¡Alabado
sea Jesucristo!
México,
D.F., Octubre 14 del 2014.
DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES
Muy estimados todos en Cristo Jesús:
Siempre que se
acerca esta celebración (el tercer domingo de octubre), me gusta escribir de
ella, ya que todos los católicos, de una u otra forma, lo somos, gracias a
algún misionero. La Iglesia es Misionera
en su esencia, pues los Apóstoles lo fueron y la Iglesia es Apostólica por
ellos. En especial nuestro querido México está muy relacionado con las misiones,
pues, desde la llegada de los primeros españoles, fueron cientos –si no es que
miles– los misioneros que arribaron a Nueva España con el único fin de predicar
a Jesucristo.
Clérigos
Mercedarios, Frailes y Monjes Franciscanos, Dominicos, Agustinos y Carmelitas
(solo por mencionar algunos); se dieron cita en los cinco millones de
kilómetros cuadrados, del territorio del Virreinato de la Nueva España, desde el
Siglo XVI. Millones de bautizados,
fueron las primeras Gracias obtenidas por tan loable labor de misionar; luego,
miles de vocaciones saltaron a la luz para dedicar la vida propia a Cristo Jesús.
Hombres y mujeres, europeos, criollos,
mestizos o indios; todos acrecentaron el número de fieles en las “Tierras de Misión”, en que se habían
convertido todas las naciones de América.
Las evidencias de tan
admirable trabajo se esparcen por todo el Territorio Nacional y allende sus
fronteras; miles de Capillas, Iglesias, Catedrales, Conventos y Santuarios,
fueron edificados para dar cabida a la Evangelización, que El Señor bendecía
hasta con la presencia de su Santa Madre, en un sinnúmero de Apariciones. En América toda, el Cristianismo es producto
del trabajo misionero.
Todos nuestros
países fueron primero “Tierra de Misión”
en la Iglesia; la fundación de alguna ciudad, pueblo o caserío, antes que nada,
tenía una dedicación devocional. La Vera Cruz (o la Cruz Verdadera) el primer puerto
español en México; Puebla de los Ángeles, la primera mega ciudad planeada del
continente; Nueva España de la Asunción (hoy Ciudad de México), Primera
Arquidiócesis de América; son evidencia de la labor misionera realizada. Y ni qué decir de los pueblos convertidos:
Chalco de Santiago Apóstol, San Martín Texmelucan, San Pedro Cholula; y miles
más dedicados a Santos específicos, nos dejan ver su sello misionero.
Hoy en día todavía nos
admira el trabajo de titanes, realizado por los Jesuitas en Nueva España: desde
Las Misiones en las tierras de la Alta California,
hasta las fundaciones en las Capitanías de Guatemala y Nicaragua; o el trazo
del Camino Real de Tierra Adentro,
desde la Capital Mexicana hasta Santa Fe, en Tierra de Apaches. Todos, caminos
de a pié y cabalgadura; todos caminos de Misión.
El trabajo misionero
en México no es una labor ajena para los mexicanos, también lo es propio; ya en
el mismo Siglo XVI, San Felipe de Jesús, el primer nacional ascendido a los
altares, se embarcó desde Acapulco hasta Manila en Filipinas, para ir a
Misionar al Japón, en donde murió mártir, predicando a Jesucristo. Las Órdenes Religiosas mexicanas de Los
Misioneros del Espíritu Santo y Los Misioneros de Guadalupe –ambas fundadas a
principios del Siglo XX– tuvieron como objetivo las Misiones Indígenas en
América y la Misiones Tribales en África.
¡Y seguimos siendo
Misioneros! En 1994, el Movimiento
Regnum Christi de los Legionarios de Cristo, fundó el más grande Apostolado de esa
Institución: Juventud
y Familia Misionera. DECENAS DE MILES DE
CATÓLICOS DE MÉXICO Y EL MUNDO (en más de veinte países), REALIZAN ANUALMENTE
LA MEGA MISIÓN DE SEMANA SANTA; nueve días continuos de Evangelización,
anteponiendo a Cristo encima de nosotros mismos.
Si no somos
Misioneros, difícilmente podemos llamarnos Cristianos; pues, Cristo mismo dio el
mandato: “. . . Vayan y prediquen el
Evangelio a TODA la gente. . .” Y eso hicieron su Apóstoles, los fundadores
de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Y eso tenemos que hacer todos: ¡SER
MISIONEROS Y PREDICAR EL EVANGELIO!
De todos ustedes,
con afecto en Cristo.
Antonio Garelli
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De Milagros y Diosidencias.
Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.
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