“La Felicidad es
mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San Carlo Acutis,
Patrono de Internet
Riviera Maya,
México; Junio 26 del 2026.
San Josemaria
Escrivá
77 cumpleaños Kico
EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.
Tomado de la Colección
de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
CREO
EN DIOS… CREO EN JESUCRISTO…
CREO
EN EL ESPÍRITU SANTO…
CREO EN LA IGLESIA…
A) LA IGLESIA SACRAMENTO DE SALVACIÓN
El
Credo que profesamos nos dice que el Espíritu Santo, Espíritu de Cristo, actúa
en la Iglesia y, por ella, en el Mundo.
La Iglesia es el Sacramento, es decir, el signo y el instrumento de la
acción del Espíritu Santo. Es más, la Fe
enraíza a la Iglesia en el misterio de Dios Uno y Trino. Así es como nos la presenta el Concilio
Vaticano II, citando a San Cipriano:
“La
Iglesia es el pueblo reunido en la unidad del
Padre y el Hijo y el Espíritu Santo.”
Ya desde el comienzo la Fe confesó que se entra a la Iglesia por el Bautismo “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.” (Mt 28,19)
El Espíritu Santo “que habló por los profetas”, sigue actuando en la Iglesia, preparando la culminación del amor salvador del Padre, manifestado en su Hijo Jesucristo. La Iglesia, el Bautismo, el Perdón de los Pecados, la Resurrección de los Muertos y la Vida Eterna, son los frutos de esta acción del Espíritu Santo, confesados y esperados en la profesión de fe de los cristianos.
En expresión de San Ireneo: “Donde está la Iglesia, ahí está el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios está la Iglesia y toda gracia.”
O como dice Tertuliano: “En las preguntas del Bautismo se añade necesariamente la mención de la Iglesia, porque donde están Los Tres, ahí está también la Iglesia.”
Y
la enseñanza de San Cirilo de Alejandría es cabal:
“Erigido el Tabernáculo en el desierto, lo cubrió la Nube (Nm 9.15-16)… También
fue erigido sobre la Tierra aquél verdaderísimo Tabernáculo, es decir la
Iglesia, llena de la Gloria de Cristo. No otra cosa significa la Nube que
cubría el antiguo Tabernáculo.
Cristo,
en efecto, llenó con su Gloria a la Iglesia, resplandeciendo como fuego sobre
los que estaban en la noche y en tinieblas; cubriendo al mismo tiempo, con la
protección de su sombra y rociando con las consolaciones celestes del Espíritu
a los iluminados, para quienes despuntó ya el día… Además, al partir la Nube
también se ponía en marcha el Tabernáculo y, junto con él, los hijos de Israel.
La
Iglesia sigue por todas partes a Cristo, sin que la santa multitud de los
creyentes se separe jamás de Quien los llamó a la salvación.”
San Cirilo de Alejandría
Lo importante en la Iglesia es el Don de Dios que transforma al hombre en un ser nuevo, que él mismo no puede darse, injertándole en una nueva comunidad que él solo puede recibir como don. El nuevo ser, fruto de la reconciliación con Dios por la sangre de Jesucristo, nacido de Bautismo, incorpora al creyente en la comunidad de la Iglesia, que vive en comunión con el Señor en la Eucaristía. Esta comunión con el Señor engendra la comunión entre todos los que “comen el mismo e idéntico pan”, haciendo de ellos un “único cuerpo”, y un “único hombre nuevo”.
Con
un gozo agradecido y elocuente, escribió Teodoro de Mopsuestia:
“He
sido Bautizado para ser miembro del gran Cuerpo de la Iglesia, recreando lo
dicho por San Pablo: “Hay un solo
Cuerpo y un solo Espíritu, igual que fuisteis llamados a la única esperanza de
vuestra vocación.”
(Ef 4,4) Cuando habla de Iglesia, no se
refiere al edificio construido por los hombres –aunque éste también recibe el
nombre de iglesia, por la asamblea de los fieles que en él se celebra– sino
que, designa Iglesia a toda la asamblea de los fieles.
Por
el Bautismo, pues, espero ser uno de los hijos de la Iglesia o asamblea de los
fieles, que han merecido el nombre de Cuerpo de Cristo y han recibido una
santidad inefable.
Los Padres llaman a esta Iglesia Santa, por la santidad que recibe del Espíritu Santo; la designan Católica, por comprender a cuantos en cualquier lugar y tiempo han creído; afirman así mismo que es una, porque sólo aquellos, que han creído en Cristo y recibirán los bienes futuros, constituyen la única Iglesia Santa.”
Este único cuerpo es el cuerpo eclesial de Cristo. Nadie puede ser cristiano en solitario. Es imposible creer y abrirse al Evangelio por sí mismo. Es preciso que alguien nos anuncie el Evangelio y nos transmita (traditio) la Fe. En la Iglesia se nos sella la Fe en el Bautismo y esta Fe es sostenida con el testimonio de los hermanos en la Fe y con la Eucaristía.
La Colección de
Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
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Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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Solo por el gusto
de proclamar El Evangelio.
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