¡Alabado
sea Jesucristo!
México,
D.F., Agosto 26 del 2014.
JESUCRISTO
PAGÓ IMPUESTOS
Muy estimados todos en Cristo Jesús:
¡El querido amigo que envió este mail, en verdad, no se midió! “¿Jesucristo pagó impuestos?”, es la
pregunta específica. No sé si con lo que
le vaya a responder voy a perder a uno de mis cinco lectores, pero la respuesta
es: SÍ;
El Hijo de Dios, también pagó impuestos como hombre. Esto dice El Evangelio:
“Cuando
entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el Didracma (que era el
tributo anual y personal para solventar las necesidades del Templo de Jerusalén) y le dijeron: “¿No paga vuestro Maestro el
Didracma?” Dícele él: “Sí.” Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle:
“¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la Tierra, ¿de quién cobran tasas o
tributo, de sus hijos o de los extraños?” Y contestó Simón: “De los extraños.”
Jesús le dijo: “Por tanto, libres están los hijos de tales pagos. Sin embargo, para que no les sirvamos de
escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo,
ábrele la boca y encontrarás un estatero (moneda para el
pago). Tómalo y dáselo (al recaudador) por mí
y por ti.””
Evangelio según San Mateo 17, 24-27.
Más claro ni el agua pura. También nuestro Señor Jesucristo pagó
impuestos.
La narración, claro está, la hace El Publicano Apóstol y Evangelista Leví de Cafarnaúm, San Mateo; y
aparte, sólo él; ninguno de los otros tres Evangelistas hace mención al
acontecimiento. Recién ha comenzado el
Tercer Año del Ministerio del Señor. Hace poco tiempo tuvo lugar La Transfiguración en el Monte Tabor y
en días pasados les hizo a todos sus Discípulos, el Segundo Anuncio de la
Pasión. Todavía están en Galilea,
específicamente en Cafarnaúm, en la casa de Simón Pedro.
El Maestro es sensacional: cuando quiere salvar a
alguien de una situación incómoda, usa su Divinidad (respecto del tiempo y el
espacio –que como Dios no le afectan–), y se antepone al hecho; para solucionar
el inconveniente que se haya presentado o que esté por presentarse. Por supuesto que Pedro debió haber dado esa
misma respuesta a los Recaudadores del Templo: “No, no paga impuestos porque es el Hijo de Dios, a quien está dedicado
el Templo.” O al menos justificarlo, ya que era un Rabbuní, y estos estaban exentos del pago de impuestos; pero al
Santo Príncipe de los Apóstoles, se le ocurre mentir (‘mentira piadosa’, claro, pero mentira al fin), ‘para cubrir a su
amado Maestro.’
Me lo imagino perfectamente bien (a Pedro), de regreso
a su casa, pensando y cavilando cómo iba a hacerle para pagar su tributo
personal; y ahora también el de Jesús, pues había dicho que ‘sí pagaba’. Pero
el amado Maestro lo anticipa y le soluciona el problema. Exactamente igual que hace con nosotros, nos
anticipa y nos resuelve los problemas.
Solo que Pedro sí se dejó y nosotros nos resistimos; no nos dejamos, no
le creemos.
Jesucristo nunca estuvo en desacuerdo del pago de
tributos, no podría estarlo; La Ley Mosaica aplicaba El Diezmo a todo el pueblo
de Israel; y Él vino a cumplir cabalmente La Ley. Y cuando quisieron hacerlo caer con el
tributo al César, su respuesta fue magistral, cual Maestro que era: “Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios a
Dios.” (Mt 22, 15-22; Mc 12, 13-17;
Lc 20, 20-26) Sí, todos estamos obligados al pago de impuestos y tributos; aun
Dios Hecho Hombre, Jesucristo, lo estuvo; y los pagó.
Pagar impuestos no es el cumplimiento de una obligación,
ni un valor cívico; pagar impuestos es solidarizarnos con los que tienen menos
que nosotros; es ser pró(x)jimo aún de los desconocidos y lejanos.
De todos ustedes, con afecto en Cristo.
Antonio Garelli
De Milagros y Diosidencias.
Solo por el gusto de proclamar El Evangelio.
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