Santifícalos con La Verdad.
Ciudad de
México, Febrero 20 del 2019.
El escrito que a continuación se lee, es
parte de mi libro:
EL DEMONIO AL
ACECHO DEL MESÍAS
Un análisis de situaciones descritas en el
Evangelio,
que se sucedieron entre el Diablo y Cristo
Jesús.
69 DE 77
VI.7.- APARICIÓN
A LOS DISCÍPULOS
EN EL MAR DE
TIBERÍADES
(Jn
21, 1-14)
“Después de
esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de
Tiberíades. Se manifestó de esta manera.
Estaban juntos
Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los de
Zebedeo y otros dos discípulos. Simón
Pedro les dice: ‘Voy a pescar.’ Le
contestan ellos: ‘También nosotros vamos contigo.’ Fueron y subieron a la
barca, pero aquella noche no pescaron nada.
Cuando ya
amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era
Jesús. Díceles Jesús: ‘Muchachos, ¿no tenéis pescado?’ Le contestaron:
‘No.’ Él les dijo: ‘Echad la red a la derecha de la
barca y encontraréis.’
La echaron,
pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de los peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice
entonces a Pedro: ‘Es el Señor.’ Cuando
Simón Pedro oyó ‘es el Señor’, se puso el vestido –pues estaba desnudo– y se
lanzó al mar. Los demás discípulos
vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaba mucho
de tierra, sino unos doscientos codos.
Nada más saltar
a tierra, ven preparando unas brazas y un pez sobre ellas y pan.
Díceles Jesús:
‘Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.’ Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra,
llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aún siendo tantos, la red no
se rompió.
Jesús les dice:
‘Venid y comed.’ Ninguno de los
discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres tú?’, sabiendo que era el
Señor. Viene entonces Jesús, toma el
pan, y se lo da; y de igual modo el pez.
Esta fue la
tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de
entre los muertos.”
El momento es espléndidamente humano,
natural y lleno de agradables recuerdos; no tan solo para los pescadores
galileos, sino también para los demás. ¿Cuántas veces habrán hecho esto el
Divino Maestro y sus discípulos en los tres años que permanecieron juntos? Sin embargo, el corazón y el alma de los
discípulos tienen sentimientos encontrados: creen, pero temen que se manifieste
alguna duda en su Fe; han palpado el Triunfo de la Resurrección del
Señor, pero no quieren sentir flaquezas en su Esperanza; están dispuestos a
todo, pero no saben cómo manifestar su Caridad.
En palabras que Cristo Resucitado le ha dicho a María de Magdala para
ellos, el Señor ha ordenado ‘que vayan a
Galilea, que allí le verán.’
Seguramente llevan ya horas esperando y
su Divino Maestro no se ha manifestado; la desesperación empieza a hacerlos su
presa. Y aquí está otra vez una
oportunidad para el Demonio al acecho del Mesías. ‘Voy a
pescar.’, dice el más desesperado
de todos, Simón, Pedro; y como ya habló el líder, todos le siguen. Habrá pensado el Satán: ‘si desquicio a éste,
los controlo a todos.’
Esta pesca que hacían los galileos (que
por cierto se continúa en Israel), en mi tierra se hace en los esteros afluentes
del río, en donde el agua es tranquila; a veces pasa uno toda la noche lanzando
la ‘atarraya’ (especie de red circular), pero conviene, porque algunos
suculentos peces no suben a la superficie en el día. Cada vez que leo este encuentro del Señor y
sus discípulos, me acuerdo de las ‘fogatadas’ (así les decíamos), que
realizábamos en el rancho para cenar unas riquísimas ‘gurrubatas’ (un especie
de trucha absolutamente blanca y con miles de espinas) asadas a las brasas. El olor que despide el pescado al asarse, es
indescriptiblemente delicioso; y el sabor, es como una ‘Aparición de
Cristo’. Una delicia incomparable. Si ustedes no lo han hecho, se están
perdiendo del acontecimiento físico narrado en el Evangelio. Se los recomiendo; la primera vez que lo
hagan, nunca la van a olvidar.
Habiendo identificado al Señor, no
dudan; pero no están ‘completamente’ seguros y eso es lo que Cristo maneja con
Divina maestría. Al exasperado ‘capitán’
de la lancha, primero lo distrae con una pregunta, para Él obvia aún en la
respuesta, y luego le conduce amablemente.
Pero no es éste, sino el Joven Apóstol San Juan quien se ha percatado
del método de su muy querido ‘Rabboni’
y descubre a Jesús diciendo: “Es el Señor”. Acto seguido, todos, de acuerdo a su propia
forma de ser, se aprestan para alcanzar a su amado Maestro. La convivencia es por demás agradable
Jesús no permite que tan memorable
ocasión sea opacada por cualquier intento del Demonio con sus acechos y protege
a todos sus discípulos del Satán. No obstante,
Simón, a quien Jesucristo ha renombrado como Pedro, ha sido tocado y el Divino
Maestro le involucrará con un nuevo encargo: “Simón, hijo de Juan ¿me amas? . . . Apacienta mis ovejas. . .”
¡Ya te puedes ir Satanás, nada
lograste! Todo el mal de tus dudas en
esos Santos de Dios, solo germinará en Bien de Salvación.
§ § §
Orar
sirve, oremos por nuestros Pueblos.
De
todos ustedes afectísimo en Cristo
Antonio
Garelli
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