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Pontificio Consejo Para
La Familia
FAMILIA, MATRIMONIO Y UNIONES DE HECHO
Aspecto social
de las «uniones de hecho» (Continúa)
6)
No siempre las uniones de hecho son el resultado de una clara elección
positiva; a veces las personas que conviven en estas uniones manifiestan
tolerar o soportar esta situación. En
ciertos países, el mayor número de uniones de hecho se debe a una falta de
afecto al Matrimonio, no por razones ideológicas, sino por falta de una
educación adecuada para la formación de la responsabilidad; que es producto de
la situación de pobreza y marginación del ambiente en que se encuentran.
La falta de confianza en el Matrimonio,
sin embargo, puede deberse también a condicionamientos familiares,
especialmente en países del Tercer Mundo.
Un factor de relieve a tener en consideración, son las situaciones de
injusticia y las estructuras de pecado.
El predominio cultural de actitudes machistas o racistas, confluye
agravando mucho estas situaciones de dificultad.
En estos casos no es
raro encontrar uniones de hecho que contienen, incluso desde el inicio, una
voluntad de convivencia, en principio, auténtica, en la que los convivientes se
consideran unidos como si fueran marido y mujer, esforzándose por cumplir
obligaciones similares a las del Matrimonio.
La pobreza, resultado a menudo de desequilibrios en el orden económico
mundial, y las deficiencias educativas estructurales, representan para ellos
graves obstáculos para la formación de una verdadera Familia.
En otros lugares, es más frecuente la cohabitación
(durante períodos más o menos prolongados de tiempo), hasta la concepción o
nacimiento del primer hijo. Estas
costumbres corresponden a prácticas ancestrales y tradicionales, especialmente
fuertes en ciertas regiones de Asia, África y América Latina; ligadas al
llamado «matrimonio por
etapas».
Son prácticas en contraste con la
dignidad humana, difíciles de desarraigar, y que configuran una situación moral
negativa, con una problemática social característica y bien definida. Este tipo de uniones no deben ser, sin más,
identificadas con las uniones de hecho de las que aquí nos ocupamos (mismas que
se configuran al margen de una antropología cultural de tipo tradicional); y
suponen todo un desafío para la inculturación de la Fe en el Tercer Milenio de
la Era Cristiana.
La complejidad y diversidad de la
problemática de las uniones de hecho, se pone de manifiesto al considerar, por
ejemplo, que, en ocasiones su causa más inmediata puede corresponder a motivos
asistenciales. Es el caso de los
sistemas más desarrollados, de personas de edad avanzada que establecen
relaciones solo de hecho, por el miedo a que acceder al matrimonio les infiera
perjuicios fiscales, o la pérdida de las pensiones monetarias y de otros
bienes, de las que gozan.
Los motivos personales y el factor cultural
7) Es importante preguntarse por los motivos
profundos por los que la cultura contemporánea asiste a una crisis del
Matrimonio, tanto en su dimensión religiosa como en aquella civil, y al intento
de reconocimiento y equiparación de las uniones de hecho. De este modo, situaciones inestables que se
definen más por aquello que de negativo tienen (la omisión del Vínculo
Matrimonial), que por lo que se caracterizan positivamente, aparecen situadas a
un nivel similar al del Matrimonio.
Efectivamente, todas
aquellas situaciones se consolidan en distintas formas de relación, pero todas
ellas están en contraste con una verdadera y plena donación recíproca, estable
y reconocida socialmente. La complejidad de los motivos de orden económico,
sociológico y psicológico, inscrita en un contexto de ‘privatización del amor’
y de eliminación del carácter institucional del Matrimonio, sugiere la
conveniencia de profundizar en la perspectiva ideológica y cultural a partir de
la cual se ha ido progresivamente desarrollando y afirmando el fenómeno de las
uniones de hecho, tal y como hoy lo conocemos.
La disminución progresiva del número de Matrimonios y
de Familias reconocidas, en tanto tales, por las leyes de diferentes Estados;
el aumento del número de parejas no casadas que conviven juntos en ciertos
países, no puede ser suficientemente explicado por un movimiento cultural
aislado y espontáneo, sino que responde a cambios históricos en las sociedades
de todo el mundo, en ese momento cultural contemporáneo que algunos autores
denominan «post-modernidad».
Es cierto que la
menor incidencia del mundo agrícola, el desarrollo del sector terciario de la
economía, el aumento de la duración media de la vida, la inestabilidad del
empleo y las relaciones personales, la reducción del número de miembros de las
familias que viven juntos bajo el mismo techo, la globalización de los
fenómenos sociales y económicos, han dado como resultado una mayor
inestabilidad de las familias y favorecido un ideal familiar menos
numeroso.
Pero, ¿es esto
suficiente para explicar la situación contemporánea del Matrimonio? Con viene hacer notar que la Institución
Matrimonial, atraviesa una crisis menor donde las tradiciones familiares son
más fuertes.
8) Dentro de un
proceso que podría denominarse, de gradual desestructuración cultural y humana
de la Institución Matrimonial, no debe ser minusvalorada la difusión de cierta
ideología de «gender» (teoría del género); en donde ser
hombre o mujer no estaría determinado fundamentalmente por el sexo (género),
sino por la cultura. Con ello se atacan
las mismísimas bases de la Familia y de las relaciones interpersonales.
Es preciso hacer
algunas consideraciones al respecto, debido a la importancia de tal ideología
en la cultura contemporánea, y su influjo en el fenómeno de las uniones de
hecho. (Ha dicho el Papa Francisco: “La
ideología de género es una equivocación del pensamiento humano.”)
En la dinámica de
integración de la personalidad humana, un factor muy importante es el de la identidad. La persona adquiere progresivamente durante
la infancia y la adolescencia, conciencia de ser “sí mismo”; adquiere conciencia de su identidad. Esta conciencia de la propia identidad se
integra en un procesos de reconocimiento del propio ser y, consecuentemente, de
la dimensión sexual del propio ser. Es,
por tanto, conciencia de identidad y diferencia.
Los expertos suelen
distinguir entre identidad sexual (es
decir, conciencia de identidad psico-biológica del propio sexo, y de diferencia
respecto del otro sexo) e identidad genérica (es decir, conciencia de identidad psico-social y cultural del papel que
las personas de un determinado sexo desempeñan en la sociedad).
Mediten bien lo leído, para que sea bien aprendido. La siguiente semana nos saludamos.
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