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jueves, 27 de agosto de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA (59)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Agosto 28 del 2026.

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006



CREO EN DIOS… CREO EN JESUCRISTO… CREO EN EL ESPÍRITU SANTO… CREO EN LA IGLESIA… CREO EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS… EN EL PERDÓN DE LOS PECADOS… 

C) EL PERDÓN DE LA IGLESIA

El cristiano, renacido en las aguas del Bautismo, experimenta en su fragilidad la necesidad de vivir renaciendo en un segundo y un tercer… Bautismo.  La Iglesia, que sabe que “Dios es rico en misericordia”, se ofrece en el Sacramento de la Penitencia.  San Ambrosio, por ejemplo, decía que en la Iglesia “hay agua y lágrimas: el agua del Bautismo y las lágrimas de la penitencia.”

El Concilio Vaticano II de toda la Iglesia, establece: “Siendo al mismo tiempo santa y necesitada la purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación.” (LG8) Igualmente, Tertuliano en su prédica De Penitencia, dice:

 

Concede, oh Cristo, a tus siervos catecúmenos la gracia de conocer la disciplina de la penitencia, aunque después del Bautismo no tengan que conocerla ni pedirla. Me repugna mencionar aquí la segunda penitencia. Pues temo que hablar de ella sugiera que existe todavía un tiempo en que se puede pecar.

 

Que nadie me interprete mal, como si el hecho de haber una puerta abierta a la penitencia después del Bautismo, dejase una puerta abierta al pecado.  ¡La sobreabundancia de la misericordia de Dios no implica un derecho a la temeridad humana! ¡Que nadie sea menos bueno, porque Dios lo es tanto!… Sin embargo, si alguien incurre en la necesidad de la segunda penitencia, que no se abata ni se abandone a la desesperación: ¡Que se avergüence de haber pecado, pero no de levantarse nuevamente! ¿Acaso no dice Él: “los que caen se levantan y si uno se extravía, torna”? Él “prefiere la misericordia al sacrificio”, pues los cielos y los ángeles se alegran por la conversión del hombre. ¡Ánimo, pecador, levántate! ¡Mira dónde hay alegría por tu retorno!

Tertuliano 

La Iglesia, sintiéndose herida por el pecado de los fieles, les reconcilia con Dios; acompañando al pecador en su camino de conversión con amor y oración. La Iglesia no puede quedarse indiferente viéndole caminar por la senda del pecado.

“¡Volved, pues, a la Iglesia si alguno de vosotros se separó impíamente de ella!, pues está escrito: “Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo.” ¡Tenemos u Señor bueno que quiere perdonarnos a todos! Si quieres ser justificado, confiesa tu culpa. La humilde confesión de los pecados desata los nudos de las faltas.

 

¿Te avergüenza hacer esto en la Iglesia? ¿Te repugna suplicar a Dios y obtener el auxilio de la santa asamblea que suplica por ti, y esto, allí donde no hay motivo alguno de vergüenza sino el de no confesar los propios pecados, puesto que todos somos pecadores, precisamente allí donde merece mayor alabanza quien es más humilde, más sincero, más despreciable a los propios ojos?

 

¡Llore por ti la madre Iglesia y lave tus culpas con sus lágrimas! ¡Te vea Cristo inmerso en el dolor y diga: “Bienaventurados los que lloráis, porque gozaréis.”! Él, que se alegra de que muchos lloren por uno solo. Conmovido por las lágrimas de una viuda, le resucitó el hijo, porque todos lloraban por ella.”

San Ambrosio de Milán

Esta palabra de perdón, que lleva a la conversión, se hace presencia viva en la Iglesia por la Acción Vivificante del Espíritu Santo, que nos recrea de la muerte como esperanza y garantía de resurrección.  Quien resucita nuestros cuerpos de pecado, “resucitará también nuestros cuerpos mortales por el Espíritu Santo que habita en nosotros.”

Fin del Undécimo Folleto (de 12) –penúltimo– de

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

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Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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