“Santifícalos con La
Verdad.
Tu Palabra es La
Verdad.”
Ciudad de
México, Abril 4 del 2019.
“Nadie ‘le gana’
a Dios en Misericordia.”
Papa Francisco
30 DÍAS DE LA CUARESMA
Muy estimados todos, en Cristo Jesús:
Treinta días
llevamos ya en ‘ambiente de
penitencia’, conscientes como hemos
estado de nuestros pecados, y poniendo los medios para no volver a pecar, ahora
hemos de empezar por levantar nuestra alma; lo cual significa atender nuestra
espiritualidad y nuestra trascendencia. Para ello, el Magisterio de la Iglesia
Católica nos ha instruido a usar tres instrumentos ideales para estos momentos:
LA ORACIÓN, LA PENITENCIA Y LA LIMOSNA.
Con la
Oración me acerco a Dios, aunque
yo no lo quiera; solo basta que lo desee (tener contacto espiritual con el
Señor), para que mi alma haga todo lo demás (propiciar el encuentro con mi Creador). No importa con qué rezos u oraciones inicie
mi acercamiento con el Padre, lo que sí importa es mi voluntad de hacerlo y mi
sinceridad para lograrlo.
“. . . ¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, porque soy un
pecador!” (Lc 18, 13) La súplica es
muy breve, sin embargo, la sinceridad con la que la dijo el publicano de la
Parábola de Jesucristo, le valió para ser justificado. Igual puede suceder con cada uno de nosotros:
reconocernos pecadores, orar al Padre pidiéndole su Misericordia y conseguir su
Perdón.
Con la
Penitencia domino mis pasiones,
doblego el mal que me aqueja y renuevo mi estado físico y espiritual de cara a
Dios. ¡Por supuesto que cuesta trabajo! Pero ser penitentes consuetudinarios, y no
casuales como somos la mayoría, es la mejor forma de mantenernos atentos ante
los incesantes ataques del maligno, que quiere que caigamos en el pecado. La abstinencia que nos sugiere la Iglesia en
Cuaresma, es una excelente metodología para aplicarla en todo el resto del año
litúrgico y civil.
Con la
Limosna –pero la que realmente
vale la pena, la que se recuerda por años debido a lo elevado de su monto– podemos
emparejar las deficiencias de Oración y de Penitencia. Decía un querido sacerdote con el que trabajé
muchos años, que “. . . el dolor que se
experimenta cuando tenemos que acceder el bolsillo, donde portamos nuestro
dinero para pagar algo, se agudiza cuando se trata de dar limosna.”
Así que, si no somos
buenos rezando y orando, y tampoco somos buenos penitentes, al menos nos hemos
de distinguir a la hora de dar limosna; ya que con ésta inducimos la voluntad, nos
alejamos de nuestros ‘instintos carnales’ y ayudamos al más necesitado,
especialmente al Cura de nuestra Parroquia.
A partir de hoy,
solo nos quedan diez días naturales de La Cuaresma, para alcanzar el nivel de
purificación que necesitamos para presentarnos ‘lo más digno que nos sea
posible’ el Domingo de Ramos, inicio de la Semana Santa, que antes también
llamábamos La Semana Mayor.
Orar sirve, es bueno para nuestra alma y
nuestra mente.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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por el gusto de proclamar El Evangelio.
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