¡Venga Tu Reino!
Juventud y Familia Misionera
FORMACIÓN PARA MISIONEROS
PONTIFICIO CONSEJO PARA LA
FAMILIA
FAMILIA, MATRIMONIO Y UNIONES DE HECHO
CONTINUACIÓN
Compromiso social.
47) Para muchos de nuestros
contemporáneos, cuya subjetividad ha sido ideológicamente ‘demolida’, por así decirlo, el Matrimonio resulta poco más o menos
‘impensable’; para estas personas la realidad matrimonial no tiene ningún
significado. ¿En qué modo puede la
pastoral de la Iglesia ser también para ellas un evento de salvación?
En este sentido, el compromiso político y legislativo
de los católicos que tienen responsabilidades en estos ámbitos resulta
decisivo. Las legislaciones constituyen,
en amplia medida, el ‘ethos’ (costumbres) de un pueblo.
Sobre este particular, resulta especialmente oportuna una llamada a
vencer la tentación de indiferencia en el ámbito político-legislativo, y
subrayar la necesidad de testimonio público de la dignidad de la persona.
La equiparación a la Familia de las uniones de hecho
supone, como ya ha quedado expuesto, una alteración del ordenamiento hacia el
Bien Común de la sociedad y comporta un deterioro de la Institución Matrimonial
fundada en el Matrimonio. Es un mal, por
tanto, para las personas, las Familias y las sociedades.
Lo “políticamente posible” y su evolución a lo largo
del tiempo no puede resultar desvinculado de los principios últimos de la
verdad sobre la Persona Humana, que tiene que inspirar actitudes, iniciativas
concretas y programas a futuro. También
resulta conveniente la crítica al “dogma” de la conexión indisociable entre
democracia y relativismo ético que se encuentra en la base de muchas
iniciativas legislativas que buscan la equiparación de las uniones de hecho con
la Familia.
48) El problema de las uniones de
hecho constituye un verdadero desafío para los cristianos, en el saber mostrar
el aspecto razonable de la Fe, la profunda racionalidad del Evangelio del
Matrimonio y la Familia. Un anuncio del
mismo que prescinda de este desafío a la racionalidad (entendida como íntima
correspondencia natural del hombre y el Evangelio anunciado por la Iglesia),
resultará ineficaz.
Para ello es hoy día más necesario que en otros
tiempos manifestar, en términos creíbles, la interior credibilidad de la verdad
sobre el hombre que está en la base de la institución del Amor Conyugal. El Matrimonio, a diferencia de cuanto ocurre
con los otros Sacramentos, pertenece también al ámbito de la Creación; se
inscribe en una dinámica natural en el género humano.
Es además, en segundo lugar, necesaria una renovada
reflexión en las bases fundamentales, de los principios esenciales que inspiran
las actividades educativas, en los diversos ámbitos e instituciones. Porque, ¿cuál es la filosofía de las
instituciones educativas hoy en la Iglesia, y cuál es el modo en que estos
principios revierten en una adecuada educación al Matrimonio y la Familia, en
tanto que son estructuras nucleares fundamentales y necesarias para la misma
sociedad?
Atención y cercanía pastoral
49) Es legítima la comprensión por
la problemática existencial y las elecciones de las personas que viven en
uniones de hecho y en ciertas ocasiones, son un deber. Algunas de estas situaciones, incluso, deben
suscitar verdadera y propia compasión.
El respeto por la dignidad de las personas no está sometido a
discusión. “Sin embargo, la comprensión de las
circunstancias y el respeto a las personas no equivalen a una justificación. Más bien
se trata de subrayar, en esas circunstancias, que la verdad es un bien esencial
de las personas y factor de auténtica libertad: que de la afirmación de la
verdad no resulte ofensa, sino sea forma de caridad, de manera que el “no disminuir en nada la Doctrina Salvadora de Cristo”
sea “forma eminente de caridad para con las almas” (Paulo VI Enc. HV
n. 29), de modo tal, que se acompañe
“con la paciencia y la bondad de la cual el Señor mismo ha dado ejemplo en su
trato a los hombres”.
Los cristianos deben, por tanto, tratar de comprender
los motivos personales, sociales, culturales e ideológicos de la difusión de
las uniones de hecho. Es preciso
recordar que una pastoral inteligente y directa puede, en ciertas ocasiones,
favorecer la recuperación ‘institucional’ de algunas de estas uniones.
Conclusión
50) La sabiduría de los pueblos ha
sabido reconocer sustancialmente, a lo largo de los siglos, aunque con
limitaciones, el ser y la misión fundamental e insustituible de la Familia fundada en
el Matrimonio. La Familia es un
Bien necesario e imprescindible para toda sociedad, que además, tiene un
verdadero y propio derecho, en justicia, a ser reconocida, protegida y
promovida por el conjunto de la sociedad.
Es este universo familiar el que resulta dañado, cuando se vulnera, de
uno u otro modo, este bien precioso y necesario para la Humanidad.
Ante el fenómeno social de las uniones de hecho, y la
postergación del Amor Conyugal que comporta, es la sociedad misma quien no
puede quedar indiferente.
La
mera y simple cancelación del problema, mediante la falsa (y ridícula) solución
de su reconocimiento, situándolas a un nivel público semejante, o incluso
equiparándolas a las Familias fundadas en el Matrimonio (dañando, aún más, esta necesaria institución natural
tan necesitada hoy día, en cambio, de verdaderas políticas familiares), supone
un profundo desconocimiento de la verdad antropo-lógica del amor humano entre
un hombre y una mujer, y su indisociable aspecto de unidad estable y abierta a
la vida.
Este desconocimiento es aún más grave,
cuando se ignora la esencial y profundísima diferencia entre el amor conyugal
del que surge la Institución Matrimonial; y las preferencias sexuales y
relaciones entre homosexuales.
La ‘indiferencia’ de las administraciones públicas en
este aspecto, se asemeja mucho a una apatía ante la vida o la muerte de la
sociedad, a una indiferencia ante su proyección de futuro, o su
degradación. Esta ‘aparente neutralidad’
conduciría, si no se ponen los remedios oportunos, a un grave deterioro del
tejido social y de la pedagogía de las generaciones futuras.
La inadecuada valoración del Amor
Conyugal y de su intrínseca apertura a la vida, con la inestabilidad de la vida
familiar que ello comporta, es un fenómeno social que requiere un adecuado
discernimiento por parte de todos aquellos que se sienten comprometidos con el
Bien de la Familia, y muy especialmente por parte de los cristianos.
Se trata, ante todo, de reconocer las verdaderas
causas (ideológicas y económicas) de un tal estado de cosas, y no de ceder ante
presiones demagógicas de grupos de presión que no tienen en cuenta el Bien
Común de la sociedad.
La Iglesia Católica, en su seguimiento
de Cristo Jesús, reconoce en la Familia y el Amor Conyugal, un Don de Dios
Misericordioso con la Humanidad, un tesoro precioso de Santidad y Gracia que
resplandece en medio del Mundo.
Invita por ello, a cuantos luchan por la
causa del Hombre, a unir sus esfuerzos en la promoción de la Familia y de su
íntima fuente de vida, que es la Unión Conyugal.
FIN DEL DOCUMENTO DEL
PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA
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