrimonio, y la
dificultad de reconocerla y de vivirla como íntima verdad, en la profundidad
del propio ser, resulta, también hoy, de perenne actualidad, de vital
importancia.
El Matrimonio es una institución natural cuyas
características esenciales pueden ser reconocidas por la inteligencia, más allá
de las culturas.
Este reconocimiento de la verdad matrimonial es
también de orden moral, pero no se puede ignorar el hecho de que la naturaleza
humana, herida por el pecado, y redimida por Cristo, no siempre alcanza a
reconocer las verdades inscritas por Dios en su propio corazón. De aquí que el Matrimonio Cristiano en el
mundo, la Iglesia y su Magisterio sean una enseñanza y un testimonio vivos en
medio de la Humanidad.
39) Es necesario distinguir
diversos elementos, entre otros factores de fragilidad, que dan origen a esas
uniones de hecho, caracterizadas por el amor llamado ‘libre’, que omite o excluye la vinculación propia y característica
del amor conyugal, que es la entrega y donación total, y por toda la vida, al
ser amado.
El discernimiento ético, la acción pastoral, y el
compromiso cristiano con las realidades políticas, deberán tener en cuenta, por
consiguiente, la multiplicidad de realidades que se encuentran bajo el término
común ‘uniones de hecho’, de las que antes se ha hecho mención.
Cualesquiera que sean las causas que las originan,
esas uniones de hecho comportan serios problemas pastorales, por las graves
consecuencias religiosas y morales que de ahí se derivan (como la pérdida del sentido religioso del Matrimonio, visto a la luz
del la Alianza de Dios con su Pueblo, o privación de la Gracia del Sacramento,
o grave escándalo); así como también
por las consecuencias sociales (destrucción del concepto de Familia, atenuación
del sentido de fidelidad, incluso hacia la sociedad, posibles traumas psicológicos
en los hijos y reafirmación del egoísmo).
La Iglesia se muestra, por tanto, sensible a la proliferación de esos fenómenos de uniones
matrimoniales, debido a la dimensión moral y pastoral del problema.
CONTINUARÁ
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