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miércoles, 7 de diciembre de 2016

FORMACIÓN PARA MISIONEROS (11 DE 20)

¡Venga Tu Reino!

Juventud y Familia Misionera

FORMACIÓN PARA MISIONEROS

PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA
FAMILIA, MATRIMONIO Y UNIONES DE HECHO

CONTINUACIÓN

V
Matrimonio cristiano
y unión de hecho

Matrimonio cristiano y pluralismo social

30)  La Iglesia, más intensamente en los últimos tiempos, ha recordado con insistencia la confianza debida a la Persona Humana, su libertad, su dignidad y sus valores; y la esperanza que proviene de la acción salvífica de Dios en el Mundo, que ayuda a superar toda debilidad.  A la vez, ha manifestado su grave preocupación ante los diversos atentados a la Persona Humana y su dignidad, haciendo notar también algunos presupuestos ideológicos típicos de la ´cultura´ llamada “postmoderna”, que hacen difícil comprender y vivir los valores que exigen la verdad acerca del ser humano.

En efecto, ya no se trata de contestaciones parciales y ocasionales, sino que, partiendo de determinadas concepciones antropológicas y éticas, se pone en tela de juicio, de modo global y sistemático, el patrimonio moral.  En la base se encuentra el influjo, más o menos velado, de corrientes de pensamiento que terminan por erradicar la libertad humana de su relación esencial y constitutiva con la verdad absoluta.” S.J.P.II – Enc. Veritatis splendor n. 4

Cuando se produce esta desvinculación entre la libertad y la verdad, desaparece toda referencia a valores y a una verdad absoluta para todos; la vida se adentra en las arenas movedizas del relativismo absoluto.  Entonces, todo es pactable, todo es negociable; incluso el primero de los derechos fundamentales: el de la vida.” S.J.P.II – Enc. Evangelium Vitae n. 20

Se trata también de un aviso ciertamente aplicable a la realidad del Matrimonio y la Familia, única fuente y cauce plenamente humano de la realización de ese primer derecho, que es la vida.  “Esto sucede cuando se acepta una corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de realizar la verdad en el proyecto de Dios sobre el Matrimonio y la Familia, sino como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta.” S.J.P.II

31) Así mismo, la comunidad cristiana ha vivido desde el principio la constitución del Matrimonio Cristiano como signo real de la unión de Cristo con la Iglesia.  El Matrimonio ha sido elevado por Jesucristo a evento salvífico en el nuevo orden instaurado en la economía de la Redención, es decir, el Matrimonio es Sacramento de la Nueva Alianza, aspecto esencial para comprender el contenido y alcance del Consorcio Matrimonial entre los bautizados.

El Magisterio de la Iglesia ha enseñado también que “El Sacramento del Matrimonio tiene esta peculiaridad respecto a los otros: ser el Sacramento de una realidad que existe ya en la economía de la Creación; ser el mismo pacto conyugal instituido por El Creador desde el principio.”

En el contexto de una sociedad frecuentemente descristianizada y alejada de los valores de la verdad de la Persona Humana, interesa ahora subrayar precisamente el contenido de esa “Alianza Matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen un consorcio de vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole.” (Der. Can. 1055), tal como fue instituido por Dios en el orden natural de La Creación.

Es conveniente recordar la naturaleza de la Familia de origen Matrimonial, que tiene un carácter ontológico –propiedades trascendentales del ser– y no solamente histórico y coyuntural, por encima de los cambios de los tiempos, lugares y culturas; y de la dimensión de justicia que surge de su propio ser. 

El proceso de secularización de la Familia en Occidente.

32)  En los comienzos del proceso de secularización (volverlo seglar) de la Institución Matrimonial, lo primero y casi único que se secularizó fueron las nupcias o formas de celebración del Matrimonio, al menos en los países occidentales de raíces católicas. 

Pervivieron, no obstante, tanto en la conciencia popular, como en los ordenamientos seglares, durante un tiempo, los principios básicos del Matrimonio; tales como el valor preciso de la indisolubilidad matrimonial y especialmente, la indisolubilidad absoluta del Matrimonio Sacramental, dado y consumado entre bautizados.

La introducción generalizada en los ordenamientos legislativos de lo que el Concilio Vaticano II denomina “la epidemia del divorcio”, dio origen a un progresivo oscurecimiento en la conciencia social, sobre el valor de aquello que constituyó durante siglos una gran conquista de la Humanidad; y que la Iglesia primitiva logró, no tan solo cristianizar la concepción romana del Matrimonio, sino devolver a esta Institución a sus orígenes creacionales, de acuerdo con la explícita voluntad Cristo Jesús.

Es cierto que en la conciencia de aquella Iglesia primitiva se percibía ya con claridad, que el ser natural del Matrimonio estaba ya concebido de origen por Dios Creador, para ser signo del Amor de Dios a su pueblo; y una vez llagada La Plenitud de los Tiempos, del Amor de Cristo a su Iglesia.  Pero lo primero que hace la Iglesia, guiada por el Evangelio y por las enseñanzas de Jesucristo, su Señor, es reconducir el Matrimonio a sus principios, consciente de que “. . . El mismo Dios en el autor del Matrimonio, al que ha dotado con bienes y fines varios.” (CVII – CGS n. 48)

Era muy consciente además, de que la importancia de esa institución natural “es muy grande para la continuación del género humano, para el bienestar personal de cada miembro de la familia y su suerte eterna, para la dignidad, estabilidad, paz y prosperidad de la misma familia y toda la sociedad humana. . .” Ibídem.  

Quienes se casan según las formalidades establecidas (por la Iglesia y el Estado, según los casos), pueden y requieren, ordinariamente, contraer un verdadero Matrimonio; esto es, la tendencia a la unión conyugal que es connatural a la persona humana, y en esta decisión, basar el aspecto jurídico del pacto conyugal y el nacimiento de un verdadero vínculo conyugal.



CONTINUARÁ

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