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martes, 12 de febrero de 2019

De mi libro: D.A.M. - 68 - La Negativa de Tomás


Santifícalos con La Verdad.

Ciudad de México, Febrero 13 del 2019.

El escrito que a continuación se lee, es parte de mi libro:
EL DEMONIO AL ACECHO DEL MESÍAS
Un análisis de situaciones descritas en el Evangelio,
que se sucedieron entre el Diablo y Cristo Jesús.

68 DE 77

VI.6.- LA NEGATIVA DE TOMÁS
(Jn 20, 24-28)

“. . . Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.  Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor.’ 

Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.’ 

Ocho días después, estaban otra vez reunidos los discípulos dentro y Tomás estaba con ellos.  Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros.’ 

Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.’ 

Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío.’  Dícele Jesús: ‘Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.’”


         Allí está el Demonio, por enésima ocasión; ahora con uno de los más fieles discípulos que Cristo escogió como Apóstol.  Esta vez se aprovechará de la débil naturaleza humana, diezmada por el pecado; lo cual también es invento del Diablo.  No obstante, ¡Yo amo a Tomás con todo mi corazón!, porque fue el único de los Apóstoles y discípulos que arrancó de Jesucristo tan grande bendición para todos nosotros: “Dichosos los que no han visto y han creído.”  ¡En ti, Tomás, fuimos benditos por Cristo Jesús en nuestra Fe!

         Con frecuencia somos demasiado duros para ‘juzgar’ esta caída de Tomás; sin embargo, fue él el primero que manifestó su deseo de morir fiel por el Señor: “. . . Vayamos también nosotros a morir con Él. . .(Jn 11,16)  Igualmente fue el primero en aclararnos el camino seguro para llegar al Padre, al solicitarle a Jesús: “. . . ¿Cómo podemos saber el camino? . . .” (Jn 14, 5); y arrancar del Divino Maestro tan maravillosa respuesta: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.  Nadie va al Padre sino por mí. . .(Jn 14, 6) Y todavía más importante; es el primero que reconoce Dios a Jesucristo, al disculparse con tan sinceras palabras después de su duda: “Señor mío y Dios mío.” 

Ningún Apóstol o discípulo había llamado Dios al Señor.  Hoy, cada vez que el Sacerdote levanta para mostrarnos el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el altar, repetimos estas palabras igual de compungidos que Tomás: “Señor mío y Dios mío.

         A Tomás le llamaban el Mellizo por desconfiado, no porque tuviera un hermano gemelo.  Le decían que para creerse él mismo que existía, debería tener un mellizo idéntico para comprobarlo.  Era el clásico ‘a mi no me engañan’; y por eso dudaba todo.  Y por allí fue por donde atacó Satanás para hacerlo caer: en su incredulidad natural.  Pero el acecho no era solo para Tomás, que ya de sí era receloso; el acoso era para todos los demás también, pues si éste dudaba (sin importar sus características personales), los otros también podían flaquear en la Fe; y de eso se trataba.

          ¡Ese es Santo Tomás Apóstol! No estamos hablando de un incrédulo cualquiera; ya que todos nos identificamos en él cuando dudamos, cuando queremos otro tipo de manifestación para nuestra Fe.  Todos los Apóstoles dudaron, no solo Tomás; todos dudamos, no solo el Santo Apóstol.  Pero a él le aprovechó el Señor para dejarnos la Bendición de Fe y la lección apostólica.

         Todos hemos sido ‘tomases’ en primera instancia, esto es, en la duda y la negación; sería conveniente que analizáramos si también hemos sido ‘tomases’ en la recuperación y la contrición: “Señor mío y Dios mío.”, dijo él;  con plenitud de Fe – Esperanza – Caridad, in crecendo. Primero llamándole Señor, e inmediatamente reconociéndole Dios.  ¡Yo amo a Santo Tomás, porque en su negativa fortaleció mis debilidades de Fe ante el Cristo!  Y maldigo al Demonio por haberle acosado tan arteramente que, haciéndole caer, hasta mereció el Divino disgusto del Señor: ‘Porque me has visto has creído. . .”

         Otro discípulo acechado, y otro caído; pero también pronto recuperado.  ¡Tampoco aquí pudiste Satán! Y, ¡qué buena lección de Fe nos quedó! Simplemente reitero: ¡Yo amo a Tomás!


§ § §


Orar sirve, oremos por nuestros Pueblos.

De todos ustedes afectísimo en Cristo

Antonio Garelli



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