“La Felicidad es
mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San Carlo Acutis,
Patrono de Internet
Riviera Maya,
México; Julio 10 del 2026.
EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.
Tomado de la Colección
de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
LOS PRIMEROS SEIS PAPAS
San Pedro, San Lino, San
Anacleto,
San Clemente, San
Evaristo y San Alejandro
LOS
PAPAS MÁS RECIENTES
Francisco,
Benedicto XVI, San Juan Pablo II
Juan
Pablo I, San Paulo VI y San Juan XXIII
CREO
EN DIOS… CREO EN JESUCRISTO…
CREO
EN EL ESPÍRITU SANTO…
CREO EN LA IGLESIA…
D) LA IGLESIA ES, APOSTÓLICA.
La
Iglesia se confiesa Apostólica, es decir, en continuidad con los Apóstoles y
con las comunidades fundadas por ellos.
Para ello goza de una TRIPLE GARANTÍA:
- UNA MISMA FE, Símbolo de
Comunión, transmitida en una fiel y
continua Tradición;
- UNA MISMA ESCRITURA, fiel
al Canon de las Sagradas Escrituras, que expresan la Revelación
hecha por Jesucristo y predicada
por los Apóstoles; y
- UNA JERARQUÍA de Sucesión Apostólica, partiendo desde el mismísimo Apóstol San Pedro, Vicario de Cristo.
Los Apóstoles confiaron las comunidades cristianas que fundaron a quienes hicieron depositarios de su doctrina. La cadena ininterrumpida de Obispos y presbíteros –desde los Fundadores y Co-Fundadores, esto es, Apóstoles y Discípulos– garantiza la continuidad Apostólica de la Iglesia Católica.
“La
Iglesia recibió de los Apóstoles y de sus discípulos la Fe, de un modo que la
Tradición de los Apóstoles, manifestada en todo el Mundo, pueden verla (la Fe)
en cada Iglesia quienes quieran ver la Verdad; siéndonos posible enumerar los
Obispos establecidos por los Apóstoles en las Iglesias y sus sucesores desde
entonces hasta nosotros.”
San Ireneo
Esta comunión apostólica, unida a Pedro –que “preside en la caridad a todos los congregados”, asegura San Ignacio de Antioquía– goza de las promesas del Señor: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…” (Mt 16,18) y “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” (Mt 28,20)
La Iglesia vive para la misión. No es fin en sí misma. Es un pueblo en camino, itinerante en sus enviados a anunciar el Evangelio hasta los extremos de la Tierra. Vive en el mundo en la diáspora, en exilio, sin hogar permanente. Así pasa por el mundo haciendo presente a Jesucristo (verdadero Dios y verdadero hombre), Profeta, Sacerdote y Rey para los hombres.
La Buena Noticia es el anuncio del Reino, como realidad presente en Jesucristo, pero encaminada a su culminación futura en la Iglesia y mediante la Iglesia. Para este anuncio Jesús instruye a sus Apóstoles y Discípulos en las parábolas del Reino (Mt 13 “El Reino de los cielos se parece a…); y es allí donde aparece ya la Iglesia en misión.
La Iglesia es el campo en el que se siembra la Palabra, como germen del Reino, pero en el que crece la cizaña con el trigo hasta el final; la Iglesia es igualmente la red que recoge toda clase de peces, en vistas al juicio que separará los buenos de los malos. En la pequeñez de la semilla escondida bajo la tierra, como grano de mostaza, o la levadura que desaparece y se integra en la masa, la Iglesia encierra un tesoro, como perla preciosa, capaz de hacer fermentar toda la masa o de cobijar a todos los hombres. Merece la pena venderlo todo por ella, para ser “discípulo del Reino”.
La vida de los discípulos es una novedad de solicitud, amor en la verdad, comunión con Dios y perdón mutuo. Esta vida, en Cristo, es la garantía de la bendición final: “Venid, benditos de mi Padre, recibid en herencia el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.” (Mt 25,34)
Y
en estas garantías de redención, la mejor enseñanza del Magisterio de la
Iglesia lo asienta claramente el Papa San Juan Pablo II en la Encíclica Redemptoris Missio (92) de 1990:
“En
vísperas del tercer milenio, toda la Iglesia, confortada por la presencia de
Cristo, camina en el tiempo hacia la consumación de los siglos y va al
encuentro del Señor que llega.
En
este caminar, procede recorrer de nuevo el
itinerario realizado por la Virgen María, su Madre y modelo.
Con María y como María vive el misterio de Cristo, colaborando con gratitud en la obra de la salvación.” (Redemptoris Mater 2)
La Colección de
Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
V V V
Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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Solo por el gusto
de proclamar El Evangelio.

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