¡Alabado
sea Jesucristo!
México,
D.F., Septiembre 19 del 2014.
UNA DE MIS DIOSIDENCIAS PERSONALES
Muy estimados todos en Cristo Jesús:
Me enviaron tres correos en los que me dicen: “Sr. Garelli: Empiece usted contando sus
Diosidencias.” Así que les comento
la primera.
Todos
los jueves y viernes de los años 1979-80 yo realizaba el viaje México-Veracruz
– Tres Valles – Veracruz – México.
Estábamos construyendo las unidades habitacionales de MEXPAPE y yo era
el que le pagaba a los maestros albañiles y a los contratistas, el avance de
sus trabajos de la semana anterior.
Salíamos de México, D.F. en el vuelo de las 7:00 a.m.; normalmente nos
recogía una ‘combi’ en el aeropuerto de Veracruz y nos llevaba hasta la Planta
de Tres Valles. El regreso era al día
siguiente, en el último vuelo que salía a las 21:30 hrs.
Uno
de esos jueves el único que realizó el viaje fui yo, por lo que el transporte
general no se desplazó a Veracruz; tuve que rentar un automóvil para llegar
hasta Tres Valles. El coche era un
flamante Dodge Dart 1980, color crema, dos puestas, automático, aire
acondicionado y con menos de 100 kilómetros recorridos; me lo ‘encargaron
mucho’, pues estaba ‘nuevecito’. La ruta
que tomábamos era la carretera La Tinaja – Ciudad Alemán, una línea recta muy
bien asfaltada, cuando era nueva –que un ex presidente veracruzano le mandó
hacer a su pueblo natal, Sayula, Veracruz– y que era todo un peligro por los
múltiples ‘columpios’ (subidas y bajadas largas y pronunciadas) que tiene la carretera. Entonces era solo de dos carriles (uno de ida
y otro de vuelta, no sé si sigua igual), por lo que rebasar solo se podía hacer
en algunos lugares claramente señalados.
A
la mitad del trayecto, un poco antes de llegar a Tierra Blanca, Ver., en el
único lugar en donde esa carretera tiene un desnivel de más de tres metros de
profundidad en las cunetas, dos camiones de carga se venían rebasando antes de
entrar a un puente, de menos de 10 m. de ancho y 50 m. de largo, por el cual yo
transitaría en breve. Los vi 300 m.
antes del encuentro de los vehículos; yo manejaba a 120 km/h, lo que
significaba esa distancia en tiempo, unos cinco segundos aproximadamente. Mis repetidas señales de cambio de luz no
fueron atendidas por ninguno de los dos vehículos, los cuales mantuvieron sus
velocidades y sus rutas sin variación alguna.
Tenía que hacer algo, y pronto, o el impacto con esos fierros en
movimiento sería exactamente en el susodicho puente; y eso sería muerte segura.
Aceleré
todo lo que dio el motor, salí del puente como a 180 km/h y dirigí el auto
hacia la derecha, a la cuneta, evitando el choque de frente con los camiones,
que entraron al puente ocupando todo el espacio factible. El coche que yo manejaba dio dos vueltas y
media por el aire, a una velocidad ‘endemoniada’, antes de ‘aterrizar’ con el
techo, con las ruedas hacia arriba, totalmente destrozado.
Solo
me acuerdo de dos cosas: haber dicho: ¡Ayúdame Dios mío!, y haberme visto
maniobrar, desde fuera de mí mismo.
Sí,
sí me ayudó Dios. Y mucho más que eso. No me pasó absolutamente nada; ni un golpe, ni
un hueso roto, ni un rasguño, ni una gota de sangre. Salí ‘gateando’ del coche, por la ventana del
conductor que se había despedazado; perfectamente consciente de lo que hacía y
de lo que había sucedido. Me senté en la
tierra y en la hierba, y empecé a llorar y a rezar, dándole gracias a Dios por
haberme salvado la vida y por haber conservado mi salud y mi integridad
física.
Cuatro
meses después de este terrible accidente, nació mi segunda hija; la primera
tenía dos años y medio. Dos meses más
tarde me cambié de trabajo.
Este es mi Milagro; ciertamente algo más que solo una
Diosidencia. Tengo otras, luego se las
cuento; pero esta fue de vida o muerte.
¿Tú tienes alguna Diosidencia? Envíanosla a diosidencias@gmail.com
De todos ustedes, con afecto en Cristo.
Antonio Garelli
También me
puedes seguir en:
De Milagros y Diosidencias.
Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.
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