“La Felicidad es mirar hacia Dios,
la tristeza es mirar hacia uno
mismo.”
San
Carlo Acutis, Patrono de Internet
Riviera
Maya, México; Enero 21 del 2026
MÍSTICA
Por:
Lilia Garelli
“…Incluso la justicia (y quizás ésta
más aún que todas las demás),
me parece revestida de amor…”
Sta. Teresita del Niño Jesús
Papa Francisco
- Dilexit Nos. No. 197
DILEXIT NOS (36) - Él nos Amó
“Sobre el Amor Humano
y Divino del Corazón de Jesucristo”
Estimados en Cristo:
Siguiendo sobre el apartado “La Reparación: una prolongación para el Corazón de Cristo” el Papa Francisco nos ofrece en esta Exhortación Apostólica algunos subapartados muy interesantes que estaremos meditando en los próximos escritos, tomemos el primero:
o La Ofrenda al Amor:
En este subapartado el Papa Francisco nos lleva a meditar nuevamente escritos de Santa Teresita del Niño Jesús, y en esta ocasión tocará el concepto que en algún momento se desarrolló en el fervor de los católicos en donde, para “reparar” las faltas de otros, era necesario que, para que Dios ejerciera su justicia divina se ofreciera otra persona de buena voluntad entregándose en una especia de “pararrayos”; sin embargo Santa Teresita se expresaba al respecto diciendo: “…pensaba en las almas que se ofrecen como víctimas a la justicia de Dios para desviar y atraer sobre sí mismas los castigos reservados a los culpables. (…) Yo estaba lejos de sentirme inclinada a hacerlo…” (Autobiografía, c.IV,246).
En efecto, es fácil que caigamos en errores del concepto divino, por nuestra propia naturaleza caída, por ello esa idea de reparar las debilidades de otros, a través de nuestro ofrecimiento personal, haciéndonos acreedores de las culpas como víctimas para lograr la reparación del prójimo, no es correcta; por lo que es necesario adentrarnos en el análisis profundo de la espiritualidad divina para comprender de mejor manera los conceptos; Santa Teresita del Niño Jesús, en su constante oración e intuición espiritual lo alcanza a comprender; por ello el Papa Francisco nos lo explica: “…Esta insistencia en la justicia divina finalmente inducía a pensar que el sacrificio de Cristo era incompleto o parcialmente eficaz, o que su misericordia no era suficientemente intensa. (…) Santa Teresita del Niño Jesús descubrió que hay otra forma de ofrendarse a sí mismo, donde no hay necesidad de saciar la justicia divina sino de permitir al amor infinito del Señor difundirse sin obstáculos…” (PF – DN No. 195 196).
Santa Teresita lo escribe así en su autobiografía: “… ¡Oh, Dios mío!, tu amor despreciado ¿tendrá que quedarse encerrado en tu corazón? Creo que, si encontraras almas que se ofreciesen como víctimas de holocausto a tu amor, las consumirías rápidamente. ¡Creo que te sentirías feliz si no tuvieses que reprimir las oleadas de infinita ternura que hay en ti…!
Quizá nos es un tanto difícil de entender, pero es claro que el sacrificio por el que Jesucristo se ofreció es inmensamente suficiente para reparar nuestras faltas, lo que hace falta es permitir que ese inmenso amor de nuestro Señor, nos inunde todo el ser para que realmente Él sienta que entrega con plenitud ese amor. Es avasallador darnos cuenta que somos nosotros mismos los que limitamos ese amor con nuestra falta de fe y reticencias; recordemos que Dios respeta nuestro “libre albedrío” y si nosotros no lo queremos, Él no podrá ejercer ese amor en plenitud en nuestra persona, eso debemos comprenderlo y enseñarlo a los demás, porque ese Amor, ¡No tiene límites!
“… Así nace su acto de ofrenda, no a la justicia divina, sino al Amor misericordioso: “Me ofrezco como víctima de holocausto a tu Amor misericordioso, y te suplico que me consumas sin cesar, haciendo que se desborden sobre mí alma las olas de ternura infinita que se encierran en ti, y que de esa manera llegue yo a ser mártir de tu amor, Dios mío” (Sta. Teresita – Ofrenda – 1895) y termina el Papa Francisco diciéndonos que es importante advertir que además de que permitamos que el Corazón de Cristo nos llene de su amor a través de nuestra plena confianza; también es necesario que a través de nuestra propia vida llegue a los demás este amor, por medio de nuestro ejemplo, como la única forma de trasformar el mundo. “… En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor (…) ¡Así mi sueño se verá hecho realidad! (Sta. Teresita – Ms B,3v°,26) y añade el Papa Francisco: Los dos aspectos están inseparablemente unidos. (PF – DN No. 198).
El Papa Francisco termina este subapartado haciéndonos ver cómo el Señor había aceptado la ofrenda de Santa Teresita cuando nos recuerda las palabras de la Santa a su hermana Leonia quien, como recordaremos, también formaba parte del Convento: “…Te quiero mil veces más tiernamente de lo que se quieren las hermanas normales y corrientes, ya que yo puedo amarte con el Corazón de nuestro Esposo celestial…” (Sta. Teresita – Carta 186 a Leonia 1896). (PF – DN No. 199).
Sin duda Santa Teresita nos muestra en todo momento el gran amor a Jesucristo y la sensibilidad espiritual que había alcanzado a través de su sencillez y vida de oración, tenemos mucho que aprender de ella, por lo que los invito a leer y meditar sus escritos que fueron recopilados por sus hermanas, María Inés y María de Gonzaga, integrando varios libros: “Historia de un Alma”, “Poesías” y “Cartas”.
“… ¡Cómo me gustaría hacerle
comprender la ternura
del Corazón de Jesús
y lo que Él espera de usted…”
Sta. Teresita del Niño Jesús
Cta.258 Al Abate Bellière 1897
Papa Francisco - Dilexit Nos No. 199
Afectísima en Jesucristo,
Lilia Garelli
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Solo por el gusto de proclamar El
Evangelio

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