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jueves, 25 de junio de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Junio 26 del 2026.

San Josemaria Escrivá

77 cumpleaños Kico 

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

CREO EN DIOS… CREO EN JESUCRISTO…

CREO EN EL ESPÍRITU SANTO…

CREO EN LA IGLESIA…

A) LA IGLESIA SACRAMENTO DE SALVACIÓN

El Credo que profesamos nos dice que el Espíritu Santo, Espíritu de Cristo, actúa en la Iglesia y, por ella, en el Mundo.  La Iglesia es el Sacramento, es decir, el signo y el instrumento de la acción del Espíritu Santo.  Es más, la Fe enraíza a la Iglesia en el misterio de Dios Uno y Trino.  Así es como nos la presenta el Concilio Vaticano II, citando a San Cipriano:

“La Iglesia es el pueblo reunido en la unidad del

Padre y el Hijo y el Espíritu Santo.”

Ya desde el comienzo la Fe confesó que se entra a la Iglesia por el Bautismo “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.” (Mt 28,19)

El Espíritu Santo “que habló por los profetas”, sigue actuando en la Iglesia, preparando la culminación del amor salvador del Padre, manifestado en su Hijo Jesucristo.  La Iglesia, el Bautismo, el Perdón de los Pecados, la Resurrección de los Muertos y la Vida Eterna, son los frutos de esta acción del Espíritu Santo, confesados y esperados en la profesión de fe de los cristianos.

En expresión de San Ireneo: “Donde está la Iglesia, ahí está el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios está la Iglesia y toda gracia. 

O como dice Tertuliano: “En las preguntas del Bautismo se añade necesariamente la mención de la Iglesia, porque donde están Los Tres, ahí está también la Iglesia.

Y la enseñanza de San Cirilo de Alejandría es cabal:

Erigido el Tabernáculo en el desierto, lo cubrió la Nube (Nm 9.15-16)… También fue erigido sobre la Tierra aquél verdaderísimo Tabernáculo, es decir la Iglesia, llena de la Gloria de Cristo. No otra cosa significa la Nube que cubría el antiguo Tabernáculo.

Cristo, en efecto, llenó con su Gloria a la Iglesia, resplandeciendo como fuego sobre los que estaban en la noche y en tinieblas; cubriendo al mismo tiempo, con la protección de su sombra y rociando con las consolaciones celestes del Espíritu a los iluminados, para quienes despuntó ya el día… Además, al partir la Nube también se ponía en marcha el Tabernáculo y, junto con él, los hijos de Israel.

La Iglesia sigue por todas partes a Cristo, sin que la santa multitud de los creyentes se separe jamás de Quien los llamó a la salvación.

San Cirilo de Alejandría 

Lo importante en la Iglesia es el Don de Dios que transforma al hombre en un ser nuevo, que él mismo no puede darse, injertándole en una nueva comunidad que él solo puede recibir como don.  El nuevo ser, fruto de la reconciliación con Dios por la sangre de Jesucristo, nacido de Bautismo, incorpora al creyente en la comunidad de la Iglesia, que vive en comunión con el Señor en la Eucaristía. Esta comunión con el Señor engendra la comunión entre todos los que “comen el mismo e idéntico pan”, haciendo de ellos un “único cuerpo”, y un “único hombre nuevo”.

Con un gozo agradecido y elocuente, escribió Teodoro de Mopsuestia:

“He sido Bautizado para ser miembro del gran Cuerpo de la Iglesia, recreando lo dicho por San Pablo: “Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, igual que fuisteis llamados a la única esperanza de vuestra vocación.” (Ef 4,4) Cuando habla de Iglesia, no se refiere al edificio construido por los hombres –aunque éste también recibe el nombre de iglesia, por la asamblea de los fieles que en él se celebra– sino que, designa Iglesia a toda la asamblea de los fieles.

 

Por el Bautismo, pues, espero ser uno de los hijos de la Iglesia o asamblea de los fieles, que han merecido el nombre de Cuerpo de Cristo y han recibido una santidad inefable.

 

Los Padres llaman a esta Iglesia Santa, por la santidad que recibe del Espíritu Santo; la designan Católica, por comprender a cuantos en cualquier lugar y tiempo han creído; afirman así mismo que es una, porque sólo aquellos, que han creído en Cristo y recibirán los bienes futuros, constituyen la única Iglesia Santa.”

Este único cuerpo es el cuerpo eclesial de Cristo.  Nadie puede ser cristiano en solitario.  Es imposible creer y abrirse al Evangelio por sí mismo.  Es preciso que alguien nos anuncie el Evangelio y nos transmita (traditio) la Fe.  En la Iglesia se nos sella la Fe en el Bautismo y esta Fe es sostenida con el testimonio de los hermanos en la Fe y con la Eucaristía.

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

V V V

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.

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