“La Felicidad es
mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San Carlo Acutis,
Patrono de Internet
Riviera Maya,
México; Julio 24 del 2026.
EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.
Tomado de la Colección
de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
CREO
EN DIOS… EN JESUCRISTO… EN EL ESPÍRITU SANTO…
CREO
EN LA IGLESIA…Una, Santa, Católica y Apostólica
CREO EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS…
B) COMUNIÓN EN LAS COSAS SANTAS
La comunión en lo santo –koinonía ton hagion– es lo primero que confiesa la fe del Símbolo Apostólico: la participación de los creyentes en la Palabra y en la Eucaristía, especialmente.
Yahveh, quien es el Dios de la historia, ha entrado en comunión con su Pueblo a través de la Palabra y de la Ley; con las que se comunica para sellar “su alianza” con el Pueblo. La comunión con Dios, el Santo, no es, pues, obra del hombre. No son sus ritos, ofrendas, magia, cosas o lugares sagrados los que alcanzan la comunión con Dios; es el mismo Dios quien ha decidido romper la distancia que le separa del hombre y entrar en comunión con él, “participando, en Jesucristo, de la carne y de la sangre del hombre.” (Hb 2, 14)
Esta comunión de Dios, en Cristo, con nuestra carne y sangre humanas, nos ha abierto el acceso a la comunión con Dios por medio de la “carne y sangre” de Jesucristo, pudiendo llegar a “ser partícipes de la naturaleza divina.” (2P 1,4) Pues “en la felicidad de Dios hemos sido llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro.” (1Co 1,9)
Los
Patriarcas de la Iglesia de los primeros siglos, especialmente San Agustín
(Siglo IV), explicaban en sus Sermones la importancia de las “Cosas Santas” que acompañaban la Fe y la
Liturgia:
“Nuestro Señor Jesús puede ser designado Cristo de tres modos: el
primero, en cuanto Dios, coeterno al Padre; el segundo, en cuanto que es Dios y
Hombre, por la asunción de la carne; y el tercer modo es, en cuanto Cristo total en la plenitud de la
Iglesia, es decir Cabeza y Cuerpo, como “Varón perfecto”, del que todos somos
miembros.
Este
tercer modo es, pues, El Cristo Total según la Iglesia, es decir, Cabeza y
Cuerpo, pues la Cabeza y el Cuerpo constituyen el único Cristo.
Claramente
lo afirma el Apóstol San Pablo: “Los dos se harán una sola carne…”(Gn 2,24) y
precisa: “Gran sacramento es éste, lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia.”
Como el Esposo y la Esposa, así la Cabeza y el Cuerpo; porque “la cabeza de la
mujer es el hombre.” (1Co11,3) Ya diga, pues, Cabeza y Cuerpo o Esposo y
Esposa, entendemos una sola cosa… La Cabeza es aquel Hombre que nació de la
Virgen María… El Cuerpo de esta Cabeza es la Iglesia.
No
solo la que está aquí, sino la extendida por toda la tierra; y no solo la de
ahora, sino la que existió desde Abel hasta los que, mientras llega el fin del
mundo, han de nacer y creer en Cristo, es decir, todo el pueblo de los santos,
que pertenece a una Ciudad, la cual es el Cuerpo de Cristo, cuya Cabeza es Él
mismo.
De
ella son también conciudadanos nuestros los ángeles, con la diferencia que
nosotros peregrinamos, mientras ellos esperan en la Ciudad nuestra llegada.”
San Agustín,
Obispo de Hipona
Sermón 341
Esta koinonía con Cristo se expresa en la aceptación de su Palabra, en el seguimiento de su camino por la cruz hacia el Padre, incorporándonos a su muerte para participar de su resurrección y de su gloria. Es lo que manifiesta San Pablo en tantas formas: ‘vivir en Cristo’, ‘sufrir con Cristo’, ‘crucificados con Cristo’. ‘sepultados con Cristo’, ‘resucitados con Cristo’, ‘glorificados con Cristo’, ‘Reinar con Cristo’, ‘coherederos con Cristo’ y hasta ‘sentados con Cristo a la derecha del Padre’.
