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jueves, 25 de diciembre de 2025

EL CREDO - (11)

“Domine, mane nobiscum...”

San Cleofás en Emaús 

Riviera Maya, México; Diciembre 26 del 2025. 

EL CREDO,

SÍMBOLO DE LA FE.

Tomado de la Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

 


CREO EN JESUCRISTO… 

El Mesías Esperado… (2)

Del Jordán, Jesús, conducido por el Espíritu, pasa al desierto de las tentaciones.  Jesús, el Cristo, asume el destino de Israel en el desierto, camino de la realización de la promesa.  Pero Jesús no sucumbe a las tentaciones de Israel.  Al rechazar convertir las piedras en pan, manifiesta que no es el Mesías de las esperanzas temporales y caducas; él trae el pan de vida que no perece.  Con la renuncia a la aparición triunfal en la explanada del templo, manifiesta que no es el Mesías político, que busca la salvación en el triunfo y el aplauso.  Con el rechazo del tentador, manifiesta su fidelidad al designio del Padre: aunque pase por la humillación y la muerte, la Voluntad del Padre es camino de salvación y vida.  Donde Israel fracasó, rompiendo las esperanzas de salvación para todos los pueblos, allí triunfa Cristo; llevando así a cumplimiento las promesas de salvación de Dios Padre. (Mt 4, 1-11) 

Pero es, sobre todo, en la cruz donde Jesús se muestra plenamente como el Mesías, el Cristo, que trae la salvación plena y definitiva, de modo que “es el que había de venir, no tenemos que esperar a otro.  En la cruz, Jesús aparece entre malhechores y los soldados echan suertes sobre su túnica (dos rasgos del canto del Siervo de Isaías 53, 12)

En la cruz, pueblo, soldados y ladrones se dirigen sucesivamente a Él con el mismo reto: “salvó a otros; que se salve a sí mismo, si es el Mesías, el Cristo de Dios.”  “¿No eres Tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.” (Lc 23,34-49)  Y en la cruz, sin bajar de ella como le proponen, Jesús muestra que es el Mesías, el Salvador de todos los que le acogen: salva al ladrón que se reconoce culpable e implora piedad; toca el corazón del centurión romano y hace que el pueblo “se vuelva golpeándose el pecho.

Pilatos, con la inscripción condenatoria escrita en todas las lenguas entonces conocidas y colgada sobre la cruz, lo proclamó ante todos los pueblos como Rey, Mesías, Cristo.  La condena a muerte se convirtió en profesión de fe en la comunidad cristiana.  Jesús es Cristo, es Rey en cuanto crucificado.  Su ser Rey es el don de sí mismo a Dios por los hombres, en la identificación total de la palabra, misión y existencia.  Desde la cruz, dando la vida en rescate de los hombres, Cristo habla más fuerte que todas las palabras: Él es el Cristo.     

Con Él la cruz deja de ser instrumento de suplicio y se convierte en Madero Santo, Cruz Gloriosa, Fuerza de Dios y fuente se salvación para el mundo entero.  Cristo resucitado podrá decir a los discípulos de Emaús –y en ellos a todos los que descorazonados dicen: “nosotros esperábamos que Él fuera el libertador de Israel– : “¡Qué insensatos y tardos de corazón para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso para entrar así en su Gloria? (Lc 24, 25-26). 


-         Creo en Jesucristo 

Desde entonces la Fe Cristiana confiesa que “Jesús es el Señor.” O más sencillamente, uniendo las dos palabras en una, integrando el nombre y la misión, se le llama JESUCRISTO.

Jesús no ha traído una doctrina, que puede desvincularse de Él; ni una moral que se puede vivir sin Él; ni una religión que puede vivirse, irónicamente, con todos los creyentes en Dios, prescindiendo de Él.  Confesar a Jesús como Cristo, invocarle con el nombre de Jesucristo, significa profesar que Él se ha dado en su palabra.  En Él no existe un yo que pronuncie palabras, que enseñe verdades o dé normas de vida; sino que Él se ha identificado de tal manera con su palabra que son una misma cosa: Él es La Palabra.  Y lo mismo vale con relación a su obra: su obra salvadora es el don en sí mismo.

La Fe en Jesús como Cristo es, pues, una fe personal.  No es la aceptación de un sistema, de una doctrina, de una moral, de una filosofía, sino la aceptación de una persona. 

Por otra parte, reconocer al Cristo en Jesús significa unir Fe y Amor como única realidad.  El lazo de unión entre Jesús y Cristo, es decir, la inseparabilidad de su persona y su obra, su identidad como persona con acto de entrega, son el lazo de unión entre Fe y Amor: el amor en la dimensión de la cruz, como se ha manifestado en Cristo, es el contenido de la Fe Cristiana.  Por eso, una fe que no sea amor no es verdadera fe cristiana.  El divorcio entre fe u vida es imposible en la Fe Cristiana.

La Colección de Folletos

EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA

P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.

Grafiti Ediciones – Bilbao España

2006

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Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli

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