¡Alabado
sea Jesucristo!
México,
D.F., Septiembre 8 del 2014.
MI
CUERPO, MI ALMA Y YO.
Muy estimados todos en Cristo Jesús:
¡Por supuesto que
esta hipotética separación no debería hacerse nunca! ¡Ni siquiera mencionarse,
mucho menos suponer que existe! Mi
cuerpo, mi alma y yo, es una unidad; es indivisible en su existencia,
irrepetible en su generación e insubstituible en su esencia. No son tres entes, es uno solo: Yo. Yo, que estoy formado de cuerpo y alma desde
mi concepción, como persona humana que soy; nunca podré existir de otra forma;
y además, no hay separación de acciones entre mi ente espiritual, alma, y mi
ente material, cuerpo. Yo hago o dejo de
hacer, ipso facto (en el acto, inmediatamente), material y espiritualmente al mismo tiempo.
Ni mi alma es solo
el bien que soy, ni mi cuerpo es solo el mal que hago. Soy bien espiritual y
material; igual que soy mal, desafortunadamente, en ambas formas de mi
existencia. Es innegable que mi cuerpo
es materia caída, y lo es por el pecado en el que nacemos; pero también nuestra
alma puede corromperse, aunque su origen sea Divino, toda vez que Dios nos la
dio como una hoja en blanco, para que nosotros escribiéramos en ella.
El Bien y el mal, no
son algo casual; no son situaciones que ‘se me pegan’ sin que yo lo quiera; el
Bien y el mal son las decisiones que yo tomo para mis acciones, son las
bondades que elijo y los pecados que consiento y ejecuto.
Mi alma no solo es
mi conciencia buena; cierto, ésta está en el alma, pero mi alma es ‘muchas
otras cosas’: es Fe, Esperanza y Caridad; es Bien y Mal (uno para hacerse y el
otro para evitarse); y ante todo, ES EL
MEDIO DE COMUNICACIÓN QUE TENGO CON DIOS PADRE, MI CREADOR; CON JESUCRISTO MI
REDENTOR; Y CON EL ESPÍRITU SANTO, MI SANTIFICADOR; para ‘vivir’ mi ‘vida
espiritual’ cabalmente. ¡Por eso
necesitamos orar diariamente, para hacer que nuestra alma haga lo que le
corresponde; por eso necesitamos ‘ejercicios espirituales’, para darle a
nuestra alma ‘oportunidad de realizarse’!
No, no puede
entenderse a alguien que peque por fuera y sea limpio por dentro. Eso no existe. Si hago el mal, lo hago en cuerpo y alma. Igual que si hago el bien, lo hago por dentro
y por fuera. El Magisterio de la Iglesia
nos enseña que pecamos de pensamiento, palabra, obra y omisión. Los primeros tres son el camino común del
agravante de nuestros pecados: los pienso, los digo y los hago; la omisión es
el pecado de ‘el Bien no hecho’ y que pudo hacerse. Ningún mentiroso tiene buena
alma; ningún ratero, ningún violador; todos cometemos nuestros pecados (o
delitos civiles) en cuerpo y alma. No es
solo nuestro cuerpo el que está en pecado, también lo está nuestra alma, si buscamos
pecar.
Es cierto, nuestro
cuerpo material actual no verá a Dios; pero será transformado en Cuerpo
Glorioso para que, CON LA MISMA ALMA QUE TENÍA ANTES, que también tiene que ser
limpiada y glorificada, podamos realizar nuestra presencia delante de Dios. Obviamente, si merecemos el Cielo.
Así que, a partir de
hoy, dejemos de ‘echarle’ la culpa a nuestro cuerpo de todos los males y pecados
que hacemos; e incluyamos a nuestra alma en la recapitulación del mal
realizado, pues probablemente sea ella quien nos esté orillando a pecar.
De todos ustedes,
con afecto en Cristo.
Antonio Garelli
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De Milagros y Diosidencias.
Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.
y en la medida de que la oración sea mas en sintonia con Dios, será mas fácil conocer y cumplir su Voluntad
ResponderEliminar¡Sin lugar a dudas!, cuanto más oremos más estamos con Dios. Saludos para Usted y su apreciable familia.
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