“La Felicidad es mirar hacia Dios,
la tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San
Carlo Acutis, Patrono de Internet
Riviera Maya, México; Abril 12 del 2026.
LAS PÁGINAS QUE SE LEEN ENSEGUIDA, SON PARTE DE MI LIBRO
“EL DEMONIO AL ACECHO
DEL MESÍAS”
(Antonio Garelli – Garelli
Editores – 2009)
CAPÍTULO TERCERO
DESDE
A ZAQUEO DE JERICÓ
III.1.- MUERTE DE JUAN EL BAUTISTA
(Mt 14, 3-12; Mc 6, 17-29; Lc 3, 19-20)
“. . . Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo. Porque Juan le decía: “No te es lícito tenerla.” Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque lo tenían por profeta.
Mas, llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre, le dijo: ‘Dame aquí, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.’
Entristecióse el rey, pero, a causa del
juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a
Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída
en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Llegando después sus discípulos, recogieron
el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.”
+ + +
¿Quién pudo haber sido más querido para el Divino Maestro que su primo, aquél que saludó aún en el vientre de su Madre? Como Dios hecho hombre, ¿quién pudo haber significado más en su vida que “la voz que clama en el desierto”? Y finalmente, como Mesías, ¿quién se ganaría las consideraciones más especiales de Dios Hijo por su Bautismo? Nadie, sino Juan el Bautista. Así de profundo fue el golpe que asestó Satanás al meterse en el alma de toda esa malvada gente: Herodes, Herodías y Salomé. Ahora sí golpeó fuerte y bajo el Demonio; esta vez el acecho sobre el Mesías no respetó la vida humana, y no una que no se tuviera en consideración, sino la vida de uno de los más significativos hombres para el Señor, su primo Juan; el hijo de Isabel, la prima de su Madre.
Hasta ese día, ninguno de los más allegados a Jesús de Nazaret había sido tocado por el Satán; ni María su Madre, ni José su Padre Adoptivo, ni alguno de sus parientes o de los Apóstoles. Bien se puede decir que después de los Santos Inocentes (muertos por Herodes el Grande cuando nació Jesús en Belén), Juan es el primer mártir del Reino de los Cielos. Fue decapitado por ser fiel al designio Divino, por anunciar al Mesías y por señalar los pecados del indigno rey Herodes Antipas. Pero, ante todo, murió debido a las intrigas de Satanás en los hombres; porque éstos han cedido su voluntad ante la del Demonio en lugar de sujetarla a Dios, o al menos, conservarla para sí mismos en lugar de ser fácil instrumento del Diablo. El Maligno se ha valido de ellos para asestar un duro golpe a Jesús.
Igual que como hizo con Job: como tenía
prohibido por Dios tocar su vida, entonces arremetió contra la vida de los que
estaban más cercanos a él; sus hijos, sus hijas y sus parientes. En aquella ocasión hasta los animales de los
ganados de Job, siervo fiel a Dios, fueron aniquilados por el Satán para
lastimarlo y hacerlo desistir. Esta vez
usa el Diablo la misma táctica: hacer sufrir.
En realidad, no es mucho lo que hemos de hacer para estar en concordancia con Dios; solo debemos ser obedientes a sus mandatos. Así mismo, no es mucho lo que debemos hacer para estar a disposición de Satanás; basta con permanecer alejados de Dios, aunque sea por un instante, si estamos en pecado, si no nos arrepentimos, somos materia fácil del acecho del Demonio. Y en este sentido, Herodes, Herodías y Salomé no solo podían ser acechados; el Diablo podía hacer mucho más que intentos con ellos. Podía usarlos al momento que lo deseara, eran instrumentos de sus iniquidades cuando Satanás lo quisiera. Y así fue, el Príncipe de las Tinieblas arremetió contra el Mesías a través de ellos para lastimar la vida humana de Cristo, para desanimar al Señor desde el lado sentimental de su corporeidad como hombre; para que llegara a sentir que su entrega sería vana y su sacrificio demasiado costoso.
Sin embargo, el Divino Maestro conoce
los métodos del Maligno y la forma de contrarrestarlos: oración, mucha oración
a Dios; con sinceridad de intención y con un corazón contrito. Y además, propagar
Juan hijo de Zebedeo, quien fue
discípulo de Juan el Bautista y ahora era Apóstol de Cristo Jesús, deja
claramente expresado el momento de dolor y pesar que vive el Señor por la
muerte de su querido primo, y escribe:
‘. . . Juan era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.” (Jn 5, 35-36)
Esto, vilísimo Satán, no es amenaza
(Jesús nunca amenazó); es un anticipo de los que habrá de venir en el
Ministerio del Señor. Más te vale que te
prepares.
§ § §
La siguiente entrega será el próximo Domingo.
Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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Solo por el gusto
de proclamar El Evangelio.

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