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miércoles, 21 de diciembre de 2016

FORMACIÓN DE MISIONEROS (13 DE 15)

¡Venga Tu Reino!

Juventud y Familia Misionera

FORMACIÓN PARA MISIONEROS

PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA
FAMILIA, MATRIMONIO Y UNIONES DE HECHO

CONTINUACIÓN

Testimonio del Matrimonio Cristiano.

40)   Los esfuerzos por obtener una legislación favorable de las uniones de hecho en muchísimos países de antigua tradición cristiana, crea no poca preocupación entre pastores y fieles.  Podría parecer que muchas veces no se sabe qué respuesta dar a este fenómeno y la reacción es meramente defensiva, pudiendo darse la impresión de que la Iglesia simplemente quiere mantener el status quo, como si la Familia Matrimonial fuera solo el ‘modelo cultural’ (y tradicional) de la Iglesia, que se quiere conservar a pesar de las grandes transformaciones de nuestra época.

Ante ello, es preciso profundizar en los aspectos positivos del amor conyugal, de modo que sea posible volver a inculturar la Verdad del Evangelio, de modo análogo a como lo hicieron los cristianos de los primeros siglos de nuestra era.

El sujeto privilegiado de esta nueva evangelización de la familia, son precisamente las familias cristianas, porque son ellas las primeras evangelizadoras de la “buena noticia” del “amor hermoso”, no solo en su palabra sino, sobre todo, con su testimonio personal.  Es urgente redescubrir el valor social de la maravilla del Amor Conyugal, puesto que el fenómeno de las uniones de hecho no está al margen de los factores ideológicos que los oscurece, y que corresponden a una concepción errada de la sexualidad humana y de la relación hombre-mujer.

De aquí la importancia fundamental de la vida de gracia con Cristo de los Matrimonios Cristianos, tal como lo señala San Juan Pablo II:
También la Familia Cristiana está inserta en la Iglesia, pueblo sacerdotal, mediante el Sacramento del Matrimonio, en el cual está enraizada y del que se alimenta; es vivificada por el Señor y es llamada e invitada al diálogo con Dios mediante la vida sacramental, el ofrecimiento de la propia vida y la oración. 
Este es el cometido sacerdotal que la Familia Cristiana puede y debe ejercer en íntima comunión con toda la Iglesia, a través de las realidades cotidianas de la vida conyugal y familiar.  De esta manera la Familia Cristiana es llamada a santificarse y santificar a la comunidad eclesial y al Mundo.” (Ex. Ap. FC n. 55)

41)  La presencia misma de los Matrimonios Cristianos en los múltiples ambientes de la sociedad, es un modo privilegiado de mostrar al hombre contemporáneo (en buena medida destruido en su subjetividad, exhausto en una nueva búsqueda de un amor “libre”, opuesto al verdadero amor conyugal, mediante una multitud de experiencias fragmentadas), la real posibilidad de reencuentro del ser humano consigo mismo, de ayudarle a comprender la realidad de una subjetividad plenamente realizada en el matrimonio en Cristo Jesús.

Solo en esta especie de ‘choque’ con la realidad, puede hacerse emerger, en el corazón, la nostalgia de una patria de la cual toda persona custodia un recuerdo imborrable.  A los hombres y mujeres desengañados, que se preguntan así mismos cínicamente: “¿puede venir algo bueno del corazón humano?”, es preciso responderles: “venid y ved nuestro Matrimonio, nuestra Familia.

Este puede ser un punto decisivo de partida, testimonio real con la comunidad cristiana, con la Gracia de Dios, manifiesta la Misericordia de Dios para con los hombres.  Puede constatarse como sumamente positiva, en muchos ambientes, la muy considerable influencia ejercida por parte de los fieles cristianos.  En razón de una consciente elección de Fe y de vida, resultan, en medio de sus contemporáneos, como el fermento en la masa, como la luz en medio de las tinieblas.  La atención pastoral en su preparación al Matrimonio y la Familia, y su acompaña-miento en la vida matrimonial y familiar, es de fundamental importancia para la vida de la Iglesia y del Mundo.” San Juan Pablo II Ex. Ap. FC n. 66.


CONTINUARÁ

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