“La Felicidad es mirar hacia Dios,
la tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San
Carlo Acutis, Patrono de Internet
Riviera
Maya, México; Noviembre 1 del 2026.
La
Fiesta de Todos los Santos
LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO
“EL DEMONIO AL ACECHO
DEL MESÍAS”
(Antonio Garelli – Garelli
Editores – 2009)
V.5.- MUERTE DE JUDAS ISCARIOTE
(Mt 27, 3-9)
“Entonces Judas, el que le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: ‘Pequé entregando sangre inocente.’ Ellos le dijeron: ‘A nosotros, ¿qué? Tú verás.’
Él tiró las monedas en el Santuario;
después se retiró y fue y se ahorcó. Los
sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: ‘No es lícito echarlas en el
tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.’
Y después de deliberar, compraron con ellas el Campo del Alfarero como lugar de sepultura de los forasteros. Por esta razón este campo se llamó ‘Campo de Sangre’, hasta hoy.
Entonces se cumplió lo dicho por el
profeta Jeremías: ‘Y tomaron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue
preciado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel, y las dieron
por el Campo del Alfarero, según lo que me ordenó el Señor.’”
Evangelio según San Mateo
+ + +
¡Pues, ¿qué pensaba este iluso? (si es que pensaba), ¿qué el Demonio estaba jugando; que solo estaban sucediéndose estas cosas por casualidad?! Por supuesto que no, ¡el Demonio estaba al acecho del Mesías! Y esto debió haberlo discernido Judas antes de permitir que Satanás entrara en su alma.
Hay mucha gente ilusa (igual que
Judas), que se atreve a pensar en lo ‘predestinado’ que estaba el accionar de
Judas Iscariote, respecto a Jesucristo.
Déjenme explicarles una cosa. Los seres humanos predestinados, no existen.
Si existieran, la naturaleza humana no sería ni libre, ni con voluntad
propia, ni inteligente. Todos los
humanos libres, usamos nuestra inteligencia y nuestra voluntad para decidirnos
de acuerdo al libre albedrío del que Dios, desde
Pero, a Judas, lo dominaban sus pasiones; lo dominaban en el uso de su libertad; esto es, él permitía que las pasiones superaran a su voluntad y a su inteligencia en la toma de decisiones. Era un esclavo de sus pasiones, pero libremente decidido hacia ello. Nadie, más que él mismo, llevó a Judas a traicionar al Divino Maestro. Satanás solo aprovechó las debilidades del Izcariot, pero ni el Demonio tenía dominado por completo a Judas.
Éste infortunado Apóstol tuvo varias oportunidades de arrepentimiento, pero nunca las quiso usar. Libremente pudo haber decidido no seguir actuando mal, pero no lo hizo. Él quiso mantenerse contrario a Jesucristo, no a favor del Evangelio. Las dolorosísimas palabras de Jesús “Lo que tengas que hacer, hazlo ya.”, no se dan antes de su traición, sino cuando ya ha vendido al Señor.
San Mateo lo dice muy claro: “. . . acosado por el remordimiento. . .”, pero no actuando en arrepentimiento. Fue a descargar su furia frente a los sumos sacerdotes y fariseos (que también se habían aprovechado de él), en lugar de haber ido a pedir perdón ante Dios hecho hombre, su Señor, Jesucristo, el Salvador. Así lo decidió él mismo. Sus actos así lo evidencian: tomó decisiones libremente, pero las tomó mal; prefirió permanecer en pecado que arrepentirse.
No, en la vida humana no hay predestinación. Eso es contrario a la naturaleza con la que Dios nos creó. Nadie peca si no quiere. El pecado es un acto libre de voluntad que se da por evitar el bien; y ante la ausencia de bien, presencia de mal. No hay pecado en el desconocimiento, en la inconciencia o en la ignorancia. La voluntad, y el uso de ella, determina el resultado de la acción.
Tampoco en el bien hay
predestinación. Ni siquiera
Aquella ocasión, con María, el Demonio perdió; esta vez con Judas, triunfó. Pero esta vez, a ambos, de nada sirvió. Uno pierde la vida suicidándose; el otro nos hace ganar la salvación inmolando al Cordero de Dios. Aún en ese afán despreciable de maldad, Satanás no pudo del todo con la voluntad humana: él no quería muerto a Jesús; quería hacer sufrir al Cristo, para que con tanto sufrimiento el Señor desistiera de su obra. Pero los hombres lo mataron; y con ello el Maligno, aún sin quererlo, “ganó para nosotros la salvación, con la muerte del Justo.”
Todos fueron tocados por el Diablo en
esos aciagos momentos de
§ § §
La siguiente entrega será el próximo Domingo.
Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
También me puedes seguir en:
https://twitter.com/antoniogarelli y https://www.facebook.com/tono.garelli
lilia.garelli@gmail.com diosidencias@gmail.com
www.demilagrosydiosidencias.blogspot.mx
Solo por el gusto
de proclamar El Evangelio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario