“La Felicidad es mirar hacia Dios,
la tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San
Carlo Acutis, Patrono de Internet
Riviera Maya, México; Octubre 4 del 2026.
LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO
“EL DEMONIO AL ACECHO
DEL MESÍAS”
(Antonio Garelli – Garelli Editores – 2009)
(Mt 26, 36-46; Mc 14, 32-42; Lc 22, 39-46; Jn 17,)
“Fueron a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: ‘Sentaos aquí, mientras yo hago oración.’ Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: ‘Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad,’
Y adelantándose un poco, caído en tierra suplicaba que de ser posible pasara de él aquella hora. Y decía: ‘¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero que no se haga mi voluntad sino la tuya. Que no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.’
Viene entonces y los encuentra dormidos; y le dice a Pedro: ‘Simón, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido velar? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil.’
Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados; ellos no sabían qué contestarle.
Viene por tercera vez y les dice: ‘Ahora
ya podéis dormir y descansar. Basta
ya. Legó la hora. Mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado
en manos de los pecadores. ¡Levantaos!
¡Vamos! Mirad, el que me va a entregar está cerca.’”
Los Cuatro Evangelios
¡A mí se me hubiera caído la cara de vergüenza! ¡Tres veces fue y vino el Señor y sus discípulos estaban dormidos! Pero también es justo considerar que no todo lo que sucedía lo podían ellos manejar, pues no estaban solos; en ese lugar no se encontraban solo Cristo y los Apóstoles, ¡no!; estaban todos acechados por el Príncipe de las Tinieblas. ¡El Demonio al acecho del Mesías!... y de sus Apóstoles.
Otra vez son Pedro, Santiago y Juan los
que el Señor aparta; ahora no van a ver la magnificencia del poder del Hijo del
hombre resucitando a una niña; ni le van a ver lleno de luminosidad y gloria
(custodiado por Moisés y Elías), en
Estos tres hombres han visto a Jesucristo realizar un sinnúmero de milagros portentosos: dominar la naturaleza, exterminar espíritus malignos, volver a la vida a muertos; ¿cómo ahora se percibe en Él ‘pavor y angustia’? ¿Cómo es que pide que velen, si hace poco les ha dicho que el Príncipe de este mundo no tiene poder sobre Él? Algo verdaderamente extraño está ocurriendo en su Divino Maestro; y ellos están aterrorizados. Satanás deambula por este lugar; una vez más, El Demonio al acecho del Mesías.
¡Quizás nunca más cerca ni más real que en este momento! A diferencia de la ocasión de las Tentaciones, en donde sigilosamente se acerca al recién Ungido Cordero de Dios; este otrora Ángel de Luz que cuidó el Edén, ¡ahora estaba con sus más tenebrosas vestiduras: sombras y obscuridad; intriga y maldad; soberbia e iniquidad! Satanás acosa al Mesías personalmente y de forma directa. Quiere reducirlo con sus calumnias, quiere disuadirlo con sus mentiras. Le hace ver lo infructuoso de su esfuerzo y lo poco que se obtendrá con su labor entre los hombres en pos de su redención; allí tiene las evidencias: un puñado de débiles, desorientados e ilusos discípulos que le han seguido durante los tres años de su Ministerio, los cuales no han sido capaces de entender sus enseñanzas, su doctrina, su Evangelio.
Sin embargo, Jesús no entabla
conversación con el Diablo; Él continúa en oración a su Padre suplicándole la
realización de su cometido, el cumplimiento de sus propósitos y la consecución
de su meta. ‘. . . ¡Abbá, Padre!; todo es
posible para ti; aparta de mí esta copa; pero que no se haga mi voluntad sino
la tuya. Que no sea lo que yo quiero,
sino lo que quieres tú. . .’ No
dialoga con el maligno, antes bien, implora al Padre. No cae en las redes disuasivas de la
desesperación, sino que permanece firme en su única forma de triunfo: hacer
Todo el poder de Satanás ha descendido sobre la tierra; a Cristo Jesús no le preocupa su persona, Él ya la entregó al Padre. Al Mesías lo que le preocupa es de lo que sea capaz el Demonio ante este embate desproporcionado que ha desencadenado sobre los hombres. Ni en los días de Noé (cuando la humanidad mereció el Diluvio); ni en tiempos de Lot (cuando Dios destruyó Sodoma y Gomorra por su iniquidad); ni en los días de la idolatría de Sedecías (cuando Israel dejó de ser el Pueblo Ungido de Dios y fue llevado cautivo a Babilonia), nunca habían habido tantos demonios en el mundo.
Y
ahora están todos en Jerusalén, en el mismísimo Monte de los Olivos; porque el
acecho contra el Mesías debe desquiciar a la humanidad para que éste se
venza. ¡Ningún hijo del mal quiere que
Jesús de Nazaret continúe con su obra redentora! ¡Satanás y sus huestes están decididos a
disuadir al Cristo de su meta:
Ninguno de los demonios quiere que Jesucristo triunfe; porque su triunfo es el principio del fin para las huestes satánicas. “¡Háganle lo que quieran!, ¡¡pero no le maten!!”, habrá dicho Satanás. Solo que éste no ha considerado la voluntad humana; y esa puede ser la diferencia en su contra.
§ § §
La siguiente entrega será el próximo Domingo.
Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
También me puedes seguir en:
https://twitter.com/antoniogarelli y https://www.facebook.com/tono.garelli
lilia.garelli@gmail.com diosidencias@gmail.com
www.demilagrosydiosidencias.blogspot.mx
Solo por el gusto
de proclamar El Evangelio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario