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martes, 21 de octubre de 2025

MÍSTICA - LILIA GARELLI - (DN-23)

“… Señor, quédate con nosotros …”

San Cleofás en Emaús 

Riviera Maya, México; Octubre 22 del 2025.

           MÍSTICA

                                                            Por: Lilia Garelli                                      

 

“…aunque hubiera cometido todos los crímenes posibles, seguiría teniendo la misma confianza; sé que toda esa multitud de ofensas sería como una gota de agua arrojada en una hoguera encendida…”

Santa Teresita del Niño Jesús – Últimas conversaciones (1897)

Papa Francisco - Dilexit Nos No.137

DILEXIT NOS (23) - Él nos Amó

“Sobre el Amor Humano y Divino del Corazón de Jesucristo” 

Estimados en Cristo: 

Es tan rico el legado que Santa Teresita del Niño Jesús nos dejó a pesar de su corta edad, que es valioso continuar con las reflexiones de sus escritos, en este caso el Papa Francisco nos comparte este párrafo de una Carta que ella envió a su amigo Maurice Bellière para adentrarnos más en el sentido de su devoción al Sagrado Corazón:

“…Cuando veo a Magdalena adelantarse, en presencia de los numerosos invitados, y regar con sus lágrimas los pies de su Maestro adorado, a quien toca por primera vez, siento que su corazón ha comprendido los abismos de amor y de misericordia del corazón de Jesús y que, por más pecadora que sea, ese corazón de amor está dispuesto, no solo a perdonarla, sino incluso a prodigarle los favores de su intimidad divina y a elevarla hasta las cumbres más altas de la contemplación.  Querido hermanito, desde que se me ha concedido a mí también comprender el amor del corazón de Jesús, le confieso que Él ha desterrado todo temor de mi corazón.  El recuerdo de mis faltas me humilla y me lleva a no apoyarme nunca en mi propia fuerza, que no es más que debilidad; pero, sobre todo, ese recuerdo me habla de misericordia y de amor…” (Carta 247, al abate Bellière (21 junio 1897),601 – (PF – DN No.136).

El Papa Francisco continúa con un texto que Santa Teresita le envió a su hermana sor María, haciéndole ver cómo los sacrificios que se realizan en la vida no necesariamente deben considerarse como el centro de mi cumplimiento en la voluntad de Dios, como en muchos casos se malinterpreta, es más bien sabiéndose pobre e imperfecto, y de esta manera tener la necesidad de que a través de esa pequeñez pueda conocer el verdadero amor que Jesús me brinda, reflexionemos esto, según Santa Teresita:

“…Mis deseos de martirio no son nada, no son ellos los que me dan la confianza ilimitada que siento en mi corazón.  A decir verdad, las riquezas espirituales hacen injusto al hombre cuando se apoya en ellas con complacencia, creyendo que son algo grande. (…) Lo que agrada es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su misericordia. (…) Este es mi único tesoro (…) si deseas sentir alegría o atractivo por el sufrimiento, es tu propio consuelo lo que buscas (…) Comprende que, para amar a Jesús, para ser su víctima de amor, cuanto más débil se es, sin deseos ni virtudes, más cerca se está de las operaciones de ese Amor consumidor y transformante. (…) ¡Ay!, ¡cómo quisiera hacerte comprender lo que yo siento! (…) ¡La confianza, y nada más que la confianza puede conducirnos al amor…! (Carta 197, a Sor María del Sagrado Corazón (17 septiembre 1896) 554-555 – (PF – DN No. 138).

Es muy importante comprender el sentido que Santa Teresita le da a este tema, porque como bien dice el Papa Francisco, no es que quiera decir que ella no hacía sacrificios, por supuesto que los hacía, solo que ella nos aconseja que no nos perdamos en el esfuerzo humano que da un aparente mérito propio y darle la importancia que realmente no tiene, como suele entenderse coloquialmente con la expresión “para ganarme el cielo”.  “…para ella, “el mérito no consiste en hacer mucho ni en dar mucho, sino más bien en recibir, que es un modo simple y rápido de ganar al Señor por el corazón…” (Carta 142 a Celina (1893), 476) - (PF – DN No. 139).

Santa Teresita del Niño Jesús transmitía todos los alcances de su espiritualidad a través de sus escritos, por ello es importante que los leamos y le demos tiempo a la meditación sobre lo leído, porque de esta manera podremos encontrar el mensaje que Dios nos quiere dar, de forma especial a cada uno de nosotros, porque no cabe duda, que Dios se vale también del Espíritu Santo que ilumina a los santos para ayudarnos a comprenderlo.  Sigamos conociendo el corazón de Jesús a través de la forma sencilla en que Santa Teresita nos lo propone, porque la sencillez describe la totalidad, lo que no es sencillo divide, y cada una de esas partes en que se divide, dispersa la esencia:

“…Te aseguro que Dios es mucho mejor de lo que piensas.  Él se conforma con una mirada, con un suspiro de amor. (…) Y creo que la perfección es algo muy fácil de practicar, pues he comprendido que lo único que hay que hacer es ganar a Jesús por el corazón. (…) Fíjate en un niñito que acaba de disgustar a su madre (…) si va a tenderle sus bracitos sonriendo y diciéndole: “Dame un beso, no lo volveré a hacer”, ¿no lo estrechará su madre tiernamente contra su corazón, y olvidará sus travesuras infantiles?  Sin embargo, ella sabe muy bien que su pequeño volverá a las andadas en la primera ocasión; pero no importa: si vuelve a ganarla otra vez por el corazón, nunca será castigado…” (Carta 191 a Leonia (1896), 545) – (PF – DN No. 140).

Parece tan fácil seguir este camino; sin embargo, ¿qué difícil es pedir perdón, o por lo menos aminorar la reacción de prepotencia y soberbia a quien sabemos que estamos lastimando? ¡Qué importante es que demostremos nuestro amor, evitando la agresión por cualquier medio!

Podríamos seguir y seguir con la riqueza de los textos de Santa Teresita del Niño Jesús porque guía nuestro camino, y quizá nos da una perspectiva más sencilla de amar como el Sagrado Corazón de Jesús lo quisiera; terminemos este apartado con el párrafo de una carta de Santa Teresita al padre Adolphe Roulland:

“…Mi camino es todo él de confianza y de amor, y no comprendo a las almas que tienen miedo de tan tierno amigo.  A veces, cuando leo ciertos tratados espirituales en los que la perfección se presenta rodeada de mil estorbos y mil trabas, y circundada de una multitud de ilusiones, mi pobre espíritu se fatiga muy pronto, cierro el libro que me quiebra la cabeza y me diseca el corazón y tomo en mis manos la Sagrada Escritura, entonces todo me parece luminoso, una sola palabra abre a mi alma horizontes infinitos, la perfección me parece fácil: veo que basta con reconocer la propia nada y abandonarse como un niño en los brazos de Dios…” (Carta 226, al P. Roulland (1897), 611) (PF – DN No. 141).

Afectísima en Jesucristo,

Lilia Garelli

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