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martes, 11 de octubre de 2016

FORMACIÓN PARA MISIONEROS 3 DE 20

¡Venga Tu Reino!

Juventud y Familia Misionera

FORMACIÓN

Pontificio Consejo Para La Familia
FAMILIA, MATRIMONIO Y UNIONES DE HECHO

Aspecto social de las «uniones de hecho»  (Continúa)

6)  No siempre las uniones de hecho son el resultado de una clara elección positiva; a veces las personas que conviven en estas uniones manifiestan tolerar o soportar esta situación.  En ciertos países, el mayor número de uniones de hecho se debe a una falta de afecto al Matrimonio, no por razones ideológicas, sino por falta de una educación adecuada para la formación de la responsabilidad; que es producto de la situación de pobreza y marginación del ambiente en que se encuentran.

La falta de confianza en el Matrimonio, sin embargo, puede deberse también a condicionamientos familiares, especialmente en países del Tercer Mundo.  Un factor de relieve a tener en consideración, son las situaciones de injusticia y las estructuras de pecado.  El predominio cultural de actitudes machistas o racistas, confluye agravando mucho estas situaciones de dificultad.

En estos casos no es raro encontrar uniones de hecho que contienen, incluso desde el inicio, una voluntad de convivencia, en principio, auténtica, en la que los convivientes se consideran unidos como si fueran marido y mujer, esforzándose por cumplir obligaciones similares a las del Matrimonio.  La pobreza, resultado a menudo de desequilibrios en el orden económico mundial, y las deficiencias educativas estructurales, representan para ellos graves obstáculos para la formación de una verdadera Familia.

En otros lugares, es más frecuente la cohabitación (durante períodos más o menos prolongados de tiempo), hasta la concepción o nacimiento del primer hijo.  Estas costumbres corresponden a prácticas ancestrales y tradicionales, especialmente fuertes en ciertas regiones de Asia, África y América Latina; ligadas al llamado «matrimonio por etapas».

Son prácticas en contraste con la dignidad humana, difíciles de desarraigar, y que configuran una situación moral negativa, con una problemática social característica y bien definida.  Este tipo de uniones no deben ser, sin más, identificadas con las uniones de hecho de las que aquí nos ocupamos (mismas que se configuran al margen de una antropología cultural de tipo tradicional); y suponen todo un desafío para la inculturación de la Fe en el Tercer Milenio de la Era Cristiana.

La complejidad y diversidad de la problemática de las uniones de hecho, se pone de manifiesto al considerar, por ejemplo, que, en ocasiones su causa más inmediata puede corresponder a motivos asistenciales.  Es el caso de los sistemas más desarrollados, de personas de edad avanzada que establecen relaciones solo de hecho, por el miedo a que acceder al matrimonio les infiera perjuicios fiscales, o la pérdida de las pensiones monetarias y de otros bienes, de las que gozan.
  
Los motivos personales y el factor cultural

7)  Es importante preguntarse por los motivos profundos por los que la cultura contemporánea asiste a una crisis del Matrimonio, tanto en su dimensión religiosa como en aquella civil, y al intento de reconocimiento y equiparación de las uniones de hecho.  De este modo, situaciones inestables que se definen más por aquello que de negativo tienen (la omisión del Vínculo Matrimonial), que por lo que se caracterizan positivamente, aparecen situadas a un nivel similar al del Matrimonio.

Efectivamente, todas aquellas situaciones se consolidan en distintas formas de relación, pero todas ellas están en contraste con una verdadera y plena donación recíproca, estable y reconocida socialmente. La complejidad de los motivos de orden económico, sociológico y psicológico, inscrita en un contexto de ‘privatización del amor’ y de eliminación del carácter institucional del Matrimonio, sugiere la conveniencia de profundizar en la perspectiva ideológica y cultural a partir de la cual se ha ido progresivamente desarrollando y afirmando el fenómeno de las uniones de hecho, tal y como hoy lo conocemos.  

La disminución progresiva del número de Matrimonios y de Familias reconocidas, en tanto tales, por las leyes de diferentes Estados; el aumento del número de parejas no casadas que conviven juntos en ciertos países, no puede ser suficientemente explicado por un movimiento cultural aislado y espontáneo, sino que responde a cambios históricos en las sociedades de todo el mundo, en ese momento cultural contemporáneo que algunos autores denominan «post-modernidad».

Es cierto que la menor incidencia del mundo agrícola, el desarrollo del sector terciario de la economía, el aumento de la duración media de la vida, la inestabilidad del empleo y las relaciones personales, la reducción del número de miembros de las familias que viven juntos bajo el mismo techo, la globalización de los fenómenos sociales y económicos, han dado como resultado una mayor inestabilidad de las familias y favorecido un ideal familiar menos numeroso. 

Pero, ¿es esto suficiente para explicar la situación contemporánea del Matrimonio?  Con viene hacer notar que la Institución Matrimonial, atraviesa una crisis menor donde las tradiciones familiares son más fuertes.

8)  Dentro de un proceso que podría denominarse, de gradual desestructuración cultural y humana de la Institución Matrimonial, no debe ser minusvalorada la difusión de cierta ideología de «gender» (teoría del género); en donde ser hombre o mujer no estaría determinado fundamentalmente por el sexo (género), sino por la cultura. Con ello se atacan las mismísimas bases de la Familia y de las relaciones interpersonales.

Es preciso hacer algunas consideraciones al respecto, debido a la importancia de tal ideología en la cultura contemporánea, y su influjo en el fenómeno de las uniones de hecho. (Ha dicho el Papa Francisco: “La ideología de género es una equivocación del pensamiento humano.”)

En la dinámica de integración de la personalidad humana, un factor muy importante es el de la identidad.  La persona adquiere progresivamente durante la infancia y la adolescencia, conciencia de ser “sí mismo”; adquiere conciencia de su identidad.  Esta conciencia de la propia identidad se integra en un procesos de reconocimiento del propio ser y, consecuentemente, de la dimensión sexual del propio ser.  Es, por tanto, conciencia de identidad y diferencia.


Los expertos suelen distinguir entre identidad sexual (es decir, conciencia de identidad psico-biológica del propio sexo, y de diferencia respecto del otro sexo) e identidad genérica (es decir, conciencia de identidad psico-social y cultural del papel que las personas de un determinado sexo desempeñan en la sociedad). 


Mediten bien lo leído, para que sea bien aprendido.  La siguiente semana nos saludamos. 

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