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Juventud y Familia Misionera
FORMACIÓN PARA MISIONEROS
PONTIFICIO CONSEJO PARA LA
FAMILIA
FAMILIA, MATRIMONIO Y UNIONES DE HECHO
CONTINUACIÓN
IV
Justicia y bien
social para la Familia
La
Familia, bien social a proteger en justicia
24) El
Matrimonio y la Familia son un bien social de primer orden: “La Familia expresa siempre una nueva dimensión del
bien para los hombres, y por esto suscita una nueva responsabilidad. Se trata de la responsabilidad por aquel
singular bien común en el cual se encuentra el bien del hombre: el bien de cada
miembro de la comunidad familiar; es un bien ciertamente ‘difícil’ (bonum
arduum), pero atractivo.” San Juan
Pablo II.
Ciertamente no todos
los cónyuges ni todas las familias desarrollan de hecho todo el bien personal y
social posible, de ahí que la sociedad deba corresponder poniendo a su alcance,
del modo más accesible, los medios para facilitar el desarrollo de sus valores
propios, pues “conviene hacer
realmente todos los esfuerzos posibles para que la Familia sea reconocida como ‘sociedad
primordial’ y, en cierto modo, ‘soberana’.
Su soberanía es indispensable para el bien de la sociedad.” San J.P.II
Valores sociales objetivos a fomentar
25) Así entendido, el Matrimonio y la Familia
constituyen un bien para la sociedad porque protegen un bien precioso para los
cónyuges mismos, pues “la Familia,
sociedad natural, existe antes que el Estado o cual o cualquier otra comunidad
(incluyendo a la Iglesia), y posee unos derechos propios que son inalienables.” Carta a las Familias.
Por una parte, la
dimensión social de la condición de casados postula un principio de seguridad
jurídica; porque el hacerse esposa o esposo pertenece al ámbito del ser –y no
del mero obrar– y la dignidad de este nuevo signo de identidad personal, tiene
derecho a su reconocimiento público y que la sociedad corresponda como merece
el bien que constituye.
Es obvio que el buen
orden de la sociedad es facilitado cuando el Matrimonio y la Familia se
configuran como lo que son verdaderamente: una
realidad estable. Por lo demás, la
integridad de la donación como varón y mujer, en su potencial paternidad y
maternidad, con la consiguiente unión –también exclusiva y permanente– entre
los padres y los hijos, expresa una confianza incondicional que se traduce en
una fuerza y un enriquecimiento para todos. Carta a las Familias
26) Por otra parte, la dignidad de la Persona
Humana exige que su origen provenga de los padres unidos en Matrimonio; la
unión íntima, íntegra, mutua y permanente debida, que proviene de los
esposos. Se trata por tanto, de un bien
para los hijos. Este origen es el único
que salvaguarda adecuadamente el principio de identidad de los hijos, no solo
desde la perspectiva genética o biológica, sino también desde la perspectiva
biográfica e histórica.
Igualmente, el
matrimonio constituye el ámbito de por sí más humano y ‘humanizador’ para la
acogida de los hijos; aquel que más fácilmente presta seguridad afectiva, aquel
que garantiza mayor unidad y continuidad en el proceso de integración social y
de educación y culturización. “La unión entre madre y concebido, y la función
insustituible del padre, requieren que el hijo sea acogido en una familia que
le garantice, posiblemente, la presencia de ambos padres. La contribución
específica ofrecida por ellos a la familia, y a través de ella a la sociedad,
es digna de gran consideración.” San J.P.II
Por lo demás, la
secuencia continuada entre conyugalidad, maternidad-paternidad, y parentesco
(filial, fraternal, etc.), evita muchos y serios problemas a la sociedad, que
aparecen precisamente cuando se rompe la concatenación de los diversos
elementos, de modo que cada uno de ellos viene a actuar con independencia de
los demás. (Familiaris
Consortio n. 21)
27) También para los demás miembros de la
Familia, la Unión Matrimonial como realidad social aporta un bien. En efecto, en el seno de la Familia nacida de
un vínculo conyugal, no solo las nuevas generaciones son acogidas y aprenden a
cooperar lo que les es propio, sino que también las generaciones anteriores
(abuelos), tienen la oportunidad de contribuir al enriquecimiento común,
aportando las propias experiencias, sintiendo una vez más la validez de su
servicio, confirmando su dignidad plena de personas siendo valoradas y amadas
por sí mismas, y aceptadas en un diálogo inter e intra generacional tantas
veces fecundo.
En efecto, “La Familia es el lugar donde se encuentran
diferentes generaciones y donde se ayudan mutuamente a crecer en sabiduría
humana y a armonizar los derechos individuales con las demás exigencias de la
vida social.” (Carta a las Familias – Papa J.P.II)
A la vez, las personas de la tercera edad pueden mirar con confianza y
seguridad el futuro, porque se saben rodeadas y atendidas por aquellos a
quienes han atendido durante largos años.
Así mismo, es
conocido que, cuando la Familia vive realmente como tal, la calidad de atención
a las personas ancianas no puede ser suplida –al menos en determinados aspectos–
por la atención prestada desde las instituciones ajenas a su ámbito, aunque sea
esmerada y cuente con avanzados medios técnico.
CONTINUARÁ
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