martes, 16 de diciembre de 2025

MÍSTICA - LILIA GARELLI - (DN-31)

“… Señor, quédate con nosotros …”

San Cleofás en Emaús 

Riviera Maya, México; Diciembre 17 del 2025.

           MÍSTICA

                                                            Por: Lilia Garelli                                      

 

“…Efectivamente, la Virgen María, que al anuncio del ángel recibió al Verbo de Dios en su alma y en su cuerpo y dio la Vida al mundo, es reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios y del Redentor…”

Lumen Gentium – Concilio Vaticano II No. 53

DILEXIT NOS (31) - Él nos Amó

“Sobre el Amor Humano y Divino del Corazón de Jesucristo”

 

Estimados en Cristo:

Muy queridos lectores, en esta ocasión y debido al regalo que Dios nuestro Señor nos ha dado en la Celebración Eucarística del pasado 12 de diciembre del año en curso, llevada a cabo en Vaticano por el nuevo Sumo Pontífice el Papa León XIV, fecha tan especial para todos los mexicanos y latinoamericanos; al ser Ella la Emperatriz de las Américas; me atrevo a interrumpir por un momento la consecución del tema que estamos reflexionando para introducirles una parte de la Homilía que el Papa León XIV ha preparado a manera de Oración Fervorosa, ya que es de especial belleza y quedará marcada en nuestro corazón por siempre.  Ustedes mismos podrán constatarlo a continuación: 

Durante toda su existencia, María lleva ese gozo allí donde la alegría humana no basta, allí donde el vino se ha agotado (Jn 2,3). Así ocurre en Guadalupe. En el Tepeyac, ella despierta en los habitantes de América la alegría de saberse amados por Dios. En las apariciones de 1531, hablándole a san Juan Diego en su lengua materna, ella declara que “mucho desea” que se levante allí una “casita sagrada” desde la cual ensalzará a Dios y lo pondrá de manifiesto (Nican Mopohua, 26-27). En medio de conflictos que no cesan, injusticias y dolores que buscan alivio, María de Guadalupe proclama el núcleo de su mensaje: «¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre(Ibíd. 119). Es la voz que hace resonar la promesa de la fidelidad divina, la presencia que sostiene cuando la vida se vuelve insoportable.

La maternidad que ella declara nos hace descubrirnos hijos. Quien escucha “yo soy tu madre” recuerda que, desde la cruz, al «aquí tienes a tu madre» corresponde el «aquí tienes a tu hijo» (Jn 19,26-27). Y como hijos, nos dirigiremos a ella para preguntarle: “Madre, ¿qué debemos hacer para ser los hijos que tu corazón desea?”. Ella, fiel a su misión, con ternura nos dirá: «Hagan lo que Él les diga» (Jn 2,5). Sí, Madre, queremos ser auténticos hijos tuyos: dinos cómo avanzar en la fe cuando las fuerzas decaen y crecen las sombras. Haznos comprender que contigo, incluso el invierno se convierte en tiempo de rosas.

Y como hijo te pido: Madre, enseña a las naciones que quieren ser hijas tuyas a no dividir el mundo en bandos irreconciliables, a no permitir que el odio marque su historia ni que la mentira escriba su memoria. Muéstrales que la autoridad ha de ser ejercida como servicio y no como dominio. Instruye a sus gobernantes en su deber de custodiar la dignidad de cada persona en todas las fases de su vida. Haz de esos pueblos, hijos tuyos, lugares donde cada persona pueda sentirse bienvenida.

Acompaña, Madre, a los más jóvenes, para que obtengan de Cristo la fuerza para elegir el bien y el valor para mantenerse firmes en la fe, aunque el mundo los empuje en otra dirección. Muéstrales que tu Hijo camina a su lado. Que nada aflija su corazón para que puedan acoger sin miedo los planes de Dios. Aparta de ellos las amenazas del crimen, de las adicciones y del peligro de una vida sin sentido.

