“La Felicidad es
mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San Carlo Acutis,
Patrono de Internet
Riviera Maya,
México; Julio 17 del 2026.
EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.
Tomado de la Colección
de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
INICIO DEL DÉCIMO FOLLETO DE DOCE
CREO EN LA COMUNIÓN DE
LOS SANTOS
+ + +
CREO
EN DIOS… EN JESUCRISTO… EN EL ESPÍRITU SANTO…
CREO EN LA IGLESIA…Una, Santa, Católica y Apostólica
CREO
EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS…
A) LA IGLESIA MISTERIO DE COMUNIÓN
El
primer fruto de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia es la Comunión de
los Santos, que confesamos en el Credo Apostólico. El Catecismo Romano dice que:
“la
Comunión de los Santos es una nueva explicación del concepto mismo de la
Iglesia: Una, Santa y Católica.
La
unidad del Espíritu, que anima y gobierna, hace que, cuanto posee la Iglesia,
sea poseído comúnmente por cuantos la integran.
El fruto de los Sacramentos, sobre todo el Bautismo y la Eucaristía, produce de modo especialísimo esa Comunión.”
La communio sanctorum empezó a proclamarse en la profesión de la Fe en el Siglo IV. La fórmula latina implica una riqueza, que no recoge la traducción española. “Sanctorum”, como neutro, se refiere a lo santo, a las cosas santas; y, como masculino, se refiere a los santos. Integrando los dos aspectos, podemos decir que “la comunión en las cosas santas crea la Comunión de los Santos”.
La Iglesia, en su ser, es un misterio de comunión. Y su existencia está marcada por la Comunión. En la vida de cada comunidad eclesial, la Comunión es la clave de su autenticidad y de su fecundidad misionera. Desde sus orígenes, la comunidad cristiana primitiva se ha distinguido porque “los creyentes eran constantes en la enseñanza de los Apóstoles, en la koinonía, en la fracción del pan y en las oraciones”. (Hch 2,42)
En
la Didaké o Doctrina de los Doce
Apóstoles leemos en relación a la Eucaristía:
“Respecto a la Acción de gracias, lo haréis de esta manera, primero sobre el cáliz: “Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David, la que nos diste a conocer por medio de tu siervo Jesús. A Ti sea la Gloria por los siglos”. Luego sobre el fragmento del pan: “Te damos gracias Padre nuestro, por la vida y el conocimiento que nos manifestaste por medio de tu siervo Jesús. A Ti sea la Gloria por los siglos. Como este fragmento estaba disperso por los montes y después, al ser reunido, se hizo uno, así sea reunida Tu Iglesia de los confines de la Tierra en Tu Reino. Porque tuya es la Gloria y el Poder por Jesucristo eternamente.”
La Comunión de los creyentes “en un mismo espíritu, en la alegría de la fe y sencillez del corazón” (Hch 2,46), se vive en la comunión de la mesa de la Palabra, de la mesa de la Eucaristía y de la mesa del pan compartido con alegría, “teniendo todo en común.” (Hch 2,44) Es la comunión del Evangelio y de todos los bienes recibidos de Dios en Jesucristo, hallados en la comunión eclesial. Esta experiencia se repetirá en todas las nuevas comunidades, como nos refieren los Hechos de los Apóstoles.
Frente a las divisiones de los hombres (judío y gentil, bárbaro y romano, amo y esclavo, hombre y mujer), la Fe en Cristo hace surgir un hombre nuevo, que vence las barreras de separación, experimentando la Comunión gratuita con Cristo, es decir, viviendo la Comunión Eclesial, fruto de compartir con los hermanos la filiación de Dios, la Fe, la Palabra y la Eucaristía.
Terrible es el pecado, gravísima enfermedad del alma es la culpa; pero no incurable. Siendo terrible para quien a él se adhiere, es fácilmente sanable para el que, por la conversión en Cristo, y en uso del Sacramento de la Reconciliación, desea enmendar el camino.
“La Comunión de los Santos es el antídoto y el contrapeso de la dispersión babilónica; testimonia una solidaridad humana y divina tan maravillosa que le es imposible a un ser humano no sentirse vinculado a todos los demás, en cualquier época y dondequiera que vivan. El más pequeño de nuestros actos repercute en profundidades infinitas y eleva a los cielos a todos, vivos y muertos.” (L. Boy)
Esta
Comunión de los Santos penetra todos los aspectos de la vida de la
Iglesia. Es la Comunión de los fieles
que participan del misterio de Dios, en una misma fe y una misma liturgia.
La Colección de
Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
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Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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de proclamar El Evangelio.
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