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jueves, 11 de junio de 2020

EL CREDO, SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA CATÓLICA - ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE


“¡Señor, auméntanos la Fe!”
Domine, adauge nobis fidem


Riviera Maya, México; Junio 12 del 2020.


Tomado de la Colección de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafite Ediciones – Bilbao España
2006


CREO EN DIOS PADRE… CREO EN JESUCRISTO…
SUBIÓ AL CIELO Y ESTÁ SENTADO
A LA DERECHA DEL PADRE

B) ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE

San Pablo nos resume la Fe de la Iglesia Apostólica diciendo que “Cristo murió, más aún, resucitó y está sentado a la derecha de Dios.” (Rm 8, 34) Esta es la misma confesión de San Pedro: “Por la resurrección de Jesucristo, que está a la derecha de Dios después de haber subido al cielo”, la Fe les hizo posible lo que el mismo Señor les había anunciado: “Veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poder.

La imagen de Cristo sentado a la derecha del Padre está tomada del Salmo 110, el salmo más citado en el Nuevo Testamento: “Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha.” También recoge la visión de Daniel, que contempla al Hijo del Hombre que avanza sobre las nubes hasta el trono de Dios y recibe el Imperio y el Reino Eterno.

Estar ante Dios en pie es la actitud del Sacerdote en el Santuario.  “Como Sacerdote con sacerdocio inmutable e imperecedero, Cristo vive eternamente para interceder en favor de los que, por su mediación, se acercan a Dios.” (Hb 7, 24-25) Porque Él, como sacerdote, “ha entrado en el Santuario auténtico, del que el otro, fabricado por los hombres, no era más que figura y promesa; Él, en cambio, ha entrado en el cielo mismo, para presentarse a la faz de Dios en favor nuestro.” (Hb 9, 24)

Así Cristo, con su sola presencia ante el Padre, presenta continuamente su intercesión por nosotros; por ello, “es capaz de salvar íntegra y perfectamente”, pues muestra al Padre en su cuerpo glorioso las cicatrices de la pasión: sus llagas gloriosas; “para mostrar continuamente al Padre, como súplica en favor nuestro, la muerte que por nosotros había padecido.” (Santo Tomás)

Jesucristo, el Crucificado-Glorificado, desde el cielo dirige su Iglesia, conduciéndola a través de adversidades y persecuciones, hasta llevarla a “las bodas del Cordero”, preparando a la esposa y embelleciéndola, haciéndola digna de Él, sin mancha ni arruga, sino santa e inmaculada.



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Orar sirve, es bueno para nuestra alma y nuestra mente.

De todos ustedes afectísimo en Cristo,

Antonio Garelli





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Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.

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