Busca, Madre, a los que se han alejado de la santa Iglesia: que tu mirada los alcance donde no llega la nuestra, derriba los muros que nos separan y tráelos de vuelta a casa con la fuerza de tu amor. Madre, te suplico que inclines el corazón de quienes siembran discordia hacia el deseo de tu Hijo de que «todos sean uno» (Jn 17,21) y los restaures en la caridad que hace posible la comunión, pues dentro de la Iglesia, Madre, tus hijos no podemos estar divididos.

Fortalece a las familias: que, siguiendo tu ejemplo, los padres eduquen con ternura y firmeza, de modo que cada hogar sea escuela de fe. Inspira, Madre, a quienes forman mentes y corazones para que transmitan la verdad con la dulzura, precisión, y claridad que nace del Evangelio. Alienta a los que tu Hijo ha llamado a seguirlo más de cerca: sostén al clero y a la vida consagrada en la fidelidad diaria y renueva su amor primero. Guarda su interioridad en la oración, protégelos en la tentación, anímalos en el cansancio y socorre a los abatidos.

Virgen Santa, que, como tú, conservemos el Evangelio en nuestro corazón (Lc 2,51). Ayúdanos a comprender que, aunque destinatarios, no somos dueños de este mensaje, sino que, como san Juan Diego, somos sus simples servidores. Que vivamos convencidos de que allí donde llega la Buena noticia, todo se vuelve bello, todo recupera la salud, todo se renueva. “Los que se dejan guiar por ti, no pecarán” (Si 24,22 NV); asístenos para no empañar con nuestro pecado y miseria la santidad de la Iglesia que, como tú, es madre.

Madre “del verdadero Dios por quien se vive”, ven en auxilio del Sucesor de Pedro, para que confirme en el único camino que conduce al Fruto bendito de tu vientre, a cuantos me fueron confiados. Recuerda a este hijo tuyo, «a quien Cristo confió las llaves del Reino de los cielos para el bien de todos», que esas llaves sirvan «para atar y desatar y para redimir toda miseria humana» (S. Juan Pablo II - Homillía en Siracusa, 6 noviembre 1994). Y haz que, confiando en tu protección, avancemos cada vez más unidos, con Jesús y entre nosotros, hacia la morada eterna que Él nos ha preparado y en la que tú nos esperas. Amén.

¡Bendito sea el Señor que nos brinda tanto amor en las palabras de su Vicario!

W

Seguimos con el tema que estamos tratando en la Exhortación Apostólica del Papa Francisco y que como “diosidencia” nos habla también de la mediación de la Virgen María:

Terminando el apartado del escrito de la semana pasada: “Algunas resonancias en la historia de la espiritualidad” en donde el Papa Francisco menciona diversos textos que los Padres de la Iglesia y Santos del pueblo de Dios, nos han dejado para orientarnos sobre el mensaje que Jesucristo nos dejó sobre la devoción a su Divino Corazón; y por otro lado reconocer la importancia que tiene la fuente de gracias que nos brinda, para que, a su vez, las podamos compartir con nuestros hermanos; el Papa no puede dejar de mencionar la mediación que María como nuestra intercesora y madre, puede obrar a nuestras súplicas, para ello mencionará varias frases incluidas en la Carta Encíclica del Papa Juan Pablo II “Redemptoris Mater” y de la Constitución Dogmática “Lumen Gentium” contenida en el gran volumen del Concílio Vaticano II:

o   En el seno de la Iglesia, la mediación de María, intercesora y madre, sólo se entiende “…como una participación de esta única fuente que es la mediación de Cristo mismo. (SJPII – CE – Redemptoris Mater 1987); “…la Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María. (…) La misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder…” (CVII – Lumen Gentium 62, 60).

o   Gracias al inmenso manantial que mana del costado abierto de Cristo, la Iglesia, María y todos los creyentes, de diferentes maneras, se convierten en canales de agua viva.  Así Cristo mismo despliega su gloria en nuestra pequeñez.  (PF – DN No. 176).

