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martes, 19 de febrero de 2019

De mi libro: D.A.M. - 69 - Aparición en Mar de Tiberíades


Santifícalos con La Verdad.

Ciudad de México, Febrero 20 del 2019.

El escrito que a continuación se lee, es parte de mi libro:
EL DEMONIO AL ACECHO DEL MESÍAS
Un análisis de situaciones descritas en el Evangelio,
que se sucedieron entre el Diablo y Cristo Jesús.

69 DE 77

VI.7.- APARICIÓN A LOS DISCÍPULOS
EN EL MAR DE TIBERÍADES
(Jn 21, 1-14)
         
“Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades.  Se manifestó de esta manera.

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los de Zebedeo y otros dos discípulos.  Simón Pedro les dice: ‘Voy a pescar.’  Le contestan ellos: ‘También nosotros vamos contigo.’ Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: ‘Muchachos, ¿no tenéis pescado?’  Le contestaron:
‘No.’  Él les dijo: ‘Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.’

La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de los peces.  El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: ‘Es el Señor.’  Cuando Simón Pedro oyó ‘es el Señor’, se puso el vestido –pues estaba desnudo– y se lanzó al mar.  Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaba mucho de tierra, sino unos doscientos codos. 

Nada más saltar a tierra, ven preparando unas brazas y un pez sobre ellas y pan.
Díceles Jesús: ‘Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.’  Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aún siendo tantos, la red no se rompió.

Jesús les dice: ‘Venid y comed.’  Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres tú?’, sabiendo que era el Señor.  Viene entonces Jesús, toma el pan, y se lo da; y de igual modo el pez.

Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.”


         El momento es espléndidamente humano, natural y lleno de agradables recuerdos; no tan solo para los pescadores galileos, sino también para los demás. ¿Cuántas veces habrán hecho esto el Divino Maestro y sus discípulos en los tres años que permanecieron juntos?  Sin embargo, el corazón y el alma de los discípulos tienen sentimientos encontrados: creen, pero temen que se manifieste alguna duda en su Fe; han palpado el Triunfo de la Resurrección del Señor, pero no quieren sentir flaquezas en su Esperanza; están dispuestos a todo, pero no saben cómo manifestar su Caridad.  En palabras que Cristo Resucitado le ha dicho a María de Magdala para ellos, el Señor ha ordenado ‘que vayan a Galilea, que allí le verán. 

         Seguramente llevan ya horas esperando y su Divino Maestro no se ha manifestado; la desesperación empieza a hacerlos su presa.  Y aquí está otra vez una oportunidad para el Demonio al acecho del Mesías.  Voy a pescar.’, dice el más desesperado de todos, Simón, Pedro; y como ya habló el líder, todos le siguen.  Habrá pensado el Satán: ‘si desquicio a éste, los controlo a todos.’ 

         Esta pesca que hacían los galileos (que por cierto se continúa en Israel), en mi tierra se hace en los esteros afluentes del río, en donde el agua es tranquila; a veces pasa uno toda la noche lanzando la ‘atarraya’ (especie de red circular), pero conviene, porque algunos suculentos peces no suben a la superficie en el día.  Cada vez que leo este encuentro del Señor y sus discípulos, me acuerdo de las ‘fogatadas’ (así les decíamos), que realizábamos en el rancho para cenar unas riquísimas ‘gurrubatas’ (un especie de trucha absolutamente blanca y con miles de espinas) asadas a las brasas.  El olor que despide el pescado al asarse, es indescriptiblemente delicioso; y el sabor, es como una ‘Aparición de Cristo’.  Una delicia incomparable.  Si ustedes no lo han hecho, se están perdiendo del acontecimiento físico narrado en el Evangelio.  Se los recomiendo; la primera vez que lo hagan, nunca la van a olvidar.

         Habiendo identificado al Señor, no dudan; pero no están ‘completamente’ seguros y eso es lo que Cristo maneja con Divina maestría.  Al exasperado ‘capitán’ de la lancha, primero lo distrae con una pregunta, para Él obvia aún en la respuesta, y luego le conduce amablemente.  Pero no es éste, sino el Joven Apóstol San Juan quien se ha percatado del método de su muy querido ‘Rabboni’ y descubre a Jesús diciendo: “Es el Señor”.  Acto seguido, todos, de acuerdo a su propia forma de ser, se aprestan para alcanzar a su amado Maestro.  La convivencia es por demás agradable

         Jesús no permite que tan memorable ocasión sea opacada por cualquier intento del Demonio con sus acechos y protege a todos sus discípulos del Satán.  No obstante, Simón, a quien Jesucristo ha renombrado como Pedro, ha sido tocado y el Divino Maestro le involucrará con un nuevo encargo: “Simón, hijo de Juan ¿me amas? . . . Apacienta mis ovejas. . .

         ¡Ya te puedes ir Satanás, nada lograste!  Todo el mal de tus dudas en esos Santos de Dios, solo germinará en Bien de Salvación.


§ § §


Orar sirve, oremos por nuestros Pueblos.

De todos ustedes afectísimo en Cristo

Antonio Garelli



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