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jueves, 9 de abril de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE (26)

“La Felicidad es mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet 

Riviera Maya, México; Abril 10 del 2026.

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

CREO EN DIOS…

CREO EN JESUCRISTO…

NACIÓ DE MARÍA LA VIRGEN…

FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO…

    B) Y AL TERCER DÍA RESUCITÓ

    DE ENTRE LOS MUERTOS 

Cristo, que descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos.  Es la confesión de la Iglesia desde sus comienzos, según la fórmula que San Pablo recuerda a los Corintios:

“Cristo murió por nuestros pecados,

según las Escrituras.

Y fue sepultado.

Resucitó al tercer día,

según las Escrituras,

y se apareció a Pedro, y más tarde a los Doce.”

 

(1Co 15, 3-5)

Ya el Evangelio de San Lucas se recoge la aclamación litúrgica de la primera comunidad: “Verdaderamente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.” (Lc 24, 34).  Es la Buena Nueva que alegra a quienes antes lloraron su muerte, o mejor, sus pecados (Lc 23,28), así como exultante comienza San Cirilo su Catequesis XIV:

“¡Alégrate, Jerusalén, y reuníos todos los que amáis a Jesús, porque ha resucitado! ¡Alegraos todos los que antes llorasteis al oír el relato de los insultos y ultrajes de los judíos, porque resucitó el que fue ultrajado! Como al oír hablar de la cruz os entristecía, os regocije ahora la Buena Nueva de la resurrección, tras la cual el mismo Resucitado dijo: “¡Alegraos!”  Ha resucitado el muerto “libre de los muertos” y Libertador de los muertos.  Quien con paciencia llevó la ignominiosa corona de espinas ha resucitado, ciñéndose la diadema de la victoria sobre la muerte”

San Cirilo de Jerusalén.

La resurrección de Jesús de entre los muertos, expresada en la fórmula pasiva “fue resucitado”, es obra de la acción misteriosa de Dios Padre, que no deja a Su Hijo abandonado en la corrupción del sepulcro, sino que lo levanta y exalta a la Gloria, sentándolo a su derecha.

Cristo, por su resurrección no volvió a su vida eterna anterior, como lo hizo el hijo de la viuda de Naín, o la hija de Jairo, o el mismísimo Lázaro.  Cristo resucitó a la vida definitiva, a la vida que está más allá de la muerte, fuera, pues, de la posibilidad de volver a morir.  En sus apariciones se muestra como el mismo que vivió, comió y habló con sus Apóstoles; el mismo que fue crucificado, murió y fue sepultado, pero no lo mismo.

Por eso no le reconocen hasta que Él mismo les hace ver; sólo cuando Él les abre los ojos y mueve el corazón, le reconocen.  En el resucitado descubren la identidad del crucificado y, simultáneamente, su transformación.  No es un muerto que ha vuelto a la vida anterior; está en nuestro mundo de forma que se deja ver y tocar, pero pertenece ya a otro mundo, por lo que no es posible asirle y retenerle.

La Fe en Cristo Resucitado no nació del corazón de los discípulos.  Ellos no pudieron inventarse la resurrección.  Es el Resucitado quien les busca, quien les sale al encuentro, quien rompe el miedo y atraviesa las puertas cerradas.  La Fe en la Resurrección de Cristo les vino a los Apóstoles y Discípulos de fuera y contra sus dudas y desesperanza.


El argumento claro y evidente de la Resurrección de Cristo es el de la vida de sus discípulos, “entregados a una doctrina” que humanamente ponía en riesgo de muerte su vida.  Una doctrina que, de haber inventado ellos la Resurrección de Jesús de entre los muertos, no habrían enseñado con tanta energía.  A lo que añadir que, conforme a ella, no solo prepararon a otros a despreciar la muerte, sino que lo hicieron ellos los primeros.”

Orígenes Adamantius

Esta situación nueva que viven los Apóstoles con el Resucitado, es idéntica a la nuestra.  No lo vemos como en el tiempo de vida mortal.  Solo se le ve en el ámbito de la Fe; los Apóstoles entonces, y nosotros, ahora.

Cristo con la Escritura, enciende el corazón de los caminantes y al partir el pan, abre los ojos para reconocerlo, como a los Discípulos de Emaús.  Y la vida extraordinaria de sus discípulos testimonia su resurrección, así, como lo repite y escribe San Atanasio:


Que la muerte fue destruida y la cruz es una victoria sobre ella, que aquélla no tiene ya fuerza, sino que está ya realmente muerta, lo prueba un testimonio evidente: ¡Todos los Discípulos de Cristo desprecian la muerte y marchan hacia ella sin temerla, pisándola como a un muerto gracias al signo de la cruz y a la Fe en Cristo!

 

En otro tiempo la muerte era espantosa incluso para los mismos santos, llorando todos a sus muertos como destinados a la corrupción.  Después que El Salvador resucitó su cuerpo, la muerte ya no es temible: ¡Todos los que creen en Cristo la pisan como si fuese nada, y prefieren morir antes que renegar de la Fe en Cristo!

 

Así se hacen testigos de la victoria conseguida por El Salvador, mediante su resurrección… Dando testimonio de Cristo, se burlan de la muerte y la insultan con las palabras: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh infierno, tu aguijón?”

 

Todo esto prueba que la muerte ha sido anulada y que sobre ella triunfó la Cruz del Señor. ¡Cristo, el Salvador de todos y la verdadera Vida, resucitó su cuerpo, en adelante, inmortal!

San Atanasio

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

V V V

Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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