·        Fraternidad y Mística:

Este apartado contiene a mi manera de pensar la esencia de toda esta Carta Encíclica, la razón de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, es lograr que las gracias de esas oraciones fervorosas a su Divino Corazón, nos transforme interiormente, de tal manera que logremos la fraternidad con todos nuestros hermanos, demostrando comprensión y enseñando con el propio ejemplo, a través de diversas formas, lo que ese Divino Corazón nos haya inspirado; por ello los invito a meditar cada uno de los textos que el Papa Francisco incluye en este apartado “Fraternidad y Mística” como un regalo que Dios nos da este día y que al estar en el tiempo de Adviento, nos ayude a prepararnos mejor para su venida.

El Papa inicia recordando las palabras de San Bernardo, quien en sus Obras Completas invita a la devoción del Corazón de Cristo para lograr una verdadera conversión en la vida.  “…El mal se supera con el bien, el mal se vence con el crecimiento del amor:  “Ama, pues, al Señor, tu Dios, con el afecto de un corazón lleno y entero; ámale con toda la sabiduría y vigilancia de la razón; ámale con todas las fuerzas del espíritu, de suerte que no temas ni siquiera el morir por amor suyo (…) Sea el Señor Jesús para tu afecto un objeto de dulzura, a fin de destruir la dulzura criminal de los placeres de la vida carnal:  una dulzura supere a la otra, como un clavo expulsa a otro clavo” …” (Sermón 20, 4, San Bernardo, OC, II,122) (PF – DN No. 177.

Seguimos con San Francisco de Sales en “Introducción a la vida devota” nos dice: “…Hay que tener cuidado de servirle en cosas grandes y altas y en pequeñas y abyectas, pues con unas y con otras podemos arrebatarle el corazón mediante el amor. (…) Tantos leves detalles de caridad ordinarios, ese dolor de cabeza o de muelas, una indisposición, la palabra desabrida del marido o de la esposa, la rotura de un cristal, un desprecio o una burla, la pérdida de los guantes, de un anillo, de un pañuelo, la insignificante molestia que supone ir a acostarse temprano o levantarse al alba para hacer oración antes de comulgar, la vergüenza que se siente al cumplir con ciertos deberes de piedad públicamente; en una palabra, todos los sufrimientos recibidos y practicados con amor agradan mucho a la Bondad Divina. (Int.Vida Devota III,c.35, Obras selectas) (PF DN No. 178).

Un amor compasivo y misericordioso, sencillo y humilde, es la guía que San Francisco de Sales nos propone en la vida diaria, según nos lo resume el Papa Francisco añadiendo: “…Pero, en definitiva, la clave de nuestra respuesta al amor del Corazón de Cristo es el amor al prójimo…” e incluye unas frases del Sermón del domingo XVII después de Pentecostés, mensaje dado por San Francisco de Sales en Annecy en el año 1897.  “…un amor firme, constante, invariable, que, no deteniéndose en nimiedades, ni en las cualidades o condiciones de las personas, no está sujeto a cambios ni a las animadversiones. (…) Nuestro Señor nos ama sin interrupción, (…) soporta tanto nuestros defectos como nuestras imperfecciones; (…) es pues preciso que hagamos lo mismo con respecto a nuestros hermanos, no cansándonos nunca de soportarlos…” (SFS – Sermones Vol.3, 200,201) (PF -DN No. 178).

Ahora el Papa Francisco continúa mencionando nuevamente a San Carlos de Foucauld, a quien recordarán, pudimos ampliar sobre su biografía en escritos anteriores, -precisamente el de fecha 8 de octubre- nos comenta que él se esforzaba por imitar a Jesucristo en su forma de vivir, en su forma de actuar y le gustaba pensar qué habría hecho Jesús en su lugar, para poder decidir correctamente ante las encrucijadas de la vida y decía en sus escritos hechos en un retiro espiritual en Nazaret en el año 1897:

“…Deseo de sufrimientos, para devolverle Amor por Amor, para imitarle, (…) para compartir su obra, ofrecerme a Él todo, la nada que yo soy, en sacrificio, en víctima, por la santificación de los hombres…” 

P. Francisco - Dilexit Nos No. 179

Afectísima en Jesucristo,

Lilia Garelli

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