jueves, 15 de enero de 2026

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE (15)

“La Felicidad es mirar hacia Dios,

la tristeza es mirar hacia uno mismo.”

San Carlo Acutis, Patrono de Internet

 

Riviera Maya, México; Enero 16 del 2026. 

EL CREDO,

SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006


CREO EN DIOS…

CREO EN JESUCRISTO…

         QUE FUE CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL

         ESPÍRITU SANTO, NACIÓ DE MARÍA VIRGEN… 

         A) EL VERBO SE HIZO CARNE

El origen último de Jesucristo, cuyo despliegue histórico confiesa El Credo, se hunde en Dios.  Es el Hijo eterno de Dios el que se reviste de la carne humana, entrando en el linaje de David. (Rm 1,3) 

Jesús “nació del Espíritu Santo y de María Virgen.”  Esta profesión de fe acentúa el nacimiento humano de Jesús, de quien antes se ha confesado que es el Hijo único de Dios.  El Símbolo es la forma original con la que la Iglesia primitiva expresó su Fe.  Y la profesión de Fe en el nacimiento de Jesús de la Virgen María pertenece desde el principio a todos los Símbolos.  Es pues, parte integral de la Fe de la Iglesia.

Dice San Justino:

El Verbo se hizo hombre por designio de Dios Padre, naciendo para salvación de los creyentes y destrucción de los demonios… Tapaos, pues, los oídos cuando alguien os hable fuera de Jesucristo, descendiente del linaje de David, e hijo de María; que nació verdaderamente y comió y bebió.”

El Cristianismo es un acontecimiento y no un conjunto de ideas o exigencias morales.  Por ello, lleva en su seno un escándalo insuprimible (que no se puede suprimir).  A Dios se le encuentra en la historia y en la existencia concreta e histórica de Jesús.  El hombre, pues, para creer en Jesús, Hijo de Dios encarnado, debe pasar no tanto por la coherencia racional, cuanto por la locura de la cruz; por la aceptación de una predicación, por la audición de la Fe transmitida, por la debilidad de los signos que encaminan, pero no fuerzan. 

Pero esa debilidad de Dios, esa necedad, esa obediencia de la fe, son fuerza de Dios y poder salvador. La comunicación de Dios se ofrece al hombre personalmente y no mediante principios o verdades. 

La Fe no se razona sino que se testifica.

Lo sorprendente de los caminos de Dios en Jesucristo, no puede ser invento humano; ya que rompe todos los esquemas y contrasta, superándolas, con todas las expectativas humanas.

De aquí que los que habían calculado el futuro y el poder de Dios, se cerraron a los inescrutables caminos de Dios y no reconocieron a Jesús, que se convirtió para ellos en piedra de tropiezo y de escándalo: “¡Dichoso el que no se escandaliza de mí!, proclamaba Él mismo.  Como dice Pascal: “En Jesús de Nazaret había suficiente luz y suficiente oscuridad; la luz para que vieran los que deseaban ver y la oscuridad para que no vieran los que no querían ver.

         - Por nosotros

En forma de Kerigma, de Plegaria Eucarística o de Credo, la Iglesia confiesa siempre su Fe en Jesucristo, en quien se han cumplido las profecías.  Con su nacimiento se inauguró la edad nueva, inicio de una vida nueva, de un hombre nuevo y de un mundo nuevo. 

Dice San Cipriano:

“El Hijo de Dios, descendiendo al seno de la Virgen se revistió de carne por obra del Espíritu Santo.  Dios se unió con el hombre.  Como Mediador entre Dios y el hombre, el Verbo se revistió del hombre para llevarlo al Padre.  ¡Cristo quiso ser hombre, para que el hombre pueda ser lo que es Cristo!  Pues, el Padre, con el fin de preservarnos y darnos la vida, envió a su Hijo, para que nos redimiese; y este Hijo quiso ser y hacerse hombre, para hacernos hijos de Dios.”

La humanización de Dios inauguró la divinización del hombre. “Admirable comercio entre Dios y el hombre.” Dice San León Magno.  Él nos entrega su divinidad haciéndose hombre, para hacer a los hombres Dios.  La kénosis del Hijo de Dios le lleva a “acampar entre nosotros”, siendo su cuerpo el “Nuevo Templo” (Jn 2, 19-21) donde mora Dios para estar, hablar y actuar entre los hombres y para los hombres.

Quienes le vieron encarnado, “vieron con sus ojos, contemplaron, palparon con sus manos la gloria que antes estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó a nosotros; cual gloria que recibe del Padre como Hijo Único lleno de Gracia y de verdad.(I. de la Pottier)

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

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De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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