¡Venga Tu Reino!
Juventud y Familia Misionera
FORMACIÓN PARA MISIONEROS
PONTIFICIO CONSEJO PARA LA
FAMILIA
FAMILIA, MATRIMONIO Y UNIONES DE HECHO
CONTINUACIÓN
V
Matrimonio
cristiano
y unión de hecho
Matrimonio
cristiano y pluralismo social
30) La Iglesia, más intensamente en
los últimos tiempos, ha recordado con insistencia la confianza debida a la
Persona Humana, su libertad, su dignidad y sus valores; y la esperanza que
proviene de la acción salvífica de Dios en el Mundo, que ayuda a superar toda
debilidad. A la vez, ha manifestado su
grave preocupación ante los diversos atentados a la Persona Humana y su
dignidad, haciendo notar también algunos presupuestos ideológicos típicos de la
´cultura´ llamada “postmoderna”, que hacen difícil comprender y vivir los
valores que exigen la verdad acerca del ser humano.
“En efecto, ya no
se trata de contestaciones parciales y ocasionales, sino que, partiendo de
determinadas concepciones antropológicas y éticas, se pone en tela de juicio,
de modo global y sistemático, el patrimonio moral. En la base se encuentra el influjo, más o
menos velado, de corrientes de pensamiento que terminan por erradicar la
libertad humana de su relación esencial y constitutiva con la verdad absoluta.” S.J.P.II – Enc. Veritatis
splendor n. 4
“Cuando se
produce esta desvinculación entre la libertad y la verdad, desaparece toda
referencia a valores y a una verdad absoluta para todos; la vida se adentra en
las arenas movedizas del relativismo absoluto.
Entonces, todo es pactable, todo es negociable; incluso el primero de
los derechos fundamentales: el de la vida.” S.J.P.II – Enc. Evangelium Vitae n. 20
Se trata también de un aviso ciertamente aplicable a
la realidad del Matrimonio y la Familia, única fuente y cauce plenamente humano
de la realización de ese primer derecho, que es la vida. “Esto sucede
cuando se acepta una corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad,
concebida no como la capacidad de realizar la verdad en el proyecto de Dios
sobre el Matrimonio y la Familia, sino como una fuerza autónoma de
autoafirmación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar
egoísta.” S.J.P.II
31) Así mismo, la comunidad cristiana ha vivido desde el principio la
constitución del Matrimonio Cristiano como signo real de la unión de Cristo con
la Iglesia. El Matrimonio ha sido
elevado por Jesucristo a evento salvífico en el nuevo orden instaurado en la
economía de la Redención, es decir, el Matrimonio es Sacramento de la Nueva
Alianza, aspecto esencial para comprender el contenido y alcance del Consorcio
Matrimonial entre los bautizados.
El Magisterio de la Iglesia ha enseñado también que “El Sacramento del Matrimonio tiene esta
peculiaridad respecto a los otros: ser el Sacramento de una realidad que existe
ya en la economía de la Creación; ser el mismo pacto conyugal instituido por El
Creador desde el principio.”
En el contexto de una sociedad frecuentemente
descristianizada y alejada de los valores de la verdad de la Persona Humana,
interesa ahora subrayar precisamente el contenido de esa “Alianza Matrimonial, por la que el varón y la mujer
constituyen un consorcio de vida, ordenado por su misma índole natural al bien
de los cónyuges y a la generación y educación de la prole.” (Der. Can. 1055), tal como fue instituido por Dios
en el orden natural de La Creación.
Es conveniente recordar la naturaleza de la Familia de
origen Matrimonial, que tiene un carácter ontológico –propiedades
trascendentales del ser– y no solamente histórico y coyuntural, por encima de
los cambios de los tiempos, lugares y culturas; y de la dimensión de justicia
que surge de su propio ser.
El proceso de secularización de la
Familia en Occidente.
32) En los comienzos del proceso de
secularización (volverlo seglar) de la Institución Matrimonial, lo primero y
casi único que se secularizó fueron las nupcias o formas de celebración del
Matrimonio, al menos en los países occidentales de raíces católicas.
Pervivieron, no obstante, tanto en la conciencia
popular, como en los ordenamientos seglares, durante un tiempo, los principios
básicos del Matrimonio; tales como el valor preciso de la indisolubilidad
matrimonial y especialmente, la indisolubilidad absoluta del Matrimonio
Sacramental, dado y consumado entre bautizados.
La introducción generalizada en los ordenamientos
legislativos de lo que el Concilio Vaticano II denomina “la epidemia del
divorcio”, dio origen a un progresivo oscurecimiento en la conciencia social,
sobre el valor de aquello que constituyó durante siglos una gran conquista de
la Humanidad; y que la Iglesia primitiva logró, no tan solo cristianizar la
concepción romana del Matrimonio, sino devolver a esta Institución a sus
orígenes creacionales, de acuerdo con la explícita voluntad Cristo Jesús.
Es cierto que en la conciencia de aquella Iglesia
primitiva se percibía ya con claridad, que el ser natural del Matrimonio estaba
ya concebido de origen por Dios Creador, para ser signo del Amor de Dios a su
pueblo; y una vez llagada La Plenitud de los Tiempos, del Amor de Cristo a su
Iglesia. Pero lo primero que hace la
Iglesia, guiada por el Evangelio y por las enseñanzas de Jesucristo, su Señor,
es reconducir el Matrimonio a sus principios, consciente de que “. . . El mismo
Dios en el autor del Matrimonio, al que ha dotado con bienes y fines varios.” (CVII – CGS n. 48)
Era muy consciente además, de que la importancia de
esa institución natural “es muy grande
para la continuación del género humano, para el bienestar personal de cada
miembro de la familia y su suerte eterna, para la dignidad, estabilidad, paz y
prosperidad de la misma familia y toda la sociedad humana. . .” Ibídem.
Quienes se casan según las formalidades establecidas
(por la Iglesia y el Estado, según los casos), pueden y requieren,
ordinariamente, contraer un verdadero Matrimonio; esto es, la tendencia a la
unión conyugal que es connatural a la persona humana, y en esta decisión, basar
el aspecto jurídico del pacto conyugal y el nacimiento de un verdadero vínculo
conyugal.
CONTINUARÁ
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