“La Felicidad es
mirar hacia Dios, la tristeza es mirar hacia uno mismo.”
San Carlo Acutis,
Patrono de Internet
Riviera Maya, México; Febrero 20 del 2026.
EL CREDO, SÍMBOLO DE LA
FE.
Tomado de la Colección
de Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
CREO
EN DIOS…
CREO EN JESUCRISTO…
- Madre de la Iglesia…
En el relato de la anunciación aparece la palabra ‘más importante’ de la historia de Abraham: “Para Dios nada es imposible.” (Lc 1,37; Gn 18,14) Y la historia de Abraham nos orienta hacia el centro de la salvación cristiana: el nacimiento de “su descendencia”, es decir Cristo (Gn 3,16), de las entrañas muertas de Sara nació Isaac como hijo de la promesa; de la esterilidad de una mujer y de la ancianidad de un hombre, y la promesa divina, nace un hijo.
Dios con su poder llamó a la existencia a lo que no era, lo mismo que al resucitar a Jesús abrió a los hombres las puertas de la Vida; Dios, al perdonar el pecado genera al hombre, justifica al impío. (Rm 4,1ss). Pues bien, de la fe de María y de la sombra fecundante de Dios, nace en la historia de los hombres el Hijo del Altísimo, el Don Supremo de Dios a los hombres. María creyendo el anuncio del Ángel, concibió la carne del Salvador.
Así
la reconoce y admira San Ireneo:
“Como Eva por su desobediencia fue para sí y para todo el género humano
causa de muerte, así María –nueva Eva– con su obediencia fue para sí y para
nosotros causa de salvación.
Por la obediencia de María se desató el nudo de la desobediencia de Eva: Lo que por su incredulidad había atado Eva, lo soltó María con su Fe.”
María es la primera criatura en quien se ha realizado, ya ahora, la esperanza escatológica. En ella la Iglesia aparece ya “resplandeciente, sin mancha ni arruga, santa e inmaculada” (Ef 5,27), presente con Cristo glorioso “cual casta virgen” (2Co 11,2). Con razón Pablo VI la llamó Madre de Cristo y Madre de la Iglesia: Madre de la Cabeza y del Cuerpo de Cristo.
Su seno virginal fue como “el tálamo nupcial, donde el Esposo Cristo se hizo Cabeza de la Iglesia, uniéndose a ésta para hacerse así el Cristo total, Cabeza y Cuerpo.” San Agustín. En esta maternidad eclesial de María se consumará “junto a la cruz de Jesús”, cuando Éste “consigne a su Madre por hijo al discípulo amado y dé a éste por Madre a la Suya.” (Jn 19, 25.27)
Como madre nuestra, María, la primera creyente, nos acompaña en nuestro peregrinar y en nuestra profesión de fe en Jesucristo, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nacido de ella, Santa María Virgen. Sus últimas palabras recogidas en el Evangelio, nos coloca ante su Hijo bendito para “hacer lo que él nos diga.” (Jn 2,5)
Así, Jesús, entrando en la historia, ha hecho de nuestra historia la trama de la intervención de Dios, convirtiendo cada momento en kairós: oferta de gracia y riesgo de perdición. Jesús, encarnándose en nuestra historia, ilumina y rescata la Historia Humana con su pasado, presente y futuro.
Así, podemos cantar junto con San Basilio:
“¡Dios sobre la Tierra! ¡Dios entre los hombres! Y no dictando leyes y
aterrorizando a los oyentes mediante el fuego, la trompeta, el monte humeante,
la nube y la tempestad (Ex 20, 16-24), sino dialogando mansa y suavemente con
los que tienen la misma naturaleza que la suya.
¡Dios
en la carne! Y no obrando a intervalos, como en los profetas, sino uniendo a sí
la humanidad y mediante la carne, atrayendo a sí a todos los hombres. Dios se hizo carne, para matar la muerte
oculta en ella; pues la muerte reinó hasta la venida de Cristo. (Rm
5, 12-16). Pero luego apareció la bondad salvadora de
Dios, salió el sol de la justicia y la muerte fue absorbida por la victoria” al
no soportar la presencia de la Verdadera Vida.
Dios
está en la carne: para santificar esta carne maldecida, ruborizar la carne
débil, unir con Dios la carne alejada de Él y llevar al Cielo la carne caída.
¿Y cuál fue el taller de esa disposición salvífica? ¡El cuerpo de Santa María! ¿Y cuáles fueron los principios de la generación? ¡El Espíritu Santo y la adumbrante (origen) Fuerza del Altísimo!
La Colección de
Folletos
EL CREDO. SÍMBOLO DE
LA FE DE LA IGLESIA
P. Emiliano Jiménez Hernández, C.N.
Grafiti Ediciones – Bilbao España
2006
V V V
Orar sirve, nuestra alma lo agradece y nuestra mente
también.
De todos ustedes afectísimo en Cristo,
Antonio Garelli
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Solo por el gusto
de proclamar El Evangelio.

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