“¡Señor,
auméntanos la Fe!”
Domine, adauge
nobis fidem
Riviera
Maya, México; Junio 12 del 2020.
Tomado de la Colección de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafite Ediciones – Bilbao España
2006
CREO
EN DIOS PADRE… CREO EN JESUCRISTO…
SUBIÓ AL CIELO Y ESTÁ SENTADO
A LA DERECHA DEL PADRE
B)
ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE
San
Pablo nos resume la Fe de la Iglesia Apostólica diciendo que “Cristo murió, más aún, resucitó y está
sentado a la derecha de Dios.” (Rm 8, 34) Esta es la misma confesión de San
Pedro: “Por la resurrección de
Jesucristo, que está a la derecha de Dios después de haber subido al cielo”,
la Fe les hizo posible lo que el mismo Señor les había anunciado: “Veréis al Hijo del Hombre sentado a la
derecha del Poder.”
La
imagen de Cristo sentado a la derecha del Padre está tomada del Salmo 110, el
salmo más citado en el Nuevo Testamento: “Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a
mi derecha.” También recoge la visión de Daniel, que contempla al Hijo del
Hombre que avanza sobre las nubes hasta el trono de Dios y recibe el Imperio y
el Reino Eterno.
Estar
ante Dios en pie es la actitud del Sacerdote en el Santuario. “Como Sacerdote con sacerdocio inmutable e
imperecedero, Cristo vive eternamente para interceder en favor de los que, por
su mediación, se acercan a Dios.” (Hb 7, 24-25) Porque Él, como sacerdote, “ha
entrado en el Santuario auténtico, del que el otro, fabricado por los hombres,
no era más que figura y promesa; Él, en cambio, ha entrado en el cielo mismo,
para presentarse a la faz de Dios en favor nuestro.” (Hb 9, 24)
Así
Cristo, con su sola presencia ante el Padre, presenta continuamente su
intercesión por nosotros; por ello, “es
capaz de salvar íntegra y perfectamente”, pues muestra al Padre en su
cuerpo glorioso las cicatrices de la pasión: sus llagas gloriosas; “para mostrar continuamente al Padre, como
súplica en favor nuestro, la muerte que por nosotros había padecido.” (Santo
Tomás)
Jesucristo,
el Crucificado-Glorificado, desde el cielo dirige su Iglesia, conduciéndola a
través de adversidades y persecuciones, hasta llevarla a “las bodas del Cordero”,
preparando a la esposa y embelleciéndola, haciéndola digna de Él, sin mancha ni
arruga, sino santa e inmaculada.
+ + +
Orar sirve, es bueno para nuestra alma y
nuestra mente.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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