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miércoles, 23 de noviembre de 2016

FORMACIÓN DE MISIONEROS (9 de 20)

¡Venga Tu Reino!

Juventud y Familia Misionera

FORMACIÓN PARA MISIONEROS

PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA
FAMILIA, MATRIMONIO Y UNIONES DE HECHO

CONTINUACIÓN

IV
Justicia y bien social para la Familia

La Familia, bien social a proteger en justicia

24) El Matrimonio y la Familia son un bien social de primer orden: “La Familia expresa siempre una nueva dimensión del bien para los hombres, y por esto suscita una nueva responsabilidad.  Se trata de la responsabilidad por aquel singular bien común en el cual se encuentra el bien del hombre: el bien de cada miembro de la comunidad familiar; es un bien ciertamente ‘difícil’ (bonum arduum), pero atractivo.” San Juan Pablo II.

Ciertamente no todos los cónyuges ni todas las familias desarrollan de hecho todo el bien personal y social posible, de ahí que la sociedad deba corresponder poniendo a su alcance, del modo más accesible, los medios para facilitar el desarrollo de sus valores propios, pues “conviene hacer realmente todos los esfuerzos posibles para que la Familia sea reconocida como ‘sociedad primordial’ y, en cierto modo, ‘soberana’.  Su soberanía es indispensable para el bien de la sociedad.” San J.P.II

Valores sociales objetivos a fomentar

25)  Así entendido, el Matrimonio y la Familia constituyen un bien para la sociedad porque protegen un bien precioso para los cónyuges mismos, pues “la Familia, sociedad natural, existe antes que el Estado o cual o cualquier otra comunidad (incluyendo a la Iglesia), y posee unos derechos propios que son inalienables.” Carta a las Familias.

Por una parte, la dimensión social de la condición de casados postula un principio de seguridad jurídica; porque el hacerse esposa o esposo pertenece al ámbito del ser –y no del mero obrar– y la dignidad de este nuevo signo de identidad personal, tiene derecho a su reconocimiento público y que la sociedad corresponda como merece el bien que constituye.

Es obvio que el buen orden de la sociedad es facilitado cuando el Matrimonio y la Familia se configuran como lo que son verdaderamente: una realidad estable.  Por lo demás, la integridad de la donación como varón y mujer, en su potencial paternidad y maternidad, con la consiguiente unión –también exclusiva y permanente– entre los padres y los hijos, expresa una confianza incondicional que se traduce en una fuerza y un enriquecimiento para todos. Carta a las Familias

26)  Por otra parte, la dignidad de la Persona Humana exige que su origen provenga de los padres unidos en Matrimonio; la unión íntima, íntegra, mutua y permanente debida, que proviene de los esposos.  Se trata por tanto, de un bien para los hijos.  Este origen es el único que salvaguarda adecuadamente el principio de identidad de los hijos, no solo desde la perspectiva genética o biológica, sino también desde la perspectiva biográfica e histórica.

Igualmente, el matrimonio constituye el ámbito de por sí más humano y ‘humanizador’ para la acogida de los hijos; aquel que más fácilmente presta seguridad afectiva, aquel que garantiza mayor unidad y continuidad en el proceso de integración social y de educación y culturización.  “La unión entre madre y concebido, y la función insustituible del padre, requieren que el hijo sea acogido en una familia que le garantice, posiblemente, la presencia de ambos padres. La contribución específica ofrecida por ellos a la familia, y a través de ella a la sociedad, es digna de gran consideración.” San J.P.II

Por lo demás, la secuencia continuada entre conyugalidad, maternidad-paternidad, y parentesco (filial, fraternal, etc.), evita muchos y serios problemas a la sociedad, que aparecen precisamente cuando se rompe la concatenación de los diversos elementos, de modo que cada uno de ellos viene a actuar con independencia de los demás. (Familiaris Consortio n. 21)

27)  También para los demás miembros de la Familia, la Unión Matrimonial como realidad social aporta un bien.  En efecto, en el seno de la Familia nacida de un vínculo conyugal, no solo las nuevas generaciones son acogidas y aprenden a cooperar lo que les es propio, sino que también las generaciones anteriores (abuelos), tienen la oportunidad de contribuir al enriquecimiento común, aportando las propias experiencias, sintiendo una vez más la validez de su servicio, confirmando su dignidad plena de personas siendo valoradas y amadas por sí mismas, y aceptadas en un diálogo inter e intra generacional tantas veces fecundo.

En efecto, “La Familia es el lugar donde se encuentran diferentes generaciones y donde se ayudan mutuamente a crecer en sabiduría humana y a armonizar los derechos individuales con las demás exigencias de la vida social.” (Carta a las Familias – Papa J.P.II)  A la vez, las personas de la tercera edad pueden mirar con confianza y seguridad el futuro, porque se saben rodeadas y atendidas por aquellos a quienes han atendido durante largos años.

Así mismo, es conocido que, cuando la Familia vive realmente como tal, la calidad de atención a las personas ancianas no puede ser suplida –al menos en determinados aspectos– por la atención prestada desde las instituciones ajenas a su ámbito, aunque sea esmerada y cuente con avanzados medios técnico.  

CONTINUARÁ
  

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