“… Señor, quédate con nosotros...”
San Cleofás en Emaús
Riviera
Maya, México; Diciembre 15 del 2025.
CDMX,
Originalmente publicado el 09-09-2014.
ASÍ LO DIJE,
HACE MÁS DE 10 AÑOS.
MI CUERPO, MI ALMA Y YO.
Muy estimados todos en Cristo Jesús:
¡Por supuesto que esta hipotética separación no debería hacerse nunca! ¡Ni siquiera mencionarse, mucho menos suponer que existe! Mi cuerpo, mi alma y yo, es una unidad; es indivisible en su existencia, irrepetible en su generación e insubstituible en su esencia. No son tres entes, es uno solo: Yo. Yo, que estoy formado de cuerpo y alma desde mi concepción, como persona humana que soy; nunca podré existir de otra forma; y, además, no hay separación de acciones entre mi ente espiritual, alma, y mi ente material, cuerpo. Yo hago o dejo de hacer, ipso facto (inmediatamente, en el acto), material y espiritualmente al mismo tiempo.
Ni mi alma es solo el bien que soy, ni mi cuerpo es solo el mal que hago. Soy bien espiritual y material; igual que soy mal, desafortunadamente, en ambas formas de mi existencia. Es innegable que mi cuerpo es materia caída, y lo es por el pecado en el que nacemos; pero también nuestra alma puede corromperse, aunque su origen sea Divino, toda vez que Dios nos la dio como una hoja en blanco, para que nosotros escribiéramos en ella.
El Bien y el mal, no son algo casual; no son situaciones que ‘se me pegan’ sin que yo lo quiera; el Bien y el mal son las decisiones que yo tomo para mis acciones, son las bondades que elijo y los pecados que consiento y ejecuto.
Mi alma no solo es mi conciencia buena; cierto, ésta está en el alma, pero mi alma es ‘muchas otras cosas’: es Fe, Esperanza y Caridad; es Bien y Mal (uno para hacerse y el otro para evitarse); y, ante todo, ES EL MEDIO DE COMUNICACIÓN QUE TENGO CON DIOS, MI CREADOR; CON JESUCRISTO, MI REDENTOR; Y CON EL ESPÍRITU SANTO, MI SANTIFICADOR; para ‘vivir’ mi ‘vida espiritual’ cabalmente. ¡Por eso necesitamos orar diariamente, para hacer que nuestra alma haga lo que le corresponde; por eso necesitamos ‘ejercicios espirituales’, para darle a nuestra alma ‘oportunidad de realizarse’!
No, no puede entenderse a alguien que peque por fuera y sea limpio por dentro. Eso no existe. Si hago el mal, lo hago en cuerpo y alma. Igual que si hago el bien, lo hago por dentro y por fuera. El Magisterio de la Iglesia nos enseña que pecamos de pensamiento, palabra, obra y omisión. Los primeros tres son el camino común del agravante de nuestros pecados: los pienso, los digo y los hago; la omisión es el pecado de ‘el Bien no hecho’ y que pudo hacerse. Ningún mentiroso tiene buena alma; ningún ratero, ningún violador; todos cometemos nuestros pecados (o delitos civiles) en cuerpo y alma. No es solo nuestro cuerpo el que está en pecado, también lo está nuestra alma, si buscamos pecar.
Es cierto, nuestro cuerpo material actual no verá a Dios; pero será transformado en Cuerpo Glorioso para que, CON LA MISMA ALMA QUE TENÍA ANTES, que también tiene que ser limpiada y glorificada, podamos realizar nuestra presencia delante de Dios. Obviamente, si merecemos el Cielo.
Así que, a partir de hoy, dejemos de ‘echarle’ la culpa a nuestro cuerpo de todos los males y pecados que hacemos, e incluyamos a nuestra alma en la recapitulación del mal realizado; pues probablemente sea ella quien nos esté orillando a pecar.
Orar sirve,
nuestra alma lo agradece y nuestra mente también.
De todos ustedes
afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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Solo por el gusto
de proclamar El Evangelio.

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