Toda la existencia cristiana es comunión de vida y de muerte, de camino y de esperanza con Cristo. La Primera Comunión en lo Santo es, pues, ‘participación de la Santidad de Dios’, en Cristo Jesús.
La Fe en Cristo nos lleva a la comunión con Cristo en la Iglesia. Cuando la fe languidece, ‘sentimos como que Cristo se adormece’ y el cristiano, abandonado a sus propias fuerzas, corre el peligro de ser abatido por las tormentas de la vida, pudiendo ser arrastrado por la agitación de las tentaciones del mundo. Vivir la comunión con Cristo es no adormecerse uno mismo.
C) COMUNIÓN DE LOS SANTOS
La comunión en lo santo, pues, nos une a los creyentes en la comunión de los santos. La comunión en las cosas santas crea la comunión de los santos, en este caso: las personas unidas y santificadas por el Don Santo de Dios. La Iglesia es, así, la comunidad que vive la comunión de la Mesa Eucarística, la comunidad de fieles que experimenta la comunión entre ellos a raíz del banquete Eucarístico. Así, como lo enseñó San Pablo:
“El
cáliz de la bendición es la comunión con la Sangre de Cristo;
y
el pan que partimos es la comunión con el Cuerpo de Cristo.
El
pan es uno y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un
solo
cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.”
(1Co 10, 16-17)
En la comunión de los Santos vivimos la comunión con Jesucristo, la comunión con el Espíritu Santo, la comunión con el Padre y el Hijo; la comunión en el sufrimiento y en el consuelo, así como la comunión en la gloria futura. Esta comunión se manifiesta palpablemente en la comunión de unos con otros.
El Don Santo de Dios –es el que nos ha mostrado– es el Espíritu Santo. Con este Don nos colma de dones santos, pero todos para la edificación de la comunión entre los creyentes, para la edificación de la Iglesia. Todos los Dones del Espíritu Santo están destinados a crear la comunión eclesial en la comunidad de los creyentes.
El Espíritu Santo crea la comunión entre los cristianos, introduciéndolos en el misterio de la comunión del Padre y del Hijo, de la que Él es expresión. El Espíritu Santo es el misterio de la comunión divina y eterna del Padre y el Hijo. En esa comunión nos introduce el Espíritu Santo; esa es la base y el fundamento de la comunión de los cristianos.
Donde
están Tres, es decir, El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo, allí está la
Iglesia, que es el cuerpo de los Tres.
Tertuliano
La
Iglesia es una misteriosa extensión de la Trinidad en el tiempo, que no
solamente nos prepara a la vida unitiva, sino que nos ya partícipes de
ella. Proviene de la Trinidad y está
llena de la Trinidad.
H. de Lubac, SJ
Sólo
porque Dios es Comunión y, en Cristo, por el Espíritu Santo, entramos en
comunión con Él, podemos confesar nuestra Fe en la Comunión de los Santos: “Si estamos en comunión con Dios… estamos en
comunión con otros.” (1Jn 1, 6-7)
“Sólo
la comunión con Dios puede ofrecer un fundamento firme a la unión entre los
cristianos. Los otros intentos de
comunidad se quedan en intentos de comunión; en realidad dejan a cada miembro
en soledad o lo reducen a una parte anónima de la colectividad, a un número o a
una cosa. Comunión de amor en libertad
personal es posible sólo en el Espíritu de Dios.”
X.Pizaka Barrondo
La comunión con Dios, en el amor de Cristo, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, se explica en la comunidad de los creyentes, que celebran su fe y viven el amor mutuo de existencia. El amor en Dios se explica en el amor fraterno. La fe en Dios lleva a creerse los unos a los otros. Esperar en Dios significa también esperar y confiar en los otros, a quienes Dios ama y posibilita la conversión al amor. (1Co 13, 4-7)
La Colección de
Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
V V V
Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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de proclamar El Evangelio.
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