¡Alabado
sea Jesucristo!
México,
D.F., Septiembre 25 del 2014.
OTRA DE MIS DIOSIDENCIAS PERSONALES
Muy estimados todos en Cristo Jesús:
Yo sí estoy cumpliendo, eh? Esta es otra de mis Diosidencias
personales. Pero
antes que nada, quiero agradecerle a toda la audiencia de la semana pasada (que
casi rompen mi récord de visitas semanales), por su enlace a este Blog, que es
de todos; ojalá pudieran enviarnos un mail a diosidencias@gmail.com para conocer sus impresiones sobre contenidos y
temas; para nosotros serían invaluables sus comentarios. Otra vez, muchas gracias.
Un día me dijo
un sacerdote de Dios: “Si no te gusta la
gimnasia y la magnesia de la Misa del Cura (o sea, lo que dice y lo que
hace), aguántate; porque es SU Misa, no la
tuya. Si no te puedes aguantar,
cámbiate; ve a Misa a otro lugar en donde no esté él; pero no critiques a un
sacerdote en su Misa, ni por su propio bien.”
Entre
1975 y 1976, mi Novia Lilia, que ahora es mi Esposa, su Mamá (que vive en el
Cielo) y yo anduvimos buscando una Misa y un Cura ‘que me gustara’; éramos
novios y algún día nos íbamos a casar, así que queríamos conocer a un sacerdote
que, al menos, no nos fuera a cambiara los nombres cuando nos estuviera
casando. Visitamos más de cinco iglesias
y parroquias en muy diversos horarios y no encontrábamos uno. Un Domingo llegó Luis, el hermano menor de mi
Esposa, y nos recomendó mucho la Misa de San Ignacio de Loyola, a las 7:30
p.m., la daba un Padre ‘que nos iba a dejar pasmados, por su prédica.’
Al
siguiente Domingo fuimos a Misa a la Iglesia de San Ignacio; y en efecto, yo
quedé muy gratamente complacido con la homilía
del sacerdote (y Lilia y Doña Margarita quedaron encantadas con el ‘curita’); ese
día conocimos a un gran amigo, un invaluable confesor, un hombre de Dios y un ‘encaminador’
de almas: mi amadísimo conversor, el Padre Manuel Ignacio Pérez Alonso, S.J., a
quien debo mi catolicidad; SOLO QUE LUIS NO VIÓ AL PADRE PÉREZ ALONSO, SINO AL
PADRE XAVIER ESCALADA, S. J., quien había substituido al Padre Manuel Ignacio,
en la hora de su Misa ( la de las 7:30 p.m.), porque se encontraba fuera de
México. ¿Coincidencia? No, ‘hombre’, esto es una auténtica
Diosidencia.
Si
Luis no hubiese ido a esa Misa, ese día, a esa hora, nunca habríamos conocido
al Padre Pérez Alonso. Y digo nunca con mucha seguridad, porque nuestras
caminatas de novios no eran hacia Polanco, donde se ubica la Iglesia de San
Ignacio. Se volvió nuestra Misa
Dominical y mucho más que eso: el Padre Pérez Alonso se convirtió en el Cura de
cabecera, él me convirtió, él nos casó, él Bautizó a nuestras Hijas, él les dio Su Primera Comunión, toda
nuestra Devoción se la debemos a ese Santo de Dios; por su prédica, su pastoreo
personalizado, su ejemplo impecable, su guía infalible, en fin, OTRO CRISTO, en verdad.
Durante
casi veinte años fuimos a Misa a San Ignacio de Loyola, solo el cambio de vida
de las Hijas modificó eso; pero aún hoy sigo diciendo que no tengo (y tenemos)
cómo agradecerle a nuestro querido Confesor Manuel Ignacio Pérez Alonso, S.J.,
su amorosa entrega y su valiosísima influencia en nosotros. Yo lo sé, a un Siervo así, el Señor lo
recibe de inmediato en el Cielo al concluir su vida en la Tierra. Sigue siendo un medio muy importante para acercarnos
a Cristo.
Este es una Diosidencia personal. Tengo otras, luego se las cuento; pero quiero
saber de las suyas. Envíennoslas a diosidencias@gmail.com estamos recabando las más que podamos para incluirlas
en este Blog de todos, que es De Milagros y Diosidencias. Solo la publicaremos con tu autorización.
De todos ustedes, con afecto en Cristo.
Antonio Garelli
También me
puedes seguir en:
De Milagros y Diosidencias.
Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.
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