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miércoles, 4 de enero de 2017

FORMACIÓN PARA MISIONEROS (15 DE 15) FINAL

¡Venga Tu Reino!

Juventud y Familia Misionera

FORMACIÓN PARA MISIONEROS

PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA
FAMILIA, MATRIMONIO Y UNIONES DE HECHO

CONTINUACIÓN


Compromiso social.

47)  Para muchos de nuestros contemporáneos, cuya subjetividad ha sido ideológicamente ‘demolida’, por así decirlo, el Matrimonio resulta poco más o menos ‘impensable’; para estas personas la realidad matrimonial no tiene ningún significado.  ¿En qué modo puede la pastoral de la Iglesia ser también para ellas un evento de salvación? 

En este sentido, el compromiso político y legislativo de los católicos que tienen responsabilidades en estos ámbitos resulta decisivo.  Las legislaciones constituyen, en amplia medida, el ‘ethos’ (costumbres) de un pueblo.  Sobre este particular, resulta especialmente oportuna una llamada a vencer la tentación de indiferencia en el ámbito político-legislativo, y subrayar la necesidad de testimonio público de la dignidad de la persona. 

La equiparación a la Familia de las uniones de hecho supone, como ya ha quedado expuesto, una alteración del ordenamiento hacia el Bien Común de la sociedad y comporta un deterioro de la Institución Matrimonial fundada en el Matrimonio.  Es un mal, por tanto, para las personas, las Familias y las sociedades. 

Lo “políticamente posible” y su evolución a lo largo del tiempo no puede resultar desvinculado de los principios últimos de la verdad sobre la Persona Humana, que tiene que inspirar actitudes, iniciativas concretas y programas a futuro.  También resulta conveniente la crítica al “dogma” de la conexión indisociable entre democracia y relativismo ético que se encuentra en la base de muchas iniciativas legislativas que buscan la equiparación de las uniones de hecho con la Familia.

48)  El problema de las uniones de hecho constituye un verdadero desafío para los cristianos, en el saber mostrar el aspecto razonable de la Fe, la profunda racionalidad del Evangelio del Matrimonio y la Familia.  Un anuncio del mismo que prescinda de este desafío a la racionalidad (entendida como íntima correspondencia natural del hombre y el Evangelio anunciado por la Iglesia), resultará ineficaz.

Para ello es hoy día más necesario que en otros tiempos manifestar, en términos creíbles, la interior credibilidad de la verdad sobre el hombre que está en la base de la institución del Amor Conyugal.  El Matrimonio, a diferencia de cuanto ocurre con los otros Sacramentos, pertenece también al ámbito de la Creación; se inscribe en una dinámica natural en el género humano.

Es además, en segundo lugar, necesaria una renovada reflexión en las bases fundamentales, de los principios esenciales que inspiran las actividades educativas, en los diversos ámbitos e instituciones.  Porque, ¿cuál es la filosofía de las instituciones educativas hoy en la Iglesia, y cuál es el modo en que estos principios revierten en una adecuada educación al Matrimonio y la Familia, en tanto que son estructuras nucleares fundamentales y necesarias para la misma sociedad?

Atención y cercanía pastoral

49)  Es legítima la comprensión por la problemática existencial y las elecciones de las personas que viven en uniones de hecho y en ciertas ocasiones, son un deber.  Algunas de estas situaciones, incluso, deben suscitar verdadera y propia compasión.  El respeto por la dignidad de las personas no está sometido a discusión.  “Sin embargo, la comprensión de las circunstancias y el respeto a las personas no equivalen a una justificación.  Más bien se trata de subrayar, en esas circunstancias, que la verdad es un bien esencial de las personas y factor de auténtica libertad: que de la afirmación de la verdad no resulte ofensa, sino sea forma de caridad, de manera que el “no disminuir en nada la Doctrina Salvadora de Cristo” sea “forma eminente de caridad para con las almas” (Paulo VI Enc. HV n. 29), de modo tal, que se acompañe “con la paciencia y la bondad de la cual el Señor mismo ha dado ejemplo en su trato a los hombres”.

Los cristianos deben, por tanto, tratar de comprender los motivos personales, sociales, culturales e ideológicos de la difusión de las uniones de hecho.  Es preciso recordar que una pastoral inteligente y directa puede, en ciertas ocasiones, favorecer la recuperación ‘institucional’ de algunas de estas uniones.

Conclusión

50)  La sabiduría de los pueblos ha sabido reconocer sustancialmente, a lo largo de los siglos, aunque con limitaciones, el ser y la misión fundamental e insustituible de la Familia fundada en el Matrimonio.  La Familia es un Bien necesario e imprescindible para toda sociedad, que además, tiene un verdadero y propio derecho, en justicia, a ser reconocida, protegida y promovida por el conjunto de la sociedad.  Es este universo familiar el que resulta dañado, cuando se vulnera, de uno u otro modo, este bien precioso y necesario para la Humanidad.

Ante el fenómeno social de las uniones de hecho, y la postergación del Amor Conyugal que comporta, es la sociedad misma quien no puede quedar indiferente. 

La mera y simple cancelación del problema, mediante la falsa (y ridícula) solución de su reconocimiento, situándolas a un nivel público semejante, o incluso equiparándolas a las Familias fundadas en el Matrimonio (dañando, aún más, esta necesaria institución natural tan necesitada hoy día, en cambio, de verdaderas políticas familiares), supone un profundo desconocimiento de la verdad antropo-lógica del amor humano entre un hombre y una mujer, y su indisociable aspecto de unidad estable y abierta a la vida.

Este desconocimiento es aún más grave, cuando se ignora la esencial y profundísima diferencia entre el amor conyugal del que surge la Institución Matrimonial; y las preferencias sexuales y relaciones entre homosexuales.

La ‘indiferencia’ de las administraciones públicas en este aspecto, se asemeja mucho a una apatía ante la vida o la muerte de la sociedad, a una indiferencia ante su proyección de futuro, o su degradación.  Esta ‘aparente neutralidad’ conduciría, si no se ponen los remedios oportunos, a un grave deterioro del tejido social y de la pedagogía de las generaciones futuras.

La inadecuada valoración del Amor Conyugal y de su intrínseca apertura a la vida, con la inestabilidad de la vida familiar que ello comporta, es un fenómeno social que requiere un adecuado discernimiento por parte de todos aquellos que se sienten comprometidos con el Bien de la Familia, y muy especialmente por parte de los cristianos.

Se trata, ante todo, de reconocer las verdaderas causas (ideológicas y económicas) de un tal estado de cosas, y no de ceder ante presiones demagógicas de grupos de presión que no tienen en cuenta el Bien Común de la sociedad.

La Iglesia Católica, en su seguimiento de Cristo Jesús, reconoce en la Familia y el Amor Conyugal, un Don de Dios Misericordioso con la Humanidad, un tesoro precioso de Santidad y Gracia que resplandece en medio del Mundo.

Invita por ello, a cuantos luchan por la causa del Hombre, a unir sus esfuerzos en la promoción de la Familia y de su íntima fuente de vida, que es la Unión Conyugal.


FIN DEL DOCUMENTO DEL
PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA

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